lunes, 13 de noviembre de 2017

El juego del Bardo

Tuvimos mucho dragones en las canciones de los bardos ;)
Este juego se lo inventó el papá de las criaturas y me ha hecho mucha gracia. Consiste en que a uno le toca el turno y cuenta un hecho normal, por ejemplo: "Un niño tiró un palo y le dio a un pájaro".

Entonces el resto se convierten en Bardos y tiene que cantar una hazaña muy exagerada a partir de esa historia sencilla. Por ejemplo: "Un caballero con armadura de adamantium sacó su espada llena de sangre de guerras pasadas y ensartó al malvado Fenix oscuro que murió entre llamaradas de fuego negro y chillidos terroríficos que rasgaban el alma del valiente héroe" o "El ogro repugnante, lleno de verrugas asquerosas y garras por manos, lanzó su enorme garrote lleno de pinchos afilados y acertó al águila bicéfala en su poderoso pecho, pero esta salió indemne y le arrancó el corazón con uno de sus afilados picos de oro". Entonces el que le toca elige la versión del bardo que más le ha gustado.

El problema es que tengo dos egocéntricos en pequeñito que se empeñaban en contar el hecho normal y la narración del bardo ellos mismos para elegir su propia versión. En fin, supongo que así también tiene su gracia. Bueno, no, pero nunca sabes en qué van a derivar los acontecimientos con estas fieras.

Al final cada uno contaba  dos versiones y se despiporraban de risa. El caso es pasarlo bien, aunque nos saltemos la reglas.

sábado, 11 de noviembre de 2017

NO viembre

Quien me haya leído un poco de continuo ya habrá vislumbrado entre líneas, o claramente, que mis churumbeles llevan una temporada de aupa batiendo récords en rebeldía, desobediencia y mal comportamiento. Y el que no, pues ya se lo digo yo. Desde finales de julio están que no se aguantan ni ellos. Un horror.

Así que a primeros de octubre se me ocurrió un plan maquivélico, algo terrible, no apto para conciencias sensibles, más propio de sus perversas mentes que de la mía, pero, oye, todo se pega, hasta la maldad en estado puro. En un mes entraríamos de lleno en NO viembre, el mes del NO, así, con mayúsculas. No postres, no sorpresitas, no cromos, no juguetitos del todo a cien, no chuches, no extras... Fuera de lo que es la rutina de parque y sus turnos de videojuegos los fines de semana (que nunca juegan completos porque los acaban perdiendo por mal comportamiento) no habría naaaaaaada.

Por supuesto, puse este mega super extra castigo, que les venía en unos 30 días, en su conocimiento inmediatamente y, como era de esperar, no me hicieron mucho caso. Pero era algo que ya tenía previsto. El tema es insistir. "Quedan 20 días para NO viembre", "Quedan 19 días para NO viembre", "Quedan 18 días para NOooooo viembre", bueno, creo que ya lo pillais. Y sí. Hizo efecto. Las caras de "Que sí pesada" fueron tiñéndose de preocupación, angustia y finalmente miedo.

"Pero ¿Estás de broma, verdad, mami?"

"NOooooooo, de broma nada. NO viembre se acercaaaaaaa".

Vale, puede que me pasara un poco, peeeero, os aseguro que se lo han ganado a pulso. Creedme.

Cuando ya faltaba menos de una semana empezaron las negociaciones. "¿Si me porto bien esta semana me quitas lo de NO viembre?"

"Ni flowers. Si te portas bien en NO viembre, diciembre no se convertirá en otro NO viembre"

"Buaaaaaaaaa", "Malaaaaaaaaa", "Crueeeeel" Si si. Como ven la paja en el ojo ajeno estos pájaros.

"Oye mami. Estoy pensando que si NO viembre es el mes del NO, diciembre es el mes de Di SI embre. O sea, di que sí a todo lo que digan tus hijos. ¿No?" Tendrá cara dura el mayor.

"Eso, eso" le secundó inmediatamente el pequeño.

"Podéis esperar sentados majos. Si os portais bien en NO viembre, volvemos a la normalidad en diciembre y si os portáis mal diciembre se convierte en otro NO viembre".

"Noooooo" "Buaaaaaaaa" "Queremos Di SI embreeeeee" "No es justo"

Exacto, la vida no es justa. Un aprendizaje más que se llevan. Sobre todo si la balanza la trucan ellos, que no pueden tener más morro Ainsss

El caso es que nos hemos metido de lleno en NO viembre. Una, como es blanda blandiblu, les perdonó el 1, día de Todos los Santos.

Pero en cuanto empezó el 2... Cuando empezó el 2... Dio comienzo la TRAGEDIA. Sí, señores. Perreta tras perreta y aquí una que se ha acomodado en el NO. Cada vez que me piden algo la respuesta es "NO viembre"
"Mami, ¿me compras unos cromos?
"NO viembre"
"Mami, ¿hay postre?"
"NO viembre"
"Jo mami, cómo te pasas"
"En tu mano está que no se repite NO viembre"

Pero claro, ellos están convencidísimos que aquí la mala que les quiere hacer la vida imposible soy yo y no que esto es una consecuencia de lo que la lían parda. No sé si al final les llegará el mensaje: "Si te portas bien lo tienes todo, si te portas mal lo pierdes todo". A ver, aclaremos, lo tienes todo dentro de una lógica y sentido común. Quedan descartadas las motosierras, ver "It" y el permiso para leer "Lobo solitario y su cachorro", por muy educativo que le haya parecido la parte que pudo leerse hasta que le pillé con las manos en la masa.

El caso es que estamos en NO viembre y no nos va del todo mal a pesar del boicot puntual del padre que se le olvida el castigazo en cuanto ve unas jornadas de juegos en el horizonte o le ofrecen un postre en casa de su madre (Hombre, Dácil, las abuelas que hagan lo que quieran en su casa y si lo que quieren es darnos postres, pues que lo hagan, blablablabla).

Olvidé decir que si los peques no comen dulces, ni chuches, ni bollería, ni chocolates... Los mayores tampoco. Me parecería demasiado cruel lo contrario. He aprovechado para aumentar el volumen de verduras en las comidas, con lo que mis tres hombres están hasta el gorro de judías, repollo, guisantes, zanahorias, calabaza, calabacín, coliflor, brócoli... Se nos va a quedar el organismo limpito, limpito. Ideal de cara a las Navidades.

Estoy pensando en instaurar NO viembre como costumbre familiar. Todo depende de las fieras.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Mondrago 1. Dragones de Tierra

Gracias a Boolino hemos tenido nuestro primer contacto con el universo Mondrago, escrito por la veterinaria y novelista Ana Galán: Dragones de Tierra.

La verdad que en un principio nos ha desconcertado un poco el primero de los tomos que conforman esta colección de aventuras dragoniles, sobre todo cuando nos encontramos un capítulo inicial que nos cuenta una aventura anterior. ¿Habrá una precuela más adelante? ¿Hay libros antes que no se han publicado? ¿Qué sentido tiene contarte algo que da para otra aventura completa en el primer número de una saga? En dos páginas y media se ventilan un argumento que promete mucho y el segundo capítulo empieza a plantear muy lentamente el inicio de otra historia.

Los acontecimientos se van sucediendo poco a poco hasta que el conflicto que desencadena la campaña de los cuatro amigos protagonista surge... ¡Al final! Sí, sí. Como lo lees. Al final del libro comienza lo que yo entiendo por desarrollo. A Daniel casi le da un pasmo cuando le digo ¡Fin! justo cuando las cosas se ponen más interesantes. ¿¿¿Cómo??? La cara de ambos niños fue un poema. ¿No nos vamos a enterar de quienes son los malvados, ni que pasa con los huevos, ni por qué hacen lo que hacen? Pues no. Hay que leer el siguiente libro y, presupongo por las sinopsis de los otros tres tomos, que el final no llegará hasta que completemos el cuarto libro que se ha publicado. Yo aconsejo que si estáis interesados os hagáis con todos antes de empezar porque la verdad es que se queda muy emocionante. Y que no leáis la sinopsis porque os cuenta todo lo que pasa en ese libro de principio a fin.

La historia en si enganchó a mis hijos desde el minuto cero. Ya el mapa que aparece nada más comenzar hizo que se emocionaran. Y la presentación de personajes con los cuatro amigos protagonistas y sus respectivos dragones fue otro puntazo ante sus ojos. A la vez que avanza la historia y nos iban explicando las clases de dragones que existían teníamos que volver a esa página para ver qué tipo de Dragón tenía cada uno.

El más salado, con diferencia es Mondrago, un dragón de agua que nació con las alas demasiado pequeñas para volar y que han caracterizado como un enorme perrito juguetón. A los peques les enamora incondicionalmente con sus travesuras y juegos. Hay que reconocer que es monísimo. Y si a esto añadimos que en la historia hay bebés dragón, quien se resiste.

Personalmente, hubiera preferido que me sumaran los cuatro tomos en un libro y leerme la historia del tirón, aunque entiendo que para el nivel de lectura de la mayoría de los niños de ocho años, edad desde la que se recomienda, puede ser  desalentador enfrentarte a 500 páginas todas juntitas. A mí me ha recordado a las novelas por fascículos de la época de mi abuela.

En definitiva, el principio está muy bien planteado, a los peques les ha encantado, pero es un libro incompleto que no se puede leer de forma unitaria.

Por cierto, Boolino está organizando un concurso muy divertido alrededor del mundo Mondrago en el que los niños tiene que hacer una ficha de personaje sobre un dragón con sus características, gustos, habilidades... Y dibujarlo. Mis hijos se lo han tomado como un personaje de rol y están ello.

jueves, 9 de noviembre de 2017

¿Llevas a tu gato al veterinario?

¿Te haces chequeos? ¿Llevas a los niños a las revisiones? Pues con tu queridísimo minino harás tres cuartos de lo mismo, presupongo. Seguramente lo llevas periódicamente a visitar a su veterinario bajo maullidos y bufidos de protesta. ¿Por qué lo mejor para nuestro bien suele ser siempre lo menos divertido? El caso es que nos preocupamos de la salud de nuestras mascotas.

Pero no es lo habitual. Royal Canin ha hecho un estudio que descubre que uno de cada 12 hogares españoles disfruta de la compañía bipolar de un lindo gatito, pero sólo uno de cada tres de ellos ha visitado a su veterinario el último año. ¿Y las vacunas? ¿La desparasitación? ¿En cuanto valoramos la salud de nuestras mascotas? Para mí, Fantasma es uno más de la familia y tengo claro que una visita anual al veterinario puede prevenir y detectar de forma precoz enfermedades, con lo que se alarga su vida. ¡Que ya tiene doce añitos mi pequeño peludo! Aunque no los aparenta porque reviste una monería juvenil inquietante.

Fuente: Royal Canin
Para ponerlo más fácil Royal Canin ha puesto en circulación un díptico con 10 consejos para llevar a tu gato al veterinario muy práctico, pero un pelín poco realista.

En mi caso, es que es sacar el transportín y que mi gato desaparezca como por arte de magia. Tras un buen rato de búsqueda, lo encuentras en el rincón más apartado, oscuro y de difícil acceso de la casa. Mira que está rechonchón pero hay que ver cómo se contrae para caber en esos huecos.

Tras sacarlo a rastras de su escondite, y merecernos algún que otro arañazo, toca intentar introducirlo en el transportín. Para eso ya tenemos que ser expertos en técnicas de lucha a muerte. Yo aconsejo llevar esta delicada operación entre dos como mínimo. Aún así acabaremos como si hubiéramos ido a una guerra. Llenos de sangre (arañazos hasta en el alma) y sudor (a raudales).

Fuente: Royal Canin
También hay que endurecer el corazón porque, por muy cómodo que le ponga en el transportín, el gato se pega todo el camino maullando lastimeramente y mirándome acusadoramente como si yo fuera Judas (y así me siento. Yo sé que es por su bien, pero él no lo sabe). Por cierto, yo al gato lo llevo abrazando el transportín como si no hubiera mañana, hablándole con cariño mientras mi marido conduce, pone caras raras y piensa que cada día estoy más loca.

En cuanto a las preguntas que esta marca considera que tenemos que hacer a nuestro veterinario, tomo buena nota porque yo lo único que pregunto con cara de angustia y voz trémula es: ¿¿¿Que tiene que le pasa es grave le vas a curar verdad, verdad, verdaaaaaaaaaaaad???  A todo esto el veterinario, que ya me conoce, levanta una ceja, y suelta: "Pero tú venías por lo de la desparasitación, ¿no?" "Bueno, sí. Pero ya que estamos le vas a hacer un  chequeo, ¿no?". A todo esto mi marido ya hace un buen rato que hace como que no me conoce mientras mira la estantería de los piensos... ¡para perros! Para que nadie pueda relacionarnos ni de lejos.

Fuente: Royal Canin
"Es que le veo mala cara y angustia vital" comento. "Claro", me responde con resignación, "Eso es porque viene a verme y me odia. Con lo que le quiero yo a él. Máldito síndrome de la bata blanca".

En fin, en realidad yo debería preguntar esto:

¿Tiene mi gato un peso saludable?
En mi caso, es obvio que no y el veterinario es capaz de pegarme porque lleva AÑOS exigiendo que le haga pasar hambre (y con toda la razón, pero es que me mira con esos ojillos de gato con botas y...)

¿Cómo debo alimentar a mi gato?
El mío podría hibernar como los osos y aún le quedarían reservas.

¿Qué debo hacer en mi casa para crear  un ambiente felino saludable?
Mi casa es su campo de juegos, mi sofá su afilador de uñas, mis hijos sus entrenadores personales, yo su camarera personal... El único que le da caña es mi marido. Y sólo por dar más emoción a su maravillosa vida.

 ¿Cuándo debo volver a la consulta del veterinario con  mi gato?
A apuntárselo que luego se nos pasa.

También nos presenta la batería de preguntas que más frecuentemente nos harán nuestros veterinarios para que vayamos con las respuestas preparadas y no os pase como a mí hasta ahora:

1. ¿Ha habido cambios en su comportamiento? Interacción, acicalamiento, actividad, vocalización, uso de arenero, etc. 
Eeeeh. Yo diría queeee... nnop (ruidos de sesos exprimiéndose para detectar el cambio que sea en el bichillo peludo).
2. ¿Come bien? Apetito caprichoso, cambio de hábitos, se le cae comida de la boca, gesticula al comer, etc.
Devora. Si te descuidas se lleva el dedo... ejem. Esta hermoso ¿Verdad? (Mirada de reproche del veterinario)
3. ¿Hace bien las deposiciones? Número, consistencia, olor, color, etc.
Pues... estooo... yo es que limpio su baño con mascarilla y los ojos semicerrados a la velocidad de la luz. Lo deja todo hecho un asco y eso de que dura un mes la arenilla me parece publicidad engañosa, blablabla (suspiro del veterinario).
4. ¿Vomita o tiene náuseas? Frecuencia. 
Jo si vomita. Su segundo nombre es vomitón. Como se lo come todo... las zapatillas, el sofá, las armas de soft combat, la ropa... Lo que me preocuparía es que no vomitara. Este gato debe tener ascendencia de gatos del antiguo Imperio Romano... (Mi marido hace tiempo que desapareció de mi campo de visión).
5. ¿Oye bien? ¿Ve bien? Disminución de respuesta a estímulos, aumento de vocalización. 
....
....
¿Y yo que sé? No hablo idioma gato. Oye Fantas. ¡¿¿¿Me oyeees???!
Pfffff
Pues sí, parece que me oye y me guarda rencor. Además.
6. ¿Ha notado pérdida de peso? Desde cuándo. Si se pesa al gato habitualmente. A qué puede atribuirlo.
Más bien le veo en plena expansión desde el primer día. Pero el caso es que está bien proporcionado: cabeza grande, patas grandes, barrigón
Pfffff
Y yo diría que oye y ENTIENDE.

"Bueno, entonces ¿cuando hay que volver?"
"Nunc... digoooo, aquí te escribo la próxima fecha (por ti y solo por ti Fantasma)".

Entre el veterinario y yo logramos meter de nuevo a la fiera corrupia en el transportín. Ahora con menos esfuerzo porque la experiencia del facultativo da muchos puntos. Y tiro para el coche que es donde probablemente me estará esperando mi marido con más vergüenza que miedo.

Estoy segura que en mi próxima visita lo haré genial gracias a las recomendaciones de Royal Canin y mi marido no desaparecerá por la tangente. Mi veterinario también lo agradecerá. Estoy segura, sí.

Pero fuera bromas, estoy totalmente de acuerdo en que deberíamos preocuparnos más por la salud de este peludo miembro de la familia.

Por cierto, como no me ha quedado largo ni nada el post, aprovecho para recordar que sigue vigente la campaña solidaria un #retodebigotes hasta el 15 de noviembre, así que date prisa y enséña tus bigotes por una buena causa.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Gar@batos Festival Vol. 5

Fuente: Consejo de la Juventud Sanse
Una jornadas ludópatas siempre son una enorme tentación para nuestra familia, así que cuando Raúl se enteró de que en San Sebastián de los Reyes se celebraba el Gar@batos Festival Vol. 5 en el Consejo de la Juventud Sanse poco le faltó para plantear un fin de semana familiar ideal lleno de juegos de mesa, rol, videojuegos, concursos... Pero le paré los pies en seco. "Estamos en NOviembre, el mes del Castigo de los niños, así con mayúsculas" (ya os contaré en otro post, que no me da la vida) y no hay eventos divertidos..." Aquí mi maridín me puso ojitos de Gato con Botas de Shrek y ya empecé a flaquear, "y además Daniel tiene examen de mates el lunes...", más ojitos, "¡Pero sólo el sábado por la mañana!", cara de "Por fin ha entrado en razón".

En fin, que allí nos presentamos el sábado por la mañana (Raúl fue todos los días porque, en su opinión, a él no le afecta el castigo. Que morroooooo). ¡Lo pasamos genial! Nada más llegar nos entregaron nuestros pasaportes. ¡Que currados! Venían plasmadas todas las actividades y por cada una que hicieras te daban puntos. Si llegabas a unos mínimos participabas en sorteos chulísimos. Además había torneos y concursos con premios muy interesantes.

Los niños casi no salieron de la sala de videojuegos. Lo cierto es que hasta a mí me dieron ganas de quedarme allí un buen rato. Sobre todo con el juego de los bongos al estilo de Guitar Hero. Engancha y mucho jajaja. Pero vi la misma oportunidad que el papi. Juegos para adultooos. ¡Oh Yeah!

Les dejamos muy entretenidos y nos fuimos a la ludoteca. Bastante modesta, pero suficiente para pasar un rato divertido. Estos son los juegos a los que jugamos:

Dice Town: Un juego bastante rápido y divertido en el que nos trasladamos al salvaje oeste para conseguir tierras y pepitas de oro en base a unas tiradas de dados de poker. Cuidado porque tu estrategia dependerá de tus tiradas y las de tus contrincantes, que tiran a la vez que tú. Hay que tener varias cosas en cuenta para acabar ganando más puntos de victoria que otros.


Jungle Speed: Raúl y yo hacía millones de años que no jugábamos a este, pero nos pareció divertido apuntarnos al torneo. Es un juego de atención visual. Hay que estar muy atento para detectar que hay otro jugador que ha sacado la misma figura que tú aunque de otro color. O de que han sacado la carta de sólo valen los colores. Encima jugamos con la expansión porque éramos más de siete jugadores. Buuuf una locura. E íbamos todos a muerte. Vaya risas. Hubo arañazos (sin querer of course), luchas encarnizadas, errores fatales, jugadas sublimes... Emoción hasta el final. No ganamos, pero lo pasamos bomba.



Dixit: Este juego es precioso. Lo tenemos en casa y hemos jugado bastante. Consiste en sacar una carta diciendo unas palabras que describan su contenido, pero sin mucho detalle para no ponerlo extremadamente fácil. El resto de los jugadores añaden una carta que cuadre con la descripción. Se barajea y se extiende en fila sobre la mesa. Todos los jugadores, menos el del turno, votan por la carta que creen que es en secreto. Si todos fallan o todos ganan, el del turno pierde. Si algunos o alguno falla o gana, se lleva el punto por cada uno que acierte. Si votan tu carta y no eres el del turno te llevas punto. Y así. Mola mucho. Lo he explicado clarísimamente. ¿A que sí?

Y ya no pudimos jugar más porque empezaba el concurso de dibujo rápido. Fuimos a por los niños porque sabíamos que les iba a hacer ilusión participar. Enseguida se prestaron a dibujar. ¡Con lo que les gusta! El organizador puso tres palabras en la pizarra y nos pidió que hiciéramos un dibujo en 20 minutos integrando esos elementos: dinosaurio, osito de peluche y coche. ¡A dibujar!

El organizador se moría de risa al ver nuestros dibujos. Esperaba muchas habitaciones infantiles llenas de juguetes y se encontró con muy diversas escenas de dinosaurios destruyendo ciudades.

Tras el concurso nos fuimos a casa a comer con unos niños muy enfadados porque no querían irse del Festival. Están de NOviembre hasta el gorro. ¡Haberse portado bien!

Raúl fue el domingo a seguir pasándolo bien y para ver si alguien de la familia había ganado el torneo de dibujo rápido y ¡sorpresa! lo había ganado él ¡Yujuuu! Y también ganó el concurso de aventuras de rol. ¡Que máquina! Si queréis leer, e incluso jugar, su aventura, aquí la tenéis: El Espejo de Terfaz. Aventura para Cultos Innombrables.


martes, 7 de noviembre de 2017

Elefante y Miguel

Elefante y Miguel es un álbum ilustrado maravilloso que encierra un mensaje de amor incondicional hacia los animales denominados salvajes y que está en plena campaña de Verkami ahora mismo.

Te quiero, pero no sólo eso, sino que te quiero ver feliz. Sólo querer es muy egoísta. María José Rodríguez nos lanza este importante mensaje en su último libro en contra del maltrato animal. Esta vez ha querido llamar la atención sobre animales no domésticos que se sacan de su entorno natural para el disfrute humano. Una auténtica crueldad.

Miguel se encuentra con Elefante y se enamora al primer vistazo. Lo quiere tanto que lo quiere cerca, una decisión muy humana y egoísta. Sus padres lograran que empatice con su nuevo amigo y tome la mejor decisión para que sea feliz por encima de sus propios intereses.

Ahora, este pequeño tendrá que pedir ayuda para llevar a Elefante a su casa natural, la selva.

La historia es preciosa y va acompañada por unos dibujos entrañables. Andrés Arcos, el dibujante de Galgui, vuelve a acertar plenamente con la estética para despertarnos emociones a medida que pasamos páginas.

La misma escritora nos cuenta cómo surgió el argumento de su nuevo cuento. Todo empezó con una nota del colegio que informaba de una excursión a un circo de animales. María José es una fiel defensora de los animales y sus derechos, así que sus principios la impelieron a escribir de vuelta al centro exponiendo las razones por las que sus hijos no iban a asistir a esa excursión y sobre lo poco apropiado que resulta para la educación de los niños ese tipo de decisiones.

¿Debemos normalizar el maltrato animal ante los peques? Yo estoy de acuerdo con la autora. No, bajo ningún concepto. Y este cuento es ideal para que los niños tenga las ideas claras sobre zoos, circos y demás lugares que tienen animales encerrados en recintos reducidos y que hacen que disminuya exponencialmente su calidad de vida.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Un pastel de calabaza terroríficamente divertido

Este año no me he currado nada la comida de Halloween por falta de tiempo. Y ganas. Últimamente, me siento agotada. No sé si será este calor antinatural o la falta de lluvia. Eso sí que da miedo.

El caso es que no pensaba hacer nada, pero una vez vacías unas calabazas de halloween para usarla de linternas qué haces con la pulpa. ¿Tirarla? Hombre, pues no. Este año compré unas que salieron bastante jugositas, así que dieron para el típico pastel de calabaza, que, por cierto, me salió de muerte.

Normalmente me sale reguleras, pero este año no sé qué hice que estaba esponjoso y rico rico. El caso es que seguí una receta por internet, pero me debí de saltar algún paso porque cuando fui a echar la mezcla en el molde la vi muy líquida. ¡Anda!, caí de repente en la cuenta de que no había echado harina. Raro, raro. Quise volver a encontrar la receta en el móvil y no hubo manera. Por qué seré tan tecnolerda. Ainsss

Al final cogí otra receta, pero no me cuadraban las medidas que ya había echado. Con lo que metí más de todo a ojo de buen cubero en la Thermomix y que fuera lo que dios quisiera. Y oye. Es el año que más bueno ha estado. Que pena que no pueda repetirla porque no tengo ni idea de las medidas que eché.

Cuando la desmoldé le puse cara de calabaza. Es lo suyo. ¿No? Lo devoramos en un par de días.

Como me sobró mucha calabaza, decidí hacer algo muuuuy sencillo, sano y poco laborioso: un puré de calabaza. Metí la pulpa previamente cocida al vaso de la Thermomix, le eché el caldito en el que la cocí, sal y batí de menor a mayor velocidad hasta que no hubieron grumos. Estaba sosísima. Así que decidí que unos tranchetes de queso, pimienta y más sal no le vendrían nada más. Vale. Me pasé un pelín con la pimienta, pero les encantó a mis tres hombres y eso es lo único que cuenta.

Y hasta aquí mi aportación culinaria.

Daniel se lo curró un poco más e hizo brochetas de plátanos fantasma para él y su hermano. Aún me pica que no me hiciera a mí, porque... casi siempre soy yo la que cocino para él y creo que merecía una. Ya sé, ya sé. Si se lo hubiera dicho me hubiera hecho una encantado, pero es que yo quería que saliera de él. En fin... No le pidamos peras al olmo.