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martes, 4 de julio de 2023

Primer día de piscina

¡Por fin he podido ir a la piscina! No es que me emocione mucho ir, pero me encanta lo bien que se lo pasa Iván y ver cómo disfruta jugando con su padre.

Yo soy de entrar y salir, como quien dice. Y por eso, tengo dos depredadores; si viene Daniel, tres; muy atentos para darme caza si detectan que meto un pie dentro del agua.

Me agarran y cubren las salidas para que me quede un rato más, así que muchas veces me toca jugar un rato antes de poder encontrar una fisura y escapar jeeeejejejejeje

Protestan, pero enseguida vuelven a lo suyo hasta que me aburro de verles, leer o mirar twitter y les digo que salgan para secarse. Entonces arrecian más protestas. Incluso del padre que también debe tener ascendencia de profundos, porque ¡madre mía lo que le gusta el agua!

Y yo puede que no me meta mucho en el agua, pero tumbarme en la toalla cerca de la piscina y a la sombra me relaja muchísimo. Será por el fresquito, o por verles jugar en el agua o vete tú a saber.

miércoles, 4 de mayo de 2022

Dans le noir? Cenando a oscuras

Como ya adelanté en el anterior post, el viernes nos fuimos a cenar a un lugar muy original. Se llama Dans le noir? y es una propuesta novedosa y muy divertida. Nos proponen cenar totalmente a oscuras, atendidas por camareros invidentes, con lo que los papeles se intercambian. Ahora los que nos sentimos perdidos somos los comensales, a los que de repente se nos priva del sentido de la vista. Y los que nos ayudan con mucha amabilidad y desparpajo son nuestros camareros, que por cierto, animan la cena con sus chistes y bromas. Tengo que decir que todo el personal es muy agradable y solícito.

La reserva se hace a través de la página web y es muy fácil de realizar. Un día antes se ponen en contacto contigo para preguntarte si tienes alguna alergia o intolerancia. Ahí les puedes comentar todo lo que necesites.

Mucho cuidado porque, en Madrid, está ubicado en la Plaza Biombo, 5, y lo dice claramente en todos los lados, pero mira que nosotras y otra pareja nos confundimos y nos fuimos a la calle Biombo, 5. Menos mal que el camarero de una terraza cercana nos vio muy despistados y vino en nuestra ayuda.

Una vez en el restaurante, nos dan la bienvenida, nos explican cómo funciona el tema y accedemos a la sala en fila y haciendo un trenecito, ya que en muy breve no vemos absolutamente nada. El camarero nos guía hasta nuestros sitios con gran destreza y nos advierte amablemente que está prohibido moverse del sitio o levantarse. Si se quiere abandonar la sala hay que pedirle ayuda a él.

¡Ah! Y tenemos que recordar que para llamar su atención hay que decir su nombre, nada de gestos o aspavientos porque ahí nadie ve nada. Además, nos pide encarecidamente que no gritemos. Cuando no vemos tendemos a subir el volumen de la voz porque no calculamos bien las distancias, pero con tono normal nos escuchamos todos perfectamente.

Para mí, lo mejor de este sitio es que el menú es sorpresa. No sabes lo que estás comiendo, así que agudizas los sentidos del tacto y del gusto para adivinarlo. Es muy divertido comentar lo que cada uno cree que está comiendo. Algunos sabores no son tan fáciles de identificar. Y eso que la comida es muy tradicional, para intentar que sea del gusto de todos... o casi todos. A mí, personalmente, me encantó todo lo que me pusieron delante.

Nosotras elegimos el menú completo con dos copas de vino para cada una. Constaba de un primer plato, un segundo plato y el postre. Todo por 54 euros por persona. No es barato, pero para una ocasión especial a mí me valió la pena.

Cada plato tiene tres o cuatro comidas diferentes, fáciles de comer con la mano, porque ya os digo que con los cubiertos es imposibles. Al menos para mí. Algún alimento requería de cuchara, pero eso no me resultó tan difícil como pinchar comida sin conocer su ubicación. Sólo con el tacto se come estupendamente.

La verdad es que pensé que terminaríamos duchadas en el vino, pero nada de eso. Al contrario. Creo que extremas mucho las precauciones y todo va como la seda. Mi amiga se agobió un poco al principio con la oscuridad, pero enseguida se dejó llevar por el juego de descubrir sabores.

Salimos de allí encantadas con la experiencia. Desde luego es una forma muy diferente de cenar.

Y cuando salimos de allí seguimos con el juego de Escape city box que teníamos entre manos para dar caza al asesino en serie que nos traía de cabeza y que se había cargado ya a cuatro inocentes mujeres.

jueves, 13 de febrero de 2020

Hermanos

Los hermanos no se eligen. Cada uno es diferente en su carácter, en sus acciones y reacciones, y en sus necesidades. Se les quiere con la misma cantidad de amor, porque a infinito no se le puede sumar ni restar nada, pero ¿se les quiere de la misma forma? Yo creo que no. Por lo menos intento adaptarme a cada uno en la medida de lo posible y me divido hasta límites inimaginables dentro de lo realista. Nunca es suficiente, por supuesto, pero la frustración forma parte del aprendizaje. ¿No?

Por lo menos esa es la teoría, porque en la práctica la que sale más escaldada soy yo. Nunca les hago suficiente caso, siempre tomo decisiones injustas, siempre hago más caso al otro... Seguro que a muchos os suena esto. Y blablablabla... Resultado: dolor de cabeza constante.

Y cuanto mayores se hacen la cosa va a peor porque ahora estamos en plena guerra fronteriza. ¿Dónde empieza el espacio personal de uno y dónde acaba el del otro? ¿Cuales son los límites de la zona compartida? Cambia continuamente a base de peleas y discusiones y a mí me vuelven loca.

Que si mi hermano me molesta cuando estoy con mis amigos en el recreo, que si mi hermano me pega cada vez que me acerco a él, que si molesta a mis amigos, que si se mete en lo que no le importa, me roba los juguetes, siempre quiere lo que yo tengo, nunca quiere ver en la tele lo que yo quiero ver... ¡el cuento de nunca acabar!

Aunque yo sé que sí que puede haber un final, pero queda tanto para eso que me desespero. La relación que hay entre estas dos fieras es muy parecida a la que había entre mi hermana y yo, con la que me llevo sólo 15 meses: jugábamos juntas, nos matábamos, rompíamos los límites de la propiedad y la privacidad cada dos por tres... hasta que me fui a Madrid con 18 años. Entonces no podíamos vivir la una sin la otra y no echábamos muchísimo de menos. Estoy segura de que mi madre alucinaba en colores con nosotras.

Es lo que tiene el roce constante, que hace que salten chispas. Pero en cuanto los dos elementos que rozan se alejan echan de menos el calorcito. O espero que eso mismo les pase a estos dos cavernícolas que se pasan el tiempo defendiendo sus supuestos derechos y sin acordarse ni un poquito de sus deberes.

Porque esa es otra lucha constante entre las muchas que me toca lidiar como madre: primero van los deberes y luego los derechos. No hay manera de que les entre en la cabezota y tengo que ir yo detrás para recordarles sus obligaciones, que en su gran mayoría son para su bien personal y no para el bien común como ocurre con las mías. ¡Y se quejan! No tienen vergüenza.

Ya llegarán a adultos y se darán cuenta que aquello que les limpiaba la ropa, les ponía la comida hecha en la mesa, les ordenaba la casa, limpiaba los baños, llenaba la despensa... no era un elfo doméstico del universo de Harry Potter.

Hasta entonces sólo nos queda tener paciencia. A mí con sus dramas domésticos y a ellos con mi orco interior. Porque todos somos humanos y yo no soy ningún ejemplo de templanza Cuando llego a mi límite estallo como todo hijo de vecino. Y mi límite cada vez se acerca más al punto de inicio, desgraciadamente.

jueves, 26 de septiembre de 2019

El pequeño libro de la MALA LECHE

Abro el paquete que me acaba de llegar a casa y mi cara se ilumina. En su interior brillaba con luz propia algo que me estaba haciendo falta con urgencia: El pequeño libro de la MALA LECHE.

Este inicio de cole y vuelta a la rutina está siendo un infierno total. Volvimos de Pekín el viernes 6 de septiembre y el 9 ya estaban en el cole casi sin haber preparado nada. Me ha tocado volar para tener el material, los libros, la ropa, mochilas... más o menos a tiempo. Sin contar con que me quedé en paro en junio y nada más llegar inicié un programa de búsqueda de empleo activa (Vives Emplea de Acción contra el Hambre), que me está yendo de maravilla, pero exige dedicación. También me puse las pilas para que me cambiaran a un nivel más alto de That's English porque el año pasado me metí en primero y me aburría (conseguí entrar en el B2.1 gracias a Paloma de Refuerzo Divertido que es una amor absoluto y me ayudó a practicar mi conversación), la casa, las tutorías, las revisiones médicas, un Daniel preadolescente que me lleva por la calle de la amargura, Iván reclamando atención aunque sea de la mala... Total, un absoluto estrés. Y yo sola, porque Raúl seguía en Pekín.

Necesitaba algo que me sacara de dentro tanto mal humor y agobio negro oscuro. Y por fin tenía entre las manos una pequeña guía para plasmar mi lado más ácido e irreverente con arte y gracia de la buena. ¡Vamos! Que como reza la portada este libro, saca lo peor que hay en ti.

Para empezar puedes criticar a todo el que te rodea y quedarte a gusto sin que haya consecuencias (a no ser que lo encuentren y lo lean violando tu intimidad, que eso sería muy muy feo).

Que si este más tonto no puede ser, que si el otro tiene un cerebro unineurona o qué, que no puedo con la prepotencia de fulanita, el egoísmo de menganito... Se abre la veda. No te cortes. Entre estas páginas no hay lugar para lo políticamente correcto ni la mesura.

Puedes hacer una apología de todos los imbéciles que te puedes encontrar en tu vida y cómo los reconoces, enumerar esas malditas costumbres ajenas que te sacan de quicio, poner verde a toda esa gente que nacen con una estrella en el culo y que hacen que la envidia te destile de todos los poros (es imposible que todo les salga tan bien y a ti tan normal). Hasta hay lugar para hablar de las cuentas y perfiles de internet y redes sociales que te tocan la moral. Por cierto, que la página para personalizar tu propio muñeco vudú me ha hecho soltar una carcajada. No sé, a quién voy a representar, no sé...

Y lo mejor de todo. Sacas toda tu mierda sin ofender ni hacer daño a nadie y la decoras artísticamente en un librito graciosísimo con ilustraciones en blanco y negro, frases inspiradoras y títulos provocadores como: "Hoy puede ser un mal día... y mañana también"o "Qué **** le pasa a todo el mundo" (con simbolitos incluidos, que no los he añadido yo).

En resumen, que me está sirviendo de terapia para pasar este momento de crisis estresante y agotadora en el que la gente que te rodea se extrema y parece que el mundo está contra ti con malvados planes para retrasarte en tus tareas y hundirte en la miseria (¿exagerada yoooo? A que te incluso en mi guía de la mala leche...) ;)

lunes, 1 de julio de 2019

Tiempo para mamá, ¡de concierto!

Cuando gané el sorteo de Viajar despeina del festival + Música dedicado a las mujeres me llevé un alegrón, aunque ya sabía yo que Raúl no se apuntaba a este plan ni loco. Mejor, porque así me iba con una amiga a despejar, que buena falta me hacía.

Miren se presentó voluntaria para venir a bailar y darlo todo en el festival con lo que ya teníamos planazo para olvidarno de la vida familiar por un ratito. ¡Yujuuuuu!

Unos días antes del gran evento, me llegó un mensaje que decía que sintiéndolo muchísimo había que cancelar el festival por ola de calor infernal en la que podíamos morir todos. El evento empezaba a las seis de la tarde en el autocine de Madrid, que cuenta con pocas sombras y que es un secarral arenoso. Ojo, que conste que es el sitio ideal para algo así, pero con más fresquito o en horas más nocturnas. En fin, que lo entiendo.

Lejos de desanimarme, empecé a pensar en planes alternativos. Saqué del cajón una smartbox de relax para dos personas que tengo desde hace un millón de años y que no había tenido tiempo de disfrutar.

Estaba caducado pero tienen un servicio de cambio que es una pasada y te permite usar sus cajas sin límite de fecha. Cambié mi caja gratuitamente por otra actual y me puse a llamar como una loca a spás con circuitos termales.

De un día para otro fue imposible encontrar hueco en ninguno. Que rabia rabiosa. ya me estaba cayenda la lagrimita cuando me cayó el maná del cielo en forma de sorteo de La Vaguada, que hacen un montón a cual más chulo.

El caso es que me llegó un email en el que me anunciaban que había ganado dos entradas para el concierto de Coti y Marta Sánchez de ese mismo viernes. Llamé a Miren para ver que tal le venía cambiar sábado por viernes y me dijo dio luz verde. Yujuuuuu. Ahora sí que sí. Este concierto era casi a las nueve de la noche y no íbamos a correr peligro de abrasamiento. No soy muy fan de los cantantes, pero eso me parece de lo más secundario. Con estos me pasa como con Raphael (Me dice Chitín que lo estoy confundiendo con Camilo Sexto jajaja), que no es santo de mi devoción, pero cada vez que ponen Vivir así es morir de amor la canto a voz en grito. Gracias La Vaguada. Ya teníamos planazo.

Nada más vernos ya empezamos a darle a la lengua, que nunca tenemos ocasión. Siempre nos vemos con niños alrededor o juegos de mesa al alcance de la mano y no tenemos oportunidad de charlar largo y tendido. Nos hicimos con un par de cervecitas y nos sentamos cómodamente en las gradas a esperar que empezara el concierto poniéndonos al día.

La verdad es que cuando empezó seguimos charlando a gritos, aunque nos lo pusieron algo difícil con el volumen de la música, pero nosotras nos apañamos bien para entendernos. De vez en cuando mirábamos al escenario y cuando cantaban las famosas hacíamos los coros y bailábamos tan felices de pie en las gradas.

¡Lo pasamos genial! Y ya hemos dicho que esto hay que repetirlo, pero la próxima vez en una terracita para poder hablar sin dejarnos la voz.

Cuando me dejó en mi casa me encontré con los gamberros de mis hijos y mi marido que volvían del club de juegos pasada la media noche. ¡Y yo que pensaba que me los encontraría dormiditos! ¡Que ilusa! Al contrario, venían pegando botes y contándome sus hazañas con el mogollón de juegos que habían jugado mientras yo disfrutaba de mi tiempo como persona.

Esa noche nos acostamos tarde todos, así que ya hemos tachado otra actividad de los "Deberes de vida" casi sin esfuerzo jajajaja


miércoles, 9 de mayo de 2018

Un día de la madre... troll

El domingo fue un día un poco extraño. Papá se fue a un viaje de trabajo y nos quedamos los tres sólos y cansados por el día tan completo que habíamos tenido el sábado. Antes de irse me dieron mi regalo del día de la madre: "En mi casa no entra un gato", de Pedro Zuazua. Que buena pinta tiene. Ya lo he empezado, pero la vida no me está dejando muchos momentos tranquilos para leer más de dos o tres páginas al día ainss

"Hoy día de descanso", me dije a mi misma. Descanso para los peques, porque a mí me esperaba el polvo, la pila de ropa sucia y otras lindezas parecidas. Pero yo con un poco de tranquilidad me conformaba. ¡Ay! Ilusa.

No es que los niños hubieran dormido mal, pero sí que se notaba que no lo suficiente. Empezaron el día sonrientes y amorosos. Iván me hizo entrega de una preciosa tarjeta que había hecho en clase. Muy sonriente y ceremonioso la sacó de su mochila y me leyó la adivinanza que había escrito en el sobre (también hecho por él): "Es negro, tiene patas. ¿Qué es?". Afortunadamente había un dibujo en la parte de atrás que me dio la pista porque negro y con patas hay muchíiiiisimas cosas. "¡Un gato!" exclamé yo. "¡Missiiiiiii!" contestó él. Me quedé un poco a cuadros porque Missi es nuestra preciosa gatita que nos dejó hace unos años. Me hace ilusión que el peque se acuerde de ella porque era muy pequeño cuando pasó. "¿Y eso que has puesto a Missi en el sobre?" le pregunté emocionada. "POrque ella también es madre" aseguró sin dudarlo. Efectivamente, Missi es la madre de nuestro rechonchito Fantasma.

"Mira la tarjeta mamiiiii. Te quiero mucho mucho" Ay que me derrito.

Daniel, por su parte, es muy celoso de estas cosas. Como ya está en tercero de primaria, nada menos, los manualidades del día de la madre han caído en el olvido. Pero nos miraba con un poquito de envidia y ya sabía yo que algo tramaba. Efectivamente, al poco me llamó a su habitación y me hizo otra bonita tarjeta en ese mismo momento con agujereadoras de formitas. También me hizo una ilusión tremenda. Que pena que la rompiera con saña en una de nuestras peleas posteriores.

Y es que se portaron extremadamente mal: palabrotas, insultos, peleas, exigencias, malas contestaciones... buuuuf. ¡Vaya día de la madre! Y yo que pensaba que hasta tendría mi momento para leer a gusto mi nuevo libro. Pues no. Ni de lejos.

Los gritos y los lloros fueron la banda sonora de este día de la madre.. Cuando ya casi finalizaba, Daniel se presentó a mi lado mientras tendía una lavadora y me entregó una carta en la que me pedía que me tranquilizara y me explicaba que había hecho esa nota tan bien escrita para que me calmara: "Te emos estado probocando todo el día pero porfi tranquilizate para intentarlo". Aaay mis ojos me duelen. Le dije que sólo me pondría contenta si corregía las faltas de ortografía lo antes posible. Y así lo hizo tras darme un gran abrazo.

Su hermano, que también pululaba cerca, también se unió al abrazo con una gran sonrisota. Que habilidad tienen estos niños para reiniciar. Pero antes de que os derritáis de pura ternura os diré que no hicieron toda esa pantomima por el bien de mis nervios, sino para que mi humor fuera el más apropiado con vistas a pedirme cosas (quiero que me imprimas imágenes de plantas contra zombis, quiero ver la tele, puedo jugar una partidiiiita...). En fin...

viernes, 4 de mayo de 2018

Braun y Venus nos contaron mitos y verdades sobre la depilación

Cuando llegó el momento de la verdad en mi adolescencia me encontré con el típico dilema: ¿Qué método uso para depilarme? Lo cierto es que tardé bastante en dar lucha al vello porque una es así de vaga con los temas de belleza. Y eso que vivía en Las Palmas de Gran Canaria, donde las faltas y el pantalón corto se pueden usar todo el año. Al ser rubia no destacaban las melenas en mis piernas, pero el caso es que llegó el momento y me puse a pensar: ¿Cera? ¿Maquinilla? ¿Crema depilatoria? ¿Silk epil?

Conocía a gente que usaba cada uno de estos métodos y todas hablaban maravillas de lo suyo (En ese momento no estaba tan de moda que los hombres se depilaran). Lo cierto es que empecé con la cera, pero se me iba un pastizal (que allí vamos todo el año a la playa y para gimnasia usábamos pantalón corto), así que acabé robándole la Silk Epil a mi madre. Evidentemente, mi hermana hizo lo mismo y al final, mi pobre progenitora decidió invertir en Silk Epils para cada una por el bien de la higiene.

Las primeras veces me dolía un montón, pero igual que la cera. Luego me acostumbré y ahora es más que soportable. Eso sí, las ingles siguen siendo con cera porque no soy capaz de meter la maquina en tan delicada zona. Y las axilas son carne de cuchilla, porque es lo que más me depilo al año y el método que menos me irrita la piel. Algún día tiraré por la depilación láser, algún año...

Pero en fin, centrémonos, el caso es que Braun, Venus y Madresfera nos invitaron a un evento muy chulo para contarnos los mitos y verdades que circulan sobre la depilación. ¡Que son muchos! Allí me presenté con mis churumbeles, que disfrutaron de la merienda los que más. De hecho, sospecho que Daniel acabó con todas las existencias de galletas. Luego se fueron con el hada y la pirata a por su espada de globo (les fascinan). En el camino conocieron a un niño muy majo con una tablet en las manos, irresistible, así que me dejaron sorprendentemente tranquila para escuchar la charla de Ana San Vicente, del blog Un 10 en belleza. Milagro, milagro.

Empecemos por la maquinilla de afeitar desechable, esa que les mangaba yo a mi padre en mi adolescencia, luego a mi novio y finalmente, acabé por comprarme de las diseñadas para mujeres que irritan mucho menos la piel que la de los hombres. Resulta que, a diferencia de la creencia popular, no es malo depilarse con ellas todos los días, que además de cortar pelitos de raíz exfolian, tampoco es verdad que crezcan más negros y duros (uuuuy eso lo que creído yo toda la vida. Y no veas que cargo de conciencia cuando me la pasaba por las piernas en un momento de necesidad). Por lo visto el color y la forma del pelo viene  dado por las hormonas y la genética. Como se corta, pero no se arranca, crece de nuevo de la misma raíz con lo que no hay posibilidad de que cambie. La leyenda urbana surgió porque cuando vuelven a crecer pinchan, como la barba de los hombres y parece que van a salir más duros, pero al final son los pelillos molestos de siempre. Por lo visto también corría la creencia de que a más cuchillas más posibilidades de cortarnos y resulta que es totalmente al revés, cuanto más cuchillas más ajustable a los curvas de la piel. Esto no tenía ni idea, pero el verdad que cuando le cogía una cuchilla a mi pareja o novio me cortaba más y desde que uso las Venus no ha vuelto a pasar. Eso me pasa por ahorrar en lo que no debo. ¡Ah! Por cierto, que no hay que apretar para conseguir una mejor depilación, ni con maquinilla ni con Silk Epil.

Nuestra ponente nos aconsejó no compartir cuchillas. ¡Hombre, no! Yo les robaba las sin estrenar de los paquetes esos de cinco o por ahí que se compraban antes de caer en la maquinilla eléctrica. Que creo que fue justo cuando me compré yo mi primera cuchilla para mujeres. Por cierto, un consejito, tras depilarnos las axilas no os pongáis desodorante ni nada porque irrita mucho al piel. Mejor nos pasamos la cuchilla, o lo que sea, antes de irnos a la cama. Un contra de este método es que hay que depilarse al menos una media de tres veces por semana, aunque depende la abundancia de velo de cada una y la velocidad a la que crece.

También hablaron sobre la Silk Epil, mi método preferido, cómodo, rápido y muy accesible (tienes la máquina en casa a punto para cualquier ocasión). Siempre se ha dicho que es muy doloroso, pero yo llevo toda la vida pasándome la Silk Epil por las piernas y casi no me duele ya. A ver, que estamos hablando de una máquina que arranca pelitos de raíz y eso siempre duele un poco, pero no como al principio que tocaba resistir como una jabata. De todas formas era, eso o la cera, que tampoco es el sistema más indoloro. Como ya dije, para mi madre la maquinilla de afeitar era lo peor de lo peor. La ponente nos contó que lo mejor es depilarse tras la ducha porque los poros se abren con el agua caliente y que te los arranquen duele menos. De hecho, la nueva maquinilla está diseñada para actuar en la piel mojada. ¡Que gran adelanto! 

Otro método que yo no he usado mucho y que nunca me ha gustado son las cremas depilatorias, por una lado son rápidas y económicas, pero por otro  irritan más la piel al tener químicos en su composición. Creo que la he usado una vez en mi vida y debí hacerlo mal porque no quedé nada contenta con el resultado.

La cera caliente y templada sí que la he usado en muchas ocasiones. Se puede hacer en casa, pero es mejor que la aplique un profesional. Es dolorosa hasta el extremo (por lo menos para mí) y debo ser sensible al calor porque con la caliente siempre me quemo en un primer contacto. Eso sí, el calor abre los poros y el tirón es menos doloroso que con la templada. Para mí es un suplicio, pero también es que la uso para una zona delicada, las ingles. El problema que tiene es que favorece el pelo enquistado.

El método que estoy barajando últimamente es el de Láser, que es el más duradero, pero se necesita constancia para asistir a las sesiones y yo no estoy muy sobrada de tiempo. Además, no es igual de efectivo con los pelos rubios que con los morenos. Por lo visto el tono de piel también influye.

Y por último tenemos la opción de la IPL o luz pulsada intensa (Sí, lo he buscado en google) que es lo más duradero, pero también lo más caro. Y, como ocurre con el láser, lo efectos varían según el color de piel y pelo. Por lo visto, el mejor momento para empezar con la IPL es en invierno con la piel lo más blanca posible y para poder ver los resultados en verano.

Otro mito del que yo nunca había oído hablar: que con la depilación se va antes el moreno. ¡Que tendrá que ver! Según nuestra ponente, incluso es bueno porque se barre la capa superior de la piel dejando un brillo muy favorecedor. Lo que sí me han dicho muchas veces es que no es recomendable exponer el sol la piel recién depilada porque está más sensible.

Tras el evento nos regalaron la nueva Silk Epil SensoSmart y la nueva maquinilla Venus Swirl  para poder usarla en casa. La primera es de lo más completa. Trae trece accesorios extras para darle aún más uso. Comencé por depilarme que es su utilidad principal. Cargué la maquina por probar el tema inalámbrico, aunque puedes enchufarla directamente a la corriente. Cómodamente me la pasé por las piernas para dejarlas listas para lucir. Tiene un sensor por si estás apretando demasiado y me temo que he adquirido esa mala costumbre porque cada dos por tres se me ponía rojo. No me dolió casi nada, pero como ya he dicho, estoy muy acostumbrada. Esta tiene un 40% más de superficie depiladora que la anterior edición, así que depila más de una pasada.

Después probé uno de los cepillos exfoliantes, supongo que funcionan, el caso es que hacen cosquillitas. Y por último el accesorio de masaje que da mucho gustito. Lo que no probé fue el accesorio para depilarse el vello facial porque, afortunadamente, aún no lo necesito. Me quedé loca cuando Ana contó que quitárselo con cera hacía que del tirón los músculos fueran desprendiéndose.

También probé la Venus Swirl y me encantó. Muy cómoda y se desliza con mucha facilidad. Mejor que la que tenía antes que no se componía de tantas cuchillas. Puede que algún día la pruebe en las piernas ahora que sé que no se me pondrá el pelo más negro y grueso.

La verdad es que estoy encantada con las dos novedades. Aunque yo ya era fan de ambos métodos antes de conocerlas. Me alegro de que investiguen y vayan mejorando ambos sistemas.

A mis peques les ha flipado el tema del masaje y la exfoliación. Ya me han cogido la Silk Epil para hacerse masajitos y morirse de la risa. Y eso que no paro de repetirles que no es un juguete ainsss

jueves, 14 de septiembre de 2017

La mamá troll

Agosto ha hecho estragos en mis hijos. Acabaron el curso con grandes avances en su gestión de las emociones, su comportamiento y su espíritu movido e inquieto. No hablo de milagros ni cambios de personalidad. Me gusta cómo son mis hijos: intensos, inquietos, curiosos, inoportunos, de carácter fuerte, cabezotas, con su mala idea, sus momentos de empatía... Me gusta lo bueno y lo malo, pero no entiendo las transformaciones en vástagos del demonio que han tenido durante este verano: malencarados, mal hablados, irascibles, perretosos, caprichosos al extremo... Incluso, han alcanzados cotas insospechadas en el baremo de la maldad pura (creeis que exagero pero es porque no habéis sido testigos de la mala uva que pueden llegar a tener).

A todo esto, yo no es que sea una persona con poca paciencia, pero con este panorama, mis reservas se fueron agotando, agotando... y llega un momento en que ya estallo a la mínima. Es imposible hacerles entender que esto es consecuencia de no habernos dado ni una respiro a sus progenitores estas vacaciones. Peleas, discusiones, gritos, insultos, amenazas... Por ambas partes, of course, porque esta es una situación que se retroalimenta. Está claro que la debe cortar el adulto, que es más racional y cabal y blablablabla... ¡Pero también es humano! Y cuando sale el troll que tenemos dentro... ¡Sale desatado! Y pocas barreras pueden mantenerlo a raya.

La única suerte es que nos queremos y eso se nota muuucho. Normalmente, tras la tormenta vienen los abrazos, las disculpas por los excesos, los besos, los "No volveré a hacerlo" (por ambas partes evidentemente. Los adultos también erramos)... Pero está claro que ellos vuelven a hacerlo y yo vuelvo a estallar.

No es sólo que siempre anden a la gresca entre ellos por temas demasiado recurrentes como "Quiero el juguete que tiene el otro aunque hayan mil a mi alrededor", es que son demasiado proclives a regalarme reproches y críticas injustas con demasiada facilidad. En plan, "¿No me vas a comprar nada? Malaaaaaa", ¿Que no hay postre? Brujaaaa", "Que no puedes jugar conmigo más que diez minutos cada una de las setecientas veces que te he llamado porque tienes que poner dos lavadoras, recoger la cocina, hacer la cena, marcar mis libros... Eres la peor madre del mundooooo". Y no es que me duela ni que me crea sus palabras. Nooooo. Han usado demasiadas veces ese truco como para tocar mi corazoncito. El problema es la falta de respeto constante. Los "Callate", "Cierra la bocaza", "Estás tonta"... Es oír algo así de boca de mis churumbeles, se dirijan a quien se dirijan, y salida inmediata del troll.

Y mi troll da miedo, verdadero miedo. Sólo me creen los que me han visto en faena (¿Verdad mamá? ¿A que no miento hermanita ¿Usted que opina señora desconocida que se alejó disimuladamente de nosotros el otro día en Kiabi y no me extraña). Si fuera por Raúl encerraba al troll en un cofre de siete llaves y lo tiraba a las profundidades abismales hasta el fin de los tiempos, pero no es tan fácil.

Primero hago un intento de dialogar, de razonar, de llevarles a la zona de tranquilidad para que puedan pensar. Evidentemente, fracaso estrepitosamente. Entonces empiezo a ponerme nerviosa, a comerme palabras, a tartamudear... Y por fin a bramar de una forma espeluznante. Me cambia la voz, la cara y yo diría que se me ponen los ojos rojos, mi pelo se vuelve fuego y escupo lava, pero eso no lo aseguro con mucha firmeza. Cuando llego al nivel 10 troll es que me la han liado parda pardísima pardísima.

Entonces,  mi hijo mayor comienza con su discurso de "Tranquila mamá. Es normal que nos portemos mal. ¡Somos niños! Espera que te voy a hacer un masaje y ya verás que nos quitas esos siete castigos en un plis plas. Además, nos quieres. Eso es lo importante, Eeeeeeso". Y el pequeño por su parte empieza a soltar su versión del discurso que les he soltado yo en la primera etapa pretroll (por lo menos sé que me escucha, aunque no entienda lo que digo): "Es que desde que empezaron las vacaciones nos portamos mal y no sabemos por quéeeee. Ese es el problemaaaaaa. Pero esto se soluciona hablaaaaando. Porque nosotros cuando nos portamos bien somos bueníiiiisimos. Lo que pasa es que ahora no nos portamos bien porque estamos asalvajados. Y ese ¡ese! es el problema mamiiiii. No es nada justo que nos castigues. ¡La culpa es del verano! Castígale a él. ¿No? Yo te prometo, te promeeeeeto, que voy a intentar muchísimo, muchísimo portarme bien, pero si no lo consigo no es culpa mía. Eeeeeeh".

¿Seguro que la adolescencia es peor que esto?¡¡¡¿¿Segurooo???!



lunes, 8 de mayo de 2017

Regalitos del día de la madre

Anda que parezco tonta, pero me encanta que mis niños me traigan un detallito por el día de la madre. Los atesoro como si fueran de oro. Y es que me lo dan con una emoción... Bueno Daniel, porque Iván estaba a otras cosas y me lo soltó diciendo "ábrelo sin mí". ¡Será bicho! Menos mal que recapacitó y me hizo entrega formal de su regalo.

El primero en dármelo fue el mayor (ya os habréis dado cuenta que no esperamos al domingo). Estaba deseando que lo viera. Me pidió que cerrara los ojos y, cuando los abría tenía una preciosa tarjeta hecha por él íntegramente entre sus manos. Y de lo más original. En una cara ponía "Happy mothers day", en la otra "I love mum" y si la abrías se desplegaba una tira verde con el mensaje de "I love mum" de nuevo. Me derrito con estas cosas.

El pequeño, entró por el aro y, cuando terminó sus asuntos, vino a darme su regalito también muy ilusionado: un precioso collage plastificado con nuestra foto de protagonista. ¡Precioso! Ya tengo ambos detalles adornando las paredes y estanterías de mi casa.

El domingo me sorprendieron con un montón de cositas que necesitaba para renovar un poco mi vestuario: un par de vaqueros (mi uniforme de todos los días), una camiseta de color coral (que me encanta) y un bikini para jubilar los que tengo y que ya se están cayendo a cachos.

jueves, 27 de abril de 2017

El sorteo misterioso de Mi Alter Ego

Conmemorando el Quinto cumpleaños del blog Plagiando a Mi Alter Ego, Forlan..., digoooo... Mi Alter (hay que ver como se intenta hacer con el mando este lindo gatito) lanzó un sorteo muy original, como es ella misma.

Nada mejor para picar la curiosidad de sus múltiples seguidores que no desvelar el objeto u objetos a sortear. A mí, desde luego, me caló, porque me moría de curiosidad. De hecho pedí expresamente que, por favor, quien ganara el sorteo hiciera un post desvelando el misterio. ¡Y me tocó a mí! Que subidón. Cuando vi mi nombre no podía creerlo. Que suerte.

Mi Alter, que no hace nada a lo loco, se puso a pensar en algo ideal para mí (¡¡¡¡que ilusiónnnn!!!). Lo mejor de todo es que me mandó un mensaje directo para pedirme la dirección y la cosa quedó en que era mejor quedar y desvirtualizar, aunque aún no sabíamos si con niños, sin niños, con gatos, sin gatos, con churris, sin churris... Casi casi se viene la pobre a este caos tremendo que llamamos hogar (no sé si su paz mental hubiera sobrevivido a esta casa de locos jajaja).

El caso es que mi maridín tuvo un gesto precioso y cuando le conté el asunto me contestó: "Se te ha ido la olla o qué. Queda en una terracita como todo el mundo normal hija de mi vida. Y sin fieras de ningún tipo, of course". Y claro, le hice caso.

Lo cierto es que fue la mejor opción porque así pudimos charlar tranquilamente de nuestras cosas. La verdad es que Mi Alter Ego es incluso más maja en persona que en su blog. Y el regalo sorpresa no podía ser mejor: Un cuaderno y dos tazas de Star Trek. ¡¡¡Uauuuu!!! Cómo se lo curró. Mi marido dice que a él también le cae muy bien y mis churumbeles han intentado hacerse con el que será mi diario de a bordo de la nave Enterpr... Digoooo... Mi cuaderno de notas para el blog.

¡¡¡Muchas gracias por el sorteo!!! Vaya regalazo. Me ha encantado :D

miércoles, 19 de abril de 2017

Sello madresférico: Experiencia Mary Kay

Ahora que se acerca el buen tiempo me entran unas ganas locas de cuidarme, mucho más que en épocas de frío. Confieso que en invierno mi idea del culto al cuerpo se ajusta a un buen cocido con siesta posterior. El abrigo todo lo cubre. ¡Que más da! Pero los grados van subiendo y voy desempolvando la operación bikini y las cremitas que me protejan de las inclemencias del verano. Así que cuando me cogieron para el sello de calidad madresférico de Mary Kay me puse la mar de contenta. Me iban a mandar un set para el cuidado de la manos, un pintalabios hidratante y un desmaquillante de ojos que prometían mucho.

Cierto es que las inclemencias del invierno también se las trae, pero parece que sólo me centro en la cara y, como mucho en las manos. Yo soy de las que se pone el body milk directamente en todos los lados, así que no es raro que me sorprendieran muchísimo los resultados del primer producto que probé: Set Manos de Seda Satin Hands Té Blanco & Cítricos.

Incluye Tratamiento Suavizante de Manos Satin Hands 60 g, un Gel Exfoliante Satin Hands 220 g y una Crema de Manos Satin Hands 85 g. Mis manos de bruja parecen haber retrocedido unos cuantos años y ya no las veo tan rugosas y ásperas. Las noto más suaves y con mejor color.

Mi marido, que echa mano a la crema de vez en cuando, también asegura que ha notado resultados. Éste producto es aconsejable para las que les gusta mimarse sin reparar en las horas porque son tres pasos y si vamos estresadas no se disfruta.

En mi caso, confieso que lo que más uso es la crema. El exfoliante en contadas ocasiones y a veces el tratamiento. Me encanta el perfume del exfoliante y de la crema. El tratamiento, como la llaman, me huele a almendras, aunque en el prospecto dice que no tiene olor. Tampoco me disgusta, aunque su pastosidad sí que me resulta menos agradable que la suavidad de la crema. Esa última sí que se me va a acabar enseguida.

El otro producto que nos enviaron fue un Lápiz de Labios Gel Semi-Mate Mary Kay de color morado que me encanta. Es muy agradable en contacto con los labios e hidrata a la vez que da un color muy vivo que alegra la cara. Es lo que más me ha gustado. Lo estoy usando casi todos los días con muy buen resultado.

Y por último, hablaros del Desmaquillador de Ojos Líquido Mary Kay, que le hizo más ilusión a mi marido que a mí porque ya estaba cansado de verme ojos de no muerta cada dos por trés. Con esto quiero decir que no suelo usar ningún desmaquillante. Con agüita y papel higiénico voy que me mato. Y, claro, así que el resultado no era el más óptimo. En cambio, éste me quita todo el maquillaje sin mucho esfuerzo. Quizás cuesta un poco más con el delineador (el que uso es muy resistente) pero el resto me lo quita casi de una pasada. Lo sé porque me maquillé a posta con sombra, rimel y delineador muy marcado. Sólo para hacer la prueba. Y me dejó la mirada limpita y sin rastro de ojeras pintadas ni churretones.

Lo que no me gustó mucho es que también se queda la piel muy aceitosa. Supongo que eso es bueno para la hidratación, pero la sensación no me resultó nada agradable. Así que me lavé la cara para quitarme el aceite y listo. Mi marido está muy contento de verme por fin sin el más mínimo rastro de maquillaje.