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sábado, 10 de abril de 2021

Los guardianes del sueño

"Uy, que tarde es. ¡A la cama chicos". Siempre cuesta un poco que las fieras se vayan a dormir. Normalmente están demasiado animados como para meterse en la cama, pero con paciencia amor y algún que otro grito acabo lográndolo en un tiempo aceptable.

Pero justo esa noche me iba a encontrar con una problemilla inesperado.

"Iván, ¿qué haces en la entrada?"

"Mmmm... Naaada"

"Pues ve yendo a la cama. Ahora voy yo a darte el beso de buenas noches"

"Mmmmm.... vaaale"

"Vaaaale. Y... ¿por qué no te mueves??"

"Puessss... no sé"

"¿Tienes miedo porque la luz del pasillo está apagada?"

"Mmmm... pueeede". Nunca ha tenido miedo a la oscuridad. Su hermano cuando era más pequeño sí, pero él no. Eso sí que no me lo esperaba.

"¿Demasiados tiburones asesinos y Titanes descontrolados?"

"No, no... no sé. Es que me da un poco de respeto"

"Vamos, que te acompaño. Aunque creo que es un miedo sin sentido porque en tu misma cama tienes un gato cometiburones de cuidado. Sin contar con Perrito, más conocido como el revienta nucas titaneras. O Lorencito el destripa monstruos...". Con cada nueva aportación de mi imaginación el peque se iba animando más y más.

"Es verdad mami. Y también Pandita el revienta arañas gigantes", aportó entusiasmado.

"¡Exacto! Con ese ejército de peluchas ya me contarás quién se atreve a perturbar tu sueño. ¡Hala! Métete en la camita que le doy el beso", le arropé y le dejé tan feliz entre sus peludos amiguitos.

Al día siguiente percibí enseguida que el peque había hecho una visita al rincón de los peluches y que el ejército había sumado nuevos reclutas. Y entre tanto peluche, estaba el peque despatarrado y roncando como un bendito. Pensé que me daría la noche con pesadillas o que le costaría dormirse, pero que vá. Los muñecos me salvaron el sueño.

Cuando, de nuevo, llegó el momento de darle el beso de buenas noches, se tumbó en medio de la cama y empezó a desplegar a sus tropas: "Manchitas y Cebrita al flanco este; robot asesino, Platanito y Brócoli al norte, Azul; Piojo, Dragón y Natillas...". Y así se pegó un buen rato colocando para poder dormir feliz y protegido. El la nueva rutina.

Mi marido dice que con estas cosas les lleno de manías, pero duerma yo tranquila ríase la gente, que descansar es necesario para tener buena salud. Lo único que como el peque crezca un poco más alguién se va a tener que ir de esa cama.

sábado, 16 de mayo de 2015

La pandilla peluda que acompaña las noches de Iván

Al principio nuestra benjamín sólo pedía a Perrito a la hora de ir a dormir. Lo achuchaba con fuerza y se tumbaba tan a gusto. Pero, de repente, una noche me miró un poco angustiado y me soltó: "Necezito un peluche"susurró, "Pero si ya tienes a perrito" le contesté un poco sorprendida. "Otrooooo". Para él era tan obvio que no entendía que su madre no lo hubiera pillado a la primero. Así que me pasó por la habitación de los juguetes, cogí el primero que encontré y le entregué un monito muy gracioso al que se le alargan o acortan las piernas y brazos, según por donde tires.

Muy contento se dio la vuelta con un animalito peludo en cada brazo y se quedó dormido casi al instante.

Así estuvo unas cuantas noches, pero de repente, en un momento en el que s eme ocurrió pasarme por la habitación delos peques para arroparles, me encontré con que Iván casi no cabía en la cama de los habitada que estaba. Al mono y a Perrito se les había unido una serpiente, un oso, un dragón y una rana. ¡Casi nada! Cuando le pregunté al día siguiente, me contestó: "Los quero todooooos". Así que ahí anda con su selva cada noche, aunque la serpiente ha desaparecido, porque se la quité en cuanto tuve oportunidad. Me da miedo que se le enrede al cuello y se pegue un buen susto nocturno.

jueves, 23 de abril de 2015

Tele, cine... ¿Pesadillas?

Mis peques absorben toda la información relacionada con zombis, monstruos y demás galería del horror con extremada facilidad.

Estamos en una etapa de intentar llevarles a ver cosas con animalitos y mucho tralalala, pero ellos se resisten entonando su grito de protesta: "Queremos zombiiiiiis". Aún así, papá y mamá persisten en su objetivo y les están restringiendo cosas como Bob Esponja y las tortugas ninja porque... ¡han vuelto las pesadillas! Sí, señor. Se despiertan gritando aterrados en mitad de la noche. Viene mami a consolarlos, se vuelven a dormir como angelitos, pero ¿que pasa con mami? ¿Eh? ¿Eh? Exacto. Que después de los gritos aterradores es ella la que no se duerme.

Así que, no se las hemos prohibido (es la mejor manera para que de repente les apetezca mucho más verlas), pero sí que intentamos desviar su atención hacia otras cosas como El Inspector Gadget, Érase una vez la vida o Los osos amorosos.

La última que vimos en el cine fueron los Boxtrolls y fue taaaan bonita. Aunque con alguna escena que pudiera dar lugar a pesadillas... Es imposible aislarles del mundo ¿no?

Encima a Daniel le ha dado por tener miedo en su propia casa. Ir sólo a cualquier habitación que no sea el salón le cuesta muchísimo. Incluso de día. En cambio, fuera de casa es un temerario. ¿Alguien lo entiende? Espero que se le pase pronto esta fase.

Todas las noches les hablo de situaciones idílicas para que tengan sueños bonitos: Playas con arena de azúcar de colores, montañas de helado de diferentes sabores, situaciones en las que pueden volar o tienen superfuerza, fiestas con animalitos encantadores... Cuando termino la ronda de sugerencias, les soplo la frente para ahuyentar a las pesadillas de sus mentes y les dejo bien arropados con la luz del baño encendida y la puerta semiabierta.
En cuanto se duermen les apago la luz. Últimamente, no hay noche que no me llame al menos uno a grito pelado y aterrorizado. Aunque he de decir que creo que el método "inducir sueños bonitos" como sea está dando sus frutos y parece que cada vez disfrutan de noches más tranquilas. A ver si conseguimos erradicar esas pesadillas tontas.

viernes, 21 de noviembre de 2014

¡¡Demasiada autonomía nocturna!!

En vista de que estoy que me caigo y mis ojeras ya no pueden ser más oscuras, el papá de las criaturas ha decidido tomar cartas en el asunto. A mí me ha aleccionado con el discurso de "No pueden depender tanto de ti" y a los críos les ha bombardeado con la política de "Hazlo tu mismo".

No lo veo mal, pero la realidad es que, cuando se despiertan y lo ven todo tan oscuro, lo primero que se les pasa por la mente es llamar a mamá. La razón: no ven nada y les asusta.

Cuando los metemos en la cama les dejamos la luz del baño de enfrente a su habitación encendida por petición expresa de los chiquillos. Y cuando nos acostamos se la apagamos. Si se despiertan en medio de la noche se la suelo volver a encender para que se duerman tranquilos. Todo esto viene a cuento porque me he dado cuenta de que, cuando la luz está prendida, me llaman mucho menos. Beben ellos solitos el agua, se tapan a su manera, Iván se busca el chupete y si no lo encuentra coge el otro que hay en la repisa de la pared...

Pero si está la luz apagada no dan pie con bola y acaban por llamarme entre lagrimones y sorbos de moquetes. Ni Raúl ni yo somos partidarios de incrementar sus malos hábitos y la cuenta de la luz con esta mala costumbre. Así que normalmente, me tocan malas noches hasta que me canso y le doy al interruptor mandándolo todo a la porra frita.

Una noche, oí como el mayor se levantaba de la cama, se dirigía al baño, hacía pis y... ¡No se volvía a su cama! Cuando lo intercepté estaba a punto de darle al botón de encendido en el mando de la tele. "¡Pero si son las cuatro de la mañana!" Exclamé horrorizada al verle tan dispuesto a comenzar el día. "¿Y?" Me contestó tan pancho. Mis explicaciones no le convencieron nada y al final le arrastré muy contrariado hacia su habitación. Espero que se volviera a dormir, aunque cuando sonó mi despertador vino raudo y veloz a mi encuentro con una sonrisa de oreja a oreja "¿Ya me puedo levantar? ¿Ya es de día?" ¿Habría dormido algo desde las cuatro? Nunca lo sabré

martes, 1 de julio de 2014

Entramos de nuevo en la era de las pesadillas

De nuevo nuestras noches se nos llenan de gritos y sollozos. Esta vez, el protagonista es Iván, que ya estaba tardando en entrar de lleno en la edad de la pesadillas, Y eso que su hermano mayor se lo pone fácil con sus historias truculentas sobre zombis y monstruos.

El pequeño no llega a tener una vida interior tan tenebrosa, pero sí que se despierta llorando casi todas las noches. Con muchos mimos y tumbándome a su ladito unos minutos logro tranquilizarle y que coja el sueño de nuevo. Aunque no es raro que vuelva a llamarme asustado en más de una ocasión. Resultado: a la mañana siguiente sí que hay un zombi en la casa, ¡mamá! En cambio el peque siempre se levanta como una rosa. ¡Incluso sonríe!

Intentar minimizar el impacto externo para evitarle el sufrimiento nocturno es casi imposible, porque ya se encarga Daniel de adornar sus días con tenebrosas historias. Por mucho que le riño, siempre me lo encuentro calentándole las orejitas a base de criaturas grotescas y situaciones violentas.

Incluso un día me los encontré discutiendo si Iván iba a morir o no. Mi ira no tuvo límites, pero el mayor sigue erre que erre en cuanto me doy la vuelta. Iván parece inmune a sus pullas... hasta que llega la noche y empiezan de nuevo las pesadillas. No sé que sueña, porque no me lo cuenta. Mi primogénito era propenso a vérselas con cucarachas gigantes. Aún hoy me hace mirar en un lado de la cama para cerciorarme que no hay ninguna. Pero el pequeño sólo llora desconsolado y me agarra la mano hasta que se duerme.

¡Espero que se le pase pronto!

sábado, 28 de junio de 2014

Cambio en las camas de alto riesgo para Daniel

Los niños han cogido al costumbre de saltar en la cama del más pequeño. Y esto se debe a que forma parte de una cama nido y que está a ras del suelo con las patas recogidas para que, si se cae mientras duerme no se caiga de muy alto. Cada vez que saltan oigo chirriar las patas contra mi tarima flotante y me pongo de los nervios.

Así que el papi ha decidido alzar la cama conflictiva y pasar la barrera de protección del mayor al más chiquitín. "Daniel ya esta muy crecidito para necesitar este cacharro" Fue su conclusión. Que no la mía, porque, para empezar, el chiquillo se ha acostumbrado a dormir totalmente pegado a la barrera y a apoyarse en ella. "Pues en cuanto se caiga un par de veces, ya se desacostumbra" fue lo único que pude sacar del progenitor de hielo.

Con todo le dolor de mi corazón, pero por le bien del suelo, se alzó la cama de Iván y se hizo el cambio. Como yo no podía dejar las cosas así, le puse una almohada extra a mi niño mayor en el borde y la sujeté remetiendo las sábanas bajo el colchón todo lo que pude. 

La artimaña funcionó, porque amanece abrazado a ella y no en el suelo. Aunque ya hemos tenido un par de sustos. Uno él, que se despertó al impactar contra el frío y duro suelo. Y otro yo, que una noche que acudía presta a atender los lloros de su hermano, le pisé y me llevé un susto tremendo pensando que era un gato. Estaba tan profundamente dormido que ni se enteró del atropello.

Ojalá el padre tenga razón y no me lo encuentre durmiendo en el suelo nunca más.

viernes, 7 de febrero de 2014

El fantasmita de mi casa

Hay noches en las que el pelo de la nuca se me eriza y noto una presencia observándome a través de los cristales de la puerta del salón. Levanto la vista y me encuentro dos pálidos ojos fijos en mí que hace que el corazón me dé un vuelco del susto.

Otras veces, salgo precipitadamente de una estancia a otra y, literalmente, me como a esa pequeña presencia, llámese Iván, porque ni la había visto.

¡Cómo le cuesta dormir a este pequeñajo! Cuando ya crees que lo peor ha pasado y que por fin permanecerá en su cama, te sorprende con una incursión inesperada de exploración hogareña.

Hay madrugadas en las que oigo ruidos raros y, cuando me levanto para comprobar que los gatos están encerrados en el salón para evitar que usen sus garras destructivas en mi muebles, me encuentro con el pequeñín jugando tranquilamente o parado en una esquina con cara de pena. ¡Se me cae el alma a los pies!

A veces me mira con cara de culpable y me suelta: "Toy cansado, mamaaaaa". Y yo le cojo de la manita o le cargo hasta su camita. Le doy agua, le arropo, le acaricio la cabecita, le doy un beso y me marcho a mi propia cama intranquila. ¿Cuánto tiempo habría pasado desde que se levantó hasta que lo encontré? ¿Y cómo se despertará mañana para ir a la guardería? Casi prefiero que me llame llorando desde su cama para despertarme al instante y atender sus necesidades.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Cuento de terror

- Mamiiii, queremos un cuento de terror. Cuéntanos uno porfiiiii- Me pidió mi niño mayor muy zalamero la otra noche.

"¿Un cuento de terror?" pensé yo "¿Para que tengan pesadillas y mis noches sean aún más terribles?" mientras lo iba pensando se me iba encendiendo una bombillita en la mente.

-¿Queréis una historia de terror? ¡¡Yo os voy a dar la historia de terror más terrorífica de mundo!!- Les prometí.

- Una mamá veía tan tranquila la tele cuando, de repente, ¡un grito desgarrador rompió la tranquilidad dela noche! Con los pelos de la nuca de punta, la mamá se levantó y corrió como alma que lleva el diablo a la habitación de sus pequeñines.
Su hijo pequeño, de dos años, lloraba inconsolable: "Mamá. caca", gemía. La mami se cargó de valor para enfrentarse a ese pañal maloliente. Llevó al bebé a su cama, extendió una toalla, preparó los útiles, despojó al peque del pijama manta, del pantalón del pijama... peleando con esas piernecitas inquietas y tratando de evitar desastres. Cuando terminó de limpiar y de volver a vestir al chiquillo, lo dejó en su cama para que siguiera con su sueño.
Agotada por el esfuerzo, informó a papá de que se iba a la cama, pero no había tocado su cabeza la almohada cuando otro grito desgarrador hizo que se le desbocara el corazón. Temblando por lo que pudiera encontrarse volvió a acudir a la habitación de los niños. Su hijo mayor, de cuatro años, le informó que necesitaba ir al baño.
La mamá le ayudó a bajarse el pijama manta y dejó que el resto lo hiciera sólo por eso de alimentar la autonomía. Entre el sueño, la legaña pegada y la falta de coordinación, el pequeño mojó todo, menos el váter. Al borde del ataque de nervios, la mamá cambió al chiquillo, lo metió en la cama y limpió el baño a mil por hora.
Terriblemente cansada, le pidió al progenitor que cuidara de las fieras hasta que se fuera a la cama para que ella pudiera descansar. Papá le aseguró que él se encargaría de todo.
Más tranquila, volvió a meterse en la camita, cuando, de repente, un berrido desgarró la noche. Los lloros seguían y seguían y nadie acudía a ver que pasaba.
Aterrorizada, la mamá acudió al salón para ver que era lo que impedía a papá acudir en socorro de sus hijos. Se esperaba una escena digna de una película de horror, pero se encontró con que papá había cerrado la puerta mientras veía la tele y que era incapaz de oír a sus retoños. Tras comprobar que su marido estaba bien, corrió a la habitación infantil. "Mamá, ¡bibiiiii!" exigió su bebé con voz autoritaria.
La mamá fue a la cocina, llenó el biberón de agua, se lo tiró a papá por la cabeza, volvió a la cocina, lo relleno de leche y cereales, lo calentó en el microondas, lo agitó bien, se lo dio al peque y se volvió a acostar.
A partir de ahí pudo dormir un par de horitas antes de que su marido se metiera en la cama y le dejara las fieras a su disposición."

Los peques se partían con la historia. Iván se reía más de las muecas y voces que yo iba poniendo y Daniel del argumento.

Salí de la habitación pensando en la base real en la que se basaba el cuento. Eso me puso la carne de gallina.

Esa noche también fue terrorífica para mí.

domingo, 6 de octubre de 2013

Iván y su camita

Iván duerme en camita desde que se fue a agosto a Covarrubias y Raúl se dio cuenta de que, o tomaba cartas en el asunto o nuestro querido bebé acabaría descalabrado a los pies de la antigua cuna en la que él mismo había dormido hace ya unos cuantos años. Bastantes, pero no diremos cuantos jejeje.

Por iniciativa propia, le tiró un colchón al suelo, lo rodeó de cojines y almohadas y ¡ale! ya tenía el peque su primera cama. Tanto le gustó que decidimos seguir con el plana cambio de cuna a cama en Madrid.

Hicimos lo mismo que con el mayor. Le compramos una funda edredón bonita para que su camita fuera más atrayente y no le diera por salir a pasear a altas horas de la madrugada. En el caso de Daniel la eligió el mismo, pero con Iván nos encargamos sus papis porque él no estaba presente en el momento de la compra.

Cuando vio sus sábanas se volvió loquito de la alegría. Se metió debajo del edredón, a dar patadas, a bucear entre las sábanas... Daniel lo miraba con envidia y pidió unas sábanas iguales. La verdad es que son monísimas. Si algún día volvemos por la tienda le daremos el gusto.

Iván se acomodó muy fácilmente a la nueva situación y no es normal que dé paseos nocturnos. De hecho, creo que duerme mejor que antes.

jueves, 27 de junio de 2013

Las pesadillas

"Mami, yo sólo tengo sueños malos y quiero tener sueños bonitos. ¿Por qué no tengo sueños bonitos?" Me preguntó el peque muy preocupado un día.

Mi mente se trasladó a un pasado no muy lejano.

"¡Venga Mickey! ¡Acaba con él! ¡Rómpele la cabeza!" Jaleaba Daniel mientras veía capítulos antiguos del famoso personaje de Walt Disney.

"Mira mami. Voy a cortar el tiburón, le voy a sacar la piel, la sangre y los huesos" Me explicaba mi hijo entusiasmado enarbolando una animal de plástico delante de mis narices.

"Soy Rafaelo y voy a machacar a esos roboooooots" grita mi primogénito por el pasillo espada en mano.

"Mami, Gael y yo le vamos a cortar la cabeza a Luis y nos la vamos a comer" aseguran Daniel y su amiguito muy sonrientes.

De golpe vuelvo al presenta y a la conversación que nos ocupa.

"Ummmm. Hijo. ¿Has probado en pensar en cosas bonitas primero?"

martes, 25 de junio de 2013

Daniel dice que es demasiado mayor para las siestas

Desde que Daniel empezó el horario de junio, sólo de mañana, en su cole y acude a la ludoteca por las tardes se acabaron las siestas. En el centro ya no las hace y ha extendido la costumbre a casa. ¡Con los sana que es! Asegura que ya es mayor y que por eso ya no tiene que hacerlas. Claro, que ha cierta hora de la tarde ya hay que empezar a aguantarle el mal humor, pero luego se queda frito en cuestión de minutos cuando es la hora de ir a la cama. Me sigue costando convencerle para que se tumbe, pero cuando lo hace no pasa mucho tiempo hasta que le oigo roncar bajito.

sábado, 8 de junio de 2013

Manías nocturnas

Daniel sigue insistiendo en que mamá duerma con él y mami se tumba con él muchas noches, pero otras no porque no puede y no quiere que se acostumbre a su constante presencia.

En esas ocasiones Daniel se rodea de peluches y muñecos. "Mami, ¿Me das un osito?" "Claro cariño", "Hummm, ¿Me das otro?" "Por supuesto" (Menos mal que hay por lo menos tres por la casa), "¡Uy! Me falta Lobezno", "Pero ese muñequito es muy duro como para dormir con él" objeto, "Porfiiiiii" y mami le da el muñequito de plástico... Lo que sea con tal de que se duerma tranquilo. "Y no te olvides de dejar la luz del baño encendida ¿Eh?" Ni se me ocurre. La luz del baño bien encendida para no tener llantos desconsolados en medio de la noche.

Todo en su sitio y ya puedo ponerme a hacer mis cosas. "Buaaaaa" excepto por el pequeño detalle de que se ha despertado el bebé. Llora e hipa sin para y ya no sé que hacer. En el último momento se me ocurre la feliz idea de acercarle un frailecillo de peluche que le trajo su papá de su viaje a Islandia. Éxito. Se abraza a él y se queda dormidito. ¿Habría visto la tropa que acompañaba a su hermano y tendría celos? Todo puede ser. El caso es que llevamos ya tres noches de amor incondicional a su frailecillo.

Hay que ver la de manías que tienen estos pequeños.

martes, 14 de mayo de 2013

¿¿¿Pero que le pasa a Ivaaaan???

Ya son míticas mis malas noches porque mis hijos no duermen bien. Si no es uno es otro, si no son pesadillas, es que tiene calor, o sed, o les da miedo la oscuridad, o tiene tos... Pocas veces me dan un respiro.

Últimamente, Daniel duerme del tirón. Toco madera para que siga así. Pero Iván se desvela y puede estar dos o tres horas pidiendo atención cada cinco o diez minutos. Una tortura total. No hay manera de que se duerma. Él se tumba para un lado, para el otro, del revés del derecho, bebe agua, se agarra al edredón, se lo quita a patadas, succiona el chupete a mil por hora, pero no ha manera. Se acaba aburriendo y me llama a base de lloros.

La otra noche ya fue exagerado. Sólo durmió una hora. De cuatro y algo a cinco y algo. El resto de la noche tuvimos baile continuo. Hice caso a Desiree, de Duerme feliz, sin llorar y me paré unos segundos a observarle por si lograba dilucidar que le pasaba. Si le veía un poco calentito, le retiraba el edredón y le ponía una mantita más fina, pero a la siguiente vez me lo encontraba encogido con lo que presuponía que tenía frío y volvía taparle con el edredón. Cuando los gritos elevaban mucho el tono lo mecía en brazos para tranquilizarlo. Si sólo eran gemidos sin fuerza le dejaba a ver si se dormía solito... Pero nada funcionaba, así que he llegado a la misma conclusión de siempre: ¡los dientes!

Esta noche le froto bien de Dalsy las encías a ver si hemos encontrado por fin el motivo. Eso o sedarle porque esta mami ya no puede más. Tengo tantos despistes al día que no puedo ni enumerarlos, no me entero de la mitad de las cosas, pierdo la paciencia al segundo, se me cae todo de las manos, me doy golpes tontos continuamente... Por favor Iván. Aprende a dormir de una vez y deja descansar a tu querida madre.

viernes, 12 de abril de 2013

Pulsos nocturnos

El peluche que quiere llevarse Daniel a la cama es mamá. Ya le he explicado que, alguna noche, me voy encantada con él, pero, hay otras, que mami tiene mucho que hacer antes de irse a la cama o que le duelen todos los músculos del cuerpo y adoptar rocambolescas posturas compartiendo un colchón de noventa con su querido hijito no es la mejor terapia, pero no hay manera de hacerle entrar en razón.

La noche que me tumbo a su lado hay paz (por su parte, porque Iván es otra historia), pero cuando se me ocurre negarme ya tenemos una guerra montada. Se puede pasar horas llorando a gritos, despertando a su hermano, pidiéndome que le tape, que le encienda la luz del baño, que le dé agua... Hasta que pierdo la paciencia y acaba llorando con razón.

Le regaño, me enfado, le amenazo... Incluso se gana alguna azotaina. Intento no perder el control de la situación y hablarle con tranquilidad, pero el sueño, el cansancio y la actitud déspota de mi primogénito no me lo ponen fácil.

Cuando se calman un poco las cosas, nos abrazamos, nos besamos, le explico que tiene que dormir, que ya estamos todos durmiendo, que mañana hay que madrugar... Le acomodo en la cama, le doy unos mimos y me tumbo en la mía con los ojos bien abiertos, esperando. Con un poco de suerte sólo me llamará un par de veces más antes de dormirse de puro agotamiento.

viernes, 22 de marzo de 2013

Asesoramiento bloguero

Toda ayuda es poca cuando tus hijos se ponen de acuerdo para arruinarte las noches. Nunca pierdo la oportunidad de recibir un consejo o alguna directriz en el tema del sueño. Y si me conviene, me falta tiempo para ponerla en práctica. Ahora he encontrado una asesora de lujo: Desiré de Duerme feliz, sin llorar. Es una persona maravillosa que se preocupa por los demás sin esperar nada a cambio. Su interés por el sueño de los bebés la ha convertido en una experta autodidacta que pone su conocimiento al servicio de la blogoesfera. Sus consejos son siempre respetuosos y coherentes con cada caso, según las distintos contextos.

He tenido el honor de ser parte de sus "Viernes especiales" en los que da a conocer un caso concreto para ayudar a través de experiencias reales a madres y padres que sufren noches de insomnio impuesto por los despertares de sus hijos. También es una forma de aprendizaje práctico para ella que no para de formarse para escribir con conocimiento de causa.

Estoy segura de que gracias a su ayuda y pautas conseguiremos que Iván acabe cogiendo un ritmo saludable de sueño.

Muchas gracias Desiré por preocuparte con tanto cariño de nuestros bebés.


lunes, 4 de marzo de 2013

Vuelven las batallas nocturnas

Después de esta larga y aprovechada tregua, los peques vuelven a la carga. Daniel se despierta otra vez con pesadillas y exigiendo todo tipo de servicios. "¡Agua!", "¡Pis!", "Tápame!", "¡Dame la mano, mami!"... Ahora dice que le da miedo dormir sólo. "Pero si duermes en la misma habitación que Iván y con papá y mamá muy cerquita" argumento yo. "Pero me da miedo que os vayáis todos por la noche y me dejéis solo" me contesta contrito. ¿De donde habrá sacado esa idea? También le da miedo cuando viene los malos, los superhéroes y las cucarachas a visitarle. ¡Vaya fiestas que se montan en su habitación! Y yo sin enterarme de nada.

Iván tampoco se queda atrás. Hasta un biberón de madrugada le tuve que endosar una noche totalmente desesperada. Hacía tiempo que habíamos dejado atrás esa costumbre. Y, precisamente esa noche, se había puesto las botas en la cena.

¿Qué ha cambiado? ¿Por qué se ha acabado lo bueno y volvemos a las noches toledanas? Ni siquiera se puede decir que haya sido por un viaje o por el cambio de horario, ni siquiera por unas vacaciones...

A ver si realmente normalizan de una vez sus patrones de sueño y me dejan vivir... Quiero decir: dormir.

lunes, 25 de febrero de 2013

Nuevo método para hacer dormir a Iván

Desde hace un tiempo, he dejado de  sacar a Iván de la cuna cuando me llama por las noches. Le pido con cariño que se tumbe, le acomodo la cuna para que esté a gustito, me siento al lado, encima de un cojín y paso mi mano por entre los barrotes para que la note cerca. Así se queda dormido tan a gusto. Y si se despierta de nuevo no se asusta por encontrarse en un lugar diferente al que se durmió. Me está dando un resultado excelente. Tanto que se despierta muchísimo menos. Cruzo los dedos para que siga así mucho tiempo.

viernes, 1 de febrero de 2013

¡Del tirón!

¡Milagro milagro! Han dormido del tirón toda la noche ¡los dos! Si no hubiera sido porque es la noche que eligió la gatita para quedarse encerrada en mi armario y despertarme a maullidos lastimeros hubiera dormido: ¡Nueve horas seguidas! Que lujo, que emoción, que momento tan memorable. Muy bien hijitos. Seguid así. Me habéis hecho la mami más feliz del mundo. Hoy seré todo sonrisas, todo mimos, todo amor... ¿Veis que os sale a cuenta dejarme descansar?

lunes, 21 de enero de 2013

Adiós al biberón de madrugada

Llevamos ya unas cuantas noches sin que Iván pida su biberón nocturno. Esto supone un descanso para mí, que era la que tenía que levantarme a calentárselo y dárselo la inmensa mayoría de las veces. Con el ojo pegado daba tumbos hasta la cocina, sacaba el biberón mal que bien de la nevera, lo metía en el microondas que conectaba con la fuerza de la costumbre y luego se lo enchufaba al pequeño glotón mientras yo dormitaba sentada. Alguna vez me desperté con el bebé dormido en mis brazos y el biberón caído a un lado.

Las noches siguen siendo toledanas, aunque un poco menos. El peque empieza su sueño en la cuna y lo acaba en la cama de papá y mamá. Ya admite el colecho con alegría, pero siempre hay daños colaterales para sus sufridos padres. Ayer, Raúl se levantó con un ojo morado de un cabezazo casual de su retoño. Entremedias se suele despertar el mayor exigiendo mi presencia a su lado. Me tumbo con él hasta que se duerme u oigo berrear al otro porque se ha dado cuenta de que me he ido. Entre paseo y paseo me echo mis sueñecitos, que ya es más de lo que dormía antes.

¡Esto va por buen camino! Muy pronto los tendré a los dos durmiendo del tirón.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Gracias Raúl

Gracias por llevarte a los niños a casa de tu madre el jueves y parte del sábado del puente y así dejarme dormir y descansar un poco. Lo necesitaba más que respirar.

Eres el mejor marido y padre del mundo.