viernes, 22 de octubre de 2021

Una sonrisa roja como la sangre, una serie perfecta para Halloween

Netflix nos sirvió el trailer de Una sonrisa roja como la sangre en bandeja. Y, claro, nos llamó poderosamente la atención. Los cuentos de niños en su versión más truculenta y protagonizados por dos niños que se han convertido en un icono del abandono, la tortura y el horror: Hansel y Gretel.

En un principio, Daniel la rechazó porque la estética es muy infantil, pero no le quedó más remedio que verla cuando yo lo sugerí una tarde en la que necesitaban urgentemente desconexión del tipo sofá y manta.

La verdad es que yo también pensé que sería muy infantil y perfecta para vivir el ambiente Halloween de estos días. Y lo segundo es verdad. Es tremenda hasta decir basta. Ya te lo avisa uno de los cuervos nada más comenzar. "Cuidado, esta serie no es para niños. ¡Pasan cosas demasiado horribles! y la primera en la frente. De verdad que no nos esperábamos, ese inicio. Ni muchos de las acontecimientos que pasan después.

El caso es que nos ha enganchado y ya casi la estamos terminando. Hemos vivido con sus protagonistas el dolor, el abandono, la desesperación, la decepción, la culpa... Demasiado profunda en ocasiones para niños tan pequeños. Y hemos pasado miedo con los personajes más tenebrosos. Incluso con Hansel, que descubre a lo bestia su parte más oscura. 

En serio, que no os engañe su animación estilo patrulla canina que está tan de moda para el público infantil. Esta serie no es para menores de 10. Incluso, ni para ellos. Nos trae la versión más sangrienta de los cuentos de los Hermanos Grimm, las que se inventaron en los inicios para moralizar y meter miedo a los más pequeños en una época de la historia de la humanidad oscura, peligrosa y mortal.

Y, lo mejor de todo, está sacado de un libro. NECESITO leer ese libro.

jueves, 21 de octubre de 2021

Educar "sin" pantallas

Vivimos en un entorno en el que las pantallas y los dispositivos digitales están exageradamente implementado en nuestro día a día: móviles, tablets y portátiles, entre otros, invaden los hogares y, claro, están al alcance de los peques desde el minuto uno. Esto significa que su cerebro a medio formar está expuesto a una serie de estímulos sonoros y luminosos muy fuertes que deforman sus conexiones neuronales. A día de hoy ya se sabe que esto es entre malo y malísimo para su salud, pero eso no quita que sigamos enganchando a los enanos en momentos de necesidad. Lo cierto es que es muy difícil apartar sus pequeñas manitas de estos aparatos cuando nosotros mismos ya estamos enganchados hasta la médula. Por eso, cuando vi el libro de Marta Prada (Pequefelicidad), Educar "sin" pantallas, me emocioné. ¿Es posible?

Mis hijos, como casi todos los niños hoy en día, son extremadamente fanáticos de los videojuegos, youtube y demás contenidos digitales. Tristemente, esta situación se agravó muchísimo durante el confinamiento de la pandemia que estamos viviendo (mea culpa). Hoy en día me cuesta muchísimo dirigir sus intereses hacia otros derroteros. Noto que, incluso, han perdido la ilusión por muchas actividades que antes hacían muy ilusionados. Algo puede influir la edad, pero el pequeño tiene la edad del mayor en época pre pandemia y el nivel de enganche es similar. Como veis, todo consejo, indicación o base desde la que empezar es bienvenido.

Cuando empecé a leer el libro me sentí reflejada en mucho de lo que expone. Sí, he tranquilizado a los peques con mi móvil mil veces, los he entretenido con la tele cuando eran bebés, he alargado los turnos de pantallas cuando estaba ocupada y me venía bien, he caído en la falacia de que a los peques hay que meterles en la dinámica digital cuanto antes y en todos los ámbitos porque es lo que les espera... Pues sí, eso les espera, pero no es lo único que deben dominar. Ni lo más importante. Primero es fundamental que aprendan a VIVIR y para eso no hay pantallas que valgan. Al contrario, son un obstáculo al aprendizaje.

Lo que más me ha gustado de este libro es que es realista. No es cuando te quedas embarazada del segundo y el médico te receta reposo, o cuando te dicen que el peque está enfermo y no puede ir al cole. Aquí se tiene en cuenta el contexto: progenitores o adultos al cargo estresados, agotados y con exceso de tareas y poco tiempo libre. Así que no nos van a pedir que hagamos milagros o que lleguemos a unos niveles. De entrada, se agradece que no haya más presión de la que ya tenemos.

Aunque no puedo decir que no me haya sentido culpable en una, dos y muchas más ocasiones leyendo ciertas líneas. He abusado de las pantallas, pues sí. Y no sólo con mis hijos. En cuanto irrumpió el smartphone en mi mi vida tengo que tenerlo cerca en todo momento: Cuando salgo, para oír música, por las mañanas con mi café y twitter... Afortunadamente, en esta casa tenemos también un gran hueco reservado para otras actividades off-line.

Ahora viene lo más inquietante, cuanto más crecen menos tiempo en familia demandan, y menos interés en actividades que no tengan tecnología de por medio. Mi hijo de 12 años da miedo cuando habla. Casi puedes percibir la negra mano de Youtube detrás de sus palabras y la de sus amigos. Y eso que no es de lo más conectados de su pandilla.

La sociedad tiene un virus informático comiéndose nuestros cerebros. Es un hecho. Cada vez dependemos más de los terminales PARA TODO. Es más, si no hay foto, casi que no ha ocurrido. Hasta los niños te lo exigen: "Mira. lo que he descubierto, hazle una foto". Si te paras a pensar da mucho miedo y se agradece que alguien se plante y escriba sus experiencias, su bagaje profesional relacionado con este tema y sus conclusiones. Y además, facilitándonos herramientas para comenzar el camino de la desintoxicación y con una visión tan realista. Las claves: atención, sentido común, debate y un mínimo consenso. 

Me queda mucho por recorrer para intentar arreglar todas esas horas de exposición de toda la familia. Y hay cosas que sé que van a ser imposibles de enderezar, pero lo más importante es dar el primer paso para recorrer el camino. Poco a poco se lleva a todos lados, siempre y cuando nos pongamos metas realistas y estemos dispuestos a salir de nuestra zona de confort por ellos... y por la sociedad en general. No podemos olvidar que los niños de ahora son los adultos del futuro y no podemos dejar que arraigue en sus mentes la idea de anteponer las máquinas a las personas.

Lo que se persigue no es renegar completamente de las nuevas tecnologías, simplemente exponernos a ellas cuando se tiene edad suficiente y el tiempo recomendado o menos. Una de las partes que más me han interesado han sido las referentes al plan pactado de pantallas.

Y podría seguir hablando de este libro tan interesando un buen rato más, pero es mejor leerlo directamente e interiorizarlo según la experiencia y necesidades de cada uno. A mí ahora se me avecina una muy gorda con el comienzo en el instituto de Daniel y la batalla anti smartphone. Deseadme suerte.

miércoles, 20 de octubre de 2021

Jugamos a Jumanji en Aventurico

Esto me pasa por buscar planes para Halloween con los peques pegados a mí. Si ya teníamos un montón de planes para qué más, pero como somos insaciables, pues ¡ale!, a darle al click en busca de nuevas emociones. Así acabamos en la web de Aventurico, en la que hubo dos puntos que nos llamaron la artención. El primero: ¡¡Un Escape room de Jumanji!! What!! Acabamos de vernos la primera (la mejor) y estamos a punto de ver Zathura (Jumanji en el espacio) y estamos muuuy motivados. Queremos ir a la jungla, queremos acabar el juego y gritar ¡¡¡Jumanjiiii!!!

Lo segundo que nos llamó la atención fue: "Haz tu reservar antes de una hora y obtén un descuento de 10 euros". Esas palabras bastaron para revolucionar a las fieras y que se pusieran a gritar como locos "Compra mamáaaaa, que se acaba la oferta, rápido, rápido". Qué puedo decir, me ofusqué y ¡pam! compra más caliente imposible. Ahí estaba nuestra reserva. Los tres la mirábamos con nuestra sonrisa de oreja a oreja. Sólo esperaba que el padre no tuviera ningún plan para ese día a esa hora. 

¡No lo tenía! ¡Bravo! Todo cuadraba. Esa misma tarde me llamaron para comprobar la reserva, darnos instrucciones (ropa cómoda que vais a hacer gimnasia) y preguntar si queríamos modo fácil o difícil. Fácil, por dios, que el día antes tengo partida de rol y estaría robando zanahorias hasta las dos de la madrugada por los menos. Aclaro que el Escape lo teníamos para las 10 de la mañana el domingo. Somos unos valientes.

El día antes me llegó un whatsapp para volver a confirmar la reserva y recordarme las instrucciones (¡¡Que síiii!! ¡¡Que síii!! ¡¡¡Jumanjiiii!!!). Y allí que nos fuimos el día D a la hora H muy emocionados.

No vamos a desvelar nada porque estas experiencias hay que vivirlas, pero te diré que hubo neuronas fundidas de tanto pensar, carreras de un lado a otro, momentos de tensión, agilidad y equilibrio puestos a prueba, gritos de victoria, exclamaciones de frustración... Y alguna ayudita por parte del organizador jajajaja, que era supermajo. El walkie talkie que nos dio volaba de mano en mano.

Los últimos minutos fueron extremadamente emocionantes y tensos, pero, finalmente ¡¡¡Jumanji!!! Logramos escapar de la jungla que quería acabar con nosotros. ¡¡Yupiiii!!!

Nos fuimos de ahí con la adrenalina a tope y la satisfacción de haber llegado hasta el final.

El organizador nos explicó que cada juego tenía sorpresas chulas. Podíamos atravesar el espejo y acompañar a Alicia en sub aventura, matricularnos en la Academia de magia con Harry Potter, pasar miedo en el circo del Horror o realizar una peliaguda misión de espías. Aunque, esta última, es más bien una gymkhana para niños porque los adultos no está claro que quepamos en el recorrido.

Así que ya sabes, si buscas honor, gloria y fama en una experiencia emocionante, ¡la aventura comienza en Aventurico!


lunes, 18 de octubre de 2021

La partida de rol con mi sobrinito

Este verano mi hermana me pidió que organizara una partida de rol para mi sobrinito y yo encantada, claro. En un principio, delegué en Raúl, que iba a hacer una de Herokids, pero al final terminé aceptando yo el reto. Aunque ahora mismo no recuerdo por qué. El caso es que cogí el sistema de JuegAventura, que me acababa de llegar tras finalizar con éxito el Verkami, y monté una partida llena de zombis, porque así me lo pidió el peque. 

También les pedía a mis churumbeles que fueran sus compañeros de aventuras. Lo que pasa es que cuando llegó el día D,  las fieras estaban más interesadas en la playa de Tenerife que en acompañar a su primito a luchar contra zombis, así que tuve que cambiar mi planes. Acabé convenciendo a sus padres para jugar. Mi hermana había hecho sus pinitos como yo, muriendo a manos de mi hermano, alias master killer, pero el papá de la criatura tuvo su primer, y puede que demasiado emocionante encuentro, con el rol. 

El pequeño se sentó muy emocionado a la mesa para jugar el "juego de los zombis" del que le había estado hablando durante toda la semana. Ojitos brillantes, personaje elegido bien agarrado entre sus manitas y predisposición excelente, la cosa prometía.

Comenzó la aventura y el pequeñín se metió completamente en su papel. Me explicaba muy emocionado sus siguientes pasos y parecía escuchar atentamente mis palabras. Eso en un niño de tan corta edad (y además muy inquieto) es todo un logro (medallita para mí jajajaja). Yo intentaba meter inflexiones en mi voz y gesticular mucho que sé que eso les llama la atención. Además, me había currado la escenografía con recortes de papel para ganármelo desde el principio.

Ambos padres también se habían metido de lleno en el papel, cada uno a su modo, pero igual de intensamente. Hasta discusiones hubieron porque no se ponían de acuerdo en algunos momentos.

Los dados estaban siendo bastante benévolos, aunque alguna pifia que otra iba saliendo, sobre todo a los adultos, que se tomaban con humor las consecuencias. Hasta que me pasé con el nivel de tensión y estalló la tormenta.

Estaban rodeados de conejos zombis. Luchaban encarnizadamente, pero el pobre niño se llevó un buen mordisco de uno de los enemigos, lo que le llevó a quitarse una vida (cómo les afecta eso de quitarse puntos de vida, parece que les estuvieran matando de verdad). Afortunadamente, su padre iba al rescate. Sólo tenía que tirar los dados para salvar a su retoño de las garras del letal conejo... Pero el padre tardó un poco más de la cuenta en tirar los dados, que decidirían si el peque seguía en peligro o no, y éste se puso a chillarle como un loco. "¡¡¡Vengaaa!!! ¡¡¡Papáaaaa!!! QUE ME MATAN" y lo remató con un puñetazo en el brazo muy bien dado, todo hay que decirlo. Nos quedamos todos alucinados. Por un segundo se paró el tiempo y... el peque se puso a llorar desconsolado. Nos quedamos todos descolocados. El padre se restregaba el brazo, a la madre se le salían los ojos y yo me aguantaba la risa (es que la escena tenía su gracia, lo siento, lo siento). Entonces le dio un segundo puñetazo al padre y ahí sí que reaccionó su madre con una buena y merecida bronca para el chaval.

Parecía que todo acababa ahí, pero el caso es que me acerqué cariñosamente al peque y le expliqué, muy calmadamente, que no se preocupara, porque, justo en ese momento, el Animago entraba en acción y hacía un complicado hechizo que le daba un superpoder: "Una tirada extra" y, no sólo eso, sino que su padre, que le quería mucho a pesar de haber sido vilmente atacado, le cedía uno de sus dados con, nada más y nada menos, que un seis (así rebajamos un poco la tensión). ¿Qué creéis que pasó? Pues que el peque cambió las lágrimas y los mocos por una amplia sonrisa. Aguantó impertérrito el rapapolvo de sus padres por utilizar la violencia y siguió el juego como si no hubiera pasado nada y aniquilando al conejo sin piedad. De hecho, le arrancó la cabeza con demasiada alegría. Se parece mucho a sus cafre primos.

La partida se desarrolló sin más contratiempos. Yo rebajé el tono, aunque os aseguro que el peque me pedía caña muchas veces. Finalmente llegó la batalla final y tuve que echar mano del recurso del amigo fuertote para equilibrar la balanza y que les ayudara a acabar con los malos. Además, de para no repetir la escena de frustración anterior.

Aquí tuvimos la suerte de que el peque encontró casi todos los tesoros buenos en las tumbas, así que estaba mas que motivado a terminar la partida henchido de felicidad. Y así fue. Cuando la alcaldesa del pueblo les felicitó por su valentía y les hizo entrega de un premio (bolis de tinta invisible y pegatinas) casi se pone a saltar en su asiento (o a lo mejor sí que llegó a hacerlo. Ahora mismo no lo recuerdo. Tenía que haber escrito este post hace mucho tiempo...). 

Al final todo acabó bien y el peque se lo pasó genial. Los padres creo que también, aunque seguro que su padre hubiera preferido no haber sido víctima colateral de mi forma de dirigir el juego. ¡Siento lo de tu brazo José! Prometo suavizar mi narración para la siguiente.

Si queréis leer la preparación de la partida pinchad en El nigromante, rol con JuegAventura

domingo, 17 de octubre de 2021

Cumpleaños de cine: Iván

Con el pequeño no pude "despreocuparme" tanto como con Daniel. Con 10 años el acompañante adulto era imprescindible. Y ese acompañante adulto iba a ser yo. No porque Raúl tuviera un morro que se lo pisaba, aunque he de confesar que lo pensé durante un momento, sino porque tenía que quedarse en casa a currar, a ayudar a Daniel a estudiar exámenes y a asistir online a la tutoría del mayor.

Así que el día elegido hicimos todos los encajes de bolillos necesario para que todo cuadrara y pudieran venir al cumple todos los amigos que había invitado Iván. Un compañero se vino a comer a casa, otro se acercó a nuestra puerta y con el resto nos encontramos en la puerta del cine. Allá que fuimos muy ilusionados a ver una comedia familiar francesa cargados de palomitas. La película la habían elegido los interesados a través del canal de discord e iban muy ilusionados pensando que sería algo parecido a Padre no hay más que uno de Santiago Segura, pero lo que nos encontramos fue un desmadre de drogas, algún desnudo, sexo no explícito, chistes políticamente incorrectos y cambio de cuerpos indiscriminados. A ver, que la película está bien y yo me reí muchísimo, pero familiar, familiar... yo no la encasillaría en ese tipo de cine, a no ser que hablemos de hijos adolescentes, entonces sí. Lo cierto es que mi diversión se vio empañada por el miedo a que el argumento se pasara de la ralla en más de uno y dos ocasiones.

Eso sí, los peques estaban encantados. Se retorcían en sus butacas y comentaban los puntos más gamberros a voz en grito. Las dos personas que estaban en al sala debían estar acordándose de todos nuestros antepasados y en plan mal. Yo les llamaba al orden y volvían a comportarse hasta la siguiente sobrada.

La verdad es que estuvieron a sus anchas y se lo pasaron pipa. Uno de los peques miró a su alrededor cuando se encendieron las luces y exclamó: "Hala, Dácil, ¡has reservado una sala entera de cine?", mira, que risa me entró, pero no. Lo que pasó es que estábamos casi solos y les dio una sensación muy chula.

Por cierto, también fue gracioso cuando nos fuimos a sentar y justo una de nuestras butacas ¡no tenía asiento! Estaba rota. ya es mala suerte que de toda la sala, juuuuuusto en nuestra fila estaba la butaca rota. Ni corta ni perezosa les insté a cambiarnos a la fila de detrás. Me hicieron caso tímidamente porque eso de sentarse en asientos que no eran los suyos les daba palo y se pusieron a buscar sus números de butaca. "Pero, vamos a ver, ¡si ya nos estamos sentando en la fila que no nos corresponde sentaros donde os dé la gana!" y así lo hicieron. La timidez les duró hasta que empezaron los chistes en la pantalla.

De la sala salieron entusiasmados porque habían visto una peli de mayores y con el plan de no contarles nada a sus padres para poder ir a también a la segunda parte, porque ellos tenían clarísimo que iba a haber segunda parte. Están muy poco acostumbrado al cine europeo. Yo no lo veo tan claro, pero perdí en el debate. Lo que sí hice fue romperles las ilusiones asegurando que yo misma les contaría a los progenitores lo inesperado del contenido que habíamos presenciado. "Hemos sido engañados", exclamé, "¿Vosotros que recomendación de edad pensáis que tenía la peli", unos pensaban que +13, otros que +18. En realidad el PEGI es de +7 y el trailer no hace sospechar nada raro fuera de una típica película familiar. Un par de ellos habían visto el trailer y me dieron la razón. 

Mientras disfrutaban de sus pizzas y burritos comentamos uno por uno los greatest hits más burros muertos de la risa. También hubo algún que otro baño en refresco, como viene siendo lo habitual en todas las salidas con niños. También aceptamos el reto de aguantar el picante de la salsa del burrito de unos de ellos y el de decirle palabras en coreano a otro para que nos dijera qué significaban. Por lo visto había aprendido algunas palabras viendo vídeos en coreanos en YouTube, flipo. Por supuesto echamos manos de mi móvil y de google translate, que ahí el resto no tenía ni idea de coreano. Así nos enteramos que hola era una palabra compuesta que incluía la palabra relativa a adiós: annyeonghaseyo y annyeong.

Eso derivó a que Iván escribiera la canción de cumpleaños feliz en el traductor y acabáramos cantándosela en japonés:  Otanjōbiomedetō, otanjōbiomedetō, watashitachi wa anata o negatte imasu. Debíamos ser todo un espectáculo. Menos mal que había poca gente.

Entonces determiné que era el momento perfecto para que los amigos le dieran su regalo. Había usado el método "padres ponen u dinero y madre se encarga del regalo", así que cuando dije que ahora le iban a dar su regalo se pusieron todos pálidos: "¿Regalo? ¿Qué regalo?". "Éste regalo", les contesté yo enseñándoles el flamante paquete, "¿Y eso qué eeees?", exclamaron casi todos. Pobrecitos, si es que les hacemos un lío tremendo con nuestros tejemanejes. Les expliqué que sus padres habían puesto el dinero y que yo lo había comprado, pero que el regalo era de su parte y les animé a adivinar lo que era. Todos estuvieron de acuerdo en que tenía que ser un Iphone. "¡¡¡Que no es un Iphone!!!!", repetía yo una y otra vez, pero ellos empeñados. Hasta que Iván lo abrió y ¡tachan! un super reloj de esos que te miden todo, te dicen el tiempo, tiene linterna y hasta te ayudan a relajarte con ejercicios de respiración. Yo es que flipo. Los peques se quedaron alucinados. Iván un poco menos porque era uno de los regalos que quería, no se lo habíamos dado en la celebración familiar y, supongo, que algo se olía. Pero eso sí, estaba muy emocionado de tenerlo, por fin, en sus manos. Ahora sólo tenía que esperar que su padre le hiciera la puesta a punto.

Y ahí, mas o menos, fue cuando se aburrieron del restaurante y me pidieron emociones más fuertes. Así que acabamos en la zona infantil del Mc Donald para que hicieran el cafre a voluntad y quemaran energías. Y ahí ya pude yo relajarme un poco, aunque me lo estaba pasando pipa con la charla de lo peques y no me hubiera importado que continuara un poco más.

A riesgo de menoscabar mi sueño nocturno me pedí un café con helado como premio a mi labor de cuidadora infantil del día y les compré un helado a los peques cuando me lo pidieron. El broche final perfecto para el día. Cuando les anuncié que se acababa el cumple no se querían ir. ¡Buena señal!

La verdad es que pensé que ir sola con cinco niños de 10 años iba a ser una experiencia muy estresante y agotadora, pero se portaron tan bien que lo disfruté. Eso sí, agotada debía estar porque aún con café por medio me quedé frita bastante temprano.

 

sábado, 16 de octubre de 2021

Cumpleaños de cine: Daniel

Este año no ha habido la tradicional fiesta temática de cumpleaños. El año pasado ya nos encontramos con una situación pandémica que hizo imposible una celebración al uso, así que nos montamos el fiestón en casa, que tampoco estuvo nada mal. Lo pasamos genial en la fiesta Fortnite y me quité la espinita porque yo ya veía que me iba a comer todo lo comprado para la ocasión. De hecho, el regalito para los invitados (gorras de la marca) las repartimos a posteriori entre los amigos y tuvieron mucho éxito. 

Ante la experiencia pasa, este año no preparé nada. Se necesita antelación suficiente para poder hacer una fiesta de este tipo, ya sea para comprar adornos, planificar la merienda o hacer las manualidades pertinentes. Así que este año, como no sabía en qué condiciones íbamos a estar para los cumples de los peques me dejé ir.

Cuando se acercaba el momento tocó tomar decisiones importantes y decidí imitar a una amiga que resolvió el tema cumpleaños con una salida al cine. El primero en cumplir es Daniel y, como ya es un chicote de instituto, preparé todo para que se fuera con sus amigos al cine... ¡sin acompañante adulto! Fue una decisión un poco estresante, pero al final vivimos en un barrio que es como un pueblo, el cine está muy cerca y el grupo es bastante responsable (sin olvidar que no dejan de ser niños de 12 años). 

Decidí comprar las entradas un miércoles por dos razones: que es el día del espectador y que los fines de semana las familias suelen tener planes. Pero no me di cuenta que justo el día que compré las entradas los peques iban a salir más tarde del instituto con los cual no les iba a dar tiempo de comer antes de ir al cine. debatiendo con el resto de padres salió la solución: Prepararía mochilas de tela para cada uno con un bocata, palomitas, una bebida y una chocolatina. Así comerían en la sala mientras disfrutaban de la película.

El plan consistía en que vinieran a casa directos, dejaran sus mochilas del cole, cogieran las mochilas de la comida y ¡al cine! Por cierto, la peli la eligieron ellos en unas de sus jornadas de parque: Shang Chi y la leyenda de los diez anillo. Daniel prefería Free guy, pero ya la habían quitado. 

Luego la idea es que fueran a un restaurante de comida rápida, que Daniel seleccionó de los que nos quedaban cerca, para comentar la peli a gusto o lo que les diera la gana disfrutando de una pizza, una hamburguesa, un burrito o lo que les apeteciera. Por último, volverían a casa, le entregarían el regalo a Daniel, que teníamos nosotros y cada mochuelo a su olivo, que al día siguiente tenían clase.

Le di al peque el código QR de las entradas impreso, el dinero para el restaurante y me encomendé a todos los santos para que la cosa saliera bien.

No puedo decir nada de primera mano porque no estuve allí, pero según los niños se lo pasaron genial y estaban muy emocionados ante su primera salida oficial sin padres (Se ve que cuando van al parque solos no cuenta).

Mientras el mayor se iba de juerga y cachondeo con sus amigos, a Iván le organicé un plan alternativo con un amigo pata que no se quedara solo y tristón en casa, porque, lógicamente, el hermano no le invitó a la fiesta con sus colegas. Nos fuimos a un Burger con zona infantil en el que se lo pasó muy bien y acabamos en casa del amigo tablet mediante. Así me pasó que me costó la vida arrancarle de allí y cuando llegué a casa todo había terminado: regalo entregado, cada niño en su casa y ni una foto del acontecimiento. Esto me pasa por delegar en el padre, aunque él se defiendo asegurando que fue una locura.

Es caso es que se lo pasaron bomba todos. Con eso me quedo.

El cumple del pequeño lo cuento en otro post que también tuvo mucha miga.


viernes, 15 de octubre de 2021

Como hacer un juguete para gatos superchulo

Con los gatos pasa como con los niños, que les regalas el último juguete last generation del mercado y lo que les flipa es... la caja, of course. Así que Iván ideó y diseñó el juguete para felinos definitivo. ¡Nada puede fallar! bueno, o sí, que los gatos son muy muy suyos y saben cómo fastidiarte jaaajajajaja

En este caso no falló y a Jazz le encanto su juguete nuevo, pero eso seguramente fuera porque es un cachorro y aún no ha aprendido la sutil técnica de torturar a tu humano. En fin, vamos a explicar paso a paso cómo construir este grandioso juguete que no cumple con ninguna de las normas de calidad y seguridad de la unión europea, pero que es muy divertido de construir con niños.

Los primero, ¡los materiales!:

- Imprescindible una caja grande de cartón.

- Cosas que le puedan gustar a un gato, en nuestro caso usamos:

        + Un cojín de cuando los peques echaban la siesta en Infantil

        + Unas mantas de bebé que ya íbamos a retirar

        + Cuerdas y cordones variados de uno de los cajones de material para manualidades de mamá

        + Cosas vistosas para colgar en los extremos de las cuerdas (palitos de madera, pompones, piezas que se puedan engarzar...) 

Pasos:

Primero, arreglamos la caja para que resista al menos unos días. Que no se pliegue sola sobre el gato, deshacernos de las tapas o pegarlas de manera que no molesten al minino en su juego, etc.

Segundo, nosotros metimos una mantita de bebé en el interior y la pegamos con celo de embalar para que el interior fuera más cálido. Pensé en pegarla al techo con celo de doble cara, pero no sé dónde demonios lo había metido, así que le metimos un palo de gomaespuma (ni idea de dónde salió), que se encajaba entre las esquinas internas superiores y aguantaban mal que bien la manta. También la pegamos con el celo de embalar.

Tercero, forramos el cojín de guardería con una mantita gustosa a base de celo también. Aquí a nadie de nos da lo de darle a la aguja, que hubiera sido lo mejor, lo sé.

Cuarto elegimos cordones, cuerdas e hilos más apto junto con los complementos que vamos a colgar de sus extremos y los pegamos en el techo por fuera con el fin de que queden colgando en el acceso a la caja. Los insertamos y los pegamos.

Quinto, para bordarlo y que quede preciosísimo, o al menos aparente, decoramos la caja como queramos. Nosotros pegamos dibujos y letras hechos en folios.

Y ¡tachan! un juguete que no puede fallar, lo que necesita tu gatito para ser feliz jajajajaja

Eso sí, reserva un buen hueco del salón porque el armatroste ocupa lo suyo ;)

jueves, 14 de octubre de 2021

La pesentación oficial del gatito Jazz

Una amiga ha ampliado la familia con un gatito precioso y mis hijos estaban locos por ir a conocerlo y jugar con él. Bueno, mis hijos y yo, claro. ¡Me encantan los gatos! Mi amiga nos mandaba fotos de Jazz, que así se llama, y nosotros estallábamos en grititos de "Oooooh", "Aaaaah", "Mira que morrito", "Mira que orejitas", "Que lindooooo". Estábamos deseando conocerlo en persona.

Y ese día llegó. Nos invitaron a un desayuno de cinco estrellas con tarta de zanahoria, galletas caseras, zumo de naranja... ¡una pasada! Casi, casi olvidé que la estrella de verdad era Jazz, pero a él no le importó en absoluto, porque jugaba feliz de aquí para allá.

Iván había estado obsesionado con hacerle un juguete único e impresionante al pequeño minino. En un principio me habló de construir una máquina de hacer pompas para que el peludito las atrapara con sus zarpas, pero yo no lo veía. A la primera que le estallara el jabón en los ojos iba a aborrecer su nuevo juguete, así que la idea fue descartada.

Le propuse un palo con una cuerda y algo atado al otro extremo, pero le pareció demasiado simple. ¡Jolín con el ingeniero! Pensando pensando, caí en que teníamos una caja bastante chula y que a lo mejor nos inspiraba. ¡Y tanto que nos inspiró! Iván comenzó a revolver en el rincón donde habíamos dejado cosas para retirar estilo mantitas de bebé, y cojines de guardería mientras yo hacía lo propio con el lugar de materiales para manualidades. Entre los dos hicimos un proyecto de cuna forrada con matita y con un cojín mullido, también forrado con mantita y diferentes cordones colgando con juguetes para que se lo pasara pipa. 

Nos pusimos manos a la obra y con un poco de celo por aquí y otro poco de celo por allá nos salió algo apañadito. Al poner los en pie la mantita de la pared se caía hacia abajo, así que hubo que idear otra cosa. recorté que tenía un palo de gomaespuma que vete tú a saber de dónde salió. Lo incrustamos en el fondo de la caja para que sujetara la manta y ¡exito total! 

Iván lo pegó con celo para que se mantuviera en su sitio y si estaba de pie mucho tiempo acababa por caerse un poco, pero era muy fácil de devolver a su sitio. Cómo veis, el juguete no estaba muy alineado con las normas de calidad de la Unión Europea, pero estaba hecho con mucho amor.

Cuando Daniel volvió del parque, dónde había ido con sus amigos, se mosqueó un poco porque él también quería haber contribuido al proyecto, pero se le fue el enfado cuando le dije que aún había que adornar las paredes. Se curró un cartel con el nombre del gato la mar de chulo. Iván no quiso ser menos y adornó otra pared con un gato, una sardina y un arco iris la mar de chulos.

A estas alturas yo estaba temiendo que un regalo tan enorme pudiera causar sensación en el hogar de Jazz y no causara sentimientos contradictorios de amorodio. Si alguien me trajera un regalo así a casa lo adoraría, pero a Raúl le daría un ataque. Y lo entiendo. No vivimos en palacios.

En fin, que avisé a mi amiga de la que se le venía encima y le aseguré que podíamos llevarlo y luego traerlo de nuevo a casa al finalizar la visita, pero a ella le encantó. Aún así insistí en que podíamos llevarnos tal trasto tras la visita. 

Al final parece que a Jazz le gustó su regalo y a su dueño (el hijo de mi amiga) ni te cuento. ¡Hasta metió la cabeza en un momento dado! Seguro que Iván se quedó con las ganas de emularlo jajajaja

El caso es que el regalo se ha quedado con el minino precioso hasta que éste tenga a bien destrozarlo con las zarpitas. No creo que le cueste mucho. El amor no pega tanto como el cemento.

Por cierto, que Iván se llevó el juego que había customizado de Blood on the ClockTower y lo probamos allí. ¡¡Que risas!! Aunque los másters (tres niños valientes se atrevieron a dirigir el juego) se equivocaron bastante y delataron al demonio sin querer o dejaban a aldeanos sin sus poderes, lo que daba lugar a más equívocos y más risas. La verdad es que el juego es muy complicado y alguna partida salió bastante bien. 

miércoles, 13 de octubre de 2021

Juegos de roles ocultos en Kamikaze Freak Shop

Los sábados por la noche hay timba en Kamikaze Freak Shop, una tienda de juegos y libros de Madrid. Cuando acaba el horario de tienda comienza la jornada de juegos. El dueño recibe a los invitados, que pagan una entrada de tres euros (dos si son socios) y pueden optar por varias opciones: coger un juego de la ludoteca, jugar al juego que tienen desplegado de demostración o aprovechar para jugar a muerte a juego de roles ocultos en los que se necesita mucha gente porque, cuantos más seamos más divertido (y porque el mínimo suele ser seis, eso también).

Nada más llegar, los peques se tiraron a la ludoteca y tuvieron muy claro que querían jugar: Daniel a King of Tokio e Iván a Meeple Circus, pero el padre, más avezado en este evento los convenció para sumarse a una partida de La resistencia. Menudas risas con los tira y afloja para conseguir que salieran adelante las misiones o, todo lo contrario, para sabotearlas. Los traidores mentían como... ¡¡traidores que eran!! por supuesto. Y los buenos se las veían y se las deseaban para sacar adelante las misiones. ¡Una locura!

Pero nada que ver con lo que nos esperaba después de las pizzas. Porque el que quiera se puede apuntar a pillar unas pizzas que se encarga de pedir el dueño de la tienda y que están buenísimas. Ni que decir tiene que nosotros nos apuntamos y las engullimos acompañadas de buena charla con los que acabábamos de jugar a Resistencia.

Tras coger fuerzas tocó el turno a una versión de Blood on the Clocktower, que se curró uno de los asistentes y que realmente es una pasada. Es un Los hombre lobo de Castronegro, pero con roles específicos para todos los jugadores y algunos elementos de distracción. Los roles pueden cambiar en cada partida y el director del juego tiene que currárselo mucho para que todo cuadre. En esta ocasión tenemos a un demonio que cada noche se dedica a matar a alguien del pueblo. Cuenta con la ayuda de un esbirro, que puede ser cualquiera de los cuatro que existen con sus poderes específicos. Luego están los aldeanos que también tienen sus propios poderes específicos, por ejemplo: el cazademonios puede disparar a alguien una vez por partida y si es el demonio lo mata, si no lo es no pasa nada; el alcalde hace ganar a los aldeanos si sólo quedan tres participantes vivos y él es uno de ellos; el monje, que puede proteger a alguien de no morir cada noche; la empática nota si sus compañero sentados justo al lado son malos o buenos, pero no cual es cual... También tenemos a los forasteros, que son buenos pero fastidian a los aldeanos, como la vieja del visillo que la empática percibe como mala aun siendo buena, el santo, que hace perder la partida a los aldeanos si lo eligen para quemarlo en la hoguera al final del día, el alquimista, que muere cuando al máster le da la gana...

Y para hacerlo aún más difícil, el máster puede decidir que uno de los aldeanos o forastero está borracho y juega pensando que es un rol cuando en realidad no lo es y no tiene poderes reales, sino que le está troleando el máster. Por ejemplo, el que cree que es la adivina, recibe información falsa del máster porque en realidad es el borracho, aunque eso no lo sabe hasta el final de la partida.

Por otro lado, si está el envenenador en juego, uno de los esbirros del demonio, puede envenenar a un jugador para que sus poderes no funcionen bien. 

Además, el máster puede decidir, si hay suficientes jugadores, señalar a un jugador como falso positivo, que significa que la empática y la adivinadora lo ven como malo sin verlo. ¡Un lío de narices! pero qué risas.

Lo pasamos tan bien que el más pequeño de la familia quiso hacerse su propio juego y se ha hecho unas cartitas con powerpoint que luego hemos recortado, pegado en cartulinas y vuelto a recortar. Al principio usó su privilegiada memoria para sacar los personajes, pero su padre investigó y vio que en la página del kickstarter se pueden descargar las reglas y los tipos de personajes en inglés. No los ha hecho todos ni mucho menos, que hay muchísisimos, pero sí los suficientes para echar unas partiditas curiosas.

Al final nos quedamos hasta muy tarde porque nos lo estábamos pasando bomba. ¡Volveremos!

lunes, 11 de octubre de 2021

El postre célula

 

Un día, Iván salió muy emocionado de clase, casi daba saltitos y todo. Se acercó a mi corriendo y me informó de que ese día el postre lo hacía él. 

Desgraciadamente su gozo cayó en un pozo cuando vio que no teníamos los ingredientes necesarios (no, no aparecen por arte de magia. Ojalá) y esa tarde me era imposible ir a comprarlos. Debatimos el tema y se decidió trasladar el postre a la tarde del viernes.


Me soltó que el plan culinario tenía algo que ver con la asignatura de naturales, pero no quiso dar más detalles, así que lo dejé estar, aunque muerta de la curiosidad.

El día señalado desplegamos los ingredientes sobre la mesa de la cocina y el peque se puso en acción.

Teníamos: gelatina tutti frutti de color verde (no encontramos azul), un kiwi amarillo, un plátano, gominolas lo más redondas posible y regaliz enrollado rojo.

La cosa empezó con la gelatina. Iván puso agua a hervir, yo pasé ese agua a un recipiente cuando cogió la temperatura adecuada (me da miedo que se le caiga encima), luego el peque echó los polvitos mientras yo removía. Tuvimos un pequeño fallo por mi culpa, ya que pensé que echando colorando azul obtendríamos el color que buscada el niño, pero lo único que conseguí fue oscurecer el verde de la gelatina original. Menos mal que Iván no me lo tomó en cuenta.

Cuando tuvimos todo bien mezclado, el chiquillo lo echó en un bol transparente. Estuvo un buen rato escogiendo el recipiente adecuado. Yo en esos momentos aún no sabía dónde quería ir a parar y le dejé trastear a gusto.

Metimos una gominola en el agua verde y a la nevera. No metimos más porque Iván quería que quedaran suspendidas y había que esperara que cogiera algo de consistencia.

Al final se nos fue un poco la bola con cosas que contaré más adelante (el juguete del gato y una sesión de lectura un poco loca) y cuando quisimos poner las gominolas parecía que aquello estaba demasiado consistente, pero al final todo resultó bien. 

Sólo había que empujar la gominola lo que se quisiera y la gelatina se cerraba lentamente sobre ella. Menos mal. Aunque teníamos plan B (otro sobre de gelatina), no le apetecía nada comenzar de nuevo desde cero.

Me encanta lo detallista que es el pequeño, hasta cortó algunas gominolas a la mitad y las puso en el borde mismo de la superficie para que el efecto fuera más chulo todavía. repito, yo aún no sabí lo que estaba haciendo y le miraba hacer muy intrigada. Al kiwi le quitó una cuarto (que me comí yo) y lo plantó en el medio. El plátano lo rayó en tiras largas y lo colocó alrededor del kiwi (yo me comí lo sobrante. No me digáis que no soy una pinche de lo más útil jajajaja). Luego colocó un regaliz enrollado en la superficie... y otro ratito a la nevera para que espese más y quede todo fijado.

Iván me preguntó si ya sabía lo que estábamos haciendo, pero yo estaba perdidísima. Es que ni idea, oye. Así que me explicó que era un representación del interior de una célula y me enseñó una foto para que me quedara más claro. Tiene asumido que yo soy de letras.

El padre y el hermano fliparon tanto como yo cuando vieron el postre. Y tampoco supieron identificar qué era a primera vista. Mientras nos lo comíamos, que, por cierto, estaba buenísimo, Iván nos pregunté por la parte de la célula que había hecho que no se podía comer y los otros dos científicos de la familia exclamaron muy seguros "¡La membrana!". Yo ni idea, así que me dediqué a seguir comiendo disimuladamente.


El miércoles le mandaremos por email una foto del postre a la profesora de naturales de Iván, que al peque le hace mucha ilusión compartir su logro con la persona que lo inspiró.