miércoles, 17 de abril de 2019

Límites y modelos a imitar

Lo de la educación de los hijos tiene miga. Es verdad que tenemos que ser sus modelos a imitar y dar ejemplo, pero, en mi opinión, también deben de comprender que los límites y reglas de los adultos son diferentes. ¿Esto es injusto? ¿Tiene que haber igualdad? Definitivamente no. Me explico. Yo ya fui niña, me pusieron los límites necesarios a cada edad, me educaron y me convertí en una adulta con unos determinados valores y un criterio propio (o eso pienso).

Ahora tomo mis propias decisiones y puedo romper las reglas de vez en cuando porque sé dónde está el límite. Por ejemplo: No se bebe alcohol (pero si me tomo una cerveza (o dos) un día, no me pasa nada), Hay que recoger la habitación todos los días (Si un día no la recojo, no pasa nada porque el resto de las veces lo hago sin que me persiga nadie), no hay que abusar del chocolate (esto lo hago en secreto en los días malos y no me siento ni un poco culpable), etc.

La lucha diaria para que entiendan por qué ellos tienen que obedecerme es titánica. No se dan cuenta de que yo también tengo que obedecer directrices todo el días: las sociales, las del trabajo, las de la convivencia... pero de una forma diferente y autónoma porque yo ya estoy educada. Según ellos vivo en Jauja. ¡Que graciosos!

Y otro tema es el de intentar rozar la perfección para darles buen ejemplo. No estoy muy de acuerdo. La perfección nos frustra a todos. Te podrás acercar, pero nunca la alcanzarás, porque es algo muy subjetivo. Yo más bien pienso que tienen que aprender que son seres humanos con sus defectos (que hay que intentar corregir o suavizar), sus virtudes (que hay que conocer y potenciar) y una tendencia a cometer errores superlativa. Porque, ¡vamos a ver!, que nadie nace aprendido. Y si no lo intentas mil veces, no te va salir nunca. Así anda el mayor, con ese problema de mejor no lo intento si no tengo claro que voy a triunfar. No está costando quitárselo, pero vamos paso a paso para que pierda el miedo a perder (los juegos de mesa vienen de miedo para ayudarle en este tema, y la paciencia porque, ¡madre mía que mal perder!).

A lo que voy. Más que una madre amable, que nunca dice una palabra más alta que otra, que siempre se para a reflexionar antes de hablar, cuyo tono cariñoso jamás decae y, por supuesto, nunca nunca nunca cae en amenazas vanas y vacías de sentido con tono de troll encolerizado... prefiero ser una mamá humana, que llora, se enfada, se emociona o decepciona, se frustra, pide perdón cuando cree que se ha equivocado, se cae y se levanta silbando disimuladamente, que a veces mira hacia a otro lado si está agotada, que ve los grises y actúa en consecuencia como mejor cree, que se equivoca y se empeña en tener la razón más allá de lo razonable... En fin, una mamá defectuosa que adora a sus hijos y no se cansa de decirlo, que quiere que sepan que no siempre tienen la razón (ni yo, pero lo que yo si tengo y ellos no, a día de hoy, es autoridad como madre) y que no pasa nada por ello. Es más, se puede cambiar de opinión y no se acaba el mundo, te puedes equivocar, intentar arreglarlo y empeorar las cosas, se puede llorar por tonterías y se puede gritar para aliviar la tensión. Que no hay nada absolutamente nada malo, ni absolutamente bueno. Y que cuando hablas con la verdad en la mano, lo más seguro es que estés equivocado porque se te están olvidando toda las escala de grises, los atenuantes, los agravantes, el contexto, los otros puntos de vista...

También me gusta que sepan que hagan lo que hagan les voy a querer siempre, pero que eso no significa que no vayan a haber terribles consecuencias por sus actos. Aunque les amenace con tirarlos por la ventana con la cara distorsionada por la ira, les sigo queriendo. ¡Es que no tiene nada que ver!

Si a veces piensan que me he pasado y que me he puesto como una hidra por una tontería es porque se les ha olvidado el resto de gotas de agua que han ido cayendo en el vaso: plic, plic, plic...

Ellos también pueden perder los estribos, porque es normal. Sabemos también que todos tenemos que esforzarnos en no estallar a la primera, o que los estallidos sean menos agresivos, etc. Hay muchas maneras: yoga, mindfullnes, un buen libro, un abrazo en el momento más inesperado... Pero una persona irascible (o sea yo, por ejemplo), nunca dejará de serlo porque no puede evitarlo, igual que una persona celosa, o envidiosa, o extremadamente entusiasta, o despistada, o demasiado habladora... Podemos aprender a controlarnos mejor, pero no a dejar de ser como somos. ¡Aaaaay, si fuera tan fácil! Entonces todos seríamos perfectamente aburridos y predecibles. Eso sí, paz habría. Si me preguntarais qué es mejor, emociones y sentimientos inevitables y poco controlables con roces y peleas o personas perfectas y casi robotizadas, pero vivir sin conflictos... mmmm... pues no sé, depende del día.

lunes, 15 de abril de 2019

La leyenda del bosque (Los dioses del norte 1)

Comienza una nueva saga de lo más emocionante: Los dioses del Norte. El primer tomo lleva el título de La leyenda del bosque y, como es lógico, nos cuenta el principio de una aventura en la que tres primos descubrirán un secreto, que da la vuelta 180 grados a sus vidas, y les sumerge en un peligro en el que oscuridad, brujos, dioses de la mitología vasconavarra y criaturas mágicas les enseñará que hay mucho más de lo que ven, y que las pequeñas señales siempre han estado allí, aunque no hayan sabido verlas hasta que las más pequeña de ellas se ve envuelta en una situación desesperada.

Jara Santamaría, la autora, se adentra en el mundo de la fantasía con una novela bien estructurada y maravillosamente narrada. La historia engancha desde el comienzo y nos adentra en un universo en el que la magia ha sido desterrada a un mundo de tinieblas que cuenta con su propia organización social en la que la electricidad es un tabú y hay oídos en todas partes. Pero, a cambio, la magia fluye por todos los rincones alimentando el alma de sus habitantes.

No puedo decir que el argumento sea original, pero incluye toques y detalles que la enriquecen mucho. Y el contexto que describe sí que me parece muy original: ese mundo de Gaua con sus propias reglas.

El esquema que sigue la novela significa éxito seguro entre niños, adolescentes y jóvenes, que es el público al que va destinado. La recomendación de la editorial es a partir de 9 años y yo estoy de acuerdo. Daniel, que tiene 9 años, lo ha empezado con timidez porque le echa para atrás que tenga tantas páginas (¿314 le parecen muchas? ¿En seriooo?) y carezca de ilustraciones en el interior (que mal le he acostumbrado), aunque se lee muy rápido y la magia es un tema que le interesa enormemente.

El pequeño Iván lo coge, lo ojea, lo mira, lo remira y acto seguido me mira a mí con ojitos de bambi. Está claro que quiere que se lo lea. Tiene 7 años, pero estoy seguro que si quiere puede leérselo él sólo. A Ambos les he explicado que da lo mismo leer tres libros cortos que uno más largo. De hecho, si te gusta, cuanto más largo mejor. Hay un contraste curioso entre las ganas de terminar un libro que te gusta y la frustración por quedarte con ganas de más cuando te lo has terminado.

Supongo que terminaré claudicando y leyéndolo en la hora del cuento, pero primero quiero que se lo termine el mayor para que se le quite el miedo a los libros de más de 200 páginas y aprenda de una vez a disfrutar de la lectura sin límites. Es un buen comienzo, porque estoy segura que su curiosidad por saber qué les depara a Ada, teo y Emma hará que no pase mucho tiempo antes de que se lo acabe y me pida el siguiente (que por cierto, aún no está publicado, así que mejor que tarde un poco más).

viernes, 12 de abril de 2019

Mis niños periodistas

- Mami, se me ha ocurrido una idea buenísima, buenísima, buenísima para hacer esta tarde.- Me contó Iván muy entusiasmado cuando salió del cole el martes.- ¡Voy a hacer un periódico!

- Me encanta la idea, me encanta, me encanta, me encantaaaaaa.- Aplaudí entusiasmada. Pensaréis que exagero, pero no, creo que hasta di algún saltito. No es para menos. Bueno, bueno, que exagerada pensaréis. Pues no, porque, resulta, que yo soy periodista y me emocionó bastante que Iván quisiera hacer una actividad relacionada con mi vocación.

Obviamente, el mayor se sumó a la idea como si se le hubiera ocurrido a él. Ambos estaban más que dispuestos a ocupar mi ordenador, porque resulta que el suyo no aparecía por ningún lado. El padre lo había guardado bien, por lo visto.

Así que no quedó más remedio que dejarles el mío por turnos. Cada uno escribió lo que quiso en un word y cuando terminaron también hicimos turnos para que me usaran de maquetadora para sus creaciones.

Iván había escrito dos líneas, una por cada día. Y ya está, pero tiene mucho mérito porque lo hizo el sólo. Daniel había hecho un trabajo muy chulo sobre los "Boses Titanes", pero los estilos me hicieron sospechar que había buscado en google, copiado, pegado y ordenado la información. Aunque él asegura que también la había reescrito. No sé, no sé...

El trabajo de Daniel lo terminamos ese mismo día porque ya teníamos todo el material que necesitábamos. Hasta había buscado las fotos él solito. El de Iván todavía tardamos un par de días en acabarlo ya que aún tenía que escribir la crónica del miércoles y el jueves. La del viernes ya la tenía escrita desde el martes porque era día de vacaciones y no habían noticias del cole. Es que aún no he dicho que su publicación se va a llamara "Noticias del Cole", va a ser semanal y va a recoger lo que ocurra de lunes a viernes.

Él asegura que lo va a hacer todas las semanas, pero no sé yo si va a tener esa perseverancia. A mi me gustaría que siguiera. Incluso ya tiene a sus amigos suscritos a la publicación y esperando recibir el primer número con mucha ilusión.

El caso es que le hice la maqueta y los siguientes días la fue rellenando directamente en Indesign. Estaba un poco preocupado por las fotos, pero pronto vio que los vectores eran un estupendo recurso a tener en cuenta.

Cuando acabamos ambos periódicos los imprimimos y los peques estaban muy orgullosos de sus trabajos. Los guardaron como oro en paño. Después de Semana Santa, Iván les va a llevar su ejemplar a cada suscriptor. ¡Esperamos que les guste!

jueves, 11 de abril de 2019

Animalotes Episodios 5 y 6: Aventuras en el espacio

Aquí dentro se guardan muchas risas
Descubrimos la colección de Animalotes casi por casualidad. Fue verla en la estantería y saber a ciencia cierta que a los niños les iba a encantar. Ni siquiera me lo ojeé porque no contaba con mucho tiempo, pero oye, les llevé el primer número sin pensármelo dos veces. Les flipó. Tanto que tuve que ir a por el resto a riesgo de motín infantil en mi casa. Por alimentar su amor por la lectura se hace lo sea necesario.

¡Ooooh!
Lo mejor de todo es que se los leen solos. No me piden que yo les haga de cuentacuentos como suele ser lo habitual. Cosa que me encanta, que conste, pero también tiene que haber tiempo para la lectura íntima y personal.

Aventuras espaciales a potrollón
Tan importante es trabajar porque no se pierdan esos lazos familiares, que se construyen a base de tiempo juntos, como darles su espacio para entender las cosas por si solos y sacar sus propias conclusiones. Es imposible vivir de la misma manera un libro o cómic si te lo cuentan que si te lo lees.

Peligros a tuttiplen
Pero vuelvo al tema, que me disperso. El caso es que acabaron los tres primeros en su poder y se los han leído y releído tantas veces que ya parece que los tomos lleven años con nosotros de lo manoseados que están. Por supuesto, comparten conmigo sus pasajes favoritos y se parten contándome una y otra vez los mismos puntos mientras me señalan ésta o aquella viñeta. Porque aún no lo he dicho, pero el formato es de cómic y los dibujos son la monda.

No sé a que viene lo de la cuerda
Con cada línea, el autor, Aaron Blabey, consigue dotar de gran personalidad y expresividad a los animales que desfilan por las páginas, empezando por sus entrañables protagonistas, unos malos de manual que se ven embarcados en el mayor reto de sus vidas de la mano de Lobo, ese al que le gusta vestirse de abuelita, justo ese. Pues bien, se ha cansado de ser feroz, de que le tachen de mala persona y de animalote, de que le miren mal, de que todo el mundo piense que se los quiere comer... ¡A partir de ahora va a ser bueno! Él y sus amiguetes incomprendidos, todos conocidos por espantosos crímenes, ejem, se van a esforzar por limpiar su mala fama a base de misiones descabelladas y muy muy locas.

Soluciones creativas... ejem
Si ya os habéis leído los primeros tomos, el párrafo anterior os sobra y lo que os interesa es lo que viene ahora: ¡Han sacado el tomo de los episodio 5 y 6! Ahora la edición es en tapa dura (se agradece por el manoseo continuo al que se ven sometidos los ejemplares) y el tiempo de diversión mayor al reunir dos números, que uno sólo te deja con ganas de mucho más.

Un malo malísimo
Bueno, éste también te deja con ganas de mucho más porque los finales siempre dan paso a una introducción de lo que está por venir y la cosa se queda muy emocionante (nunca adivinaréis de que va a ir el 7). La aventura 5 se llama Follón intergaláctico y la 6, Aliens contra animalotes. Ya podéis ver por dónde van los tiros en este tomo tan emocionante.

Un maestro del disfraz
(Cuidado, spoiler del 4) Si pensábais que con la invasión de animales zombis del número anterior ya habían llegado a su límite de locuras... Estabais muy equivocados porque ahora se van a enfrentar a una amenaza aún mayor (¿Maaaaas? ¡Imposible!), pues sí, mucho mayor. Y terribles peligros, y un ataque de celos muy chungo, y casi el fin del Club de los Buenazos... Te están dando ganas de leerlo. ¿Eh? No me extraña.

Mis peques me lo arrancaron de las manos en cuanto se lo enseñé. Aún tengo las señales de los arañazos (es broma. Me lo arrancaron de las manos con cuidadito). Tuve que hacer una incursión nocturna a la habitación del mayor y buscarlo con la linterna del móvil para poder leérmelo yo también. Los dos se lo turnan para tenerlo cada uno una noche (saben que si me montan el pifostio arraso con todo y no los ven en un mes muahahaha).

Moooola
Me lo leí de una sentada y me reí muchísimo con las peripecias de este grupo de amigos tan estrafalario. Sobre todo con Tiburón, que es mi preferido después de Lobo (quien no quiere al entrañable lobo con sus maravillosos planes para hacer el bien). También sufrí un poco con las situaciones límite, aunque sabía que la cosa no podía terminar tan mal. ¡Está recomendado para niños a partir de 8 años! No pueden haber tragedias, ¿o sí?

¿Qué terrible peligro les espera en su próxima aventura?
En fin, que nos ha encantado y necesitamos que saquen el 7 para ver como porras continúa.

miércoles, 10 de abril de 2019

Atrapado x la magia

Alucinante el espectáculo de magia al que asistimos el sábado en los Teatros Luchana. ¡Hasta el padre de las criaturas se quedó con la boca abierta en algún momento! Y eso que es extremadamente escéptico para todo. Es que el mago Xacobe se sale en Atrapado x la magia, así que sólo queda preguntarnos "¿¿¿Cómo demonios ha hecho eso???".

El protagonista y sus ayudantes se metieron en el bolsillo a los espectadores desde el minuto uno con trucos muy visuales, mucho humor y música pegadiza. Había que ver la coordinación que tenían los tres para que los números se sucedieran con escasos segundos de preparación.

A mí lo que más gracia me hizo fueron las caras que ponían los voluntarios cuando el mago hacía su increíble magia. Supongo que la misma que ponía todo el público, pero es que en el escenario resaltaban más. Sobre todo la de los niños, que se quedaban con las bocas abiertas y los ojos como platos un buen rato.

El espectáculo es muy participativo y dinámico. Raúl salió de voluntario en un juego de cartas invisibles que aparecen de la nada para dejarnos atónitos. Los peques también ayudaron plasmando sus firmas en un sobre secreto.

Espejismos, escapismo, juegos de manos... todo presentado con una escenografía de gran belleza diseñada para producir mayor impacto en el público. Y doy fe que lo logran. Los aplausos al finalizar fueron atronadores.

Mis hijos no perdieron la oportunidad de sacarse una foto con el mago que esperaba en la salida al público. Todo el que pasaba por ahí le felicitó por el gran trabajo que había hecho sobre el escenario. ¡No es para menos!

Al mago Xacobe la magia le atrapó desde muy niño y eso se nota cuando le ves actuar. Tiene una capacidad para asombrar que triunfa entre peques y mayores. Se nos hizo muy corto de lo bien que lo estábamos pasando.


martes, 9 de abril de 2019

Mía y el león blanco

Cuando oí hablar de la película "Mía y el león blanco" pensé que sería como todas las del género amistad entre un niño y un animal. Es decir, amor a primera vista entre los protagonistas, uno de ellos, normalmente muy peludo, éxodo para salvar al animal y final feliz emocionante en el que los adultos se dan cuenta de la gran injusticia que se ha cometido y ayudan al pequeño aventurero a llegar a su meta. Bueno, todos esos elementos los tiene, pero enriquecidos.

La historia gira alrededor de una niña que se siente fuera de lugar y eso le produce rabia, ira, impotencia y tristeza. Pero lejos de ser la única con problemas emocionales nos presentan unos secundarios muy profundos: el padre que se rinde al sistema pero que acusa un sentimiento de culpabilidad que se traduce en estrés y despotismo, la madre que permanece ciega y fiel a su marido porque quiere creer que todo está bien y el hermano profundamente traumatizado y aquejado de inseguridades, miedos y un infantilismo fantasioso exacerbado que le lleva a poner todas sus esperanzas en una leyenda Timbavati, que habla de un león blanco que nos salvará a toda la humanidad de las iras de la madre naturaleza.

Y, claro, nace un león blanco, el animal que les cambiará a todos la vida en los tres años que permanece en la reserva. A unos les abrirá los ojos a una cruel realidad que se vive en Sudáfrica, donde las reservas de leones sobreviven a base de vender animales a turistas sin escrúpulos deseosos de causarles daños, a otros les hará plantearse la necesidad de cambiar un sistema desalmado aún a riesgo de perderlo todo, y a los más codiciosos los empujará a vender aún más su alma (en sentido metafórico).

Mis hijos disfrutaron cada minuto del metraje, aunque hubo momentos tensos en los que casi se olvidaron de respirar o incluso se taparon los ojos porque no podían resistir la visión de escenas tan desgarradoras que sólo se intuían, pero que supongo que en su imaginación se presentaban muy realistas. A mí se me cayeron las lágrimas en algunos momentos (soy muy blandita y emocional, lo admito).

La película es ideal para ir a verla en familia, pero no la recomiendo para niños pequeños porque se le puede hacer muy larga y es probable que no entiendan ni un cuarto de los conflictos que presenta. Que el rodaje haya durado tres años, lo mismo que la historia que se narra, y que los personajes evolucionen, tanto física como emocionalmente, de manera realista me parece un puntazo.

Cuando comenzaron las letras del final mi hijo menor se giró hacia mí y me gritó que quería volver a verla. El mayor aún estaba digiriendo lo que había percibido. Las escenas del abuso del león, que ya digo que no se ve nada, pero se intuyen en los cambios de expresión de la protagonista, a medida que es testigo de los que está ocurriendo: incredulidad, angustia, negación... Se ve que a Daniel le llegó el mensaje porque no se pronunció hasta un buen rato, cuando aseguró que la película era flipante, pero que algunas escenas le habían parecido muy fuertes. Y lo dice alguien que se declara fan de ataque a los Titanes, aquí está la diferencia de las repercusiones emocionales entre la fantasía y el realismo.

Esa misma tarde, ambos hablaban entusiasmados de la película aunque de muy diferente forma. El pequeño incidía en que el león era una monada y que quería uno, mientras que el primogénito despotricaba contra la crueldad hacia los animales. Me alegro de que le haya llegado el mensaje. Otra semilla sembrada en su campo de valores humanos.




lunes, 8 de abril de 2019

Dudas inexplicables

Iván, 7 años. Un día cualquiera a la salida del cole.

- Oye mamá, ¿Si papá y tú no estuviérais casados la abuela no sería mi abuela?
- Claro que sí. Tu abuela siempre es tu abuela desde que naces y tu padre también, estemos o no casados, no tiene nada que ver.
- ¿Pero si papá no está casado contigo seguiría siendo mi papá?
- Eeeeh, pues claro. Aunque papá y yo no nos hubiéramos casado nunca, o no viviéramos juntos o nos separáramos siempre siempre siempre va a ser tu padre. No tiene nada que ver.
- ¿Os vais a separar?
- ¿Qué...? ¡No!
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque nos llevamos muy bien
- ¿Y cómo sabes que no os vais a separar más tarde? ¿Eres adivina?
- A ver Iván, ¿te acuerdas cuando estudiamos para soci que los meteorólogos investigaban los datos que recogían en un momento y lugar determinados y con eso podían predecir el tiempo?
- Mmm... Sí
- Pues yo con los datos que tengo ahora sé que tu padre y yo no nos vamos a separar
- ¿Y cómo sabes lo que va a pasar dentro de un año? ¿O dentro de dos?
- ¡¡¡Pero bueno!!!¿Y a ti qué te pasa?
- Es que si papá y tú os separáis no podré editar vídeos nunca más, ni instalarnos juegos en la tablet...
- Eso no es así. Aunque nos separáramos estarías con tu padre y conmigo aunque cada uno por su lado...
- ¿Os vais a separar?
- QUE NOOOOOOO

Vale. Ahora toca investigar a santo de qué viene esto...

viernes, 5 de abril de 2019

Valiente

Cuando vi el tomo de Valiente en la estantería de la librería no pude resistirme. ¿Ya había salido la continuación de Raritos y no me había enterado? Pues nada, nada ¡a la saca! Con lo que me gustó el primero. No podía esperar a leerlo.

Por supuesto, tuve que esperar, porque las obligaciones del día a día van primero que el placer de la lectura, pero el momento llegó y me acomodé para conocer la historia de Jensen. En el primer tomo ya me había llamado la atención el papel de este secundario alarmista que busca salvar al mundo del horrible peligro de las manchas solares, pero nunca pensé que la narración fuera tan triste.

En este cómic también se habla de abuso, acoso y marginación, pero ahora no es desde el punto de vista de un espectador, sino de la víctima. Una víctima que normaliza su situación y que no se da cuenta de por lo que está pasando hasta que las encargadas del periódico de la escuela le adoptan como chico de los recados y sujeto a estudiar en su proyecto sobre el acoso escolar. "¿Acoso? Si a mí no me pasa eso", piensa el protagonista, poco a poco la realidad le golpea en la cara, cuando se plantea si las preguntas que le van a haciendo sus compañeras al final sí que van a tener que ver con él.

Hasta ese momento, Jensen sobrevivía al día a día refugiándose en su imaginación, dando importancia a pequeños detalles y pensando que las situaciones que vive a diario en el colegio son lo normal, pero las intrépidas periodistas le darán que pensar. ¿Cuenta como acoso si son tus amigos los que se ríen de ti? ¿Me siento ignorado? ¿Me guardan el sitio cuando llego tarde?, son algunas de las preguntas que se empieza a plantear cuando de repente repara en que a lo mejor sí que es víctima de acoso.

De repente, ya no puede refugiarse en la negación y sus ensoñaciones y toca enfrentarse a la última pregunta del cuestionario: ¿Qué tipo de cultura te gustaría construir? ¿Qué sería lo normal? Y lo más difícil: ¿Que harías para conseguirla? Hay que ser muy valiente para romper con el orden imperante y luchar por el cambio. Sobre todo, cuando la mayoría de los actores que forman parte del drama no se dan cuenta de que hay algo que no funciona, empezando por la víctima, pasando por los abusadores (que a veces ni siquiera se dan cuenta del mal que hacen y otras luchan por conservar su pequeña parcela de poder primitivo a base de demostraciones de fuerza), y por los padres y personal docente.

Es una lectura absorbente que te pone la piel de gallina a cada paso que acerca a Jensen a la cruda realidad y que le llevan a tomar decisiones buenas, malas y regulares. Creo que debería ser lectura obligatoria en los colegios.

Evidentemente se la leí a mis hijos y, a pesar de que se hablaba de estudiantes de secundaria, Daniel, con nueve años, no tardó nada en extrapolarlo a su mundo de primaria, empatizando con la historia. A Iván, con siete años, le costó bastante más. De hecho, en el momento en el que jensen toma plena conciencia de que es víctima de acoso y no puede evitar que se le caigan las lágrimas el más peque de la familia me preguntó: "Mami, ¿por qué llora?", a lo que su hermano le contestó, "¿Pero es que no te has enterado de nada? Se ha dado cuenta de que todos pasan de él o le insultan y de que sus amigos son unos niños rata de lo peor", no es exactamente así, porque se ha perdido algunos matices por el camino, pero se quedó con lo principal. Con estas edades es casi imposible que vean las escalas de grises que se muestran en el cómic.

A los dos les ha encantado este tomo, y han retomado el anterior con mucho entusiasmo. Las historias les han atrapado y la forma de dibujar de Svetlana Chmakova, la autora, les fascina. Ya me están preguntando por la tercera parte. He investigado en la web de la autora y sí que hay una tercera parte: "Crush" (Aplastar), protagonizada por uno de los secundarios que aparecen en Valiente. ¡Estoy deseando que llegue a los lineales!





jueves, 4 de abril de 2019

Campamento improvisado

Hace ya tanto tiempo que casi ni me acuerdo, Raúl retiró la alfombra de juegos de la habitación de Iván para limpiar el suelo y se encontró una sorpresa bastante desagradable: un charcazo de agua. Resulta que el radiador perdía agua y ni nos habíamos enterado, así que la tarima flotante se curvó en una montañita que hizo las delicias de los niños, pero resultó ser un horror para los adultos.

Evidentemente no podíamos dejar las cosas así, con lo que llamamos al seguro. Nos informaron que el radiador era cosa nuestra, pero los daños sí que nos los podían arreglar. Y ahí comenzó una aventura más larga que un día sin pan. El servicio que contratamos para cambiar el radiador fue muy rápido, pero el tema de la compañía que mandó el seguro... Vamos, que no vemos la luz al final del túnel.

No tardaron mucho en venir a estimar los daños, pero luego ya no volvimos a tener noticias de ellos mientras el suelo cada vez se curvaba y se pudría más y más. En cuanto nos dábamos la vuelta los peques aprovechaban para escalarla y usarla de cama elástica.

Tras unas llamadas resultó que había habido un malentendido entre el seguro y los carpinteros a la hora de dar el ok a la obra. El carpintero volvió, levantó casi todo el suelo (el armario está anclado a la pared y no fue posible moverlo) y nos informó de que el mal se extendía. Cada vez había más suelo podrido. Nos dijo que volvería con un compañero que le ayudara a desanclar el armario y moverlo. Y de esto ya hace dos semanas y sin noticias de Gurb, digo... de los carpinteros. Otra vez a llamar y otra vez con el tema de estamos esperando confirmación, reclama al seguro, a ver que pasa...

En fin, que aquí los únicos que se lo están pasando bomba con el tema son los niños, que todo lo convierten en un juego extraordinario. El día que nos quitaron la tarima dejando al descubierto el suelo de hormigón, decidimos cubrirlo con una enorme colcha para evitar que Iván respirara ese polvo hasta que nos pusieran de nuevo el suelo. Pensando que sería cuestión de pocos días le puse al niño el colchón en el suelo sin el somier. Y claro, el chiquillo encantado. "¡Voy a montar un campamento en la selva genial!", chilló emocionado. Entonce Daniel se puso tremendamente celoso de la situación de su hermano. "No es justooooooo. Yo también quiero el colchón en el suelooooo". Así que tiré el suyo al lado del del hermano.

Entonces comenzaron a buscar por toda la casa elementos que les pudieran servir para su juego: cojines, peluches, armas, juguetes varios... En cuestión de minutos no había quien diera un paso en una habitación atestada de tesoros. Le di el toque final al ponerles las dianas de pelotas de velcro enfrente de las camas colgadas de los picaportes de los cajones (con lo que los cajones eran difíciles de abrir).

Se lo pasaron bomba en su campamento, aunque también hubo algunas peleas territoriales. No hay nada perfecto. Les dejé vivir a lo salvaje todo el fin de semana, pero el domingo mi espalda se quejó de tener que agacharme hasta el suelo cada vez que quería hacer las camas o darles un beso de buenas noches y, además, me pegué un buen golpe al pisar un peluche y resbalar. Con todo el acolchamiento que había y tuve que caerme en el único hueco duro de toda la superficie. Que gafe. El caso es que esa noche de domingo el somier volvió a la habitación de Iván y El colchón de Daniel a su somier original. ¡Que enfado se cogieron! Pero era necesario para mi supervivencia diaria.

Y menos mal que lo hice así, porque todavía estoy esperando que venga las carpinteros a ponerme el suelo... ainsss.

miércoles, 3 de abril de 2019

Magia, magia y más magia con el Mago Tután

Este fin de semana nos lo hemos pasado bomba con la magia del Mago Tután en su espectáculo Magia, magia y más magia, que está en cartel en el Teatro Intemperie. La verdad es que te partes con este prestidigitador que, según mis hijos, "trolea" a sus espectadores con mucha gracia. Mis churumbeles se retorcían en sus asientos sin parar de reir y a veces tenía que pararles los pies para que la cosa no fuera a mayores. Cuando se emocionan no entienden de límites.

Ya cuando llegamos al teatro mis dos fieras se encontraron como en casa. Es un lugar recogido y agradable. Enseguida se sentaron en unas butacas a curiosear folletos y comentar lo que esperaban encontrarse cuando entraran en la sala. He de decir que lo que encontraron superó sus expectativas.

Un mago muy carismático les esperaba en la puerta para tomarles un poco el pelo antes de comenzar la función. Los niños entraron enseguida en el juego de las bromas y los chascarrillos. A los más tímidos les trató con más delicadeza para que no se asustaran. La verdad es que tenía mucha mano izquierda para tratarles.

El espectáculo comenzó y no pararon de desfilar peques y mayores por el escenario para ayudar al protagonista en divertidos números que iban desde la hipnosis, hasta la adivinación, pasando por los juegos de manos... Se notaba que intentaba que todos participaran por igual, luchando contra la vergüenza y desconfianza de algunos, y el exceso de entusiasmo de otros, como el caso de mi hijo Daniel, que casi se tiraba en plancha hacia él cada vez que pedía un voluntario. Menos mal que tenía una paciencia infinita.

Tras una buena sesión de carcajadas y magia, puso fin al espectáculo con una sesión de globoflexia que volvió locos a los niños. Desde luego no tenían ninguna prisa en irse y no paraban de pedirle figuras: que si flores, que si perros, conejos, espadas... ¡Vaya cosas chulas hacía!

A Daniel, que ganó el sorteo para la pieza más impresionante, le hizo un alucinante gorro regaliz, que casi llegaba al techo. No veas que odisea para llevarlo en el metro hasta casa. Pero valió la pena porque ahora tenemos un rincón de globos muy chulo en el que el gorro hace como de planta en la que se apoya la espada del mayor y viven el conejito y el perro del pequeño.

Mi primogénito ya me ha pedido que aprenda a hacer gorros regaliz para cuando se desinfle el que tiene. ¡Con el respeto que me dan a mi los globos por si se pinchan! Me parece que va a tener que volver a visitar la mago Tután.