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lunes, 20 de octubre de 2014

El McDonald's, los niños y la fruta

Que tendrá el McDonald's que atrae a los niños con una fuerza irresistible. Yo sospecho que, principalemente, una caja enorme llena de tubos. un tobogán y actividades varias. Pero también la emoción del Happy Meal. Las veces que hemos ido los niños salen enamorados de sus regalitos y los padres frunciendo el ceño ante otro juguetito más para la colección. Pero esta vez, fue diferente. Los niños jugaron encantados con el juguetito que traía la caja mientras saboreaban sus nuggets, patatas y yogurt de frutas bebible, Sí. Pero lo padres, en vez de arrugar el ceño, repararon en que el muñequito, además de ser muy gracioso, tenía una utilidad muy original. ¡Era un tupper para manzanas! Aunque nosotros también lo hemos usado para peras, mandarinas, naranjas pequeñas... Y a los peques les encanta.

Lo curioso del asunto es que, pocos días después, llamaron a mi timbre para entregarme un paquete sorpresa... ¡lleno de bichos verdes profrutas de los Happy Meals! Ni que decir que los niños se llevaron un alegrón. En un primer momento les dejé jugar libremente con los monstruitos. Se lo pasaron bomba inventando historias.

Luego les expliqué el uso de cada cacharrito y se empeñaron en usarlos. Esa misma noche usamos el cortaplátanos, el tupper ya lo habíamos llevado al cole el día de la fruta y triunfó, a la mañana siguiente rellenamos los molde de politos con forma de fruta y el del polo normal de zumo, mi hijo mayor me ha encargado que compre melón para usar la cuchara melonera... ¡Vamos! Que lo veo y no lo creo. Mis hijos entusiasmados por comerse la fruta.

Les conté que existe un juego, que se puede descargar gratuitamente de PlayStore, y no pararon de darle la chapa a su padre para que se lo instalaran en la tablet. Raúl lo ha instalado, pero los chiquillos tuvieron que esperar a que se pasara lo que les quedaba de la semana de castigo sin tablet para poder poner sus ansiosas manitas en él.

Está basado en el ya clásico juego "Cute de rope", aunque, en vez de caramelos, el protagonista come fruta.

En definitiva, que nos ha encantado la nueva colección de regalitos de los Happy Meal. A los niños demasiado. Yo no paro de lavarlos y guardarlos y ellos no paran de sacarlos de su sitio y jugar.

martes, 19 de noviembre de 2013

Tecnológicamente enganchado

Últimamente, mi chico mayor me pone cara de vinagre cuando le hablo de ir al parque, aunque luego se lo pasa genial entre los columpios y sus amigos. La razón es muy simple: está enganchado a los juegos del ordenador y a la Tablet.

Por muy educativos que sean: puzles, simulación de cocina, construir robots... Me parece demasiado que se rasgue las vestiduras cada vez que cruzamos el umbral de la puerta y no le pongo una pantalla delante de las narices.

Admito que es relativamente cómodo enchufarle en un rincón y dedicarme a mi quehaceres y al otro pequeñajo de la casa. Pero no me gusta la expresión que toma su cara.

Tampoco se abduce completamente. Se pasa todo el tiempo llamándome para que le arregle algo, le ponga uno u otro juego, me coma el helado que acaba de hacer u opine sobre el robot tan chulo que ha diseñado... Lo que me deja un poco tranquila acerca de sus neuronas, pero sin tiempo para la casa. En esas condiciones, me da lo mismo dedicarme a jugar con ellos que ponerles a jugar con ordenadores. Así que prefiero lo primero. Pero no es fácil convencerle. A día de hoy pierdo casi todas las batallas cuando intento hacer que se interese por otro juego menos electrónico.

Y ya lo último. Estaba recogiendo la cocina mientras tenía a uno con Dora la exploradora y a otro con la Tablet, cuando oí a Iván lloriquear. Me sequé las manos para averiguar que ocurría y me llegó la vocecita de Daniel: "No llores Ivancito. Veeeen que te voy a enseñar cómo se juega a la Tablet"

Nooooooo....

domingo, 30 de diciembre de 2012

Un instrumento muy original

Cuando vi esta manualidad en el blog de Maribel, B aprende en casa, no dudé en ponerla en práctica yo también. Estaba dispuesta a devorar dos polos en pleno inverno a pesar de correr el riesgo de ser tachada de loca, pero no hizo falta. A Raúl se le ocurrió que los palitos que le va dando la pediatra a Daniel en cada visita para que se porte bien valían perfectamente para construir el original instrumento musical.

Efectivamente, con dos palitos de médico (valen los de los polos), tres elásticos, y una pajita conseguimos un estupendo instrumento de viento que enamoró a los peques. Daniel lo tocaba encantado e Iván lo intentaba, pero sin conseguirlo.

He de confesar que, por mucho que soplé, no conseguí hacer que emitiera sonido alguno. Mi marido y mi hijo me miraban sorprendidos sin comprender que es lo que hacía mal. ¡Que le vamos a hacer! Soy torpe hasta para las cosas más sencillas.

domingo, 11 de marzo de 2012

Ikea, ideal para niños

Este fin de semana nos ha surgido la necesidad de ir a Ikea a por unas cosillas para el hogar. No solemos pasar por ese templo de la decoración nórdica y cuando vamos tampoco compramos mucho. Aunque la sección niños es una delicia.

En esta ocasión se me ocurrió que Daniel podría disfrutar de su rincón para niños. Una ludoteca a la que llaman Smarland y en la que te cuidan al chiquillo gratis por una hora, pero mi hijo tenía otros planes. "No, sin mamá" parece que pensó, así que se conformó con jugar en un zueco gigante que tienen en la entrada.

El sitio es genial. Tienen muchísimos juguetes y zonas de diversión, aunque me parece que ya no tiene la piscina de bolas que yo pensé que tenían todos los Ikea. Cuando era pequeña me lo pasé muy bien en ese recinto.

Por lo visto, Las Palmas de Gran Canaria fue el primer lugar español que acogió esta macrotienda, aunque en aquellos tiempos era poco más que un almacén al que se podía ir a comprar. ¡Cómo han cambiado las cosas!

Además de la ludoteca cuentan con diferentes espacios con juegos para lo más pequeños y dejan desempaquetados algunos juguetes en la sección infantil para que jueguen. ¡Una maravilla!

La cafetería también está adecuada para estos locos bajitos y es muy cómodo comer con ellos allí. Tiene cubiertos de colores, baberos de papel plastificado, un menú infantil muy baratito...

En nuestro paseo por la exposición Raúl hizo un descubrimiento genial. Una tienda de campaña de esas que se montan solas con sacarlas de su funda y que tanto te sirve para proteger a tus retoños del sol y la arena de una playa como del viento de la montaña. ¡Me encantó! Pero ya iremos otro día a por ella porque por ahora no vamos a salir a ningún lado donde la necesitemos y no es cuestión de acumular más trastos. Mejor nos deshacemos de algo primero. Como, por ejemplo, el cuco.

lunes, 19 de septiembre de 2011

El patin

Una amiga, Ana, me ha dejado el patín que usó cuando nació su segundo hijo. Me confesó que a ella no le había servido de mucho, pero que no perdía nada con intentarlo. La verdad es que si me lo prestan y me sale gratis me parece una idea genial.

El invento consiste en una accesorio que se añade al carrito para que un segundo niño pueda ir de pié detrás. Me lo llevé a casa muy contenta. A mi marido le gustó el invento y se puso a montarlo inmediatamente. A Daniel también le gustó porque se empeñó en ayudar a su padre en todo momento. Finalmente lo motaron en el carrito y el peque se subió son perder un segundo. Ya veremos cuando la prueba la hagamos en la calle.

De todas formas me he comprado un especie de mochila portabebés que se llama baba slings y que parece amoldarse mejor a la comodidad de un recién nacido que las normales y ser más sencilla que los foulares de maternidad (me veo incapaz de hacer un nudo lo suficientemente seguro para cargar a mi bebé). La idea es que cuando lleve a Daniel al parque pueda perseguirlo hasta el último rincón con el bebé a cuestas. Si no fuera tan movido mi primogénito no tendría problema en llevar a Iván en el carrito, pero no me veo atravesando el cesped a toda velocidad con la maxicosi a cuestas.


jueves, 1 de septiembre de 2011

Destrozándome la casa

Daniel ha hecho un descubrimiento asombroso: el maravilloso cepillo de los gatos. Su función es quitar los pelos sobrantes a los mininos para que no se lo coman cuando se aseen, pero mi chiquitín le ha encontrado otros usos más interesantes: Es el instrumento ideal para estropearme la casa.

Las púas son duras y metálicas con lo cual hacen un ruidillo curioso cada vez que rozan con algo. Lo sé porque estaba organizando el armario del hermanito cuando de repente oí el "risk, risk". ¿Qué esta haciendo este niño?. Muerta de curiosidad abandoné mi labor para observarle. ¡Mis puertas! Me las estaba rayando muy concentrado. Con la velocidad del rayo le quité el arma maldita y la puse en un lugar fuera de su alcance a pesar de sus protestas.

Más tranquila volví a doblar y meter ropita de cero a tres meses en los cajones. "risk risk" ¿Otra vez? ¡no puede ser! Ahora estaba estropeándome los cristales de la puerta de la cocina. ¿Pero..? ¿Cómo lo has hecho? ¡Si yo lo había puesto en lo alto de la estantería! No pasa nada. Hay que actuar con rápidez. "¡Dame eso!", "Noooooooo, buaaaaaaaaaa", "Te ha dicho mamá que no", "mío, mío". No hubo compasión. Ahora estaba en un lugar más alto todavía. Aquí no llegas.

Ya puedo seguir tranquilamente a lo mío. "risk risk" ¡Imposible! ¡Ahhhhhhhhhh! el espejo. Me está rayando el espejo del armarioooo... "¡Dame eso!", "noooooooooooo, mio mio, buaaaaaaaaa", "Ala, llora lo que quieras pero deja de destruir mi casa". ¿Cómo ha podido llegar? Hay que ponerlo en la última balda. Casi no llego ni yo. Bueeeeno, a seguir con lo mío... "risk risk" ¡No! "risk risk" "¿Me estaré volviendo loca?" Presa de la ansiedad fui al encuentro de Daniel. Estaba a los pies de su abuela concentrado en rayar metódicamente el parqué. Mi madre sonreía al verle. "Mira que gracioso, te está limpiando la casa ¿No es para comérselo?". El chiquillo le devolvió la sonrisa a la abuela y le entregó el cepillo. Por lo visto ya se había cansado de él. La feliz abuela tocó las cerdas y exclamó "¡Si esto es muy duro! ¡Madre mía, seguro que te ha rayado alguna cosa! Yo pensaba que era un cepillo suavecito..." Una terrible sospecha cruzó mi mente. Miré a mi madre entrecerrando los ojos, pero puso tal cara de inocente que me desarmó.

Al poco llegó el padre de trabajar. "¿Que tal el día?" "Pues bien... excepto porque tu hijo se ha dedicado a destrozarme la casa con el maldito cepillito de los gatos. Ha rayado el parqué, el espejo, los cristales, las puertas...", "¡Pero! ¡Pero! ¿Donde estábais vosotras en ese momento?" exclamó con desesperación.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Obsesión con el coche

Al poco de llegar a Elda al chiquillo se le metió en la cabeza una idea fija y ya no hubo manera de sacársela. En cuanto veía nuestro coche se lanzaba a abrir la puerta del coductor como un desesperado. Si no podía gritaba "¡llave, llave!" para que le abriéramos nosotros.

Una vez conseguía su objetivo brincaba por el interior como un monito. Se tiraba de cabeza de los sillones delanteros a los traseros y viceversa. Se sentaba emocionado en el sitio del conductor y lo toqueteaba todo.

Había que tener mucho cuidado con él porque una vez nos metió una marcha (sin embragar) y nos daba miedo que pudiera cargarse el espejo (entre otras cosas). Lo que más leg ustaba era poner las luces de emergencia y la radio, aunque una vez se pasó del volumen y el cd de música heavy de su padre a toda mecha le dió un susto morrocotudo. 

Cómo el Fiat estaba aparcado en el terreno vallado de la casa de campo podíamos dejarle relativamente solo mientras hacíamos otras labores, aunque yo echaba un vistazo cada dos minutos. Sobre todo para asegurarme de que el coche seguía entero.

Visto lo visto, cada vez que alguien me preguntaba qué le podía regalar al terremoto de mi niño yo le contestaba muy seria "Un Fiat Estilo le haría mucha ilusión".

domingo, 30 de enero de 2011

La tecla

Esté niño es un revoltoso. Y además un cabezota. No me deja hacer nada porque enseguida quiere hacerlo él. Cuando veo que está entretenido con sus juguetes intento ponerme a trabajar con el ordenador, pero él se da cuenta enseguida y viene corriendo para darle a las teclas.

Al principio yo no veía el problema en dejarle. Le ponía el word y le dejaba teclear. Aunque a veces le diera a alguna tecla problematica de esas en las que el ordenador se pone a pensar y tu no tienes ni idea de lo que está pasando. O, de repente, el ordenador se duerme y me las veo y me las deseo para despertarle. Nunca he sabido cual es esa tecla, pero mis gatos y mis hijos son muy hábiles para encontrarla.

El caso es que un día, yo no sé cómo, me arrancó la tecla N del portatil. Asustada, porque es mi medio de trabajo en mi segundo empleo y no está el bolsillo para un gasto extra tan grande, comprobé que funcionara. Afortunadamente la letra N se reflejó en el documento de word. Alejé al chiquillo de su objeto de deseo en medio de una rabieta épica mientras le aseguraba que a partir de ahora tenía una orden de alejamiento con respecto a mi portatil. ¡Y más le valdría cumplirla!

Afortnadamente el peque se entretiene enseguida con otra cosa y se olvida de todo lo anterior. Una compañera del trabajo me dijo que al portatil de su hermano, padre de otro trasto parecido al mío, le faltaban ya cuatro teclas. ¡Qué peligro tienen las uñitas de estos pequeñines!

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El molde de sandwiches


Ana, una amiga del trabajo, me ha regalado un cortador de sandwiches para niños. Me explico. Es un molde con un borde afilado para hacer sandwiches con una forma concreta. En este caso se trata de dinosaurios. En cuanto lo vi me encantó. ¡Qué original!Y que fácil de usar. Esa misma tarde lo usaría para hacer más divertida la merienda de mi niño.

Esa tarde no pudo ser porque tuve mi cosas que hacer y del estres se me olvidó. Pero a la siguiente saqué el flamante molde naranja y encajé el sandwich rellenito de paté de atún. Se deslizó como la seda y sin ningún esfuerzo obtuve dos simpáticos dinosaurios. Me entró la tentación de hincarle el diente a uno, pero me contuve. Eran para Daniel.

Corrí a recogerle a la guardería y nada más acabar de ponerle el abrigo y una vez instañlado en su carrito. Abrí la bolsa y saqué el dinosaurio comestible. Daniel alargó su manita impaciente como hace todos los días. Agarró el sandwich estrujándolo. Y se lo llevó a la boca.

Ni siquiera se paró a admirar las formas prehistóricas de su merienda. Qué desilusión. Pensé que al menos le chocaría que el sanwich tuviera una silueta diferente, pero lo masticaba igual que siempre. Sólo hubo una diferencia. Agarrar a un dinosaurio por el cuello es más fácil que un rectángulo un poco grueso.

Me temo que el niño es demasiado pequeño para reparar es estos detalles que a los padres nos parecen tan graciosos. Menos mal que yo sí que tengo la edad suficiente y no dudé en comerme el otro dinosaurio. raúl también es lo suficientemente mayor y también le encantó el molde. Vi en sus ojos que a él también le gustaría comerse un sandwich dinosaurio alguna vez.

Ahora Daniel tiene dinosaurios todos los días. Hasta que se dé cuenta de los bonita que es su merienda comparada con la de los otros niños.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

La almohada

Desde hace unos días le hemos añadido una almohada en la cuna a Daniel. Veníamos observando que cuando lo soltábamos en nuestra cama y tenía sueño se acercaba raudo y veloz a la almohada y apoyaba su cabecita. Cómo no duerme bien últimamente pensé que, a lo mejor, esa podría ser la solución (en momentos de desesperación te agarras a un clavo ardiendo). Por supuesto, no lo era. pero sí que mejoró un poco la cosa. Y se nota que le ha gistado el cambio porque cuando se cansa de recorrerse la cuna y de tirar el chupete al suelo, busca la almohadita, se acomoda y se suele quedar dormido.

Anoche, estaba en plena carrera dentro de la cuna cuando se fijó que yo, que estaba sentada a su lado intentando conservar la paciencia, tenía un bonito cojín amarillo. Enseguida sacó sus bracitos entre los barrotes para alcanzarlo. Como ví que le gustaba se lo puse dentro. No tardó ni un segundo en apoyar su cabecita. Estuvo un ratito en esa postura mientras yo me regocijaba pensando que se iba a quedar frito en ese momento, cuando se volvió a incorporar para acomodarse en la almohada. Al poco volvió al cojín y así durante un buen rato. Mientras probaba uno u otro lanzaba grititos pensativos: "¡hum! ¡oh!". Mi gozo en un pozo.

Así siguió durante una eternidad. Hasta que se cansó y se dedicó de nuevo a tirar el chupete al suelo y a lloriquear para que yo se lo recogiera. Una noche de lo más entretenida. cuando la que se cansó fui yo, lo tumbé y lo agarré suavemente para que permaneciera en postura horizontal hasta que por fin se durmió. ¡Qué cruz!

viernes, 16 de julio de 2010

La infraestructura que envuelve al bebé

Cada vez que toca salir fuera con Daniel tenemos que organizar una mochila o maleta con un sinfín de cosas que pensamos que vamos a necesitar. Y no son pocas cosas. Para empezar hay que tener cubierta la alimentación del pequeñajo. Hay que calcular si vamos a estar fuera una o dos comidas, aunque si es sólo una suelo llevar algo más por si acaso. Hay que llevar babero de sobra, porque se pringan de una manera asquerosa. El agua es un factor importante, porque a estas edades no pueden beber del grifo. Así que hay que cargar con agua mineral a donde vayas.

También tenemos que pensar en el tema pañales y sus derivados: cremas anti-irritaciones, toallitas húmedas, cambiador, cubrecamas... Que no se nos olvide una muda por si se mancha el bebé.

Es recomedable llevar algún juguete por si se da una ocasión que lo requiera. Por ejemplo, si a Daniel le da una perreta o se encuentra muy interesado en algo peligroso o con altas probabilidades de ser frágil. Los pañuelos de papel son imprescidíbles, sirven para salir de multitud de situaciones incómodas. Que no falte un gorrito por si acaso hace mucho sol. Y ahora que es verano no hay que salir de casa sin la crema protectora solar especial pediátrica. Casi nada. Acabas cerrando una maletita de bebé a punto de estallar.

Además, suelo añadir una chaquetita por si refresca, aunque estemos a 30 grados, y una mantita, que nunca vienen mal, aunque sólo sirva para ponerla en el cesped del parque e intentar que tu bebé se mantenga dentro de los límites (una misión imposible).

Y no te cuento nada si donde vamos es a la piscina. Entonces hay que añadir el poncho-toalla del bebé y los pañales-bañador. Parece que vas a desaparecer por quince días, pero todo es para un sólo día. A veces para unas horas.

jueves, 8 de julio de 2010

Los tirantes

Estaba loca por comprarle los famosos tirantes para que ande y yo poder sujetarle erguida desde las alturas, pero me han decepcionado muchísimo. Están pensados para niños que ya mantengan un poco el equilibrio, no para estas edades que la cabeza siempre tiene que ir por delante y como les pesa un montón acaban a gatas como no los agarres bien.

Raúl me los compró harto de verme sufrir por mis riñones. Y ese mismo día apareció mi suegra con otros. Supongo que también le di pena (como le cuento todas mi cuitas maternales). Mi madre hacía siglos que me recomendaba encarecidamente vía telefónica que los comprara y yo no tenía tiempo de hacerme con uno de esos.

Felices y emocionados se los probamos. Al principio parecía muy feliz con los que le había comprado su padre, pero le tiraban mucho hacia arriba y no tardó en sentirse incómodo. Esos los devolvimos, porque, para qué queremos dos. El de mi suegra me convence más porque tiene peto, pero como no se lo queremos poner muy apretado (sobre todo yo no quiero porque parece que le vamos a hacer daño), también se le sube hacia la cara y no hay manera.

Supongo que tendré que seguir sufriendo por el bien de la capacidad motora de mi hijo hasta que tenga un poco más de equilibrio. Seguiremos probándoselos de vez en cuando hasta que llegue el día feliz en que le sirvan y mis riñones puedan descansar.

jueves, 25 de marzo de 2010

Cachivaches para ingenieros

En mi portal estan de obras para hacerme más fácil el camino desde mi casa a la calle. Van a poner un aparatejo tipo montacargas para minusválidos y sillitas de bebés. Cuando terminen va a ser estupendo. Pero, por ahora, es un engorro. Aunque los obreros me echan una mano con el carrito cada vez que me ven resulta agotador atravesar ese campo de minas.

Dándole vueltas al asunto me acordé que tenia una mochilita portabebés, que me habían dejado en herencia unos papás con bebé mayor (en realidad dos), así que me dirigí rauda y veloz al armario de Daniel y saqué una especie de tela gorda llena de tiras y extraños amarres. Con gran esfuerzo mental me lo puse de la manera que me pareció más lógica y luego procedí a insertar al bebé, pero de repente me dio la impresión de que lo estaba metiendo al revés, así que lo saqué rapidamente. Tras otro rato de pensar lo volví a intentar, pero ya no me acordaba de como me lo había puesto. Resoplando y desesperada arrojé lejos de mi el endiablado cachivache y metí al bebé en su carrito. Me pareció pan comido atravesar la obra del portal comparado con lo que acababa de pasar.

Más tarde, cuando Raúl llegó a casa del trabajo le comenté la jugada. Mi marido recuperó la mochilita del rincón donde yo la había arrojado y en medio segundo tenía a un Daniel sonriente apoyado en su barriga. ¿Será que yo soy de letras y él de ciencias?

No es la primera vez que me desespero con algún aparatejo para bebés, que debería resultar fácil para todo el mundo. Nadie se puede imaginar mi sufrimiento a la hora de montar la cuna de viaje. Fui incapaz. Y cada vez que hay que hacer un cambio en el cochecito de bebé acudo a mi libro de instrucciones gigante universal: Raúl. Es que eso de montar cosas nunca se me ha dado bien. Soy de esas personas a la que le sobran piezas o le faltan y el producto final deja mucho que desear.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El descubrimiento del parque

Gracias mamá. Desde que sigo tu consejo con el parque mi vida ha cambiado. Por fin tengo algo de tiempo para mi. No mucho, pero en comparación con la esclavitud a la que me tenía acostumbrada Daniel es algo maravilloso. Lo "tiro en el parque" y allí se queda un ratito entretenido con sus juguetitos.

A veces dura más, otras menos y otras nada, pero el caso es ir acostumbrándolo. Los principios de Daniel fueron muy duros. Lo tenía todo el día colgado del pecho y en brazos. La cuna no quería ni olerla.

Ahora tienes sus días. Cuando tiene días buenos es un descanso para mi. Cuando tiene días malos lo tengo colgado de mi de nuevo. ¡Qué bonita la maternidad!

Lo malo es que aquí, en Madrid, no tengo parque, así que he tenido que echar mano de la cuna de viaje, que Raúl ha montado en el salón. Por ahora me conformo, pero cuando ya pueda sentarse el solito le compraré el parque para que pueda agarrarse y asomarse el solito.