A veces dura más, otras menos y otras nada, pero el caso es ir acostumbrándolo. Los principios de Daniel fueron muy duros. Lo tenía todo el día colgado del pecho y en brazos. La cuna no quería ni olerla.
Ahora tienes sus días. Cuando tiene días buenos es un descanso para mi. Cuando tiene días malos lo tengo colgado de mi de nuevo. ¡Qué bonita la maternidad!
Lo malo es que aquí, en Madrid, no tengo parque, así que he tenido que echar mano de la cuna de viaje, que Raúl ha montado en el salón. Por ahora me conformo, pero cuando ya pueda sentarse el solito le compraré el parque para que pueda agarrarse y asomarse el solito.
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