lunes, 31 de julio de 2023

Pequeño camelot. Un tesoro mejor que el oro

Para los pequeños que estén aprendiendo a leer he descubierto un colección muy interesante: Pequeño Camelot. En ella, como ya os habréis imaginado, nos encontramos a los protagonistas de la leyenda del rey Arturo en su etapa infantil viviendo aventuras que se cuentan en verso y en letras mayúsculas, para facilitar la lectura autónoma de los peques. Aunque también son ideales para leérselos a los más peques a la hora de irse a dormir (o cuando se tercie).

El título de la colección que ha llegado a mis manos es el cuarto, Un tesoro mejor que el oro, la mítica pandilla se embarcará en una emocionante búsqueda del tesoro que requerirá de las habilidades de todos para sortear todas las pruebas que encontrarán en el camino hasta un tesoro que vale más que el oro, como bien reza el título.

Anteriormente, el grupo tuvo que ayudar a Arturo para que no usara la espada que acababa de sacar de una roca de la forma más alocada posible en Esta espada es una pasada; Merlín y Morgana miden sus fuerzas en una gran competición de magia en Magia potagia; y acabarán con una epidemia de hipo con la ayuda de alguien muy especial en Vaya gusto de susto. Y en el siguiente título ya nos adelantan que la pandilla se va de mercadillo y Merlín va a encontrar una mesa muy especial en Una mesa con sorpresa.

Las sencillas rimas de Sabrina Catdoor se complementan a la perfección con las expresivas ilustraciones de Alicia Warhola para adaptarse al gusto de los más pequeños. 


Las historias son muy tiernas y divertidas, evidentemente, con moraleja final para ir educando a los chiquitines en diferentes valores. En este tomo en concreto en el de la amistad.


domingo, 30 de julio de 2023

Pizzhamburguesas

Tomando unas cañas con Miren y Kellypch, la primera nos contó que uno de sus hijos le había mandado un curioso short de youtube sobre un sitio en el que se podían pedir unas curiosas pizzhamburguesas. huelga decir que quedé fascinada.

Estaba decidida a hacer un encargo, pero al final pensé que no era tan difícil hacerlas caseras.

Iván estuvo totalmente de acuerdo y se presentó voluntario para pinche de cocina, así que me fui a por los ingredientes más feliz que una perdiz. Esa noche comíamos pizzhamburguesas. Se me hacía la boca agua.

Primero preparé la carne picada para posteriormente hacer los filetes mezclándola con pan rallado, orégano, ajo y un huevo. Luego hice la masa de pizza en la Thermomix, porque hay que dejar que fermente un poquito.

Lo dejé todo preparado y a hacer cosas hasta que llegara el momento de empezar a hacer la cena.

Tuve a Iván toda la tarde preguntando cuando llegaba el momento. Se ve que le apetecía tanto como a mí.

El caso es que el momento llegó, nos arremangamos y preparamos la mesa de la cocina para amasar con ahínco. Conseguimos unas bases muy finas y le añadí un loncha de queso porque me parecía que la base era demasiado endeble para sustentar el filete de hamburguesa previamente frito en la sartén.

Encima del queso pusimos el filete ruso, encima otra loncha de queso, encima beicon frito, y encima cebolla frita. Luego procedimos a envolver los manjares con la masa haciendo una bolita, pintar la bolita con ketchup, poner dicha bolita en la bandeja de horno y hornear hasta que la masa cogió colorcito.

Para comerlas con comodidad cortamos las pizzhamburguesas por la mitad como habíamos visto que hacían en el video y ¡a comer! Estaban buenísimas, pero, eso sí, eran bombas. Con una te llenas muchísimo.

Lo que está claro es que las vamos a repetir cambiando ingredientes para hacerlas distintas.




sábado, 29 de julio de 2023

Muerto de hambre

Menuda sorpresa ha resultado ser Muerto de hambre, escrito por El Hematocrítico e ilustrado por Mar Villar. Comienza siendo una historia muy entrañable sobre niños, bastante famosos por cierto, con sus preocupaciones, alegrías y dramas; pero los peques crecen y las cosas van cambiando, van cambiando... y con ellos, sus intereses, motivaciones, carácter, personalidad... ¡todo! ¿Tú te pareces a tu yo de niño? ¡Pues eso!

En fin, que cualquier dato más que aporte se convierte en spoiler en esta historia con girito final sorprendente para lo que nos tienen acostumbrados los libros infantiles y situaciones con las que seguro que más de un peque se sentirá identificado a su manera. Está recomendado para niños con edades a partir de 6 años, y creo que clavan la edad recomendada porque se hablando de muchos temas relacionado con esas edades y más mayores.

Yo, que no soy nada peque (bueno, en espíritu un poquito sí que sigo siendo) lo he leído con interés. No sorprende por original, sino porque se sale de los cánones que marca el formato en el que se enmarca y eso seguro que lo agradece más de un niño que está harto de finales más que previsibles desde el inicio de la primera página.

Pero aún no os he dicho de qué va este simpático y un poco espeluznante libro ilustrado. Resulta que la hermana de Drácula está muy preocupada porque su hijo no se adapta a lo que uno esperaría de un vampiro. Y más si es familiar del famosísimo conde. En vez de comportarse como un monstruo sanguinario y cruel, resulta que es un niño buenísimo. ¡Y ni siquiera quiere probar la sangre! Prefiere las tartas y pasteles.

Encima, se pasa el día jugando con sus amigos y pasando de cumplir con sus deberes como temible monstruo. ¿Qué le pasa a este vampiro? ¿Es que no se da cuenta de que vive en la Zona aterradora por algo?

Por otro lado, Draculete tampoco lo está pasando muy bien con esa personalidad que le ha tocado en suerte. Bueno, en realidad sí que se lo pasa muy bien cuando está jugando con sus amigos, pero el resto del tiempo le cuesta tanto encajar...

No se puede negar que los libros infantiles de El Hematocrítico tiene algo diferente, especial, que los hace destacar. En este caso, además, sus textos viene acompañados de los divertidos dibujos de líneas redondeadas y colores luminosos de Mar Villar. Le encantan los animales y asegura que siempre que pueda cuela alguno en sus ilustraciones. Fíjate bien que en estas páginas cuela uno muy laborioso en muchas de las imágenes.

miércoles, 26 de julio de 2023

Museo Geominero, el preferido de Daniel

El Museo Geominero de Madrid es el preferido de Daniel desde que lo visitamos por primera el verano de 2017. Es curioso porque no es de los más impresionantes que hemos visitado, pero está visto que fue un flechazo a primera vista porque es algo que siempre comenta. De hecho, el viernes pasado, me disponía a meterme en la cama cuando el primogénito me preguntó si podíamos ir este verano también.

¿Qué creéis que hice? ¡Exacto! Nos fuimos a la mañana siguiente sin perder ni un segundo. Estas oportunidades no se pueden dejar escapar. Mi niño adolescente estaba dispuesto a compartir tiempo conmigo voluntariamente y con motivación. Eso sólo se ve una vez cada... Bueno, no sé. El caso es que hacía muchísimo que no se apuntaba sin un soborno en forma de helado o con toneladas de manipulación emocional por mi parte. Sí, lo sé. No debería. ¡Pero es que luego se lo pasa muy bien! El fin justifica los medios, ¿no? Bueno, puede que no siempre, pero es esto estoy casi segura que sí.

Pero volvamos al asunto, que me disperso. El caso es que nos fuimos al Museo Geominero tan felices. Los dos solos porque el más pequeño pasó del plan y el padre se quedó con él. No puse en marcha mis maquiavélicos métodos para que Iván se viniera también porque suele seguirme bastante el rollo y se merece un descanso de los fabulosos planes de mamá (no tan fabulosos, pero así se los pinto yo).

El Museo en cuestión está ubicado en el Instituto Geológico y Minero de España y cuenta con una maravillosa exposición compuesta por impresionantes y curiosas colecciones de minerales, rocas y fósiles que van actualizando. Incluso poseen meteoritos venidos del espacio y lava del volcán de La Palma.

Me gustaría decir que Daniel va por tener una gran afición a la geología, pero su fascinación por las piedras que brillan y la gran imaginación que suele echar sobre todos los objetos expuestos que le llaman la atención me indican que, en realidad, lo que más le gusta de este lugar es que es un poderoso detonante para su enorme imaginación.

Me parece una razón estupenda para repetir la visita siempre que le apetezca.


Tras subir las escaleras de acceso nos encontramos con gran parte de la colección de fósiles del museo en la que siempre invertimos bastante tiempo porque es alucinante observar las formas de vida convertidas en piedra.

Luego se accede a la gran sala con su enorme cristalera en el techo y sus dos pisos superiores de galerías. El tercero está cerrado al público, así que no lo cuento.


Aquí encontramos piezas geológicas preciosas, curiosas y... ¡hasta peligrosas! A mí me da bastante reparo acercarme al expositor de minerales radiactivos, por mucho que me asegure Daniel que si tuvieran efectos negativos no estarían ahí.

Entre los fósiles que se exponen no se puede negar que el de los restos del Mastodonte de Las Higueruelas que nos recibe nada más entrar es bastante impactante. Y qué decir de la réplica del cráneo de Tiranosaurio rex o del esqueleto casi completo del oso de las cavernas. 

Es increíble todo lo que han logrado exponer en tan poco espacio. Al ser pequeño parece que te lo vas a ventilar en un visto y no visto, pero ¡que va! Hay que ir con tiempo y ganas porque hay que verlo con tranquilidad.

En esta ocasión no nos paramos mucho, porque ya hemos ido muchas veces, pero aún así, estuvimos más de una hora recorriendo las vitrinas y comentando las piezas. Lo pasamos genial.




martes, 25 de julio de 2023

El libro de los vetuscos

Lo que nos hemos podido reír con los simplones vetuscos y sus absurdas aventuras leyendo El libro de los vetuscos. Los textos de Mario Mucciarelli y las ilustraciones Stefano Tartarotti se entrelazan en esta loca historia formando un perfecto engranaje para sustentar las idas y venidas del pueblo más tonto que se ha conocido jamás. Tanto es así que no se extinguen por pura chiripa.

Y también gracias a su oráculo, la gallina gigante Clarita, que, afortunadamente, sabe hablar y tiene algo de sentido común, sólo algo, pero ya es más que lo que tienen sus convecinos. Tened en cuanta que, al fin y al cabo, sólo es una gallina, aunque mida más de cuatro metros de alto.

Aunque, puede que el pequeño Yuqui le gane un poquito a Clarita en esto de pensar, pero es que él es un vetusco muy raro, pocos le entienden, pero le quieren mucho. Ya estarás sospechando desde el inicio de esta reseña que en este pueblo no le buscan explicación a nada y prefieren las cosas cuanto más absurdas y simples mejor.

Ni siquiera son capaces de mantener la atención más de unos minutos, pero no pasa nada, porque siempre pueden echar mano de sus inteligentes vecinos... literalmente. Huelga decir que los vecinos ya están hasta el gorro de tanto secuestro.

A todo esto se suma un montón de estúpidas decisiones con terribles consecuencias, problemones de órdago, ideas tontunas, algo de sentido común entre tanto sinsentido y un montonazo de simpáticos personajes que se meten directos en el corazoncito del lector.

Realmente espero que se publiquen muchas más aventuras de estos tremendamente bobalicones, pero entrañables seres, de sus vecinos, sus amigos y más personajes de este simpático mundo.

jueves, 20 de julio de 2023

El museo del Romanticismo y sus juegos

Hace un tiempo vi un tuit de Trifidodarcy en el que llamaba la atención sobre los juegos online que el Museo del Romanticismo de Madrid ponía a disposición del público para que los conocieran mejor y se lo pasaran en grande desde casa. ¡Me encantó al idea! Tienen para niños, jóvenes y adultos.

Tardé un poco, pero una mañana que Iván estaba aburrido le convencí para hacer los juegos juntos. ¡Menuda risas nos echamos intentando resolver el misterio del robo, escapar del Museo emulando a Alicia en el País de las Maravillas y jugando al rosco de letras. Habían más, pero esas fueron las que eligió Iván porque les llamaron más la atención.

Daniel no quiso ni acercarse. Como ya sabemos está en plan adolescente paso de mi familia. Él se lo pierde. Mientras permanecía encerrado en su cuarto escuchando música, nosotros recorrimos las salas del Museo buscando pistas y aprendiendo sobre su historia y colección de una forma muy amena.

Cuando acabamos el rosco, que, por cierto, lo puso en más de un aprieto, le propuse visitar el Museo y hacer los juegos in situ que proponían desde la web. Estuvo encantado con las propuesta y para no dar tiempo a que cambiara de opinión (con estas fieras nunca se sabe) fijamos la fecha al día siguiente por la mañana.

"Y luego me compras un helado como premio", remató el peque, que se las prometía muy felices.

Estuve de acuerdo y nos pusimos a buscar una heladería cercana en google maps. Primero descolgamos al muñequito cerca del Museo para recorrer virtualmente los alrededores, ¡incluso llegamos a meternos dentro del museo!, pero no encontrábamos lo que queríamos: ¡Helados! Así que lo pusimos en el buscado de sitios cercanos directamente. Y el primero que nos apareció fue La Pecera, original Taiyakis & Ice cremas. Muy emocionada le dije a Iván que habíamos encontrado el sitio. Había leído sobre él en el blog de Gololo y Toin y ¡menuda pintaza los helados con ese pex medio gofre medio bizcocho!

Ya teníamos el plan montado y el mayor también se apuntó en cuanto llegó a sus oído lo de la heladería a la que íbamos a ir después. Es tan goloso como su madre.

Sólo encontramos un inconveniente: abría a partir de las 15.00, así que movimos la visita a medio día porque el peque tenía dentista sobre las 17.00. La aventura se complicaba, pero nada nos iba a parar. Iván estaba deseando comenzar el juego de pistas del museo.

Nos plantamos allí pasadas la una y media y pedimos el juego en recepción. En la web aparecen dos, pero nos dieron directamente el de "Los secretos de Palacio" por la edad de los peques. Nos ofrecieron uno para cada uno, pero Daniel, que está en plan "Yo soy muy mayor" lo rechazó con educación.

Mientras su hermano y yo recorríamos las salas con gran entusiasmo buscando las pistas y comentando nuestros descubrimientos, él decidió retrasarse y disfrutar del museo con más calma y tranquilidad. De hecho, al principio volvimos a buscarle porque pensamos que se había quedado rezagado y se enfadó con nosotros porque no quería estar con nosotros. Según él somos muy ruidosos. Ainssss.

En fin, que pasamos de él como deseaba y nos concentramos en nuestras aventuras. En las salas en las que no había pista que buscar nos poníamos retos el uno al otro: "Busca una flor amarilla, cuatro pájaros, un gato, un lazo verde...". Y mientras buscábamos detalles concretos encontrábamos un montón de cosas sorprendentes: Monedas, armas, muñecas, muebles, los siete pianos de los que hablaban en la web, el cuadro de Isabel II que tuvimos que encontrar en otro de los juegos online, un perro medio esquilado...  Hasta un reloj que no parecía para nada un reloj. Si no hubiera sonado cuando estábamos cerca nos hubiéramos ido pensando que era sólo una escultura.

Las habitaciones que más nos gustaron fueron la de fumar y la del billar, aunque el resto también eran impresionantes. Yo también resaltaría la de juegos. Bueno, todas. Es un palacete que reúne todos los detalles sobre cómo vivía la alta burguesía durante el Romanticismo. Recorrerlo es como hacer un viaje en el tiempo.

Nos hubiera gustado probar las tartas caseras de su cafetería, pero está cerrada temporalmente, y tampoco fuimos al jardín del Magnolio, porque no nos dimos cuenta de dónde estaba la entrada y con el calor que hacía tampoco hubiéramos durado mucho al aire libre. 

Así acabamos el juego aunque hubo dos pistas que no encontramos exactamente. Teníamos muy claro dónde deberían estar, pero por mucho que las buscábamos... ¡nada! Iván dio por válido como si las hubiéramos encontrado con exactitud cuando se cansó de buscar y rebuscar. Cuando recorrimos la última sala me recordó el helado prometido, así que nos encaminamos a La Pecera a por nuestros Taiyakis. 

Cuando llegamos, la dependienta nos dijo que justo ene se momento sólo les quedaban peces de chocolate (también los hay de vainilla) y cinco sabores de helado. No somos nada exigentes, así que por nosotros perfecto. Cada uno eligió lo que más le llamó la atención y salimos de allí con muchas ganas de comernos nuestros helados que, por cierto, se derretían a la velocidad de la luz con lo que tuvimos que darnos mucha prisa. Aquello se convirtió en una carrera contrarreloj y un reto a ver quién acababa mejor pringado. Cuando llegamos al pez pudimos relajarnos y comerlo más despacio. ¡Estaba riquísimo! Lo mejor de todo con diferencia.

Y de ahí ya nos fuimos a casa que nos esperaba el dentista no muy contento con los restos de Taiyaki en la boca de Iván. Mira que le dije que frotara bien con el cepillo, pero, de todas formas le cayó limpieza de dientes y hay que volver porque tiene ¡inicio de caries! Nunca es demasiado para insistirles con el tema de la limpieza bucal.