jueves, 4 de marzo de 2021

La Guerra de los Zapatos

Liz Pichón sigue fiel a su estilo desenfadado y extremadamente visual en su nuevo libro "La Guerra de los Zapatos", una locura zapatera llena de emocionantes aventuras, situaciones arriesgadas, imaginación desbordada, personajes intrépidos, una villana extremadamente malvada y, por supuesto, muchos, muchísimos, zapatos espectaculares.

Por si estáis pensando "Fíjate que el nombre de la autora me suena, pero ahora mismo no caigo...", pues sí. Seguro que conoces su serie estrella Tom Gates. 

Personalmente, la idea de escribir en las tostadas que sacamos de "Tom Gates. El mega libro de las manualidades y las genialidades", nos ha cambiado la vida. Y ahora con este nuevo libro mis zapatos me parecen tan sosos y aburridos...

En esta ocasión, estamos ante un tomo único, que no pertenece a una serie, y que nos presenta a una familia muy particular, que vive en una ciudad muy zapatera, bajo el dominio de Wendy Cuñas, una mujer despiadada, egoísta y extremadamente ambiciosa y ególatra. 

Partiendo de esta premisa, se desarrolla a base de humor, ingenio y muchas ilustraciones chulísimas y perfectamente integradas en la historia, una revuelta rebelde a favor de zapatos cómodos con extras alucinantes versus zapatos incómodos y excesivos los mires por donde los mires (y con cuñas).

Un gran peligro acecha a la familia Pie y va a tener que organizarse para ganar la Guerra de los Zapatos contra la diosa del emporio zapatero poniendo en práctica locas ideas, buscando aliados y defendiéndose como puedan. Una cosa es segura, los peques se van a reír a carcajadas leyendo esta locura de libro.





martes, 2 de marzo de 2021

Cruasanes rellenos de confitura de pera y cobertura de chocolate

Como el otro día parece que gustaron las fotos de los cruasanes rellenos de confitura de pera voy a dejar la receta en el post. No tienen ningún misterio. Son de esas recetas sencillitas y resultonas que tanto me gustan. A ver, todo comenzó porque se me estaban madurando demasiado ¡7 peras! Demasiadas para comerte en una sentada. Así que hice lo propio: idear una forma de que me duraran más. Que al final duraron menos porque nos las zampamos con más gusto que en su versión original, pero ese no es el tema.

Con ellas hice una confitura, que es muy fácil de hacer. 

- Se pelan y cortan las peras en trozos pequeños.

- Se ponen en un cazo con agua que cubra los trozos, canela y azúcar

- Se pone a calentar a fuego medio hasta que se evapore casi toda el agua y quede convertida en almíbar.

- Se retira del fuego y se machacan los trozos de pera que queden con el tenedor

En un principio pensaba usarla como mermelada para el desayuno, pero sabía que eso a los peques no les iba a hacer mucho tilín, así que fui más allá. Compré dos masa de hojaldre redondas y me puse manos a la masa con los cruasanes.

- Precalientas el horno.

- Despliegas la masa redonda. 

- La cortas en ocho trozos al estilo triángulos de pizza. 

- Pones una cucharada de confitura en la parte más ancha del triángulo y enrollas

- Le das la forma del cruasan.

- Pintas con huevo batido 

- Y al horno entre 20 y 30 minutos. Lo mejor es ir mirando y cuando estén doraditos sacarlo.

Así ya estaban perfectos, pero quise ir más allá y me puse a fundir chocolate blanco y negro.

- Coges una sartén y la llenas de agua. Calientas el agua sin que llegue a hervir. 

- O si te hierve la retiras del fuego y en cuanto deje de hervir metes un cazo con las onzas de chocolate dentro de la sartén.

- El chocolate nunca puede tocar el agua porque se estropea.

- Remueves hasta que se derrita.

- Si el agua se enfría la calientas un poco de nuevo, pero no tiene que hervir.

- Cuando el chocolate esté derretido lo derramas con cuidado sobre los cruasanes y los dejas enfriar para que se endurezca la cobertura.


Por cierto, mi consejo es que lo hagáis con chocolate blanco porque el negro le quita todo el sabor a la confitura.

Y ya está el pecado hecho. Ahora disfrutarlo :)

Por cierto, es una receta tan facilita que se puede hacer con los peques sin problemas.

Por cierto, la idea original de los cruasanes me la dio Katy del blog Las cosas de Katy. ¡Es una repostera sensacional!

sábado, 27 de febrero de 2021

Carnavales 2021: Pelirrojos y exploradores

Con la que está cayendo pandémicamente hablando pensé que el Carnaval este año no pasaría de ser algo que está por el ambiente, pero sin más. Pero me equivoqué. La cosa empezó con el mayor cuando se fue a cortar el pelo. Salió contentísimo de la peluquería, aunque yo no tanto porque hubiera preferido que le cortaran más, sobre todo el flequillo. En fin, nunca llueve a gusto de todos.

El caso es que no habíamos dado dos pasos cuando Daniel empezó a lamentarse porque se le acaba de ocurrir que el rojo le iría genial a su pelo y no se le había ocurrido pedirle al peluquero que le tiñera. Enseguida le aclaré que el señor me hubiera preguntado a mí primero y que yo me hubiera negado en redondo. Con lo que le dejé un poco tristón. 

Como soy una blandujita busqué una solución tirando por la carretera de enmedio. Fuimos a un todo a 100 a por un bote de pintura de carnaval para el pelo roja. Menos mal que estábamos en fechas carnavaleras, de otro modo, hubiera sido mucho más difícil de conseguir. El caso es que el peque estaba dando saltos de alegría y ya se imaginaba como un personaje de anime pelirrojo y molón.

En cuanto llegamos a casa me hizo rociarle a conciencia y quedó mejor de lo que esperaba. Estaba encantado con su cambio de look. Lo único malo es que desteñía de mala manera, así que se lo hicimos quitar en la ducha esa noche para que no hubieran almohadas damnificadas. Lo hizo a regañadientes, pero feliz con la promesa de que el lunes repetiríamos la operación para que fuera pelirrojo al cole. 

Así lo hicimos y la fiera se lo pasó en grande siendo el centro de atención por un día.

Por su parte, Iván me dijo pocos minutos antes de que tuviera que irme a mi clase de inglés que al día siguiente podían ir a clase disfrazados y que él quería ir de explorador de Ataque a los Titanes. Que si le podía apañar algo. Normalmente no tengo problemas con improvisar, pero es que ¡sólo tenía unos 15 minutos para hacer aparecer el disfraz que quería el peque!

Que no cunda el pánico. Afortunadamente, este año triunfó la ropa basadas en animes como regalo de Reyes. de hecho, había por ahí una sudadera que simulaba el uniforme de los exploradores que iba a ser precisamente para él, pero que resultó ser demasiado grande incluso para mí. 

Al final me la quedé yo. pero en se momento nos pareció una buena opción aunque le quedara tipo camisón. También teníamos las capas, pero era un poco incordio de llevar en el cole, así que la descartamos. Le presté unas botas mías marrones y terminamos el disfraz con las espadas del equipo tridimensional, unas enormes de cosplay que costaron bastante y que no son un juguete, pero que le hacía muchísima ilusión llevar. Creo que, en realidad, quería disfrazarse de eso por las espadas. Como vi que las llevaba con cuidado accedí.

Se fue contentísimo con sus pedazo de espadas que eran más grandes que él. La verdad es que llamaba la atención y mucha gente se nos quedó mirando camino del cole, seguramente pensado en la inconsciencia de la madre. 

Al final no hubo ningún incidente que lamentar y el chiquillo volvió emocionado ese mediodía contando que habían tenido muchísimo éxito y que se las había tenido que prestar a todos los niños de su clase (a la porra el coronavirus). El caso es que regresaron conmigo y no se extraviaron. Ahora las tengo en cuarentena, por si acaso. Evidentemente, nadie sabía de qué iba el disfraz.

Y hasta aquí nuestros carnavales en tiempos de pandemia.

viernes, 26 de febrero de 2021

El Pardo verde y destrozado por las inclemencias de Filomena

El domingo pasado Raúl se cruzó de brazos y nos metió a todos en el coche rumbo a algún lugar de El Pardo. 

Estaba harto de pasar los fines de semana metido en casa. Y es que con esta pandemia, Iván y yo nos hemos vuelto muy hogareños y nos cuesta bastante arrancar. 

Siempre decíamos lo de "podríamos hacer una excursión a un lugar poco visitado y eso", pero al final todo se quedaba en el aire e Iván y yo arropaditos en el sofá (bueno, yo seguramente limpiando, recogiendo, escribiendo, currando, estudiando con algún peque, cocinando...).

Pero el buen tiempo que hizo el sábado hizo que algo en la cabeza de Raúl explotara y, de repente, todos en el pardo, casi sin comerlo ni beberlo. Bueno, comiendo sí, porque arramblé con unas empanadillas rellenas de morcilla que estaban de muerte. No hay nada como comer mientras se pasea por la naturaleza. 

Eso sí, cada uno tiene que responsabilizarse de su basura porque vimos algunas cosas que claman al cielo. Afortunadamente, pocas, pero es que la gente puede llegar a ser muy guarra. En fin. En general, estaba todo muy limpio y precioso.

Como se nota que ha llovido mucho porque el campo está rebosante, verde y precioso. Aunque también bastante destrozado, porque como se nota el paso de la Filomena. 

Nosotros por si acaso no pasábamos bajo los árboles no vaya a ser que se nos cayera en la cabeza una rama tardía. El espectáculo plantas, arbustos y ramas y troncos tronchados era impresionante.

Ya habíamos visto huellas parecidas en el parque de al lado de casa, pero esto iba a otro nivel. Hasta encontramos un árbol partido hasta su base.

Eso sí, bichos no encontramos ninguno. Supongo que es algo de ley de Murphy, o suerte para la madre, porque no tengo muchas ganas de tener un bichario en casa. ¡Lo que hacemos por amor a nuestros hijos! En fin, que no había ninguno, o nosotros no lo vimos.

Lo que sí encontramos fue un montón de agujeros misteriosos en el suelo, setas y hongos por doquier, hormigueros, huellas de animales... A los peques les llamaba todo la atención. Iván hasta sacó su cuaderno de campo para ir apuntando todo con de sus hallazgos, dibujo incluido.

Lo pasamos genial en nuestro recorrido campero. Y llegamos a casa con tiempo de sobra para hacer la comida tranquilamente. Nos hemos prometido salir más de excursión, a ver si lo cumplimos.










miércoles, 24 de febrero de 2021

Flora y Ulises. Las aventuras iluminadas

El viernes pasado estrenaron en Disney + Flora y Ulises, una película que nos llamó la atención porque prometía ser una apuesta segura para las cenas cine familiares, pero resultó un fiasco. Podéis leer mi opinión en el post que escribí para Facesonthebox, pero aquí no vengo a hablaros de la película, sino del lugar del que salió: el libro de Flora y Ulises. Las aventuras iluminadas.

Entre tanto despropósitos de escenas ridículas que desfilaban en nuestra pequeña pantalla, detecté ciertos momentos... iluminados. Y eso despertó en mí la curiosidad por el libro. Por supuesto, hay tentaciones contra las que no hay que luchar. Y ésta era una de ellas. Seguro que a las fieras les iba a gustar... Y a mí.

Bueno, me encantó. No me extraña que haya ganado importantes premios y se haya convertido en un fenómeno de ventas en EE.UU. Kate DiCamillo construye unos personajes únicos y encantadores, con sus blancos, sus negros... y también sus grises. Hasta nuestra protagonista tiene sus defectos y un carácter muy humano. al contrario de lo que suele suceder en las historias infantiles, plagadas de figuras simbólicas que representan valores claramente distinguibles como el valor, la bondad, el egoísmo, etc. 

En esta historia nos encontramos con una niña con miedo al sufrimiento y la decepción, atrapada en el proceso de divorcio de sus padres y rodeada de personajes con sus propias inquietudes y miedos. Cada uno tiene un motivo diferente para construir unos sólidos muros a su alrededor que les protegen de salir heridos, pero también les priva del calor humano y les sume en una cómoda pero desapacible soledad.

Flora se autodenomina a sí misma cínica porque no alberga ilusiones por nada, sólo espera y observa lo que pasa en su entorno con escepticismo y mirada analítica. A ella le gustaría que el mundo fuera más como en el cómic de sus superhéroe favorito, Incandescento, que su padre le leía en tiempos mejores de su vida. Pero no es tan ilusa como para no saber que la magia y los sucesos extraordinarios sólo pasan en la fantasía de la gente... Hasta que te pasan a ti.

Un accidente doméstico puede llegar a cambiarlo todo. Y una ardilla poeta con superpoderes puede hacer que se tambaleen los cimientos del cinismo y que surjan rayos de esperanza a fuerza de ver la vida de la forma más simple y bonita.

En estas páginas se habla de angustia, miedo al cambio, soledad, caminos equivocados... pero también del valor de reconocer los errores y rectificar, de que la vida puede ser algo precioso si no nos la complicamos nosotros mismos, de que el amor muchas veces está en los actos más sencillos y humildes, de que no hay destinos rígidos y de que un superhéroe puede serlo por muchas cosas y no sólo por luchar contra los villanos, que a veces, no son tan malos. 

Además, las ilustraciones y viñetas de K. G. Campbell enriquecen la lectura de esta historia maravillosa con un estilo emocionante, dinámico, oscuro y luminoso, como la historia que se expresa a través de ellas.

En definitiva, nos hemos encontrado un libro maravilloso con unos personajes muy trabajados y profundos que forman parte de un deslavazado puzle que sólo una ardilla superhéroe podrá unir con los fuertes lazos del cariño.