martes, 22 de octubre de 2019

Gimcana en la Biblioteca de Eugenios Trías de El Retiro

Estaba yo tuiteando tranquilamente con un café en la mano, cuando unas líneas de Goznar llamaron poderosamente mi atención: Gimcana en la Casa de Fieras de El Retiro... ¡¡¡¡Inscribir, inscribir!!!! Rauda y veloz envié un email a la sección infantil de la Biblioteca Eugenio Trías, que está ubicada en el mismísimo parque de El Retiro mostrando mi más extremo interés porque mis fieras, valga la redundancia, participaran en tan interesante actividad. Además compartí el tema con los grupos de Whatsapp del colegio porque no queda excesivamente lejos del barrio y me parecía un planazo para una tarde de viernes, aunque justo esa amenazaban con lluvias.

De todas formas, unas gotitas de agua no nos iban a detener ante una aventura. Me contestaron positivamente casi inmediatamente. Informé a los niños en cuanto volvieron del cole y les pareció una gran idea. Estaban deseando que llegara el día. Y el día llegó.

Nos plantamos en la biblioteca con más de media hora de antelación por que yo me había equivocado con la hora y en vez de las 18.30 estaba convencida de que era a las 18. Bueno, peor hubiera sido al revés. Mis hijos iban contentísimo porque además se habían enterado de que se habían apuntado más amigos.

Llegamos a la sala de actos de la parte infantil y allí me comentaron las organizadores que la gimcana iba a ser un juego de pistas por toda la biblioteca en el que tendrían que resolver divertidas pruebas y buscar en la base de datos para encontrar los libros que les darían las pistas. Así querían fomentar el amor a la lectura de los participantes. A mí me sonaba genial y me hubiera encantado quedarme, pero entendí que sólo iba a entorpecer el juego. Habían muchos niños en la sala.

Así que me fui a tomar un café a la cafetería de al lado con los padres de los otros niños, y aproveché para quedar con Goznar, que se acercó a tomar un café con nosotros. La verdad es que lo pasamos muy bien de charleta tan a gusto en una terraza del parque. Encima ni nos llovió ni hizo frío, así que se estaba de lujo.

¡Se nos pasó el tiempo volando! Y eso que estaba ansiosa porque me contaran que habían hecho. al poco de llegar los oímos acercarse con su habitual estilo de elefantes en una cacharrería. Venían muy animados, pero el mayor se echó un jarro de agua fría encima. Venía enfadadísimo y decepcionadísimo, pero eso sí, con los regalitos que le habían dado bien cogidos en la mano. El pequeño en cambio, iba dando saltos de alegría y asegurando que se lo había pasado genial. Que si había que encontrar unas leyendas perdidas, que si habían tenido que utilizar un espejo, que si gafas de filtro rojo para ver mensajes escondidos, que si había conocido al esqueleto de la biblioteca... Y que el tesoro molaba muchísimo muchísimo.

Foto antigua de otra vez que fuimos
Daniel aseguró que le habían separado de sus amigos en el minuto uno que ahí había perdido todo el interés por el juego, así que se había sentado a leer cuentos, revistas y libros a su bola. En vez de los kilos y kilos de comprensión materna que esperaba le cayó la del pulpo y un castigazo. Porque ¡vamos a ver! Si te apuntas a una actividad te comprometes a participar de buen grado con amigos o sin ellos y si no le dejas la plaza a otro niño para que la disfrute. Espero que después de la gran charla que le di, haya comprendido algo sobre compromiso y responsabilidad porque como me vuelva a liar otra igual que no cuente con que le apunte a ninguna actividad más.

Encima los organizadores le dieron el premio final y todo. Soy yo y si no participa no le doy nada. Debían tener un corazón de oro o algo así. Que rabia me dio cuando me lo contó. por una tontería pierde la oportunidad de pasar un buen rato, conocer gente nueva y, sobre todo, no ocupar la plaza que otro niño hubiera podido disfrutar.

Por lo menos el pequeño se lo pasó en grande. Muchas gracias Goznar por el chivatazo.

lunes, 21 de octubre de 2019

Baba no quiero dormir

Miriam Tirado ha sacado de su cabeza un cuento con el que padres e hijos podamos conectar y comprendernos mutuamente, Baba no quiero dormir, y lo ha presentado en la Librería Liberespacio. Me encanta que parta de que el problema de que los niños no se quieran ir a dormir no surge solamente del niño, sino que necesita un trabajo conjunto de ambas partes.

Si los papás nos enfadamos, nos ponemos nerviosos o nos agobiamos no ayudamos a nuestros peques a descansar correctamente.

No es lo mismo que el niño se vaya a la cama feliz y tranquilos, que angustiado y llorando. Así que comencemos por analizar la situación.

Los papás llevamos días de locos: el trabajo, las tareas del hogar, los compromisos, citas médicas, ayudar a los peques con sus deberes o estudios, llevarles a las extraescolares... Una lista sin fin. Y los niños igual, que si cole, que si deberes, que si su ratito de juego, que si ver un poco la tele... Total, que en todo el día, es muy raro que podamos sentarnos juntos para interactuar relajadamente.

La hora del cuento y de irse a la cama es el mejor momento para conectar con nuestros hijos. Mientras vamos desgranando las historias podemos aprovechar para preguntarles y enlazar con sus vivencias, sentimientos y emociones.

Eso lo tiene tan claro Tirado que lo ha sabido integrar perfectamente en su cuento. En el texto se presentan situaciones ante las que podemos sentirnos identificados y nos preguntan sobre ellas. Pero no sólo a los peques, también a los padres, porque la comunicación tiene que ser bidireccional, para que nosotros podamos entenderles a ello y ellos a nosotros. Vamos reforzar nuestras habilidades empáticas.

Aprendamos por qué nuestro hijos no se quiere ir a la cama, porque quiere seguir jugando, porque no quiere que comience un nuevo día y tener que volver al cole, porque tiene miedo a la desconexión que supone el estado de letargo, porque le teme a la oscuridad... puede ser una de estas razones, más de una, todas u otra diferente, pero puedes estar seguro de que ellos son los primeros que están deseando descubrirla y contártela. Y ¿Por qué los padres se ponen tan serios y enfadados? Seguro que los niños también quieren saberlo.

El libro cuenta con unas preciosas ilustraciones de Joan Turu para que nos resulte más atractivo. Los niños pequeños se guían mucho por los elementos gráficos, que por las letras en sí, aunque ya tengan edad para leer de forma autónoma. Los dibujos introducen a los peques en las situaciones haciendo más fácil que les llegue el mensaje que se quiere transmitir.

Otro elemento de éxito con el que cuenta son las tres canciones del grupo Xiula a las que podemos acceder por medio de un código QR que encontramos en una de sus páginas. La música es un lenguaje universal que alcanza a los peques y les transmite los mensajes , a veces, mucho mejor que las palabras.

El cuento recoge tres canciones que podemos encontrar en castellano y catalán. La primera canción se canta desde la piel de los niños y, por eso mismo, las voces son de niños. Lo más importante de esta composición es lo que se transmite y no la calidad técnica. La segunda intenta transmitir el punto de vista de los padres y tiene un ritmo más funky. Por último, la tercera y más efectiva a la hora de irse a dormir, es la que tiene más corazón y es una nana. Transmite que todo va a estar bien y que puedes desconectar porque cuando te despiertes todo va a seguir bien.




Xiula es un grupo que compone e interpreta canciones educativas para ayudar a los peques en su desarrollo y a los padres en la educación. Para ellos es muy importante la conexión con uno mismo y los que nos rodean y eso se ve reflejado constantemente en sus composiciones.

El libro también incluye una actividad de relajación para que hagamos con nuestros niños y puedan dormirse tranquilos y relajados. Los niños son más físicos que mentales, cuando crecen la balanza se va inclinando más al cerebro que al cuerpo, pero ahora necesitan relajarse físicamente y conectar con su cuerpo, sobre todo, por medio de la respiración. Deben respirar lento y profundamente, escuchar cómo su corazón tiene un latido cada vez más tranquilos y darse cuenta de lo cansada que está cada parte de su cuerpo. Es un ejercicio de relajación para que puedan dormir tranquilos y que su descanso sea más eficaz.

Por último, encontramos una pequeña guía para familias, aunque más bien es para los padres, para ponernos en situación y darnos algunas claves para que la hora de irse a la cama no se convierta en un infierno diario.

Es una publicación completísima, el tercer libro de una colección que incluye otros dos títulos de la misma autora: la fiesteta (para que los niños puedan dejar la teta sin dramas) y Tengo un volcán (para gestionar la ira).

viernes, 18 de octubre de 2019

Sesión de manualidades Halloween: Fantasmas y arañitas

Daniel lleva un tiempo persiguiéndome para hacer alguna actividad chula en casa. Hace mucho que no hacemos, pero es porque no paramos la pata yendo de un sitio a otro y en casa estamos que si partidas de rol, que si ellos creando sus juegos, que si esto que si lo otro... ¡y aún tengo que sacar tiempo para que se aburran ellos solos y hacer yo mis tareas! Así que ni ganas a sentarme a pensar en algo, ni tiempo.

Pero como últimamente, el mayor y yo estamos que nos tiramos de los pelos, me puse a ello tomándomelo como terapia para quitar tensión a nuestra relación, que últimamente tiene más enfados que abrazos. Eso sí, buscando algo sencillito para no liarme mucho tiempo en la preparación. La primera página que pinché ya me dio la idea. Era ésta de Sapos y Princesas. Elegí la manualidad más sencilla, que más fácil imposible, los fantasmas de papel. Perfecta.

Llamé a los niños y les puse delante folios, tijeras y rotuladores. ¡Si es que no hace falta más! Dos minutos de preparación.

Hice uno para enseñarles cómo se hace, pero una que es tronca tronca con esto de la geometría y el cálculo me lié con la espiral y me salió... algo un poco raro. Nada, nada, no nos desalentamos. Cogí un lápiz y me marqué la espiral para no volver a liarla. Ahora sí, un fantasma desenrollable bastante aceptable. Cuando se pusieron ellos también se liaron con el tema de la cola del fantasma. Ainss si es que tienen mis genes. Hicieron un par con mi ayuda, que les marcaba la zona a recortar con lápiz y en el tercero el mayor me propuso un reparto del trabajo: yo recortaba y ellos pintaban.

En fin, como ya le había cogido el truquillo me plegué a sus ruegos y allí que estuve recortando fantasmas para que ellos pudieran pintarles caras inquietantes. Les gustó muchísimo la actividad. Pero les supo a poco. Cuando se cansaron de los fantasmas pidieron más.

Pensé en hacer la tela de araña del post, pero la cartulina negra que tenía era muy gruesa, difícil de recortar y hacían falta muchas para completar el círculo, así que lo dejamos por imposible, pero nos entraron unas ganas tremendas de hacer arañitas. Son muy fáciles y ya las habíamos hecho en algún Halloween anterior. Corrí a por los limpiapipas, cogimos cuatro cada uno, enrollamos por el medio para hacer las ocho patitas y luego enrollamos un lacito para hacer las cabecitas de las arañas.

Al final estuvimos mucho más tiempo del previsto y no pudimos adornar la casa con nuestras creaciones hasta el día siguiente. Había que ponerse con los deberes, estudiar, ducharse, etc... ¡Si es que las tardes no dan para nada!

Los niños están muy orgullosos del resultado. Y sí, aún no hemos recogido lo del cumple porque lo vemos muy indicado para Halloween. Se nos está quedando la casa muy terrorífica simpática, diría yo.

jueves, 17 de octubre de 2019

Harry & Cerdon, una misión mítica

Las colossales aventuras de Harry & Cerdón te entran directamente por la retina y se te quedan enganchadas a cerebro con un "Que pintaza. ¿No?". No sé si es por la portada brillante, por los simpáticos dibujos minimalistas que salpican todas sus páginas pero te dan unas ganas tremendas de leértelo. Eso nos pasó a mí y a mi hijo mayor cuando tuvimos Una Misión Mítica en nuestras manos, pero él fue más rápido y el libro desapareció en el caos de su habitación antes de que pudiera siquiera protestar.

De vez en cuando lo veía destellear, por eso de que la portada es brillante, delante de su nariz, pero no acababa de volver a mí. ¡Y tenía que hacer la reseña! "Daniel", le amenazaba seriamente, "O me das el libro de una vez o la reseña la vas a hacer tú".

Pero él me ignoraba sin apartar la mirada de las páginas. Y ni me lo daba, ni hacía la reseña, ni ná. Porque anda que se daba prisa el condenado. ¡Que va! Se pegaba un montón de tiempo en cada página. No sé qué haría, porque cuando por fin pude hacerme con él me lo leí en muy poco tiempo.

Es una lectura muy amena y divertida que trata sobre las aventuras y desventuras de un niño cíclope y su día a día, que así a simple vista no parece ser muy diferente al que podría tener cualquier niño normal, quitando que está rodeado de seres mitológicos, que en Colossa las cosas funcionan de una forma un poco caótica y que su mejor amigo es una mezcla de cerdo y dragón.

¡Ah! y que tiene un abuelo vikingo empeñado en encontrar su tesoro al precio que sea... Bueno, vale, una vida muy normal no tiene, pero sus preocupaciones pueden ser tan reconocibles como un terrible examen de mates, el matón del cole o intentar llamar la atención de la niña más guay del cole haciendo tonterías que sólo pueden acabar mal.

Y de esto trata esta aventura. Harry va a tener que agudizar su ingenio para salir bien de un ola de terribles circunstancias que se alinean para hacer de su vida un infierno. Menos mal que siempre puede contar con Cerdón, para lo bueno y para, ejem, lo malo.

Las ilustraciones de trazos esquemáticos y colores planos, pero muy visuales y atractivas, que se reparten por todo el libro como viñetas de cómic y una letra llena de negritas, mayúsculas y llamadas de atención hacen de esta opción un éxito aún para niños a los que el placer de la lectura aún no ha enganchado.

La historia es un "descenso a los infiernos" del protagonista contado con mucho humor y gracia y la búsqueda a la desesperada de un final feliz con la inocencia y gracia que tiene el punto de vista del protagonista.

A Daniel es obvio que le ha encantado, sobre todo por ser una obra muy visual. A mí también, y ahora nos queda el pequeño que también lo miraba con ojos golosos, pero que decidió no meterse en nuestra guerra por el libro en su momento.

En cuanto termine la reseña lo voy a dejar en su mesita de noche. ¡Que alegría se va a llevar! jajaja

miércoles, 16 de octubre de 2019

El Templo del Cielo

El segundo día en Pekín tampoco nos dimos cuartel. Seguíamos cansados del viaje, pero las ganas de investigar eran mucho mayores, así que nos fuimos al Templo del Cielo, que es uno de los imprescindibles. Aquí empezamos a contar curiosidades a los peques sobre el terreno, aunque lo que os voy a decir a continuación no sólo le vemos en este conjunto de edificaciones, sino en casi todo lo que visitamos posteriormente también.

Por ejemplo, el 9 es un número muy importante para los chinos y lo encontramos en un montón de elementos: escalones, los puntos en relieve de las puertas...

Además, las figuras que encontrados en los bordes de los tejados son guardianes de ese edificio. Cuantos más cuentes más importante.

Y por último, cuando veas dos estatuas de leones paralelas pide a los peques que busquen cual es macho y cual es hembra, y que lo razonen. A los míos les costó un poco porque el tema es que la leona (que es hembra aunque aparezca con melena), tiene una cría en una de sus patas y el león una pelota, pero estos peques no entienden porqué el león no puede tener la cría y la leona la pelota. Les falta asimilar el contexto machista de esas esculturas. Lo bueno es que una vez les expliqué la curiosidad se fijaron en esto toda nuestra estancia.

Pero bueno, volviendo al Templo del Cielo en si. Se encuentra en un parque precioso, aunque sin columpios (no encontramos columpios públicos en ningún sitio). Es un lugar desde el que se pedía buenas cosechas en la antigüedad y representa a la Tierra y el Cielo.

Se entra por la muralla exterior, en la que encontramos lo que nos pareció en ese momento mucha gente. Ilusos. Ya sabríamos de primera mano lo que es una multitud apabullante en otros lugares. Sobre todo en la Ciudad Prohibida.

Hasta llegar al edificio principal, el Salón de Oración por la Buena Cosecha (Qinian Dian), puedes ver otras estancias y Altar Circular, que es como una copia del primero, pero más pequeño. La verdad es que es una pasada estar ahí y poder ver tantos detalles, decoraciones y construcciones preciosas al estilo oriental antiguo.

Muy curioso es el Muro del Eco, en el que se supone que si dos personas se colocan en lugares equidistantes se pueden escuchar perfectamente aunque hablen en susurros. Con tanta gente charlando por todos los rincones del muro fue imposible probar si la cosa funcionaba.

Allí se encuentra la Bóveda Imperial del Cielo, dónde se guardan elementos ceremoniales.

La pena es que no pudimos entrar a Qinian Dian y sólo pudimos verlo desde fuera con un montón de gente empujando ansiosa de que le tocara el turno. A los peques los tuve que agarrar bien, por una lado para que no los arrastraran y por otro para que se me perdieran en su afán por conseguir el mejor puesto de observación.

El interior es una maravilla, pero no pudimos deleitarnos mucho porque la fila avanzaba rápido. En las salas adyacentes podemos ver expuestos objetos y maquetas relacionadas con el lugar.

Cuando nos cansamos de deambular de aquí para allá por el Templo del Cielo nos metimos en el parque, en el que encontramos un montón de lugares que parecían casi mágicos y sacados de las leyendas orientales de samuráis y geishas: Templetes, pasillos ornamentados, piedras bellamente colocadas... Y hasta una puerta que podía haber pertenecido a Hobbiton sin problemas. Un preciosidad.


El parque abre desde la 6:00 de la mañana, pero el Templo del Cielo en sí no lo hace hasta las 8:00. Luego cierra a las 17:00 (en invierno una hora antes). Pero se puede seguir disfrutando del inmenso jardín hasta las 22:00. En verano, que es cuando fuimos, hay muchísimas horas de luz y merece la pena madrugar para alargar los días y aprovecharlos más. la entrada nos costó 40 yuanes, que al cambio son unos dos euros y medio.