miércoles, 26 de septiembre de 2018

Fortnite, el baile de moda

Estoy más que acostumbrada a ver a niñas ensayando sus coreografías en los parques, pero lo de ver a los niños (por mucha coeducación que haya), ya era más raro de encontrar. Hasta hace poco, porque ahora los veo hasta por las aceras moviendo el esqueleto con unos bailes rarísimos. ¡Hasta mis hijos comenzaron a hacerlos!

Curiosa que es una les pregunté sin tardanza por el origen de esos bailecitos y, como no podía ser de otro modo, todo empezó con un videojuego... Encima uno al que no juegan, pero que están deseando hincar el diente: Fortnite. Me he informado entre sus amigos y madres de sus amigos y parece que no es ni peor ni mejor que un Plants vs zombies garden warfare (al que el padre ya ha dado el visto bueno tras ver tropecientos vídeos en youtube para ver cómo era). Así que le propuse al progenitor hacerlos felices, pero algo habrá visto por ahí que sigue reacio a darles el gusto, creo que por temas logísticos (por lo visto, sin mandos apropiados les van a dar una paliza de órdago). Y lo que dice mi marido en temas videojuegos va a misa, que es el experto en casa.

Pero, a ver que me disperso. El caso es que, así como Pokemon Go nos hizo andar kilómetros y kilómetros, Fornite les ha metido el ritmo en el cuerpo a mis niños. Ahora, cada vez que escuchan música se ponen a bailar como locos dando palmadas, haciendo el pra, el swis swis, el baile de losser y más pasos por el estilo. Bueno, con música y sin música, que eso es lo de menos. Incluso les ves en pandilla emulando los mismos movimientos. ¡¡¡Que lindoooos!!!

Por lo visto, una de las armas que puedes usar en este juego de guerra indiscriminada es una bomba del baile. Si te la tiran no puedes dejar de bailar y te machacan, claro. No podía ser nada bonito, está claro, pero mira, ahí les tengo haciendo ejercicio con los amigos y sin amigos de una forma un poco menos salvaje de lo habitual. Sólo por eso ya me está gustando el juego (hablando desde el más puro desconocimiento, por supuesto).

lunes, 24 de septiembre de 2018

Jugando por ellos 2018

Y una vez más hemos vuelto a Jugando por ellos, una maratón benéfica en la que te lo pasas bomba jugando a juegos de mesa y ayudas a animalitos en situaciones delicadas. Se celebra en un club de juegos con mucha solera y renombre: Mecatol Rex. En esta ocasión, las protectoras a las que iban las donaciones eran Huron life y La luz animal, ambas dedicadas al rescate y cuidado de los animales y a concienciar sobre temas tan tristes como el maltrato y el abandono. La primera está centrada en los hurones, porque cada vez son más los que deambulan abandonados y en pésimas condiciones. Por lo visto se ha puesto de moda adoptarlos como mascotas porque son parecidos a los gatitos en cuanto a carácter y muy cariñosos. Tanto amor que nos dan los animales y tan mal que les puede llegar a tratar la gente sin conciencia.

En esta ocasión, dejé de lado mi afán jugón y vestí la camiseta de voluntaria. Como tengo memoria de pez para las reglas, me pusieron en el Arcón Friki, un mercadillo con verdaderos tesoros a precios de risa (A ver, que Zombicide estaba a 40 euros, Ticket to ride Europa y Dixit a 15, los hombre lobo de Castronegro y los Q de Guerra de Mitos a 5... Y no sigo no sé ni porqué). No sólo se vendían juegos, que habían unos muñecos amigurumis de Anillo Mágico Gumi que eran monísimos (yo me llevé un koala precioso), Los libros de María José que son un tesoro, un cojín de patchwork hecho a mano que era una maravilla, libros a 3 euros, chapas, dados, llaveros... Y allí estaba yo atendiendo a los interesados y respondiendo las preguntas que estuvieran al alcance de mi conocimiento.

Al principio tuve poco trabajo porque ahí la gente iba a jugar (¡como debe de ser!), pero la voluntaria de la ludoteca agarró el micrófono, se puso a cantar las ofertas más jugosas y la cosa se animó mucho más.

Mientras, Iván estaba enganchado a una máquina recreativa y Daniel perseguía al pobre voluntario que se encargaba de las redes sociales y con el que hizo muy buenas migas. Al peque le vi jugando al juego de cartas de Minecraft muy entretenido en algún momento y el resto con la maquinita, pero el mayor creo que se pasó todo el rato relacionándose con unos y otros y comiendo las delicias del improvisado bar.

La ludoteca era completísima. Había juegos para todos los gustos. Raúl, como era voluntario para explicar reglas sí que se sentó con gente a jugar con la excusa de que así les ayudaba y tal. Yo miraba con ojos golositos algunos juegos de la ludoteca pero no me atrevía a alejarme mucho de mi puesto. Además me lo estaba pasando bomba charlando con todo el que tenía cerca, que yo soy mucho de darle a la lengua. Y hasta expliqué algún juego. Patchwork lo expliqué bastante bien; Azul fue un desastre total y tuve que pedir ayuda a uno de los chicos de Mecatol rex que andaban por allí (más majo que las pesetas); y Bild'it, como acababa de jugarlo y es de lo más sencillo que hay, lo bordé. A ver si para las próximas me empollo algunas reglas para ir preparada.

La verdad es que ha sido un placer colaborar con este evento lleno de buen rollo y amor por los animales y los juegos de mesa. ¡Ya estoy deseando que llegue la edición de 2019!







jueves, 20 de septiembre de 2018

Resultados del juego del verano para repasar

Ahora que tengo unos minutos de tranquilidad (unos pocos, no os creáis), me ha dado por hacer balance del resultado del juego que me dio por hacerle a los críos este verano. La idea era motivarlos para que estudiaran voluntariamente (o casi) y no pasar por el calvario de todas las vacaciones para que se sienten a repasar un poco (lloros, gritos, reproches, rasgadura de vestiduras, etc).

El método no puede ser más simple. Les hice un cuaderno de campaña para apuntar los avances. A cambio de una serie de actividades se les daba puntos que una vez cada siete días podían canjear por bonos (los que pudieran comprar con los puntos obtenidos sin límite) u objetos (Sólo uno cada día de mercado).

Evidentemente, los contenidos propios del curso daban muchos más puntos que los que eran realmente divertidos, aunque también didácticos, como experimentos, juegos o excursiones... También hice una tabla de penalizaciones por mal comportamiento a ver si lográbamos tener una época estival más tranquila, pero es más fuerte que ellos, me temo. ¡La de puntos que perdieron! y eso que yo era todo bondad.

De entrada tuve que poner ciertas normas para evitar el caos en las jornadas de estudio: tenían que hacer dos fichas obligatorias al día sobre contenidos de clase que yo les ponía y que podían ser de mates, ortografía, caligrafía, dictados, inglés, leer en voz alta... Y luego todas las fichas voluntarias que quisieran. Nada más terminar de desayunar se ponían primero con el hueso duro de roer de las dos fichas obligatorias y luego consultaban sus objetos de deseo para el día de mercado para calcular los puntos que necesitaba con las fichas secundarias justas (normalmente de unos libros de actividades de los superpreguntones que les compré y que eran chulísimos). Es la primera vez que me terminan los cuadernos vacacionales. He de aclarar que les puse las cosas caras para que se esforzaran.

Encima, al estar todo el día conmigo, se llevaban los castigos a pares y a millares, así que tenían que ahorrar mucho para poder comprarse un turno al día de 20 minutos de videojuegos (con el bono de comprar bonos fuera de día de mercado podían hacerlo).

Este fue otro ajuste que tuve que hacer sobre la marcha, poner un límite a los minutos de videojuegos porque se mataban haciendo fichas para poder jugar más y eso tenía muchísimos aspectos negativos. Primero que me invalidaba los castigos y les daba carta blanca para portarse mal. Y segundo que su intención era pegarse medio día haciendo fichas y el otro medio pegados a la pantalla. ¡Vaya razonamientos peligrosos! Así que al final, de los cuarenta minutos perdidos en cada castigo, sólo podían recuperar la mitad.

Otro fallo del sistema de juego fue poner las actividades divertidas tan baratas. Para poder canjearlas por los puntos tenían que registrarlas en su libro de campaña (Y de paso repasamos ortografía, caligrafía y expresión escrita), pero les parecía mucho trabajo para sólo cien puntos (frente a los 500 de las fichas de los cuadernillos vacacionales), así que hacían las actividades encantados, pero luego no les valía la pena hacer la ficha del diario. Entre tiras y afloja, las acababa simplificando mucho (incluso llegué a admitir dibujos esquemáticos cutrísimos, ¡que le vamos a hacer!). El caso es que jugaran, se motivaran para estudiar y se implicaran con el juego.

Lo cierto es que han estudiado más que ningún otro verano con diferencia, incluso demasiado, con el fin de recuperar esos minutos de videojuego perdidos en castigos merecidísimos, pero no he logrado motivarlos para que lo hicieran con el fin de mejorar sus debilidades académicas. En resumen, que lo hacían mal y pronto para ver si colaba (que no colaba y les mandaba repetirlo), así que nos hemos pasado demasiado tiempo en el pupitre dándole al lápiz. Y eso tampoco me ha gustado. Ni por ellos ni por mí, que tenía que dejar todo aparcado para corregirles, ayudarles, explicarles cómo se hacía esto u lo otro, cómo se escribe una palabra o cómo pueden expresar tal cosa o tal otra. ¡Vamos que he pringado como nunca!

Inicialmente la idea era que jugaran a este juego de lunes a viernes, pero al final quité el viernes también por mi bien ¡con bastantes protestas de mis churumbeles! Tened en cuenta que esos días era imposible recuperar minutos de tele o de videojuegos porque si no se juega no se puede intercambiar bonos.

Estaba previsto que el juego durara 30 días no seguidos, casi todo en julio, y dejar el resto de vacaciones de verdad, pero dejando fuera los viernes y algún otro día en el que yo no daba para más, nos fuimos a las TdN sin completarlos y con dos niños enfurruñados porque no habían podido comprar todos los objetos que querían. En agosto no les pedí nada relacionado con estudiar, pero el padre (que no había hecho seguimiento del juego) les sentó algunos días después de comer a hacer cosillas de repaso, así que cuando volvimos les di 5.000 puntos, por todo ese trabajo libre.

Reanudamos el juego la última semana de agosto y primera de septiembre, antes de comenzar el cole, y el último día de mercado los muy caraduras se pensaba que les iba a regalar los objetos que quedaban en el mercado. ¡Pero de eso nada! Los dejo para usarlo de tesoro en algún otro juego que se nos ocurra.

Aquí os dejo la lista de todos los post que hice sobre el juego:

Un juego épico para repasar en verano
Aprendiendo a estructurar relatos
Cuestionando al ratoncito Pérez
Batidos y sabores
Experimentos con líquidos mágicos
Cañones listos para luchar contra el monstruo
Leemos de forma divertida gracias a Rayuela de Librojuegos
Brochetas de fruta
Descifrando enigmas para encontrar el código
Trabajamos la expresión escrita gracias a María Jesús Campos
Cuchigato Blanquinegro

También hicimos excursiones que plasmamos en el diario de campaña, pero no me ha parecido que aporte mucho incluirlas en este listado.


lunes, 17 de septiembre de 2018

Exposición Fauna del Arlanza en el Arco de Covarrubias

Da igual el fin de semana que nos dejemos caer por Covarrubias que siempre hay algo divertido que hacer. Éste nos fuimos al pueblo pensando que no encontraríamos nada fuera de lo normal, pero, mira por donde, que en el arco hacían una exposición sobre la fauna del Arlanza chulísima.

Nada más traspasar la puerta, después de subir un montón de escaleras, a los niños se les salieron los ojos de la sorpresa y se ofuscaron por no saber ni por dónde empezar. ¿Por las fotos? ¿Los huesos? ¿Las casas de los pájaros? ¿Las pieles? ¿los insectos disecados?... "Mejor empezamos por el principio", me dijo el primogénito tirando de mi brazo entusiasmado... Sin darse cuenta de que me llevaba en sentido contrario a las flechas que indicaban la dirección más correcta para ver la exposición. Mientras, el pequeño saltaba de una cosa interesante a otra y me sacaba del recorrido a empujones para enseñarme su nuevo descubrimiento. Por supuesto, Daniel venía corriendo a por mí para llevarme de nuevo por el buen camino. ¡Qué locura!

Pero aún así pude verlo todo, aunque fuera a trompicones. Mientras el padre disfrutaba de cada detalle a su ritmo (que morroooooo). Lo cierto es que la exposición tenía elementos de lo más interesantes, como la despensa del alcaudón (un tipo de pájaro), que deja insertos en las ramas de los arbustos su comida, ya sean insectos o pequeños ratones, para comerlos cuando tiene hambre. ¡Que listo! También nos llamó mucho la atención las cámaras ocultas con sensores de movimiento y las curiosas fotos que tomaban de los animales La bandeja llenas de cacas de animales de diferentes tipos causaron sensación entre mis churumbeles.

En la mesa en la que se exhibía una trampa de osos, Daniel se pasó un buen rato despotricando y enumerando las diferentes torturas a las que sometería a los crueles cazadores que se atrevieran a usar tal artilugio del infierno. Los diferentes nidos y casitas para pájaros también fueron observados minuciosamente por mis dos investigadores y comentados pormenorizadamente, por supuesto. Se pararon en todos los elementos de la exposición. Menos mal que sólo era una sala porque los progenitores ya no sabíamos qué hacer para sacarlos de allí.

El guía que guardaba la sala respondió pacientemente todas las preguntas que le hizo el mayor. Gracias a él no enteramos que cuando las cuernas tienen pelo es porque todavía la sangre las recorre y cuando ya no lo tienen es porque se han convertido en algo similar a nuestras uñas. Contó muchas más cosas, pero Iván seguía tirando de mí hacia un lado y otro, con lo que no me enteré muy bien del resto.

Fue una exposición de lo más emocionante e instructiva, llena de descubrimientos curiosos. Si sigue el próximo finde que vayamos al pueblo nos volveremos a pasar.






viernes, 14 de septiembre de 2018

La vuelta al cole con Andares&Co

El fin del verano da lugar a un fenómeno que hace surgir sentimientos y emociones contradictorias en padres e hijos: Por un lado tenemos ilusión por la nueva etapa, pero a la vez también miedo. Cada uno reacciona a este cambio tan importante de una forma diferente. Lo progenitores deberíamos saber gestionar bien nuestras emociones y ayudar a nuestros niños en su adaptación al comienzo de curso. Con la edad y un buen desarrollo emocional, esta época del año cada vez es menos traumática para los peques, pero el primer día de cole en la vida de nuestro hijo puede llegar a ser muy angustioso. En nuestra mano está facilitarle un poco las cosas. O eso nos transmitieron en Andares&Co, un centro en el que se imparten clases que van desde estimulación musical, sesiones de juego, acompañamiento en el parto, hipopresivos, hasta masaje, fisioterapia y psicoterapia infantil. Se basan en un método que pretende, a través del movimiento y los sentidos, estimular el potencial de cada niño y aportarle seguridad para su crecimiento futuro.

En Andares&Co trabajan el desarrollo de los niños por medio del juego y orientando a los padres para hacer frente con seguridad la crianza de sus hijos. Pretende, a través del movimiento y los sentidos, estimular el potencial de cada niño y aportarle seguridad para su crecimiento futuro. En esta ocasión, Lorena García, directora del centro, nos impartió una charla sobre cómo debemos afrontar el primer día de colegio de los niños de primero de infantil, pero muchos de los tips que nos dio se pueden aplicar a niños de todas las edades.

Para entender la situación debemos entender que afecta tanto a los progenitores como al niño aunque de diferente manera. Para los padres significa dejar a los niños en un entorno nuevo en el que tendrá que desenvolverse con mayor autonomía que en la guardería y nos come el miedo, la angustia, la preocupación, la impotencia, los nervios... ¿Estará bien mi niños? Nos preguntamos.

Para el chiquillo significa un abandono por parte de los padres. Le despertamos de forma poco natural haciéndole madrugar, les pedimos que cumplan con una rutina de higiene y desayuno en un tiempo limitado, les presentamos nuevas reglas, les llevamos a un lugar nuevo, le dejamos con un total desconocido y nos vamos dejándolo allí. ¿Volverán a por mí? es lo que se suelen preguntar.

En definitiva, la adaptación es dura. Los cambios nos afectan a todos y se trata de una separación dolorosa para ambas partes. Pero todo esto se puede tornar en una situación más amable con un poco de esfuerzo paterno.

En Andares se trabaja la separación respetuosa desde el primer año de edad para que no sea tan dolorosa y puedan asimilar suavemente ese proceso. Se les dan herramientas para una mejor adaptación tanto a los padres como a los niños. A los peques se les enseña que los padres siempre van a volver a por ellos.

Los primeros días, los niños reciben demasiado estímulos y tantas novedades les produce ansiedad y miedo. Están en la etapa del mío y del yo. Son el centro de su mundo y resulta que llegan al cole, donde hay que compartir y hay muchos más reyes de la casa. Con todo esto se produce un desbordamiento emocional y lo pagan con papá y mamá para demandar atención. Lo normal en estos casos es que se vuelvan más irritables y sensibles. Nos tenemos que cargar de una paciencia infinita.

Si sus padres están tristes y angustiados ante la vuelta al cole se lo van a transmitir al niño y lo vive con inseguridad. Hay que presentárselo con tranquilidad y de una forma atractiva, pero sin mentirles. Nunca hay que decirles algo que nunca va a suceder porque aumentamos su inseguridad y perdemos su confianza.

Tenemos que estar alerta a los cambios del niño, para poder actuar en consecuencia, y a sus logros, que hay que festejarles para motivarlos. Sobre todo mucha paciencia ante sus estados emocionales porque están pasando por un proceso muy duro hasta que caigamos en una rutina tranquilizadora. 

Una de las rutinas más importantes en esta etapa es la hora de ir a dormir. Hay que hacerle un proceso ordenado para ir relajándolos antes de meterlos en la cama. Lo ideal es hacer actividades juntos como preparar los materiales o la mochila del día siguiente, leer el cuento, hablar de lo que van a hacer al día siguiente en el cole, si tenemos información sobre ellos anticipársela...  que participen para que se emocionen con la idea de ir al cole. A los niños pequeños no les gustan nada las sorpresas. Necesitan conocer qué va a pasar a continuación para sentirse seguros.

Si les presentamos las situaciones de forma divertida y que no pasa nada por equivocarnos ellos se sentirán más seguros y motivados. Hay que venderles el cole como algo mágico porque van a estar muchas horas allí metidos.

Otro punto importante a tener en cuenta es el hecho de que hay que evitar comentarios negativos delante del niño porque ellos se enteran de todo. Lo necesitan es mucha atención y refuerzo positivo, no críticas y reproches que aumenten la presión de su carga. 

No hay que olvidar que las madres somos humanas y los niños deben saber que tenemos debilidades y emociones pero nunca podemos caer en un chantaje emocional porque le cargamos con una presión adicional. Nunca debemos decirles que si lloran mamá va a estar triste y frases del estilo. Llorar es un mecanismo importante para aprender a gestionar las emociones y es vital que lo usen cuando lo necesiten.

Es más, si el niño crece pensando que sus padres son perfectos su autoestima se ve afectada porque no les damos la opción de poder superarnos. A veces es importante ser conscientes de que no podemos con todo y que pidamos ayuda al padre, los abuelos o la persona de confianza más cercana. Hay que aprender a delegar con seguridad.

Un truquito que puede ayudar a que los peques comiencen esta etapa de su vida de forma más relajada consiste en regalarle un objeto "mágico" que contenga amor de papá y mamá y que le haga sentir más teniéndolo cerca. Por ejemplo una pulsera, un lápiz especial, una piedrecita bonita... También funciona en el sentido contrario, que él nos regale un objeto con amor a nosotros para tenerlo presente. Los objetos de apego pueden servir de mucho consuelo cuando se enfrenten a la separación con sus padres.

Lorena nos aconseja que las despedidas en la puerta del cole o de la clase sean cortas para no angustiar al niños y que les informemos siempre quién va a ir a recogerles: nosotras, los padres, los abuelos... Como ya hemos dicho, no les suelen gustar las sorpresas. Siempre, o al menos los primeros días, debemos llegar puntuales en la recogida porque ver como se van sus compañeros y que su madre no llega es una situación muy dramática para ellos .

La comunicación con el peque es muy importante, pero sin juicios ni preguntas insistentes. No hay que abrumarles. Les observamos, sacamos conclusiones, les comentamos, les dejamos hablar, les animamos a seguir y que lleguen a sus propias conclusiones. Necesitan que les entiendan y todavía les cuesta expresarse. Es bueno buscar momentos para la conversación por ambas partes. Los padres también tienen que contar sus experiencias del día para que vean que somos humanos y nos pasan cosas buenas, malas y regulares como a ellos. Además, así les animamos a contarnos su día aprendiendo por imitación. 

En esos días el niños necesita un extra de atención, así que lo ideal es dedicarle al menos 20 minutos para jugar con ellos a los que quieran. 

En esta etapa la autonomía cobra mucha importancia y hay que fomentarla con refuerzos positivos y nunca descalificando. Con la práctica lo van haciendo mejor, pero si de entrada la decimos que lo ha hecho mal los desmotivamos y ya no quieren hacer la tarea nunca más. Sobre todo, nunca le des tareas impropias para su edad porque se frustran mucho.

La charla fue de lo más completa y Lorena habló de muchos puntos importantes. Al finalizar nos comentó que en este momento se está impartiendo en Andares&Co un curso sobre la metodología del centro centrada en el desarrollo integral del bebé de 0 a 3 años: el emocional, motor y cognitivo con parte teórica y práctica. Toda la información se puede encontrar en su página web y si estás interesado y llamas diciendo que vas de parte de mi blog te hacen un 10% de descuento.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Ludo Ergo Sum, segunda parte

El domingo ya no madrugamos tanto para presentarnos en el polideportivo donde se celebraban las Ludo Ergo Sum este fin de semana. Estábamos agotados del día anterior, pero no nos queríamos perder el último día, así que nos arrastramos hasta allí con un ojo medio pegado. Bueno, eso yo, porque a los hombres de la casa sólo les faltaba cantar. A veces me miraban raro por haberles retrasado. En fin, que se le va a hacer.

Si el sábado no salimos del pabellón principal, el domingo casi no entramos. A pocos metros de la puerta nos encontramos con una singular clase de espada y tiro al arco.

Por supuesto, mis churumbeles se acoplaron y a los papis nos tocó esperar mientras cuidábamos de que no se sacaran los ojos a espadazos. Se lo pasaron genial. Sobre todo les flipó el tiro al arco.

De allí nos acercamos a la zona infantil, que estaba muy cerca. En unas carpas habían montado un montón de juegos en su versión gigante y quedaban chulísimos. Cuco Kiko, Mascotas, Speed Cups, Fantasma Blitz, El Frutal, Dr. Eureka...

Te daban ganas de jugar a todos, aunque a mis churumbeles no parecía hacerles tanta gracia. Los miraban un ratito, pero no se decidían por ninguno. Al final estuvieron con uno de madera de meter fichas por una obertura al que jugaron a su bola sin preguntar por las reglas en ningún momento. ¡¡Con todas las opciones superchulas que tenían! Son los misterios de la vida que yo nunca llegaré a comprender.

Yo con ganas de locas de jugar a todos y ninguno de mis churumbeles secundándome. Porca miseria.

De todas formas estaban irritables nivel máximo. Supongo que por la paliza del día anterior. De mirarles estallaban en ataques de iras y lloros desconsolados. Santo Job, ese día te quité el récord a la paciencia.

Estaba consolando al mayor con la ayuda de Miren (pero que requetemaja es) cuando el padre de las criaturas nos llamó desde al pabellón de las charlas.

Dentro habían montado un taller para hacer tu propio juego de mesa impresionante que había organizado Ludo (Asociación de creadores de juegos de mesa), una Game Jam.

Los participantes tenían que ponerse en equipos y hacer un juego futurista que incluyera un reloj de arena entre sus elementos usando todos los materiales a su disposición, ¡que eran muchísimos! Fichas, dados, dados en blanco, tarjetas, meeples... ¡De todo! Ahora tengo que averiguar dónde venden esos tesoros porque tengo claro que estas Navidades un regalo para los peques va a ser un pack de hazte tus propios juegos de mesa.

El caso es que, como llegamos bastante tarde nos dieron más manga ancha. Raúl se había sentado con Iván a hacer su juego, pero por discrepancias irreconciliables cada uno estaba haciendo uno diferente. Daniel también decidió ir por libre. Incluso se sentó en una mesa aparte. Y yo hice las veces de tester para todos.

Al pobre Raúl le jorobé su proyecto de juego en el que había que derribar torres soplando porque, a pesar de no haber sido nunca fumadora, mis pulmones no tienen mucho fuelle, así que tuvo que rehacerlo entero y crear Fuel Stacks. Al final quedó muy chulo. Iba de una carrera de coches en el futuro. Tirando tres dados y consiguiendo escaleras se deciden cuantas piezas se pueden apilar en tu coche hasta que se acabe la arena del reloj. Entonces, si no se te han caído, el que menos pisos tenga pone un cubito en el otro jugador para fastidiarles el avance. El coche se mueve tantas casillas como alturas tenga la torre, si se te cae te paras inmediatamente... Se lo curró un montón. Hasta hizo varios diseños de coche y el tablero con un circuito.

La presentación de Daniel causó muchas risas porque nadie se esperaba que un niño de casi nueve años se inventara un juego que consista en que los jugadores tengan que matar personas para llevarles sus almas a su amo, la muerte (uno de los presentes aseguró que con esa idea ya le había ganado jajaja). Por supuesto, tienes unos objetivos que cumplir, y unas almas no valen igual que otras. Con un dado se decide si consigues acabar con tu objetivo y con otro si te llevas un tipo de alma, otro o ninguna.

¡Cuidado! Porque si los ángeles te salen en el dado y te visitan nueve veces has perdido. Si no consigues los objetivos que indica tu tarjeta antes de que se acabe el tiempo del reloj también has perdido. Hasta hizo un tablero que representaba una calle en la que se paseaban los meeples de las posibles víctimas con las almas en forma de fichas de parchís debajo. Alucino con su inventiva. Uno de los allí presentes le preguntó si lo consideraba un juego infantil y el peque contestó que, evidentemente, no. ¡Que tío! Asegura que se inspiró en un videojuego. La verdad es que se ganó al público desde el primer momento y sus padres no podíamos estar más orgullosos de nuestro churumbel. Lo llamó Los accidentes.

Iván también creó un juego, pero le dio mucha vergüenza presentarlo. Cuando jugué con él para probarlo Locura en la ciudad iba de que los jugadores tenían que moverse por un tablero, que nos teníamos que imaginar porque no le dio tiempo a dibujarlo, del mapa de una ciudad con varios bancos llenos de dinero. Cada uno elige en secreto un rol: policía, ladrón o ciudadano y va en coche avanzando tres casillas mientras no se lo rompan. Si se lo rompen avanza sólo una. El objetivo de los ladrones es robar el banco hasta conseguir cinco piezas de oro, el de los policías es descubrir y atrapar a un ladrón y el del ciudadano confundir a la policía para que lo pille sin querer (entonces el policía pierde y gana el ciudadano). Por si acaso todos son policías o ladrones, cada turno sale un policía y un ladrón de uno de los lados del tablero y mueve en una especie de turno de enemigos. O eso pude entender. Porque me pareció realmente muy complicado. Yo hubiera hecho que los roles se repartieran al azar con unas cartas y según el número de jugadores hubieran un número determinado de cada uno.

Los demás participantes hicieron unos juegos alucinantes. ¡Vamos! Que me hubiera gustado que existieran para poder jugarlos. Vaya nivelazo que había en el taller. Había uno de competencia extrema entre dos empresas de paquetería que tiene que usar el mismo camión futurista para hacer sus entregas y sumar puntos; uno de un viaje en el tiempo en el que se conoce el punto presente y el futuro final, pero en el que hay que elegir el camino entre un punto y otro consiguiendo una serie de objetivos; un juego narrativo en el que se repara una nave de forma colaborativa, pero que gana el que consiga realizar con éxito sus objetivos ocultos; otro de una sastrería espacial muy caótica en la que hay que encontrar las partes de los trajes para hacer los encargos...

Como se ponían en común, todos los presentes podían comentar lo que opinaban, que fallos o aciertos le encontraban, cómo lo mejorarían... Entre ellos los invitados del debate, Manu Palau, de Brain Picnic y Jaime González de Wah! Estudio.

Por cierto que, según nos chivaron, la mayoría de los componentes que usamos los puso Eduardo García, creador de Ratland, así que tenemos mucho que agradecerle. Además de que también estaba por ahí aportando su opinión, resolviendo dudas y probando los prototipos.

Supuestamente, tendría que haber habido ronda de preguntas en una charla debate, pero se nos hicieron las mil con las presentaciones porque se hicieron aportaciones muy interesantes, como, por ejemplo, que por no tener en cuenta el diseño al detalle podemos dejar fuera a grupos de población como los daltónicos, o que hay que tener en cuenta una serie de mecanismos que equilibran el factor azar en los juegos para que no se den situaciones como perder al primer turno... La verdad es que estuvo muy bien y ni nos dimos cuenta de que nuestros estómagos rugían ya.

El día anterior habíamos comido a base de bocatas sin soltar nuestra idolatrada mesa y poder aprovechar más el tiempo de juego, pero en ese momento, que ni habíamos pisado el pabellón principal nos pareció mejor idea ir a un bar. Como la cafetería del polideportivo estaba de bote en bote nos salimos fuera y nos comimos unas hamburguesas de autor que estaban de muerte. Con el estómago lleno volvimos a las LES con la intención de pillar por fin mesa y jugar como si no hubiera un mañana, pero por el camino me encontré a Paloma, de Refuerzo Divertido, que estaba a punto de comenzar su partida de Buscaduendes. Daniel le preguntó por su hijo mayor y se apuntó a ir al lugar del taller para encontrarse con él. Iván le siguió y, bueno, yo también. El que se descolgó porque ya tenía mono de tablero fue el pater que se metió en el pabellón principal casi sin despedirse por si acaso le decíamos algo.

Así que volvimos al pabellón de las charlas y allí, el Tapón de 7 de Paloma les dirigió una partida a su hermano y a mis churumbeles de Magissa. Yo les veía muy entretenidos y entregados desde la distancia, porque aproveché para darme un respiro a mi misma.

Allí fue donde conocí a Valle Idígoras y Alex Trefois, creadores de los juegos de El Perruco para desarrollar de forma divertida la inteligencia emocional. Son encantadores y, de verdad, que me ayudó mucho que me escucharan mientras me desahogaba contándoles lo polvorilla que es mi hijo pequeño o lo intensamente inquieto que es el mayor (por decirlo suavemente). Les agradezco en el alma todos los consejos y recomendaciones que me dieron.

Lo mejor de todo es que nos invitaron a jugar a la versión gigante de "De perruco... ¡a perruco!" que tenían en la zona infantil. A los dos les gustó mucho, pero sobre todo al pequeño. Y eso que casi se le tira a los pelos al hermano durante la partida en uno de sus ataques de rabia. Pero al finalizarla nos pidió otra y otra y si fuera por él allí hubiéramos estado el resto del día. La verdad es que juego está muy bien. Si caes en el Perruco tienes que contar una situación que refleje la emoción que expresa el perruco dibujado en la casilla para avanzar al siguiente perruco y volver a tirar. Las ilustraciones son preciosas, por cierto. Cuando Iván cayó en la casilla de la Ira, tuvo muy claro qué es lo que le produce enfado máximo: Daniel. ¡Vamos que ni lo dudó un segundo!

Como vi que el Cuco Niko gigante estaba libre convencí a Iván para que jugáramos y, la verdad es que nos lo pasamos genial. Admito que me pareció más chungo que la versión pequeña. Por fin, logré convencer a mis churumbeles para entrar en el pabellón principal... Justo cuando cerraron la ludoteca para empezar a preparar la clausura. ¡Que pena! Ya estamos deseando ir a las LES del 2019.

Puedes enterarte de lo que hicimos el sábado en las jornadas aquí.