Otra vez al médico a que midan, tallen... y ¡pinchen a mi pobre bebé! Menos mal que esta vez fue sólo un jeringuillazo y se le pasó el berrinche en cuanto lo tuve en mis brazos.
Mi chico estuvo sonriendo y jugando el resto del tiempo. Puso todo su empeño en comerse el papel de la camilla y no perdió el buen humor ni cuando lo pusimos en la pesa (ocho kilo sesenta gramos), ni cuando lo estiramos para medirle (70 centímetros). Es un bebé muy alto que está en su peso justo. Eso sí, según la enfermera, de cabeza pequeña. Yo le veo perfectamente formado, pero que voy a decir yo que soy su babeante madre.
En cuanto entramos en la consulta la enfermera exclamó que era imposible que ese niño tuviera sólo seis meses. "Es un bebé enorme" sentenció. Mis riñones están de acuerdo con ella. Cómo pesa el chiquitín.
A partir de ya tenemos que introducirle la papilla de verduras. Espero que le guste. Por lo menos parece que el pobre está esperando com agüita de mayo cambiar un poco el menú.
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jueves, 12 de abril de 2012
martes, 14 de febrero de 2012
Revisión de los cuatro meses
Nada más llegar ya estamos líados con los médicos. Iván a pasado la revisión de los cuatros meses. Si es que el tiempo pasa volando.
Otra vez a pinchar al chiquitín. Que angustia. Menos mal que se porta como un valiente llora poco. Su madre piensa que la investigación y desarrollo debería ponerse las pilas en descubrir vacunas bebibles en vez de pinchables. Tres agujeritos que le han quedado en sus muslitos chichosos.
La buena noticia es que crece y engorda a un ritmo estupendo: 6,900 kilos y 66 centímetros. Es un jugador de baloncesto. Daniel también es muy alto para su edad. Se vé que los genes del padre tienen mucha fuerza porque yo soy un metro y medio de persona. Esta claro que yo tengo melones, no limones (hago alusión al dicho sacar algo del tamaño de un melón por el agujero del tamaño de un limón, referido al parto).
La pediatra piensa que está sano como un manzano, excepto por el pequeño detalle del pedazo de soplo en el corazón, que está más que controlado.
La enfermera me ha dicho que no le meta los cereales hasta los cinco meses, aunque tengo tentaciones para ver si así duerme mejor. ¡Qué noches, señor! Intentaremos hacerle caso y esperar pacientemente.
Por otro lado, me han recomendado que le ponga la vacuna del rotavirus, que no está financiada por la seguridad social, pero que deberíamos ponérsela a todos los niños que van a guardería tan pronto. Curiosamente con Daniel se les olvidó recomendármela. El caso es que la he comprado y se la he administrado yo misma. Cómo es bebida es muy fácil. Ahora tengo que darle dos dosis más separadas por treinta días cada una.
Otra vez a pinchar al chiquitín. Que angustia. Menos mal que se porta como un valiente llora poco. Su madre piensa que la investigación y desarrollo debería ponerse las pilas en descubrir vacunas bebibles en vez de pinchables. Tres agujeritos que le han quedado en sus muslitos chichosos.
La buena noticia es que crece y engorda a un ritmo estupendo: 6,900 kilos y 66 centímetros. Es un jugador de baloncesto. Daniel también es muy alto para su edad. Se vé que los genes del padre tienen mucha fuerza porque yo soy un metro y medio de persona. Esta claro que yo tengo melones, no limones (hago alusión al dicho sacar algo del tamaño de un melón por el agujero del tamaño de un limón, referido al parto).
La pediatra piensa que está sano como un manzano, excepto por el pequeño detalle del pedazo de soplo en el corazón, que está más que controlado.
La enfermera me ha dicho que no le meta los cereales hasta los cinco meses, aunque tengo tentaciones para ver si así duerme mejor. ¡Qué noches, señor! Intentaremos hacerle caso y esperar pacientemente.
Por otro lado, me han recomendado que le ponga la vacuna del rotavirus, que no está financiada por la seguridad social, pero que deberíamos ponérsela a todos los niños que van a guardería tan pronto. Curiosamente con Daniel se les olvidó recomendármela. El caso es que la he comprado y se la he administrado yo misma. Cómo es bebida es muy fácil. Ahora tengo que darle dos dosis más separadas por treinta días cada una.
jueves, 8 de diciembre de 2011
La revisión de los dos meses
El miércoles llevé al pequeñín a su revisión de los dos meses. Nada más entrar la enfermera me preguntó por su cardiopatía. Le expliqué que íbamos a tener que operarlo y me dio muchos ánimos. Me pidió que le desnudara para pesarlo y elogió lo guapísimo que estaba. "Parece un muñeco" me dijo. "Parece sano" le dijo yo. "Está sano" contestó. Según ella la estenosis no empieza a dar problemas de salud hasta más adelante. Me dijo que era un diagnóstico precoz y que se operaba antes de que empezara a tener consecuencias en el afectado.
Una vez terminada la revisión de peso y medida, entró la pediatra. A ella también le pareció un muñeco. "Está muy gordito y muy grande". Había pesado 5,320 kilos y medido 58,5 centímetros. La médico también me preguntó por su corazón. "Esas operaciones las hacen todos los días. No te preocupes" me consoló. La verdad es que me trataron muy bien. Se agradece.
Entonces llegó el momento terrorífico. Nada menos que tres vacunas pinchadas para mi pequeñín. Cómo no podía ser de otra manera se puso a llorar como un loco mientras la enfermera pinchaba y la judas de su madre sujetaba. Casi se me saltan las lágrimas a mi también. Yo estas cosas no las supero. Le tuve que coger y mecer un buen rato, pero enseguida se calmó. Mi niño, pobrecito.
Una vez terminada la revisión de peso y medida, entró la pediatra. A ella también le pareció un muñeco. "Está muy gordito y muy grande". Había pesado 5,320 kilos y medido 58,5 centímetros. La médico también me preguntó por su corazón. "Esas operaciones las hacen todos los días. No te preocupes" me consoló. La verdad es que me trataron muy bien. Se agradece.
Entonces llegó el momento terrorífico. Nada menos que tres vacunas pinchadas para mi pequeñín. Cómo no podía ser de otra manera se puso a llorar como un loco mientras la enfermera pinchaba y la judas de su madre sujetaba. Casi se me saltan las lágrimas a mi también. Yo estas cosas no las supero. Le tuve que coger y mecer un buen rato, pero enseguida se calmó. Mi niño, pobrecito.
jueves, 10 de noviembre de 2011
La revisión del mes
Ya tocaba la revisión del mes. Así que me llevé a mi pequeñín a la consulta de la enfermera. Allí nos atendió primero la pediatra porque la enfermera no estaba en su puesto. Miró a Iván y lo encontró como una rosa. Gordito (4 kilos 340), grande (55 centímetros) y sonrosadito. La enfermera también lo encontró bien. Las dos me tranquilizaron con respecto a la estenosis aórtica. La médico me conminó a preguntarle lo que quisiera, pero le expliqué que no quería adelantar acontecimientos ni que me dieran más información de la necesaria. Seguró que le daría muchas más vueltas a la cabeza y no quiero. No es sano.
Mi niño pequeño se portó muy bien y se dejó manipular, aunque con algunos lloros de vez en cuando. No le pidamos peras al olmo.
Mi niño pequeño se portó muy bien y se dejó manipular, aunque con algunos lloros de vez en cuando. No le pidamos peras al olmo.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Daniel la monta en la revisión de dos años
Mi niño está malito. Tiene un leve resfriado, pero aprovechando que estoy de baja me lo he quedado en casita bien resguardado. Si estuviera trabajando no me hubiera quedado más remedio que mandarlo al cole con una dosis de apiretal. Así de triste es la vida. Afortunadamente mi chico no pierde energías cuando está un poco malito y suele ir contento a la guardería. El caso es que gracias a mi lumbago se ha podido quedar conmigo. Con lo cual, eso de que no pierda energía ha ido en mi contra. ¡Qué paliza!
El 20 de septiembre le tocaba revisión con la enfermera para medir, pesar y constatar que todo va bien en su desarrollo. Lo malo es que se levantó con el pié torcido de la siesta. Nada más oirme decir que le llevaba al médico empezó a berrear. No sé que le pasa con ellos. No le ponemos una vacuna desde los 18 meses. ¿Tanta memoria tiene?
En la sala de espera pareció calmarse, pero una vez dentro de la consulta se puso histérico y no hubo manera de pesarle. Y eso que la enfermera desplegó todo su encanto y dulzura con él, pero nada, no había manera. Pudimos medirle con mucho esfuerzo (90 centímetros) y le exploró un poco para ver cómo iba con el resfriado, pero con tan poca colaboración desistimos. "Obsérvale y si ves que empeora lo traes a la pediatra. No parece que sea nada grave" concluyó desesperada. Me hizo el interrogatorio de rigor a toda prisa: "Hila más de dos palabras seguidas, hace torres, las tira, trepa...etc, etc...Todo normal. Traigalo cuando tenga un buen día y péselo usted misma en la farmacia. El peso normal serían unos 12 kilos. Adios, adios". En cuanto se cerró la puerta a mis espaldas Daniel se tranquilizó y hasta sonreía. "¡Vaya espectáculo que has dado, hijo! ¡Qué verguenza!" Pero a él le daba igual lo que puediera decirle. Ahora jugaba, muy concentrado, con un cochecito, bien sentado en su sillita.
El 20 de septiembre le tocaba revisión con la enfermera para medir, pesar y constatar que todo va bien en su desarrollo. Lo malo es que se levantó con el pié torcido de la siesta. Nada más oirme decir que le llevaba al médico empezó a berrear. No sé que le pasa con ellos. No le ponemos una vacuna desde los 18 meses. ¿Tanta memoria tiene?
En la sala de espera pareció calmarse, pero una vez dentro de la consulta se puso histérico y no hubo manera de pesarle. Y eso que la enfermera desplegó todo su encanto y dulzura con él, pero nada, no había manera. Pudimos medirle con mucho esfuerzo (90 centímetros) y le exploró un poco para ver cómo iba con el resfriado, pero con tan poca colaboración desistimos. "Obsérvale y si ves que empeora lo traes a la pediatra. No parece que sea nada grave" concluyó desesperada. Me hizo el interrogatorio de rigor a toda prisa: "Hila más de dos palabras seguidas, hace torres, las tira, trepa...etc, etc...Todo normal. Traigalo cuando tenga un buen día y péselo usted misma en la farmacia. El peso normal serían unos 12 kilos. Adios, adios". En cuanto se cerró la puerta a mis espaldas Daniel se tranquilizó y hasta sonreía. "¡Vaya espectáculo que has dado, hijo! ¡Qué verguenza!" Pero a él le daba igual lo que puediera decirle. Ahora jugaba, muy concentrado, con un cochecito, bien sentado en su sillita.
martes, 22 de marzo de 2011
La revisión de los 18 meses
Otra vez le tocaba a Daniel pasar por las manos de la enfermera. Desde las fatídicas cuatro vacunas de los 15 meses le ha cogido algo de tirria a los médicos. Vaya memoria tienen estos niños.
Esta vez yo no podía llevarle a la consulta porque me tenía que ir a mi otro trabajo a entregar las páginas, así que se lo dejé encargado a mi marido.
Cuando llegué a casa de la oficina miré la hora y me dije a mi misma: "¡Qué demonios! a ver si encuentro a estos chicos de camino al metro". Di un rodeo para cruzarme en su camino y allí estaban corriendo a la consulta porque se les hacía tarde. No pensaba acompañarles, pero al final me vi dirigiendo mis pasos al centro de salud. Tenía tiempo de sobra para llegar a la redacción.
Nos tuvieron un buen rato esperando en la sala. Normalmente entraba bastante rápido, pero ese día la Ley de Murphy se puso en funcionamiento. Se me hacía tarde, pero una vez allí no me iba a ir.
Por fin nos atendió la enfermera. Daniel entró llorando como un desesperado porque quería una galleta y o se la queríamos dar en medio de la consulta. "Mal empezamos" aseguró riendo la enfermera. Le dimos uno de los juguetes de la consulta un pareció calmarse un poco. Miraba con desconfianza a la enfermera y cada vez que le medía pesaba o miraba algo se ponía a llorar y se agarraba a nosotros como si lo fueran a matar. No le quitaba ojo a la chica. Sabía lo que le esperaba. La enfermera nos dijo que medía 84 cntímetros (percentil 90) y que pesaba 11,3 kilos (percentil 50). La medida de la cabeza no la recuerdo, pero era normal. La pediatra nos confirmó que el niño estaba sano como una manzana. Y entonces llegó el pinchazo. Yo siempre lo paso muy mal con las vacunas. Menos mal que ya no le tocan hasta dentro de mucho tiempo.
Se agarró a mi llorando un ratito, pero enseguida se le pasó, como siempre. Salió de la cnsulta como alma que leva el diablo sin despedirse siquiera. la enfermera nos dió unas recomendaciones útiles, aunque a medida que crece el niño cada vez me parece más obvio lo que nos dice: darle una buena alimentación, vigilarle estrechamente para evitar accidentes, fomentar el aprendizaje del lenguaje leyéndole libros y hablándole mucho... vamos lo que solemos hacer. Y ya por fin hay que empezar a lavarle los dientes, aunque sólo con agua. Él ya tiene su cepillo desde hace un tiempo y le encanta imitarnos. Lo malo es que luego lo pasea por toda la casa y no hay quien se lo quite de las manos.
Esta vez yo no podía llevarle a la consulta porque me tenía que ir a mi otro trabajo a entregar las páginas, así que se lo dejé encargado a mi marido.
Cuando llegué a casa de la oficina miré la hora y me dije a mi misma: "¡Qué demonios! a ver si encuentro a estos chicos de camino al metro". Di un rodeo para cruzarme en su camino y allí estaban corriendo a la consulta porque se les hacía tarde. No pensaba acompañarles, pero al final me vi dirigiendo mis pasos al centro de salud. Tenía tiempo de sobra para llegar a la redacción.
Nos tuvieron un buen rato esperando en la sala. Normalmente entraba bastante rápido, pero ese día la Ley de Murphy se puso en funcionamiento. Se me hacía tarde, pero una vez allí no me iba a ir.
Por fin nos atendió la enfermera. Daniel entró llorando como un desesperado porque quería una galleta y o se la queríamos dar en medio de la consulta. "Mal empezamos" aseguró riendo la enfermera. Le dimos uno de los juguetes de la consulta un pareció calmarse un poco. Miraba con desconfianza a la enfermera y cada vez que le medía pesaba o miraba algo se ponía a llorar y se agarraba a nosotros como si lo fueran a matar. No le quitaba ojo a la chica. Sabía lo que le esperaba. La enfermera nos dijo que medía 84 cntímetros (percentil 90) y que pesaba 11,3 kilos (percentil 50). La medida de la cabeza no la recuerdo, pero era normal. La pediatra nos confirmó que el niño estaba sano como una manzana. Y entonces llegó el pinchazo. Yo siempre lo paso muy mal con las vacunas. Menos mal que ya no le tocan hasta dentro de mucho tiempo.
Se agarró a mi llorando un ratito, pero enseguida se le pasó, como siempre. Salió de la cnsulta como alma que leva el diablo sin despedirse siquiera. la enfermera nos dió unas recomendaciones útiles, aunque a medida que crece el niño cada vez me parece más obvio lo que nos dice: darle una buena alimentación, vigilarle estrechamente para evitar accidentes, fomentar el aprendizaje del lenguaje leyéndole libros y hablándole mucho... vamos lo que solemos hacer. Y ya por fin hay que empezar a lavarle los dientes, aunque sólo con agua. Él ya tiene su cepillo desde hace un tiempo y le encanta imitarnos. Lo malo es que luego lo pasea por toda la casa y no hay quien se lo quite de las manos.
jueves, 13 de enero de 2011
Las vacunas de los 15 meses: ¡las peores!
Que mal lo he pasado. Durante la revisión de los quince meses pospusimos las vacunas porque le niño tenía fiebre, así que sólo lo midieron y pesaron. La pediatra dijo que estaba más alto y más flñaco que la media, pero nada preocupante. En definitiva todo normal. Antes de Navidades todo fue bien, pero cuando pasaron las fiestas y Daniel y yo nos enfrentamos a esos cuatro pinchazos las cosas no pintaban nada bien. Ese día estuve de mal humor todo el rato. Me presenté en la consulta con mi niño muy pegado a mi pecho. El pobre no sabía lo que le esperaba. Advertí a la enfermera que era muy probable que llorara yo más que el niño. La facultativa me amonestó asegurando que y debía dar ejemplo de entereza al niño. ¡Pero si casi sufría más yo que él!
El caso es que tuve que sujetar al pequeño cual judas mientras la enfermera la pinchaba los muslitos y los bracitos. Chilló como un energúmeno, pero esta vez, con razón. Yo le decía que era por su bien, pero se me estaba poniendo un cuerpo horrible. La chica que me atendió fue un encanto y llenó las manos de Daniel de juguetes en todo momento. Senté al niño todavía berreando en el carrito y le puse una galleta en la mano. Daniel la miró sin dejar de llorar, fue bajando el tono y finalmente se la metió en la boca y sonrió.
Menos mal que enseguida se le pasan las cosas. Como premio le llevé al parque porque hacía un día estupendo. Allí las otras madres se preocuparon por él y le hicieron muchos mimitos. Se lo pasó en grande corriendo de un columpio a otro. Ya se le había olvidado el mal rato, pero a mi no.
lunes, 27 de septiembre de 2010
La revisión del año
Pesarlo no fue fácil. El enano se quedó sentado en la báscula, se agarró muy fuerte a los bordes, y comenzó a zarandearlo todo. Desesperada la pediatra acertó a decir: "ummmmm, diez kilos maaaasssss o menosssss". Y ahí quedó la cosa.
miércoles, 31 de marzo de 2010
Las vacunas del sexto mes
Es curiosa la percepción tan especial que tenemos los padres de los hechos relacionados con tus hijos. El otro día llevé a Daniel a su revisión del sexto mes. Iba amargada porque significaba que le iban a pinchar para ponerle las vacunas. Algo muy desagradable para el pequeñajo.La pediatra dijo que todo estaba muy bien. Lo único que tenía el bebé eran unos pocos moquitos. Como se nota que a ella no le daba las noches por la congestión. Ni se le medio asfixiaba entre los brazos con ataques de tos provocados por la ingesta de mocos. Esto es un ejemplo de diferentes puntos de vista.
La enfermera midió y pesó al bebé. "Qué niño más sonriente" expresó. Esta simple afirmación se convirtió luego en un "Dice la enfermera que Daniel es muy simpático y que se pasa todo el tiempo sonriendo... Y además, que es muy guapo, pero eso salta a la vista".
Acto seguido la enfermera me informó de que el niño estaba por encima de la altura media y por debajo del peso medio, aunque dentro de los percentiles normales. A lo que yo transmití: "También dijo que iba a ser alto y guapo... Y un morenazo de los que quitan el hipo".
Por último, la enfermera procedió a torturar al bebé pinchándole con todo el cuidado y cariño del que fue capaz. Con mi inestimable ayuda para sujetarlo (Judas, que soy una Judas). Mi niño lloró un poquito, pero enseguida se le pasó. Es una cotilla de gran magnitud y cualquier cosa capta su atención, la pierde y la vuelve a captar. Así son los niños de su edad. "Este niño llora poco", agregó la enfermera, que yo traduje en "Es el niño más valiente que ha conocido en todos sus años de trabajo. Lloró poquísimo. Un valiente. Un torero. ¡Ole! ¡Ole, mi niño!".
Estas exageraciones están dentro de los parámetros normales de las madres en general. Así que no hay nada de los que preocuparse. Al menos por ahora. Esperemos que no vaya a más.
lunes, 1 de febrero de 2010
Las vacunas del cuarto mes
La enfermera me ha soltado de buenas a primeras que a lo mejor no le podía vacunar porque su ordenador tenía fallos informáticos y le daba problemas. Yo he hecho un gesto significativo para indicarle que la comprendía y amablemente le he preguntado por el problema. ¿Se ha caído el servidor, un virus infomático, se ha borrado algún fichero importante... Pues no, nada de eso. El problema venía por el ratón. No le funcionaba el ratón. Así que no podía acceder ni a las citas del día, ni a los informes, ni a nada. Debía haberlo adivinado. Así son en la empresa pública. No tienen ni un ratón de repuesto para estos casos. Le deseé suerte a la enfermera para que le proporcionaran el dichoso ratón antes del próximo año y le rogué que le pusiera las vacunas al niño, porque ya que me había armado de valor... Y, sobre todo, que ya estaba allí y no es cuestión de perder el poco tiempo que tengo (aunque ahora mismo lo esté perdiendo en este blog).
El caso es que se apiadó de mi y me ordenó que desvistiera al enano de cintura para abajo. Así lo hice y Daniel no dejaba de sonreir y de chupar las patitas de su pijama. Hasta que llegó el pinchazo. Entonces empezó a berrear y a cogerse con fuerza a mis manos. Y yo empecé a hacer esfuerzos para no llorar con él. Mi niño pobrecito.
Afortunadamente esta vez fue mejor que la anterior, hace dos meses. Daniel se calmó en cuanto la enfermera sacó la aguja de su piernecita. Fue casi milagroso. Le di unos besitos y volvió a sonreir como si nada.
Ahora a estar atenta por si le sube la fiebre. Tengo el Apiretal a mano. Para aquellos que aun no son padres les diré que el Apiretal es el medicamento estrella para bajar las fiebre de los bebés. ¡Ala! Id aprendiendo por si acaso.
viernes, 29 de enero de 2010
Revisión pediátrica
Daniel se portó bastante bien con la pediatra. Y eso que tuvo un despertar horrible. Del calorcito del pijamita, el abrigo y las mantitas pasó a estar en cueros. Os puedo asegurar que no le hizo ni pizca de gracia. Aún así se dejó estirar, encoger, revisar, mover, medir y pesar sin poner mucho impedimento.
En la visita anterior la pediatra comentó que Daniel era un poco rabiosillo y en esta me dijo que era bastante brutito. Como siempre, no me dicen nada que yo ya no sepa.
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