miércoles, 23 de enero de 2019

Ciclo Animales de Cine: Ferdinand

Fuente 20th Century Fox
En la Biblioteca Rafael Alberti han empezado este viernes un ciclo de cine infantil sobre Animales de cine con "Ferdinand", la historia de un toro de lidia sensible y pacifista. A mí la verdad es que las plazas de toro me ponen mala. Intento respetar las opiniones de todo el mundo y no voy a despreciar a nadie porque le gusten las corridas, pero un deporte en el que se maltrata a un animal hasta su muerte no me cabe en la cabeza. Nada de la lucha entre el hombre ya la bestia. ¡Aquí el toro siempre lleva las de perder! Éste es uno de los mensajes que transmite la película.

En fin, que el trailer les hizo mucha gracia a mis churumbeles y, aunque la biblioteca no nos queda muy cerca, allí que nos plantamos el viernes. Como llegamos muy pronto nos metimos a leer libros. Tienen muchos muy interesantes. Las bibliotecas públicas son los lugares más maravillosos del mundo. Entiendo que los niños alucinen con tantos tesoros a su alrededor.

Al rato de estar allí dejé a los niños leyendo y fui a recoger las entradas que te daban en recepción. Y de allí al salón de actos. La verdad es que nada que ver con una sala de cine doble surround y toda la pesca, pero mucho más entrañable.

Me encantó ver cómo se emocionaban los niños. Y cómo sufrían y se alegraban y casi bailaban en sus asientos... Aunque había partes de la película que no se oyeron muy bien. A mi hijo pequeño, que es más serio con estas cosas, se lo llevaban los demonios. De vez en cuando le oía susurrar con rabia: "No se callarán estos maleducados...". Y yo me ponía de todos los colores porque uno de los maleducados que tanto criticaba era precisamente su hermano que estaba viviendo la película a todo pulmón. Los padres nos matábamos en chistar a los pequeños, pero algunos eran incontrolables. Normal.

Además había mucho bebé. También lo entiendo. Cuando tienes más de un hijo y no tienes quien te cuide a una parte de tu prole te vas a los sitios con toda la manada, sean de la edad que sean. Y, porque disfruten los mayores, a veces vas con un bebé al que ni le va ni le viene la sesión de cine, e incluso se asusta de las escenas más ruidosas. ¡Yo he estado en esa situación!

La película es tan simpática como ingenua. Nos habla de un toro que lucha por salirse del camino que le han fijado, que, por cierto, es terrible: o morir en la plaza o en el matadero. Su triste historia está salpicada de escenas graciosas, enternecedoras, emocionantes y vibrantes que ensalza el amor y la amistad hasta el extremo con tópicos bastante recurrentes. Aunque he de admitir que el concurso improvisado de baile se sale. Mis hijos aseguran que es la parte que más les gustó.

Las cosas llegan a ponerse muy negras. De hecho mis hijos (y el resto de niños), se giraban de vez en cuando hacia los progenitores para preguntar angustiados: ¿Pero va a morir? ¿Van a matarlo? Pero cómo van a matar a nadie en una película de niños. En esas sólo nos matan a los pobres y sufridos padres. Que inquina nos tienen. Será para que los peques sientan más pena y empatía por los personajes principales pero ¡jolín! En cuanto sale una escena tierna entre padre (o madre) y churumbel... ya sabemos lo que viene a continuación.

Por supuesto, la película acaba bien y los niños salieron dando botes de contento de la sala y preguntándose cual será la próxima. Todos menos Iván que seguía refunfuñando porque no le habían dejado oír la película.

Consulta la programación de tu biblioteca más cercana porque he visto que este ciclo lo están haciendo en varias por Madrid.

martes, 22 de enero de 2019

Panda Painter Kit de Flexbot

Tenía este post pendiente y muy poco tiempo para escribirlo. Gané un Panda Painter Kit, de Flexbot, en un sorteo de Ocio para peques hace un montón de tiempo. Vaya alegrón me llevé. A mis hijos les encanta todo lo que tenga que ver con circuitos eléctricos. Ya los han dado en el cole y les fascinan. De hecho no paraban de pedirme que comprara materiales para construir uno en casa. Lo intentamos con un kit de Boolino muy chulo, pero tuvo que venir el padre a ayudar porque yo era negada para el tema de conectar los cables y que el juego de conectar preguntas con respuesta funcionara.

Así que me quedé con esa experiencia de que me superaba y tardé mucho en atreverme con el pack de Fletbox. El detonante se produjo en SIMO Educación, cuando visité su stand y me convencieron que sus packs eran muy sencillos y divertidos. Y si no salía bien, pues se vuelve a empezar y se aprende de nuestros errores. Además son totalmente inofensivos. Lo niños no se llevarán calambrazos inoportunos, ¡ni lo mayores!

El caso es que me convencieron. Yo estaba esperando a que el padre de las criaturas andara por casa para tener apoyo experto (él es un crack con todas estas cosas). Pero si no estaba trabajando, estábamos por ahí fuera o los que no estaban eran los críos.

Nada, nada. Que abrí el pack con dos niños muy ilusionados alrededor. Casi no me dejaban leer las instrucciones porque querían empezar ya. Les pedí que eligieran uno de los dibujos que vienen en la caja (hay un montón). Iván quiso el fantasma y Daniel la momia.

Recortaron sus monstruos y los pegamos en un cartón.

Lo mejor de este pack es el rotulador de tinta conductora de electricidad. Se lo di a Iván y le pedí que siguiera el dibujo del libro. El chiquillo hizo el circuit con mucho esfuerzo, porque al boli hay que cogerle el truco para que eche la tinta justa.

Luego pegó los elementos con mi torpe ayuda. Los zumbadores se pusieron a zumbar como locos, pero no había manera de que hiciera caso el interruptor. ¿Qué hemos hecho mal, que hemos hecho mal? Me preguntaba una y otra vez, pero los chiquillos estaban encantados con su fantasma zumbador y les daba igual que el conector no funcionara. Tras mucho investigar y trastear, si doblaba un poco el fantasma dejaba de zumbar y si lo ponía en la posición inicial se volvía a oír el sonido. Me conformé por el momento.

Lo dejamos a un lado para hacer la momia de Daniel. Aquí Daniel se flipó con el rotulador e hizo un circuito generoso. Pusimos los elementos y ahí no había manera de que el bicho encendiera sus ojos. Miramos y remiramos. Probamos muchas cosas, pero nada. Justo en ese momento llegó el padre y nos hizo ver que no habíamos seguido el dibujo del libro de instrucciones por lo que se producía un cortocircuito. Me sugirió que probásemos con otro monstruo, pero a Daniel le hacía tanta ilusión ver la momia encendida después de todo el tiempo invertido que me hice con unas tijeras y corté el sobrante. Se me despegaron los elementos, pero los volví a pegar. Tuve que poner más tinta... ¡Vamos! Un trabajo de chinos, pero por fin lo logramos y los ojos se encendían. De nuevo el interruptor no funcionaba, pero yo ya me daba con un canto en los dientes.

Y de nuevo Raúl dio con el fallo: "A ver Dácil. La tinta tiene que ir sólo por un conector del interruptor, no por los dos e incluso sobrepasarlo. La electricidad va por los lados y el conector no funciona. ¡Normal!", jolín, que torpe soy para estas cosas.

Pero los niños eran felices con sus monstruos, así que ya no me preocupé más. De todas formas, tenemos para hacer muchos más. Ya iremos depurando la técnica.

lunes, 21 de enero de 2019

Dinosaurios de Gomaeva

Los Reyes han sido muy generosos este año, sobre todos los "externos". Estos peques han visto colmadas todas sus expectativas con creces. Se han tocado todos los palos: lo digital, Spiderman, libros, juegos, la vena bélica, manualidades, centros de ocio... Ahora hay que darle uso a todo. ¡No hay horas en el día!

En casa de las abuelas les trajeron algo que me llamó especialmente la atención: Unos troquelados de gomaeva para construir un dinosaurio. Lo guardé hasta que tuviera un ratito de tranquilidad para ponerme con ellos manos a la obra, pero ese ratito no llegaba y no llegaba...

Una tarde, Daniel me hizo un comentario que me dejó un poco triste. A pesar de saber que no era del todo verdad:

"Yo no quiero ser mayor nunca", aseguró muy serio.
"¡Anda! Como Peter Pan." , exclamé yo, "¿Y eso?"
"Porque Papá y tú estáis toooodo el tiempo trabajando", me soltó enfurruñado.

Vamos a ver. Hay rachas y rachas. Y ahora pasamos una racha de mucho trabajo los dos, pero ¡acabamos de tener una semana de vacaciones en Las Palmas de Gran Canaria con todos nuestros sentidos puestos en los pequeñajos! Es que nunca van a estar contentos. Y aunque estemos muy muy muy liados. Siempre busco el hueco para ellos.

Es verdad que nunca es suficiente porque tengo dos churumbeles muy creativos y a todas horas quieren que pruebes el nuevo juego que se han inventado, o que leas su nuevo cómic, o que te expliquen el videojuego que se les ha ocurrido, o que juegues a su juegacuento, o a su partida de rol... Es maravilloso lo que discurren, pero no hay horas en el día para limia, comprar, ordenar, trabajar, llevarles al parque o a cualquier otro sitio chulo, leerles cuentos y libros (porque siguen queriendo que les leamos), ver pelis con ellos (que también quieren), organizarles actividades, jugar con ellos...). ¡Son muy exigentes!

Pero vamos, que me tienen pillado el truco porque me faltó tiempo para sacar el juego de montar un dinosaurio de gomaeva.

Y ahí nos pusimos con el tema. Primero uno y luego el otro porque mi mente no da para más. Y las instrucciones no me parecieron precisamente sencillas. Venía el dibujo de cada lámina con las piezas que incluía y números en las cavidades dónde había que encajar la pieza que tuviera el mismo número. Ponte a buscar, a destroquelar y dar la pieza al niño de turno para que la colocara. Luego se caía al colocar otra y así continuamente.

Pero finalmente tuvimos nuestros dinos y los peques estaban felices. Esa noche me acosté bastante más tarde, pero valió la pena.

viernes, 18 de enero de 2019

Spiderman, un nuevo universo

La tentación fue demasiado grande y uno de los días que pasamos en mi islita nos dimos el salto al cine de un centro comercial para disfrutar a tope de la nueva de Spiderman, que, no sé por qué, han traducido el título de una forma algo raruna. En inglés es Spiderman, Into the Spider-Verse. A mí me mola más eso del Spiderverso, pero ¡oye! Fijo que alguien que sabe mucho más que yo del tema ha llegado a la conclusión que un nuevo universo (¿Nuevo? si Miles Morales apareció en 2011 por primera vez, Spider Gwen en 2015, Spiderman- noir en 2009, Spider-.ham en 1983... No sigo ¿A qué se refieren con nuevo?). En fin, detalles, detalles.

El caso es que teníamos muchas ganas de verla y quedamos con mi hermano y mi sobrina Natalia, que cuando más seamos más divertido. En la puerta nos llevamos una sorpresa porque nos regalaron unos sobres muy chulos con tres cromos de la película. Anda que no se alegraron mis fieras. Hasta Natalia les cedió las suyas, menos la de Spider Gwen, que le había molado mucho.

La verdad es que la película es muy entretenida, la animación es impactante, los personajes molan... pero no profundizan mucho en ellos, ni siquiera en el del protagonista. El principio promete mucho planteando un problema de adaptación de Miles al que, de repente sacan de su entorno seguro y lo meten de lleno en otro en el que siente que no encaja. A esto se le suma la picadura de la araña radiactiva y unos cambios que es incapaz de controlar. Y que le asustan muchísimo. También presentan un problema de comunicación con el padre que hace que se distancie de él y se acerque a su poco recomendable tío, que está metido en negocios turbios, pero eso no quita que quiera y se preocupe por su sobrino.

Bueno, puesto esto se va por el desagüe en cuanto comienzan las escenas de acción. Se olvidan y ya está. Porque, claro, es mucho más importante salvar el mundo. Normal. A mí también se me olvidarían todos mis problemas personales si me dicen que mi universo va a ser absorbido, engullido, fagocitado y remezclado con un millón de realidades alternativas.

A mis hijos les encantó y no echaron en falta esa profundidad en el guión que se queda a medio camino, pero a los adultos sí que nos rechinó un poco. Al final se queda en una película entretenida sin más con efectos alucinantes.

jueves, 17 de enero de 2019

Parque Doramas y una situación imprevista

Otro lugar recurrente al que siempre vamos cuando paramos por Las Palmas de G.C. es el Parque Doramas. Nos encanta ir a ver las carpas, los cisnes, los jardines tan bonitos que tiene... y los columpios, claro. Mis hijos quieren ir sobre todo por éste último punto. Aquí también tenemos nuestras fotos de años tras año. Ya casi no caben en el tubo ni en el barquito, pero ellos se meten con una gran sonrisa para ser inmortalizados.

Este años nos fuimos con mi hermana y mi pequeño sobrino, que está de lo más salado y le ha cogido mucho amor a sus primos mayores. Sobre todo a Daniel, porque Iván lo ignora bastante. Lo pasamos genial. Acabamos la jornada con unos churros con chocolate en la cafetería que tienen en la parte más alta y nos dispusimos a irnos a casa porque ya se hacía tarde.

Y justo fue en ese momento cuando Daniel se sentó asegurando que el estómago le dolía tanto que no podía dar ni un paso. Horror.

Mi hermana, con toda la calma del mundo, nos ofreció el carrito de su bebé de poco más de dos años para que el ganso de mi hijo mayor no sufriera más de lo necesario. Pero estaba claro que un camino de más de media hora no lo podíamos hacer así porque el carrito se desmoronaría en cualquier momento bajo el peso de mi mostrenco de nueve añazos. Sin contar conque el pequeñajo no iba a resistir la caminata y que la espalda de Silvia corría peligro

Así que Raúl e Iván tiraron para la casa andando y el resto del grupo nos quedamos esperando la guagua (autobús). Y allí estábamos, con un niño dolorido y quejica, con otro terremoto y que no venía la guagua y que no venía. Y pasaban los minutos, y ya no se nos ocurría cómo entretener a la prole, pero ahí seguíamos cantando los cantajuegos, hablando exageradamente, preocupándonos por el enfermito y cagándonos en las muelas del transporte público gran canario.

En la pantalla, lo que en un principio era una espera de siete minutos, se cambió a 14, y luego bajó a seis, luego subió a diez, luego bajó a cuatro... Hasta dos minutos llegó a indicar. Lo dos minutos más largos de mi vida. Dos minutos que duraron media hora de reloj.

De repente atisbamos algo amarillo a lo lejos. "¡Ya viene! ¡Ya viene!" exclamé emocionada. "Por finnnnn", me secundó mi hermana. Pero vimos desconsoladas como giraba por otra calle. "¿¿¿Comoooo??? Vuelveeee, vuelveeee" grité desesperada. "Señora, eso es una ambulancia", me indicó un señor que esperaba pacientemente como nosotras. "Estoooo. Ah, sí vale... ¡Pues ya podía haber sido la guaguaaaa. Buaaaaa". Mi hermana se partía de risa y me consolaba como podía. Madre mía, en vaya follón la metí a la pobre.

Menos mal que al menos nos echamos unas risas. A todo esto. Raúl nos llamó preocupadísimo para ver dónde andábamos porque ya hacía un montón que ellos habían llegado. "En el mismo sitio. Gruaaaarl", le bramé yo.  Me deseó suerte y me indicó que nos esperaría muy muy inquieto en casita. Él sí que estaba tentando su suerte.

Por fin apareció la guagua. Y esta vez era la de verdad. Ole, ole y ole. Nos dieron ganas de dar una abrazo al conductor por venir a salvarnos, pero nos pareció muy ridículo. El susodicho nos indicó que teníamos agarrar la silla con un cinturón de seguridad, pero yo que soy super torpe no atinaba. Menos mal que había un chico piadoso que la ató por mí. Y la desató también porque yo era incapaz. ¡Diez minutos tardamos en llegar! ¡Diez! más los 45 minutos largos de la parada... Mejor ni lo pienso, que me pongo mala yo.

Daniel comenzó a encontrarse mejor en cuanto llegó a la casa (¡¿En serioooo?!). Y así acabó el día perfecto de parque. Coger la guagua en Las Palmas de G.C. un domingo es misión imposible.

El barrio antiguo de Las Palmas

En esta ocasión tampoco pudimos dejar pasar la ocasión de visitar a mis queridos perros de la Plaza de Santa Ana. ¡Anda que no hemos jugado de pequeños mis hermanos y yo con esas estatuas! Raro es el niño que se resiste a sentarse en sus lomos.

Lo que no entiendo es como no notan los efectos de la erosión con tanto culete infantil aplastándolos. Pero ahí siguen como si nada. Haciendo las delicias de los niños de ahora. ¿Llevarán mis hijos a sus churumbeles a esta plaza alguna vez? Lo que es más ¿Tendrán hijos? Y ¿Serán tan terribles como ellos? Buf buf, mejor abandonamos esta línea de pensamiento.

El caso es que estas Navidades nos dimos también la tradicional vuelta por el barrio antiguo y hemos hecho las mismas fotos de siempre, sólo que con los niños más mayores. Es que luego da gusto compararlas con las de años anteriores. Por lo menos a mí me hace gracia.

La verdad es que no hacer fotos es muy difícil con tanto rincón bonito como tiene esta parte de la ciudad, con sus calles peatonales empedradas, sus plazas con historia y sus balcones típicos de madera. Una preciosidad.

Supongo que seguiremos paseando por ahí cada vez que volemos para allá. Y mis niños se convertirán en adolescentes y seguirán haciendo el ganso encima de los perros. Pongo la mano en el fuego a que sí.







miércoles, 16 de enero de 2019

Roswell High. El secreto

Desde la editorial Alfaguara ha llegado a mis manos Roswell High. El secreto, un libro que va a encantar a los adolescentes. En mi opinión, relata una historia en la que cambian los vampiros estilo Crepúsculo por alienígenas teenagers llenos de inseguridades y miedo, mucho miedo. Porque, para empezar, ellos tampoco tienen muy claro quienes son ni de dónde vienen.

Hasta ahí nos lo podemos tomar como una metáfora del paso de la niñez a la edad adulta, un complicado viaje en el que nos perdemos totalmente para volvernos a encontrar ya convertidos en hombres o mujeres: ¿Qué me pasa? ¿Por qué soy así? ¿Qué esperan de mí? ¿Por qué me exigen tanto?, sólo que extrapolada a unos chicos que descubren poco a poco que no son "normales" y sólo pueden intentar investigar sobre su pasado con la mayor discreción posible.

A esto le sumamos tensión, emoción, sentimientos profundos, traiciones, amor, rabia, frustración y una persecución implacable y ya tenemos todos los ingredientes.

Además el lenguaje es muy sencillo y directo, la letra es bastante grande y tiene pocas páginas con lo que puede enganchar hasta a los lectores más vagos. Hay chicos que se amilanan ante lo que llaman ellos un "tocho" y se quedan sin saber lo que se están perdiendo. Con este ejemplar podemos meterles poco a poco el amor a la lectura en vena sin que se sientan abrumados por la extensión de la historia.

En realidad, estamos ante el primero de una serie de libros que prometen mucho. A mí me ha parecido entretenido aunque sin toda la profundidad que podría haber tenido. Hay sucesos que se desarrollan demasiado rápido y no llegan a ser muy realistas, dentro de lo que cabe en una obra de ficción, y el final se resuelve en poquísimas páginas, supongo que porque, al ser el primero, había que presentar personajes.



Una serie de HBO está basada en esta serie de libros, Roswell New México. Sólo he visto el trailer y parece que cambian bastantes cosas. Me gusta que sea así y no una copia del original para disfrutarla sin saber qué será lo próximo que va a pasar.