jueves, 30 de agosto de 2018

Posá la Cestería en Baños de la Encina

De camino a las Jornadas Tierra de Nadie hicimos noche en un pueblo muy bonito de Jaén, Baños de la Encina. Reservamos en una casa rural muy acogedora y cómoda que tenía por nombre Posá la Cestería y que nos encantó a todos. Aunque más a mis hijos por la cantidad de rincones ocultos ideales para jugar al escondite. Lo cierto es que se notaba en cada detalle el mimo con el que los dueños la habían planeado y decorado.

Encima, nuestros anfitriones no podían ser más amables y atentos. Tras entregarnos las llaves y asegurarse que teníamos toda la información para una estancia maravillosa, el señor nos invitó a acompañarle esa tarde hasta unas ruinas increíbles que se encontraban a un paseo del pueblo, las de Peñalosa.

En un principio quedamos en confirmarle si íbamos porque queríamos ver antes todo lo que nos podía ofrecer Baños de la Encina, pero pronto descubrimos que por las tardes teníamos pocas opciones porque todo permanecía cerrado ese día, así que nos apuntamos a la excursión muy ilusionados.

Antes nos pasamos a toda prisa por El Castillo de Bury al Hammam para asistir a la última visita. Nos encantó lo que nos contaron del recinto.

Por lo visto esas murallas habían sido testigos de muchos acontecimientos. Tanto servía de academia militar, como de cementerio o para celebración de eventos. La guía tenía mucho que decir sobre las huellas del tiempo.

La visita terminó con un vídeo que impresionó mucho a mis churumbeles. La verdad es que contaba de forma muy amena una batalla muy famosa de la reconquista en la que participaron los soldados criados desde niños en el castillo cuando se usaba para la instrucción militar.

Casi al salir nos enteramos de que en ese castillo se habían rodado escenas de "El capitán Trueno y el santo grial", así que nos apuntamos el título para verla un día, que seguro que a mis peques les encanta.



La guía también nos contó que nuestro anfitrión era historiador y que había escrito un libro muy interesante sobre un fragmento histórico del pueblo. ¡Que descubrimiento!

Por supuesto, le preguntamos sobre el libro en cuanto los volvimos a ver esa tarde y quedamos en que nos haríamos con un ejemplar a la vuelta de la excursión.

El paseo era impresionante. Y más con un guía de excepción como el nuestro, que nos iba contando con detalle la historia que escondía los elementos más destacable del camino.

El calor y unos críos cansados y revolucionados nos pusieron las cosas un poco difíciles, pero logramos llegar a nuestro objetivo tras hacer un alto en el embalse para refrescarnos un poco. A los peques les faltó muy poco para tirarse de cabeza y con ropa al agua. Una pena no haber pensado en los bañadores.

Pero tampoco era cuestión de perder mucho tiempo chapoteando porque nos esperaban unas ruinas sorprendentes de la Edad de Bronce.

Allí se atrincheraban metalúrgicos defendiendo su trabajo y posesiones con unos muros y edificaciones laberínticas y altísimas (de las que queda mucho, pero ya no tan altas). Hay muchas historias, detalles y curiosidades en este recorrido singular rodeado de murallas apuntaladas con varias capas para que no terminaran desplomándose por la mala calidad de sus cimientos.

Los chiquillos saltaban de un lugar a otro imaginándose un terrible asedio orco y jugando a tirar flechas y luchando cuerpo a cuerpo con los que se atrevían a saltar las murallas. A veces se extralimitaban en sus juegos y había que pararles los pies con una regañina. Es que se emocionan y se olvidan de los límites.

Fue una visita increíble gracias a José María, nuestro guía y anfitrión. A la vuelta pasamos por su casa para adquirir "Los Molinos del Jacarero", un versión muy realista de lo que podía haber ocurrido con el robo de la cruz de la Iglesia de San Mateo, que desgraciadamente no tuvimos tiempo de visitar. Me hubiera encantado poder leerme el libro en la casa rural tras haber visto con mis propios ojos el lugar de los hechos, pero como sólo nos quedábamos esa noche tuve que conformarme con leerlo posteriormente en los tranquilos días que tuvimos en Covarrubias.

José María, nos dio una guía arqueológica de Peñalosa que seguramente se puede encontrar en la oficina de turismo y que también vale mucho la pena porque cuenta con todo tipo de detalles cómo se piensa que era la vida de estos mineros de hace 4.000 años según los descubrimientos arqueológicos de la zona. Y una guía de juegos infantiles al aire libre de lo más interesantes, muchos ya olvidados por estas nuevas generaciones y que habría que volver a practicar. Aunque algunos de ellos son bastante brutos.

Con todos estos recuerdos nos fuimos al día siguiente con gran pena de todos, sobre todo de mis churumbeles, por no poder quedarnos algún día más para seguir explorando el pueblo y disfrutando de la casa. "El próximo año más días, eh mamá, más días", me repetía el mayor como un mantra mientras dejábamos el pueblo atrás.



martes, 28 de agosto de 2018

Los Futbolísimos y Fútbol Freestyle en Autocine Madrid Race

En Autocine Madrid Race siempre están pensando cómo enriquecer las experiencias cinematográficas al aire libre de sus usuarios y la verdad es a mí me aciertan de lleno. Cuando me informaron que el fin de semana, tras estrenar el viernes la esperada Los Futbolísimos, iban a organizar una demostración de Fútbol Freestyle con Jaime Arbeteta y Javier Sanz, cuatro veces campeones de España me pareció un planazo familiar.

El sábado no pudimos asistir porque estábamos aún en playas alicantinas, pero el domingo nos plantamos allí con dos niños muy ilusionados.

La película comenzaba a las 22.00, pero el recinto abre sus puertas a las 19.30 para que puedas disfrutar de su Diner y foodtrucks antes de la sesión. Tienen un montón de espacios chulos para disfrutar de la carta cómodamente, amenizados por música setentera y un montón de vehículos curiosos en los que los niños, y no tan niños, posan encantados.

Desde una de las mesas de primera fila disfrutamos del espectáculo futbolero. A los padres nos encantó, pero a los chiquillos les flipó, sobre todo, cuando comenzaron a sacarlos para jugar con ellos y darles clases sobre esta disciplina. Iván se quedó con nosotros alegando que tenía pánico escénico, pero Daniel se dejó la piel practicando cómo ponerse en pie de un salto desde la posición de tumbado. Chungo, chunguísimo.

Se nos pasó el tiempo volando y ya estaban apagando las luces para dar comienzo a la peli cuando corríamos hacia nuestras hamacas. Porque hay varias formas de disfrutar del metraje: desde el coche (dónde puedes sintonizar su emisora para escuchar perfectamente el sonido), desde unas mesitas y sillas ideales para cenar, o desde unas comodísimas hamacas en primera fila. Lo más genial de esta última opción es que, al estar tumbados, nadie tapa a nadie con su cabezón. ¡Que buenísima idea! Allí nos colocamos nosotros para partirnos la caja con Los Futbolísimos.

Porque no se puede negar que esta película es divertidísima. Y encima con el ambientazo de cine al aire libre, más todavía. Los peques se retroalimentaban unos a otros para animar, reir, gritar en los momentos de mayor emoción.

Los personajes de esta primera entrega de la famosa serie (esperamos que haya más en el futuro) están muy bien retratados, incluso los niños, que eran los más difíciles. Para mí que el que han clavado ha sido a Camuñas, aunque Angustias, Ocho y Anita también me han parecido como salidos del libro. Pakete está muy bien en su papel, pero, claro, es muy difícil dar vida a este personaje en la gran pantalla con esa personalidad tan... suya. Helena con H no me convenció del todo, pero no es culpa de la actriz. Es que en el libro te dicen mucho y te sugieren más sobre este enigmático personaje, del que a veces no entiendes muy bien a dónde quiere ir a parar, pero que tiene unos ojazos increíbles y es una crack jugando. Mención especial a los padres de Pakete, que en el libro me parecen muy típicos y secundarios y en la peli han dado una salto a puestos de mayor protagonismo con su personalidad simpática. Te partes con sus salidas.

El argumento se basa en el primero de los libros: El misterio de los árbitros dormidos de SM, que, por supuesto, mis peques se quieren releer inmediatamente. Daniel incluso se empeñó en hojearlo cuando volvimos a casa, a las mil y una monas. Se lo arrebaté de las manos y le obligué a meterse en la cama para poder hacer yo también lo propio.

Ha sido una manera muy especial de disfrutar de esta película a la que mis hijos le tenían muchas ganas y que no les ha defraudado en absoluto. Al contrario. Nuestras carcajadas se tenían que oír por todo el barrio.

domingo, 26 de agosto de 2018

Luna nueva, galaxias y estrellas fugaces

Por lo visto, este año las Lágrimas de San Lorenzo se iban a ver de forma espectacular. Y todo porque coincidía con luna nueva. Y no sólo la lluvia de estrellas. ¡Hasta la Vía Láctea se dejaba ver en una nebulosa impresionante.

Emocionado por el evento, el padre de las criaturas comenzó a cavilar desde dónde podríamos tener mejores vistas estelares, pero le corté las alas casi inmediatamente. Él no sé, pero yo iba a verlas tumbada cómodamente en el patio trasero de la casa de su abuela en Covarrubias. Por mí que se dejara de montes oscuros llenos de cardos y zarzas con un frío invernal en pleno agosto. Luego vienen los mocos y las toses. No, no y no.

No me costó mucho convencerle. Sobre todo porque el día anterior, la mejor noche para ver estrellas de todo el verano porque la luna nueva estaría en el culmen de su fase nos tiramos a ver el cielo después de cenar y nos pareció una maravilla.

Poco antes de la medianoche del día siguiente coloqué las tumbonas y nos preparamos para pasar un rato de relax bajo la cúpula celeste. Yo sólo esperaba no quedarme dormida. Los restos del cometa caían sobre nosotros cada cierto tiempo. Llegó el momento en el que ya no teníamos ni que mover la cabeza buscando sus rastros porque cada vez eran más seguidos y más grandes.

Allí estuvimos hasta que nos cansamos. Y todavía caían estrellas por encima de nuestras cabezas. Si no hubiera estado ya muerta de sueño podríamos habernos quedado toda la madrugada contemplando el fenómeno, pero en ese momento mi camita me llamaba más. Así que recogimos el chiringuito y a dormir plácidamente.

A veces no hace falta escalar picos altos y oscuros para disfrutar del espectáculo. Lo tienes detrás de la casa.

jueves, 23 de agosto de 2018

Manualidades en las TdN2018

Las manualidades también entran dentro del ocio alternativo de las TdN y las hay para todos los gustos: desde pintura con tinta china, a cuadros de sal, bolsos handmade... Yo elegí unos talleres que me cuadraban con las actividades infantiles y los intereses de Raúl. El encaje de bolillos con horarios es mi especialidad. Así que pude apuntarme a tres muy chulos.

El primero era uno de hacer marcapáginas usando técnicas de scrapbooking. Aquí e la jugué un poco porque me coincidía con el taller de manualidades indias de los niños e Iván me hizo un poco la vida imposible. Pero aún así me lo pasé bien y me llevé mi marcapáginas molón, que es el que estoy haciendo ahora mismo. Me lo pasé genial con los washitapes y las cuentitas de colores. Una pena no haber podido probar los sellos tan bonitos que había traído la organizadora, pero con el peque ami lado exigiendo atención no me veía con el pulso  ni la paciencia suficientes.

El segundo taller que pude cuadrar empezaba a las diez y media de la noche. Tenía a los churumbeles entretenidos en la ludoteca con el padre. ¡Perfecto! Y menos mal, porque resultó ser un pelín complicado. Se trataba de hacer un collar con la técnica Kumihimo, que es con hilos de plástico y un molde con números y letras. me costó bastante pillarle el tranquillo, supongo que también porque a esas horas mi cerebro regía ya a media potencia (o porque soy torpe y para qué decir más), pero al final lo logré yujuuuu. Y me quedó un collar superchulo. Lo único que se quedó en pulsera doble porque se quedó corto, pero yo estoy encantada con mi alhaja.

El último taller al que me apunté fue hacer un mini álbum también con la técnica scrapbooking (es que me encanta. Se hacen unas cositas preciosa de valor incalculable como recuerdos). El año pasado también hice uno pero muy diferente. Si tengo que elegir no sabría con cual quedarme, pero el de este año me pareció mucho más sencillo. Como ya sabía del tema me había llevado mis fotitos para ir metiéndolas a medida que lo hacía. Me quedó muy aparente y divertido. Una pena que no tuviera más tiempo para quedarme a mejorarlo, pero el deber me llamaba.



martes, 21 de agosto de 2018

Los juegos de mesa para mayores que jugamos en las TdN2018

Hasta tiempo tuvimos de jugar a juegos de mesas no infantiles durante nuestra estancia en las TdN2018. Como los críos ya están más autónomos que años anteriores, a veces se juntaban con otros niños a jugar partidas y nos dejaban vía libre para el estante de los mayores.

Raúl aprovecha más el momento para probar juegos de mesa sin los peques porque soy yo las que les acompaña a las actividades infantiles, y muy a gusto que lo hago porque confieso que me lo paso pipa yo también. Pero sí es cierto que también agradezco sentarme a la mesa a jugar a algo que no ponga algo así como de seis años a 99.

El primero que probé fue Istambul y me moló muchísimo. Me ha parecido muy original y con mil posibilidades y estrategias de juego posibles para ganar. Por cierto, que no gané por poco. Tenía la jugada maestra y si no me llega a despistar un compañero lo hubiera logrado. Por un turno... En fin. Que me disperso. La historia es que eres un mercader árabe y tienes que elegir que acciones llevar a cabo para tener más éxito que tus competidores en un mercado: puedes comprar mercancía, venderla, ampliar el carro, comprar privilegios a cambio de materia prima, usar a tus primos para llegar más rápido a los lugares... Si llega otro antes que tú te será más difícil o caro conseguir tu objetivo, pero hay tantas acciones a elegir que hay que elaborar una cuidada estrategia. Éste se vino con nosotros a casa para seguir perfeccionando nuestras habilidades como mercaderes.


También me gustó Santa María, otro juego en el que las decisiones que tomes son cruciales para llegar a la victoria. Y las mías fueron fatales porque Raúl me paliceó sin piedad. La historia es que cada jugador tiene que formar una colonia e ir expandiéndola. Gana el que tenga la colonia más feliz. para lograrlo hay una serie de acciones que puedes llevar a cabo en tu tablero o en el tablero general. Cada fila y columna pertenece a un dado con un número y color. Se puede producir, generar dinero, comprar losetas para colocar en tu tablero de acciones, usar dados para accionar filas o columnas inutilizando la última de las acciones de dicha fila o columna para a siguiente vez que actives el dado. Activar una sola vez una acción de tu tablero inutilizándola para el resto de la fase, incrementar tu poder militar o religioso... ¡Vamos! Que hay muchos palos que tocar y hay que saber elegir bien. Esta también nos gustó.


En cambio Photosynthesis sólo me gustó a mí. Claro que gané de sobra, así que eso pudo tener algo que ver. El juego consiste en tener un equilibrio entre tu tablero de recursos y el de bosque, en el que tendrás que ir plantando semillas, de las que crecerán poco a poco árboles según tengas con qué pagar ese crecimiento y esas semillas. La historia es que tienes que intentar quitarle la luz tus contrincantes y que no te la quiten a ti. El sol se va a ir moviendo, así que hay que tenerlo muy en cuenta a la hora de plantar, hacer crecer y, finalmente, cortar el árbol para cambiarlo por puntos de victoria. Y todo esto sin perder recursos porque no puedas meterlos en tu tablero de recursos.


Raúl descubrió un juego parecido a The Mind, que nos gustó mucho en las jornadas Spieldesjahrestag 2018. Se llama The Game y consiste en una baraja del 1 al 100 y cuatro cartas especiales que indican que en dos de ellas puedes poner números que vayan del 1 al 99 y en la otra del 100 al 2. Esto se hará poniéndolos correlativos y cada jugador debe jugar al menos dos cartas en cada turno, aunque fastidie al resto si las tiene malas. Si te saltas un número ya no lo puedes poner. Lo único que te salva es que puedes hacer saltos de diez en diez para adelante en el 100 al 2 y para atrás del 1 al 99. Es decir, si en la fila ascendente tienes un 72 y en tu mano un 62, puedes echarlo y deshacerte de las cartas que tuvieras en esa decena... Si nadie se adelanta con un número mayor, claro. Se gana si todos se deshacen de todas las cartas. Lo mejor son las caras de los jugadores cuando alguien le chafa su siguiente jugada.


También tuve la suerte de poder echar una partida a Cacao con Iván, de Cuéntame un juego, ¡que risas con él! La verdad es que nunca había jugado a este juego, pero había oído hablar mucho de él. La mecánica se basa en una serie de losetas que tendrás que colocar según te convenga para producir cacao, construir templos, avanzar en el río... Me ganó él, pero por poquito ¿Eh?


El único prototipo que pude probar fue Cats, un juego que sale en Verkami en septiembre, así que tendremos que estar muy atentos porque nos encantó a todos, hasta a Iván. Daniel no jugó porque en ese momento no estaba con nosotros sino a su bola jugando en otra mesa. El tablero es el plano de una casa en la que conviven tantos gatos como jugadores haya, cuya misión es buscar su placer y satisfacción. Si es que está claro que el autor tiene gato. Clarísimo. Los ha calado desde los bigotes hasta la cola. El caso es que hay acciones adorables y otras no tanto que como te pille el dueño te puede llegar a echar de la habitación de malos modos, lo que estresa al gato y... lo hace más fuerte (buenísimo), aunque esos puntos son negativos al final de la partida si no te los quitas con acciones adorables para que te acaricie el dueño, que va paseándose por las habitaciones por orden. Los jugadores tienen unos objetivos, ponen fichas de acciones en las casas que luego tendrán que coger para que les den puntos y se pueden pelear con otros gatos por ellas. Para todo tienen que elegir que carta de la mano usar. Sólo se podrán llevar los tokens de acciones si las cartas que usan tienen los símbolos necesarios. Esas acciones pueden ser arañar el sofá o la silla del escritorio (ésta por ejemplo sólo se puede poner en el salón o en la habitación dónde está el escritorio), jugar con el papel higiénico (que sólo puede ponerse en el baño), dormir donde no debe, comerse las plantas, jugar con los cables, vomitar, etc... Acciones muy propias de los gatos. Hay una forma de juego que incluso entra en escena un aspirador estilo rumba para hacer la vida imposible al gato, aunque a ese no jugamos. Nos lo pasamos bomba siendo gatitos.


viernes, 17 de agosto de 2018

Los juego de mesa infantiles infantiles a los que jugamos en las TDN2018

En esta ocasión los niños han ido más a su aire. Se nota que se han hecho mayores. Se juntaban con otros niños y ¡a jugar! Pero eso no quiere decir que no estuvieran deseando medirse con nosotros sus padres. Eso siempre es un placer para ellos.

Muchos de los juegos que cogieron eran conocidos por ellos. Se ve que no tenían muchas ganas de probar novedades. Y la mayoría tenían mecánicas sencillas y tontas hasta decir basta. De esos que Raúl se niega a que entren en casa bajo ningún concepto.

El que más les ha flipado con diferencia fue una recomendación de un chico de la ludoteca que les acertó de lleno, pero no sólo a ellos. Todos los niños que pasaban al lado de nuestra mesa se paraban a investigar a qué estábamos jugando y antes o después les descubríamos jugando al mismo muertos de la risa. Y no puede ser más tonto y más frustrante, porque cada dos por tres te toca volver a la casilla de salida. Pero me voy a dejar de misterios y voy a desvelar el título del juego que ha hecho las delicias de un  montón de niños en las TdN y que mis hijos sacaron no se cuantas veces: No despiertes a papá. Y no, no lo busquéis en Board Game Geek porque no lo vais a encontrar. La mecánica consiste en tirar una ruleta y avanzar al color que salga intentando no hacer ruido para no despertar al padre, una figura un poco grimosa que reposa en una cama gigante en medio del tablero. Los esforzados jugadores intentarán llegar hasta la nevera los primeros para comerse la tarta de chocolate sin ser descubiertos. Caerán en casillas en las que ten indica el número de veces que hay que darle al despertador que descansa en la mesilla: una, dos, tres, cuatro... En cualquier momento el muñeco del padre despertará sobresaltado y te enviará de nuevo a la salida. Si tienes la suerte de tener en tu mano la carta con el dibujo de la casilla que caes te libras de aporrear el despertador y tentar tu suerte. Vaya carcajadas cada vez que se despertaba el padre. Ni siquiera les importaba volver a la casilla de salida.


Otros juegos del estilo al que jugaron también con mucha emoción fueron Dino Crunch; en el que los jugadores tienen que quitar los huevos con pinzas a un T-rex sin que les pille para salvarles de una erupción volcánica; Man-tibu-las, en el que hay que pescar peces de la boca de un tiburón que en cualquier momento salta y te pega un mordisco, Barni Hop Hop, en el que hay que robar zanahorias a un conejo a base de tirar un dado sin que el animalillo pegue un bote; y Goco Lui, en el que hay que ir sacando mocos de la nariz de una cabezota sin que se le salga el cerebro. Habréis adivinado que este último es con el que más se tronchan, después de No despiertes a Papá, por supuesto.


El segundo juego que les fascinó, sobre todo a Iván, pero en general a toda la chiquillería, nos mola mucho a toda la familia. Fijo que cae antes o después. Se llama Ratland y a estas alturas seguro que muchos lo conocéis. Consiste en alimentar y hacer crecer a tu comunidad de ratas para que trabajen para ti robando quesos en distintos vertederos o a algún compañero. Cuidado dónde vas a robar porque al meter la mano en el saco en vez de delicioso camembert te encontrás con queso en malas condiciones que te puede atontar, desorientar o incluso matar a las ratas. Es un juego de estrategia y organización muy chulo.


A Daniel también le enamoró Whoosh, un juego de rapidez mental en el que los jugadores deben tratar de capturar monstruos antes que el contrario. Cada carta de monstruo indica la combinación de armas y hechizos que acaba con él. Los jugadores deberán ir descubriendo cartas hasta que alguién se dé cuenta de que se ha desvelado el combo deseado y atrape la carta del bicho antes que sus compañeros. Se puede adquirir a través la editorial o en las tiendas que indica en su página web.

Otro juego que también probamos en las TdN y al que le teníamos muchas ganas es el Magic Maze Kids, en el que hay que llevar a cabo misiones de forma colaborativa. Cada uno se encarga de mover a los bichos hacia un lado, hacia el otro, arriba o abajo y sólo para el lado que les toca. Tienen que estar atentos para resolver cada puzle sin que nadie les diga nada. La gracia está en hacer señas y aspavientos o mirar desesperadamente a la persona que debería hacer algo y no lo está haciendo sin hablar, pero en el juego explican que, según las edades esto puede ser demasiado complicado. Y tienen razón. Los nuestros nos se enteraban mucho y se acababan agobiando de que les diéramos golpecitos en la mesa con insistencia. Ellos prefirieron jugar hablando, lo que a los papis nos pareció lo más soso del mundo. En este juego hemos encontrado la brecha generacional muy patente.



Monster Factory también lo jugamos por primera vez en estas jornadas. Es un juego muy bonito, pero que acabó por aburrir a los peques. La historia es que la reglas estaban en inglés y no estaba el padre cerca que es el que más controla este idioma. Por lo que entendí, con el jaleo de dos niños revoltosos presionándome y el peso del sueño en mi párpados, que ya eran altas horas de la noche, había que ir robando piezas para hacer el monstruo más grande, pero que acabara. Podías fastidiar al compañero añadiéndole una pieza en el último momento para que no lograra acabar el suyo, pero entonces no usabas el turno para completar el tuyo. Las piezas son chulísimas y los monstruos que salen delirantes y molan mucho, pero casi imposibles de acabar con las fichas que te van saliendo. Los peques se cansaron pronto de seguir las reglas, pero les flipó construir sus propios monstruos a su bola.

El resto del tiempo que estuvimos disfrutando de la ludoteca se empeñaron en jugar a juegos a los que ya hemos jugado millones de veces. Algunos incluso los tenemos en casa. Ni el padre ni yo lo entendemos, porque a las jornadas de juegos de mesa vamos a probar nuevos juegos y ver si nos gustan, pero tampoco nos íbamos a poner a discutir con ellos. Sobre todo si el tema es que se sentaban con amigos suyos a jugar.

Repitieron a la Torre del Dragón y saltaron de la silla emocionados cuando el malvado monstruo les tiró la torre, pero la princesa quedó milagrosamente de pie entre los agujeros de los suelos; sufrieron por no perder la plaza ni la vida para ser los monstruos más famosos de King of Tokio y King of New York; Participaron en una carrera contrarreloj entre el niño bueno y el malvado hechicero para encontrar la llave y la cerradura correcta en la Torre Encantada (el de viaje no lo probamos: Nos parece una buena idea que haya versión viaje, pero pudiendo es más vistoso el de siempre); se desternillaron con las piruetas imposibles de El aviador loco para robarles las gallinas; ejercitaron su puntería (tan mala como la de la madre) para colar las bolitas de Diego Drago en la abertura correspondiente al dibujo de la tarjeta que les salí; y pusieron la memoria a trabajar a tope para conseguir todos los símbolos de El laberinto mágico.



También, tendría que hablar de los juegos infantiles que nos llevamos a casa: Rox, The forest y Picnic, pero eso ya será en otro post, que este ya se nos alarga demasiado.

La verdad es que parecía que con la agenda de actividades que tenían en mente no iban a tener muchos huecos libres para jugar mucho en la ludoteca de las jornadas  y queda claro que siempre hay tiempo para echarse unas risas ante un tablero.