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martes, 30 de agosto de 2022

Taller de Llaveros de bolas de cuerda

En las TdN también hay talleres de manualidades muy chulos. Lo que no hay es tiempo para apuntarse a todo porque no te puedes desdoblar ni clonar. Afortunadamente logré cuadrar el taller de llaveros de bolas de cuerda, aunque me costó un poco encontrar el lugar y llegué un poco tarde. No sabía ni que existía ese espacio. No irás a una Tdn sin aprender algo nuevo.

Aunque más importante fue aprender a hacer los llaveros, que molan un montón. No era difícil en sí, pero que quedara bien resultó algo más complicado. De hecho, el mío no tenía las cuerdas por donde debía, pero como quedó muy aparente me rendí en deshacerlo y volverlo a hacer.

La técnica consiste en sujetar una canica entre los dedos y pasar la cuerda cuatro vueltas hacia un lado, cuatro hacia otro, meterla por dentro y otras tres vueltas. O algo así. Es que estas cosas hay que verlas mejor que contarlas.

Luego había que tirar del hilo e ir estirando de él hasta compactarlo en una bolita muy graciosa. Es un proceso la mar de entretenido.

Al final me fui a por unas tijeras para cortar el sobrante de la cuerda y quemarlo (porque tenía unas en mi habitación), pero me encontré con Papiprimerizo en el camino, que ya me había avisado de que venía a las jornadas, ya me lié a charlar con él y su preciosa familia y cuando quise regresar ya se había acabado el taller.

De hecho, me habían dejado mi mochila en recepción para que no se me perdiera. Me avisó una de las asistentes que me vio todavía de charleta.

No logré cortar la cuerda sobrante, pero desvirtualicé a Papiprimerizo, que es mucho mejor :)

Llevábamos mucho años con la quedada en las TdN pendiente ¡y por fin se hizo realidad!

martes, 27 de febrero de 2018

Finde Lúdico Rural a tope

Este finde nos hemos liado la manta a la cabeza ocho familias y nos hemos metidos todos juntitos y a veces hasta revueltos en una casa rural flipante, San Pedro de Caldas, en Yanguas de Eresma. A los mayores nos pareció una mansión y a los niños un pedazo de castillo ideal para jugar al escondite. ¡Y vaya si jugaron! Se les oía el ¡¡¡Por míiiii!! hasta en Madrid, si me apuras.

Gente chachi, niños a mogollón y... toneladas de juegos de mesa, que no se nos olvide el detalle importante. Todos trajimos nuestras joyas de la corona para echar unas partidazas. Yo me piqué al Splendor con tres contrincantes de aúpa. Jolines, que duros. Y eso que yo iba con mis estrategias más que pensadas, pero ahí estaba Ana para despistarme, Dani para descolocarme y Beltrán para arrebatarme mis preciadas cartas. ¡Todos contra mí! Así que no gané ni una. Estoy segura de que estaban compinchados porque les expliqué mal las reglas y casualmente esa situación me benefició un poquito. ¡Ni que una tuviera memoria de elefante para las reglas! Total, un detallito sin importancia...

También me moló muchísimo Celestia. A Raúl le hicieron ojos chiribitas en la primera partida y ya se veía con su ejemplar nuevecito en una de las estanterías de casa, pero conmigo topó, que no le permito meter en casa ni un juego más hasta que terminemos de jugar las expansiones de Arkham Horror lcg. Tanto consumir sólo lleva a que los juegos críen polvo con sus plastiquitos y precintos. ¡Me niego! La verdad es que es una tentación con sus ilustraciones fabulosas, el barco volador y las forma de juego... Es taaaan bonito. Por cierto, que tampoco gané ninguna partida porque soy una kamikaze y lo normal es que acabara estrellándome. Ainsss. El azar no me quiere.

Fernando, me descubrió Escape, un estresante juego colaborativo de velocidad y tirar dados a lo loco muy divertido. ¡Se me cayó la pirámide en la cabeza! Debo ser afortunadísima en amor últimamente.

El cupo de rol también fue de lo más extenso. Para los niños hicimos un rol en vivo, Escuela de Aventureros, del que ya hablaré en otro post; Jose dirigió un par de partidas de Magissa; Miren fue la máster de un divertidísimo rol en vivo de Pequeños detectives de monstruos y se enfrentó ella sola a dirigir una Agencia compuesta por diez niños por lo menos; y para los mayores Beltrán dirigió una partida de Vampiros que debió ser la caña por lo que luego contaron. Yo me descolgué de la partida porque estaba deseosa de jugar a Unlock! Escape Adventures. Ya había jugado a Unlock! Mystery Adventures y me había flipado. Son juegos de escape room llenos de pistas, puzles, acertijos, números escondidos...

Pero no todo fueron juegos, también hubo tiempo de visitar una estación fantasma que pertenece a una vía verde y una antigua fábrica de chocolate; de comer como si no hubiera mañana a base de barbacoa de carnaza a saco que  pasó por leña y carbón Raúl y una fabada de lujo que nos hizo Ana que estaba que te mueres; de charlar, reirnos mogollón y pasarlo genial. Además, Paloma se metió a los peques en el bolsillo con actividades de manualidades muy chulas y Fernando trajo balones y porterías. Imposible aburrirse. El toque más dulce lo puso Ruth con sus dos tartas de chocolate y galleta. Doy fe de que Daniel no se cogió el empacho de su vida con este postre de milagro. ¡Estaban buenísimas!

Creo que cuando llegó el día de irnos todos estábamos pensando ya en quedar para la siguiente jajaja

Fue genial compartir experiencias lúdicas con Paloma, de Refuerzo Divertido, José, de Rolero de Hamelin, Patri; Ana; Juls, de Bebé a Mordor; Beltrán; Miren; Dani; Ruth, de Aprende paso a paso; Alex ; Fer, de El pequeño rincón de los juegos de mesa, sus hijos, los míos, mi maridín y el paciente y monísimo Bicho, el perrito de Ruth, que animó el cotarro que no veas con sus apariciones estelares de debajo de las mesas.

Por  cierto, que preciosidad de carteles para las puertas de las habitaciones que se curró Miren. Unos Totoros preciosos que mis hijos tienen colgados en las puertas de sus habitaciones.







sábado, 7 de febrero de 2015

Las cosas nunca son como te las imaginabas

Después de cuatro tardes metidos en casa por el frío y el mal tiempo, decidí quedar con amigas para llevar a los peques a un parque de bolas cercano. Nos aseguramos de que el día elegido no hubiera ningún cumple en desarrollo y allí que nos personamos con unos chiquillos muy emocionados y descontrolados.

Al principio la cosa fue bien, pero si pensaba que mis hijos me iban a dejar tener una charla tranquila, obnubilados con las atracciones, estaba muy equivocaba. Venían cada dos por tres a pedirme algo, a quejarse de alguien, a intervenir en la conversación... Yo alucinaba.

Al poco, mi hijo mayor y otro de los niños debieron tener un altercado de gran importancia para ellos porque a partir de ahí el odio fue mutuo. Se peleaban cada dos por tres y buscaban fastidiarse mutuamente. Se tiraban las pelotas y cojines que habían desperdigados entre las bolas con inquina. A tanto llegó la cosa que desistí de sentarme con mis amigas para controlar en todo momento la situación.

Como era de esperar, mi niño se cansó de que le riñera y castigara siempre a él. Esa era su percepción porque también le cayó alguna regañina al otro de mi parte y de parte de su madre. El caso es que acabó sentándose con los ojitos rojos en un rincón sin querer saber nada del mundo y haciéndome sentir muy culpable. Me costó mucho que volviera al circuito de las bolas a intentar pasárselo bien.

Por su parte, Iván tampoco se estaba portando como un angelito precisamente: me desobedecía sistemáticamente y lloraba por todo. Supongo que estaba cansado. Tanto como yo harta de la situación, que llegó al límite cuando los dos enconados enemigos se liaron a patadas y puñetazos dentro del recinto de las bolas sin hacer caso a mis frenéticos gritos y amenazas. A punto estuve de entrar en la piscina y sacarlos a rastras, pero las madres y las empleadas acudieron en mi auxilio antes de que perdiera completamente el control.

En un principio pensaba aprovechar más tiempo nuestra tarde en el parque de bolas, pero visto lo visto agarré a mis dos llorosos vastagos y me fui a casa con la convicción de no volver en mucho tiempo.

Creo que el problema, que en un principio pensé que sería una suerte, estuvo en que éramos los únicos usuarios de las instalaciones y desde el mismo momento en que Daniel chocó con uno de los niños (con el que siempre se había llevado genial), y teniendo en cuenta que nunca se ha llevado muy bien con el otro, y que últimamente no juega con niñas ni obligado, se vio bastante solo y aburrido. Algo parecido le debió ocurrir a Iván que no tenía ningún amigo de su edad con el que jugar y su hermano mayor tampoco le hacía caso. Pero nunca supuse la situación se tornara tan catastrófica.

Afortunadamente, estos niños tienen muy poca memoria y el hecho de que se libraban del baño y que mamá les diera la manita esa noche hasta que se durmieran les hizo volver a ser felices. Me parece que el único damnificado fue el bolsillo de la amiga que nos invitó.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Intercambio de tiburones

Mi hijo mayor tiene un nuevo mejor amigo. Afortunadamente conozco a la madre de nuesytras largas jornadas de parque, pero a causa de extraescolares y obligaciones varias no coincidimos en horarios, con lo que nos estaba resultando muy difícil hacer felices a los niños en su deseo de quedar en una casa u otra.

Muchas tardes salían del cole clamando por no separarse, pero, por una cosa o por otra, no podíamos plegarnos a su voluntad. El día que le tocaba piscina a Daniel, por fin ocurrió el milagro. Raúl estaba de viaje y yo no tenía ningunas ganas de ir con los dos y que el más pequeño me la montara parda, así que informé a la mami del amigo del mayor, que, por fin, esa tarde, podíamos quedar. Y así quedamos.

Cuando se lo dije al mayor, daba botes de alegría. Menos mal que la cita era tarde, porque justo en el momento en el que nos íbamos descubrimos a los chicos de la actividad del huerto regando y nos unimos a ellos para alegría de los peques. Se pusieron como sopas, pero se lo pasaron en grande con sus regaderitas.

Aún nos dio tiempo de correr a casa, cambiarles de ropa y que se sentaran tranquilamente a merendar.
Entonces fue cuando Iván empezó a quejarse de nuevo de dolor de tripa. Le hice un masajito reparador y empezó si diarrea. Fue como seis veces la baño. La verdad es que es un campeón, porque no se le escapó ni una vez. Por si las moscas, le puse pañal. Pero él venía a pedirme ir al baño siempre que notaba la necesidad. Estoy muy orgullosa de mi niño mayor.

El amigo de Daniel llegó a casa con un tiburón tigre de plástico muy chulo en sus manos y huevos kinder para los niños. A Iván se lo guardamos para más adelante. Resulta que el peque está fascinado por los tiburones. Así que le encantó el azul enorme que les compré en una ocasión en la que empezaba a trabajar de nuevo y quería compensarles una poco que iban a ir al campamento de verano y al pueblo con su padre y abuelas.

Al principio los peques jugaron con los juguetes tan felices, pero no tardaron mucho en pedirnos pantallas: la wii, la tablet, el ordenador… Y se engancharon a tope. Hubo alguna que otra bronca por los turnos, pero entre la mami del amigo y yo lo íbamos solventando. En realidad, entre unas cosa y otras no nos dejaron charlar a gusto y mi café acabó quedándose frío en la taza. Al final iba a tener razón el amiguito cuando le soltó a su madre que no hacía falta que viniera jajaja

Al final quedamos en que teníamos que volver a tomar café juntas, pero …¡sin niños!

El caso es que los chiquillos se lo estaban pasando tan bien, que el amigo no se quería ir a casa. Para convencerle sugerí que le prestáramos unos días al tiburón azul. Algo así como lo que hacen con la mascota de clase. Los dos niños empezaron a entusiasmarse y la cosa acabó con intercambio de tiburones por una semana. Con lo que aquí tenemos al tiburón tigre, conociendo al resto de animales de plástico.


Cuando se fueron, Daniel empezó a quejarse también de dolor de estómago e Iván tenía un poco de fiebre. Rápidamente les bañé, les puse el pijama, les preparé unas suaves tortillitas francesas, les conté un cuento por cabeza y me quedé junto a ellos dándoles la mano hasta que se durmieron. Cuando se encuentran mal, hay que mimarles un poco.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Excursión en grupo

A una de mis amigas madres se le ocurrió una idea genial: juntarnos todas las familias para pasar un día en el campo. Ella eligió el lugar y acertó de pleno.

Acordamos ponerle a todos los chiquillos camisetas rojas y hacía mucha gracia verles. Parecía un equipo de futbol. Aunque hubo un madre despistada que lo levó de blanco. El peque en cuestión parecía el capitán del equipo.

Quedamos en Los Asientos y caminamos un par de kilómetros hasta Boca del Asno. Los chiquillos aguantaron muy bien. Por el camino vivieron muchas aventuras en pasos "peligrosos", encuentros con caballos y vacas sueltos que iban a su aire, luchas encarnizadas con espadas palo, escalada a piedras enormes (una incluso les sirvió de tobogán)... Cuando llegamos a nuestro destino tomamos un tentempié, descansamos un ratillo y vuelta a Los Asientos.

En el camino de vuelta encontramos incluso más aventuras, porque cruzamos el río saltando de piedra en piedra. Casi todos los niños acabaron con los pies mojados, y algunos de los mayores también. Casi al comenzar la caminata, el pobre Iván sucumbió al sueño en mis brazos. Uno de los papis se apiadó de mi y lo cargó un buen rato. Iván abrió los ojitos somnolientos, pero los volvió a cerrar en seguida sin protestar. Al rato lo porteó un rato Raúl, hasta que llegamos al lugar escogido para comer. Entonces se reactivó y no quiso ni oír hablar de una siesta.

Los peques casi no comieron con la excitación. Estaban deseando ir a jugar. Se lo pasaron bomba con las pelotas, tirando piedras en el río, haciendo el cabra, explorando... No pararon ni un segundo. Los mayores estuvimos intercalando ratos de sobremesa y juego con los chiquillos.

Hasta tenían unos columpios en el merendero que también disfrutaron.

La mami que tuvo la idea de la excursión se curró unos diplomas para los pequeños exploradores y premio un chupa chups para cada uno que les supo a gloria.

La gran sorpresa fue la tirolina que montó uno de los padres en un momento. Es escalador y contaba con todo el equipo. Los niños participaron entusiasmados en la nueva atracción. Los que no pertenecían al grupo nos observaban desconsolados, pero no era plan de subirles en una tirolina casera y arriesgarnos a la furia de sus progenitores. Hasta Iván descendió por la cuerda. Y le encantó la experiencia.

Al final, entre una cosa y otra, salimos de allí tardísimo. Al llegar a casa, una cena rápida, y todos corriendo a la cama.







miércoles, 24 de julio de 2013

Picnic en la piscina

Iba a ser un día normal de piscina, pero dio la casualidad que íbamos a coincidir bastantes madres y padres, así que a una de ellas se le ocurrió comprar algunas chuches y patatas fritas para montar un picnic de última hora. A mi hijo mayor le encantó la idea y corrió emocionado todo el camino para reunirse con sus amiguitos.

Lo pasaron genial en la piscina, engullendo gusanitos, patatas y chuches, jugando a perseguirse, a las luchas...

Iván me hizo una pequeña faena perdiendo sus chanclas, así que tuve que meterlo descalzo en el agua. El suelo que la rodea es muy resbaladizo y sabía que se acabaría cayendo, pero no podía hacer nada.

Estuve encima de él todo lo que pude, pero en un despiste ¡Zas! Se metió un buen golpe. Le cogí enseguida entre mis brazos. Oirle berrear me tranquilizó porque me pareció un síntoma de que estaba bien. Aún así seguí el consejo de la socorrista y me planté en la enfermería para pedir la opinión de la enfermera.

Dejé a Daniel al cargo de mis amigas y acudí a que revisaran al pequeño. La enfermera me confirmó que no había sido nada, pero por si acaso tenía que observarle bien durante 24 horas, no dejara que se bañara en un rato y tenerlo en la sombra. Logré seguir sus indicaciones una media hora, pero el peque clamaba por la piscina desesperado y al final claudiqué. Desde luego estaba de nuevo como una rosa. Eso sí, una rosa con una madre pegada cual lapa. Al final me empujaba molesto para que le dejara en paz, pero yo no iba a permitir que volviera a tener otro accidente.

Ahí no se acabaron los sustos. Yo estaba como los camaleones, con un ojo en un niño y el otro en el mayor. Pero hubo un momento de despiste y desapareció Daniel de mi vista. Daniel y otros dos niños. Angustiadas, dos madres corrieron en su busca mientras el resto nos ocupábamos de los bebés. Por mi cabeza pasaron mil negros pensamientos, pero lo que en realidad sucedió es que los tres se fueron al baño como niños mayores a hacer pis. Eso sí, se les olvidó avisar a algún adulto de su acción.

Harta ya de tanta tensión y viendo que se nos hacía tarde para empezar la rutina nocturna me despedí de todos y nos fuimos a casita donde los tengo más controlados y disfruto de más tranquilidad. Una tranquilidad relativa, pero al menos no pueden escapar muy lejos.

sábado, 29 de junio de 2013

La reina de las fiestas picnic

Unos cuantos padres de la antigua clase de Daniel de la Escuela Infantil decidieron hacer un picnic en un parque y reunir a los chiquillos para que jugaran a gusto. Me pareció una idea genial y no dudé en apuntarme.

Pensaba que sería cuestión de sentarse en el césped a comer bocatas y patas fritas, pero estaba muy equivocada. Una de las chicas que asistieron era única en animar fiestas infantiles y se sacó de la manga globos, una larguísima guirnalda, helados y una casita de cartón enorme para que los niños pintaran y usaran en sus juegos. ¡Todo un éxito! Los peques casi no pisaron los columpios y se dedicaron a engalanar las paredes de cartón con ahínco, ha estallar globos o a cargarse (tristemente) la preciosa guirnalda amarilla.

Las madres y padres se curraron la comida y hubo de todo: pescado empanado, rabas de calamar, tortilla de patatas... ¡Todo un banquete!

Lo pasamos genial y, como siempre, nos costó un mundo convencer a los chiquitines para volver a casa.





viernes, 3 de mayo de 2013

Un mordisco inusual

Al recoger a mi primogénito en el cole, Marta llamó mi atención para hablarme sobre un asunto. "Guille le ha mordido en el culo a Daniel, no le he podido comentar la situación a su madre, pero aprovecho que te veo para decírtelo a ti, para que no asustes cuando veas el cardenal".

Lo primero que pensé es "¿Cómo ha podido pasar?". Pero Raúl me aclaró que no es tan difícil. Se estaría peleando y el niño mordió a nuestro hijo donde le pilló bien en ese momento. Le pregunté sobre el tema a Daniel, y me dijo tan tranquilo que había perdonado a su amigo. Así que no le he dado más importancia.

sábado, 30 de marzo de 2013

Perrucho y perrucho

Hacía siglos que el perrito de peluche con el que dormía Daniel y durmió Iván eventualmente estaba guardado en el armario. Ahora los dos duermen sin muñecos en la cama. Como mucho con mami, pero eso es otra historia.

El caso es que un día que Daniel estaba jugando en casa de un amigo, de repente, oímos un lamento desgarrador: "Perruchoooo, perruuuuucho".

Fuimos corriendo a ver que había pasado. Iván llevaba muy contento un perrito de peluche en sus brazos y el amigo de Daniel señalaba la escena con dedo trémulo y lágrimas en las orejas. "Es el peluche con el que duerme Luis" me explico la madre y en un segundo ya le había dado el cambiazo  ami hijo menor por otra cosa menos valorada por el anfitrión de la casa, pero muy atractiva a ojos de mi benjamín.

Daniel se debió quedar con toda la escena porque, días después, descubrió el libro que le hice hace mucho para que se fuera a la cama contento. Y en una de las fotografías ¡tachán, tachán! se encontró con que él también había dormido con un perro de peluche. "¡Perrucho!" exclamó "Mami, quiero a perrucho" me pidió mimoso. Le saqué el muñeco del armario y ya no se separóa de él en todo el día.

Ahora me lo pide de vez en cuando. Es curioso cómo ha copiado a su amigo.