lunes, 17 de junio de 2019

Impro Impar y sus Cuentos Irrepetibles en el Show Festival de la Vaguada

La Vaguada ha puesto en marcha una iniciativa muy molona y cultural, el Show Festival, una serie de espectáculos que van a hacer en su terraza todos los jueves, viernes y sábado del verano.

Atentos que los viernes están especialmente dedicados a la familia, aunque el resto de los días hay mucha magia, teatro y música aptos para todos los públicos.

El viernes pasado fuimos a ver Cuentos Irrepetibles, de Impro Impar. En el escenario, dos chicos majísimos montaban un cuento teatralizado en menos que canta un gallo siguiendo las locas indicaciones de un público más que animado. "¿Quien queréis que sea el protagonista? ¿Que sea chico o chico? ¿Niño, joven o anciano? ¿Cómo queréis que se llame? ¿Dónde queréis que esté? ¿Qué se encuentra?...", etcétera, etcétera...

Y así surgieron una abuela muy aventurera que va en busca de una dentadura mágica y encuentra su libertad y un carnicero que tiene que luchar su archienemigo pescadero y un ejército de arañas por hacerse con el monopolio de venta de comida en la piscina.

No podíamos parar de reír. Los actores invitaron una vez a los niños a subir al escenario y ya no pudieron quitárselos de encima jajajaja Los peques aparecían espontáneamente cuando menos se lo esperaban y lo más flipante es que daban una vuelta al cuento para incluirlos: a uno lo convirtieron en magdalena, a otros en animalitos del bosque, en ratones...

Que paciencia tuvieron los pobres con mis fieras, que no paran de gritar cosas cómo "Queremos que sea terroristaaaaa" y similar, muy acordes a su personalidad truculenta. Menos mal que los actores lo manejaron muy bien y con mucho humor.

Estos chicos están en Los Teatros Luchana montando Cuentos irrepetibles y subiéndolos a su web unos días después. ¡Me parece un planazo!

El próximo viernes, el Show festival de la Vaguada se va a llenar de piratas. Fijo que también mola mogollón. Podéis consultar la cartelera completa de junio aquí y la de julio aquí.


sábado, 15 de junio de 2019

Las pistas de Iván

Caminábamos hacia casa desde el colegio con mis dos niños parlanchines hablándome cada uno por una oreja y contándome un montón de cosas interesantes cuando hubo algo del pequeño que hizo que Daniel guardara silencio y le prestara atención (milagro, milagro).

"Y puse la nota en una esquina de la clase para que alguien la encontrara... Ponía Mira en la papelera y encontrarás algo. Pero uno de mis compañeros miró directamente en la papelera y encontró la otra nota directamente...", el mayor y yo nos miramos alucinados.

"¿Hiciste un juego de pistas en tu clase por que sí?", le preguntó Daniel.

"Sí, sí. Es lo que os estoy diciendo, pero encontró primero la segunda nota", nos aclaró a su rollo.

"¿Y que ponía la segunda nota?" me interesé.

"Aunque sea de día es de noche", nos contestó muy críptico.

"¡Ostras! Y eso qué significa", quiso saber el primogénito muy intrigado.

"Es una adivinanza. A ver si la adivináis", el hermano y yo nos devanamos los sesos inutilmente. ¡No teníamos ni idea.

"¿El espacio?", "¿El crepúsculo?", "¿La luna?"... No, no y no.

"¡Es la sombra! El niño tampoco la adivinó, se la tuve que decir. Y luego en qué sombra había que buscar, pero ya le dije yo que en la de los árboles.

"Aaaah, menos mal que le distes una pista", le dije, porque la verdad esque yo tampoco hubiera caído. ¡Anda que no hay sombras!

"Una no, muchísimas. Me faltó decirle: Está ahíiiii, ahíiii", señalaba con su dedito muerto de la risa.

"¿Y qué encontró en la sombra?", preguntó su hermano.

"Pues otra nota que decía Yo soy la vida", ¡Jolín! Que profundo.

"¿Y eso que significa?", volvió a preguntar su hermano.

"Es otra adivinanza. No os enteráis de nada", nos soltó tan pancho.

"¿El sol?", aventuré yo.

"No"

"¿Las plantas?"

"Síiiiii. La nota estaba en un árbol. ¿Sabes por qué es la vida?", me preguntó directamente.

"¿Porque tiene semillas que hacen que crezcan más árboles?"

"No"

"¿Porque produce oxígeno?"

"Síiiiii", exclamó entusiasmado.

"¿Y qué había en el árbol?", indagó Daniel.

"Pues otra nota"

"¿Y que decía?", quise saber yo.

"¡Has ganado!"

"¿Y ya está?", inquirió su hermano, "¿No había ningún premio?"

"No, ya está", aseguró Iván.

"¿Y a tu compañero le gustó?", le pregunté yo.

"Muchísimo", aseguró encantado.

"Pues eso es lo importante", zanjé con una sonrisa...

"Hombre... si hay un premio... un regalito... algo... mejor. ¿No?", insistió Daniel.

"¡Que no! Que ya con jugar es suficiente. Tú es que estás muy mal acostumbrado", le acusé señalándolo con el dedo.

"Primero, señalar es de mala educación", me retó, "Y segundo, que lo del juego mola, pero con regalo mola más", concluyó.

Iván daba saltos delante nuestro. Hacía ya rato que se había descolgado de la conversación. Cuando ya dice lo que tiene que decir se pira a jugar. Estos niños descarados, ombliguistas y materialistas...

viernes, 14 de junio de 2019

Las montañitas de libros

Las montañitas
Inconscientemente he ido amontonando los libros que tengo pensado leerme este verano en una montañita encima de una estantería de la habitación. Cada vez que cae uno en mis manos, ¡paf! a la torre literaria.

La selección de Iván
Ahí los vio Iván una mañana y me preguntó curioso por qué los estaba acumulando de esa manera. "Pues es que es la montañita que me quiero leer este verano", le expliqué mostrándoselos. Estuvo un buen rato mirándolos y ojeándolos, haciéndome preguntas que no podía responder porque la mayoría no me los he leído nunca y señalando cosas que le llamaban la atención de uno o de otro.

La selección de Daniel
Al final los volvió a dejar en su sitio muy feliz. "Oye, ¿quieres hacer tu propia montañita?", los ojitos le brillaron y salió pitando a su habitación casi sin contestar para hacer su selección. Yo le seguí curiosa para cotillear lo que elegía. "A veeer, ¡el de los monstruos! Y el de chistes también... El de Galgui..."

Así andábamos de enfrascados cuando se presentó el mayor a ver que hacíamos. Al principio hubo un pequeño rifi rafe porque andan metidos en una cruenta pelea territorial por sus habitaciones ya no se acuerdan ni por qué, pero cada vez que uno entra en el cuarto del otro corre la sangre.

Mi selección
En fin, que acabé como pude con la disputa y le conté a Daniel el proyecto montañita de libros para leer durante todo el verano. ¡Le encantó la idea!

Quedamos en que primero buscaban en sus habitaciones y luego en la del bando contrario... digo... hermano... para hacerse con las lecturas que quisieran. Así lo hicimos y cada uno se hizo su selección más o menos realista.

Les había dicho que no iban a ser lecturas obligadas, sino un plan que podía cumplirse o no, pero que facilitaba el hecho de tenerlos a mano cuando nos apeteciera cogerlos. Con la excusa se han pillado cada uno seis o siete libros de mayor o menor dificultad. ¡Realmente espero que consigan leerlos todos!

jueves, 13 de junio de 2019

Con Mayte Esteban en La Feria del Libro de Madrid

Mayte Esteban, El espejo de la entrada,  fue la primera persona, fuera del círculo familiar, que me puso un comentario en el blog, hace ya muchos años. Me hizo una ilusión tremenda. No sé si os lo podéis imaginar, pero para mí fue un momento especial. Hacía muchísimos años desde la última vez que nos vimos en persona, Iván aún era un bebé. Como ella es del mundo bloguero literario y yo del mundo bloguero maternal no solemos coincidir en eventos, así que cuando me dijo que iba a estar firmando en la Feria del Libro de Madrid decidí darme un salto para verla.

Porque aún no lo había dicho, pero es una maravillosa escritora. Si no habéis leído nada de ella ya estáis tardando. El caso es que es que cogí a mis churumbeles y me los llevé el miércoles al Retiro con muchas ganas de verla.

Nada más llegar se quedaron prendados de una exposición de fotos alucinantes que se exhibía con el mensaje de "Evita los incendios forestales". Sobre todo Iván, que se lanzaba emocionado hacia ellas gritando el nombre del animal que salía en la foto de turno y partiéndose de la risa.

"Ooooosoooo, mamá un osoooo, conejooooo, hormigaaaaaaaaaaaa, cabraaaaaaa..." y así estuvo un buen rato, mientras yo le reñía por acercarse demasiado a los paneles.

Cuando se acabaron los paneles avistaron algo muy interesante: un puesto de helados. Por supuesto, no pudimos continuar sin una de esas frías golosinas entre nuestras manos. La chica del puesto era majísima y con los helados nos regaló dos pulseras que mis hijos lucieron encantados durante toda la visita.

Para aprovechar más la tarde, estuve mirando el programa para ese día de la Feria y encontré un montón de actividades interesantes en el pabellón de Samsung: Cuentacuentos con realidad aumentada, Ciudades inteligentes y sostenibles, Programando vuelos de drones... A mis niños les iba a flipar. Todos los talleres eran a la misma hora, así elegían ellos el que más les gustara y en el mismo pabellón podían incluso separarse bajo mi atenta mirada. ¡Y luego a ver a Mayte! un plan perfecto.

Pues no, resulta que llegamos al pabellón y nos dicen que no hay actividades porque se va a hacer un evento privado. Que vuelva mañana, que las hacen todas las tardes menos esa. Rebusco en internet y les enseño la programación de su pabellón para ese día. Los pobres me ponen cara de circunstancias, se deshacen en disculpas y no saben ni qué decirme. Claro, si la culpa no es de ellos, pero a Samsung ya le vale, porque a mí me mandan desde prensa la agenda del día de la Feria del Libro al correo electrónico y en la del miércoles 12 aparecen dichas actividades. Es más, mandaron un email posterior con cambios en el programa ese día y ¡seguían reflejadas esas actividades!

Ante las preguntas de mis hijos acerca del plan que se nos había ido a la porra, les conté sólo la actividad del cuentacuentos, que pensé que sería la que menos les interesaría, porque si les digo lo de los drones hacen una revuelta popular y terminan quemando el pabellón (lo que se traduce como una perreta de proporciones gigantescas que logré evitar). A la propuesta de los encargados de volver mañana u otro día. Imposible. Entre exámenes y otros planes ese era el único día que teníamos para acercarnos. Sin contar con que la feria se termina dentro de tres días. Muy mal por la poca previsión de Samsung. Si se comprometen a unas actividades es muy poco profesional suspenderlas sin avisar. Y toda mi comprensión por los chicos que me atendieron, que no sabían ni qué decirme.

Tras el chasco nos pasamos por el pabellón infantil, pero el cuentacuentos programado empezaba media hora más tarde y se solapaba con la firma de Mayte, así que nada. Total que acabamos en el Palacio de Cristal viendo los patos y las tortugas entre exclamaciones de "Oooooh que monos", "¡Mira! por ahí asoma una!" y "Mami, ¿puedo cogerlos?" (Evidentemente, mi respuesta fue no).

Nos metimos a ver la exposición, pero a mis peques les pareció un poco sosa comparada con la última que fuimos a visitar, que hasta tenía un pedazo de submarino medio suspendido en el aire.

Cuando vi que se acercaba la hora, nos acercamos al stand de la Fnac a saludar a nuestra amiga. ¡¡¡Cuanto tiempo!!! Me hubiera gustado ver también a su familia, que es encantadora, pero no tuve oportunidad. En cambio, Mayte sí que pudo comprobar los cafres en los que se habían convertido mis churumbeles. Aunque aseguró que los encontró adorables. ¡¡Se portaron fatal!!

Me fui del stand con una charla que ya hacía demasiado que teníamos pendiente, aunque demasiado corta, y dos ejemplares de sus libros firmados con unas dedicatorias llenas de magia: Detrás del cristal y La chica de las fotos. Del primero, incluso hice una reseña hace ya unos años.



Tras el reencuentro, los peques exigieron parque. Miré la hora y decidí que valía la pena que se acostaran un poco más tarde por un buen rato de diversión entre columpios. No fue fácil encontrar unos apropiados, en parte porque los tres primeros que vimos eran para niños mucho más pequeños que los míos y en parte por mi horrible orientación.

Pero al final encontramos unos chulísimo cerca de la casa de fieras y la biblioteca.

miércoles, 12 de junio de 2019

La invasión de la flor extraterrestre

¿Os acordáis de la flor extraterrestre que encontramos en el patio de la casa de la abuela en Covarrubias? Pues la cosa no ha quedado ahí.

Este fin de semana, estaba yo leyendo tan a gusto en el porche cuando mi primogénito casi me arrolla lleno de entusiasmo y nerviosismo.

"Mama, ¡mamá!, ¡¡mamáaaaaaaaaa!!" chillaba entusiasmado.
"Esto... Daniel, estoy justo aquí... ¡Y me estás dejando sorda!", protesté dejando el libro de lado. tenía claro que , fuera lo que fuera, no me iba a ser fácil volver a mis tranquilidad lectora.

"Mamáaaaaaa", siguió chillando el chiquillo sin dar muestras de haberme oído, "¿Te acuerdas de la flor extraterrestre? ¿Te acuerdas? ¡¡¡¡Pues se ha reproducido!!!!" y sin más tiró de mí para enseñarme su descubrimiento.

¡Vaya si se había reproducido! Eso era toda una invasión del patio. Estábamos ante una incursión pacífica (no parecen muy hostiles), de una raza vegetal, no plantada por mano humana. Estoy segura de que en breve tendrán dominado todo el territorio y saldrán a buscar nuevas tierras.

Daniel espera que no les dé por entrar en la casa, pero ya le he dicho que sin tierra, luz, agua y abono no tienen ningún interés colonizador.

La abuela, dueña de estas tierras, opina que la flor es muy bonita. Sin más.

He de aclarar que, gracias a Mi Alter, sabemos que la planta no tiene procedencia alienígena y adopta el nombre de mburucuyá, pero no tengo corazón para quitarle la ilusión al crío de haber tenido su primer contacto con el espacio exterior, bueno segundo.

Una, que es blanda.

martes, 11 de junio de 2019

Rescate científico en Covarrubias y otros juegos con la imaginación

La tarde del sábado, el padre de las criaturas nos propuso dar un paseito por el campo aprovechando que estábamos de fin de semana en el pueblo. Nos apuntamos enseguida, que los paseos camperos siempre molan. Y más con la imaginación de los churumbeles.

Nada más alejarnos de los edificios Daniel ya empezó a darle a las neuronas de la fantasía.

"Eh, ¿y si jugamos a algo?", propuso, "A ver, os doy vuestros personajes: Ivñan y yo somos soldados y mamá es una científica que viene al bosque tóxico a buscar a un colega suyo que ha desaparecido. Cuidado que todo aquí se ha transformado con la radiación y hay monstruos".

Enseguida nos metimos en el papel. "Nos va a costar mucho andar con los trajes anti radiación. ¿No?" sugerí yo. Mi primogénito me miró muy serio.

"No tenemos trajes antiradiación, mamá. No lo flipes", jolín con el niño, "pues nos vamos a mutar en algo horrible", insistí.

"Que noooo", siguió erre que erre el chiquillo, "que la radiación ya está en las cosas. No te comas nada y listo... ¡Cuidado! ¡Un monstruo!", los soldados se adelantaron para dar buena cuenta del monstruo dando por zanjada la discusión.

"Le hemos ganado", anunció el mayor, "Hemos recogido su sangre".

"¿Para estudiarla en el laboratorio cuando volvamos?", sugerí. Otra vez recibí esa mirada indescifrable de mis peques que me hace sentir que ellos saben reglas que yo desconozco.

"No, mamá. Es para inyectárnosla, recibir la fuerza del monstruo y poder combatir con enemigos de niveles superiores", me explicó Daniel pacientemente.

"Ah, claro. Tiene toda la lógica del mundo, sí", balbuceé más para mí que para ellos. "¿Os importa si fotografía especímenes raros de fauna y flora para investigarla a nuestros regreso?", por fin se mostraron entusiasmados con una de mis propuestas. Encontrar fotos chulas se convirtió en otro objetivo importante de la misión.

Las que más triunfaban eran las de flores con bichos. En cuanto encontraban un insecto posado me llamaban entusiasmados para que lo inmortalizara.

Por el camino lucharon con multitud de monstruos y tuvieron que transformarse varias veces para poder derrotarlos. Espero que esas transformaciones no les dejen secuelas como algún cuernito, colmillos afilados o cola de demonio.

Por fin encontramos al científico que veníamos buscando. Estaba desmayado en el borde del camino. Afortunadamente no había sido devorado por las infames bestias que allí habitaban. ¡¡Que suerte!! Y a nosotros no había atacado de todo.

En fin, que llamamos al helicóptero para que lo sacara de allí mientras nosotros iniciábamos otra aventura llena de zombies, hombres lobo y cubos de slime, capitaneada por Iván. Esta vez no había lugar para hacer fotos porque nos venían de todos lados y yo también tenía que luchar. Menos mal que encontrábamos armas, pócimas de curación y herramientas durante nuestra exploración porque aquello parecía un holocausto monstruoso.

Cuando nos cansamos empezaron a preguntar al padre que cuanto faltaba para volver a casa. Raúl sacó el móvil, consultó la ruta más corta, nos miró, volvió a mirar el móvil, miró el móvil un poco más...

"Bueno, ya sabemos por dónde ir o no", le espeté un poco mosqueada.

"Bueno, sí", contestó, "Según el GPS sólo estamos a 45 minutos de Covarrubias.

"¡¡¡Quéeeeee!!!", ¡¡pero si llevábamos más de dos horas dando vueltas!! ¿Qué entiende este hombre por paseito por el campo? Fueron 45 minutos muuuuy largos, con dos niños cansados y quejicosos que se paraban cada dos minutos a investigar algo o recoger "tesoros".

Como se nos estaba haciendo de noche y los peques se nos estaban poniendo nerviositos (que en los juegos somos muy valientes, pero luego...), nos pegamos un buen rato jugando a eso de "Paseando por el bosque la noche nos pilló, el cuco cantando el miedo nos quitó, cucu cucu, looooobo, ¿estás ahí?", que hasta ronca me quedé. Conclusión: 3 horas de paseo y toda la familia para el arrastre.

Más previsión a la hora de elegir caminitos señor padre.

lunes, 10 de junio de 2019

La pimienta huidiza

Hacía mucho que no hacíamos experimentos. ¡Con lo que nos gustan! Así que cuando vi el de la Pimienta que huye en Guíainfantil me entraron unas ganas tremendas de hacerlo con mis hijos. Es fácil, se necesitan pocos materiales y de los que tienes seguro por casa y parece cosa de magia. ¡Perfecto!

Los niños celebraron la propuesta en cuanto les invité a hacer el experimento. Me siguieron hasta la cocina y se sentaron frente a sus platos llenos de agua muy ilusionados. Les expliqué que en la superficie de líquida había una fuerza que la mantenía unida.

Para ver mejor la existencia de esa fuerza podemos poner pimienta para que quede flotando y meter un dedo a ver que pasa. Los niños se entusiasmaron demasiado y me dejaron el tarro de pimienta temblando. En fin, todo sea en pro del conocimiento.

Metieron el dedo y la pimienta lo rodeo, pero no se apartó. Cuando retiraron el dedo, la pimienta volvió a su lugar. La película que mantiene unida la superficie seguía intacta.

¿Pero qué pasa si ponemos una gotita de jabón en el dedo? ¡Vamos a verlo! Metemos el dedo con jabón en el agua y ¡Plas! la pimienta se retira a toda prisa como alma que lleva el diablo. No es porque no le guste ducharse como a mis churumbeles, es porque hemos roto la tensión de la superficie. ¡Tachán!