viernes, 17 de septiembre de 2021

El sistema de almuerzos de Iván

Este año está siendo muy "especial". Daniel ya va al Instituto y juega en una liga diferente que la del hermano. Además de que está de un pavo subido que para aguantarle hay que ser su madre (y a veces ni ella lo aguanta. Lo sé de buena tinta). Otro día escribiré un post sobre esto, que se necesitan fuerzas, energías y las ideas muy clara para expresar esta etapa con palabras. Hoy me centraré en el sistema de almuerzos que se le ha ocurrido a Iván tras envidiar mucho a su hermano por poder comprarse el desayuno que quiere en el recreo.

Empecemos por el principio. Resulta que en el instituto de Daniel cuentan con cafetería y, aunque los alumnos de primero no pueden entrar porque tienen patio propio sin acceso (según mi churumbel, una especia de tierra de nadie), cuentan con un pequeño puestecito para que puedan adquirir su almuerzo cómodamente. Por supuesto, todo sano en la línea de una visión de negocios enfocada a los beneficios económicos: bolsas de patatas y similares, palmeras de chocolate, paninis... A ver qué si creéis que hay muchos adolescentes que se compran fruta de forma voluntaria para comer en el recreo. En fin, aunque no me guste la base alimenticia de esta iniciativa no me vi con fuerzas para negarle una paga de 5 euros semanales a mi hijo mayor para que fuera con los amigos a tomar a comprarse el almuerzo (porfi mami, todos lo hacen así, porfiiii). En fin, que a pesar de que estamos hablando de la friolera de 22 euros al mes de paga (A mí me parece mucho, que queréis que os diga), incluso se le queda corto, ya que el panini cuesta 1,50, la palmera 1,10 y la bolsa de patatas 0,50. Como en su mente está zamaparse un panini a la semana y el resto palmeras, ha decidido no comer uno de los días para poder conseguir sus objetivos. Por una lado lo tengo haciendo números y estrategias, que no está mal, pero por otro no me hace gracia que pase hambre y que coma tan mal todos los días.

Al que sí le ha hecho tilín el sistema ha sido al pequeño, que estuvo quejándose abiertamente porqeu él también quería una cafetería en su cole, o al menos un puestito aunque fuera pequeñito. después de una laaarga (demasiado larga) charla debate de por qué era imposible que se cumpliera su deseo llegó a la conclusión de que la solución estaba en su mano. Se sentó a desarrollar su incipiente idea y muy pronto me estaba presentando su proyecto.

Había confeccionado una lista de posibles almuerzos y sus precios "virtuales". Cada semana tendría 5 euros virtuales nuevos para gastar. Lo más sano es lo más barato y lo menos sano y apetecible lo más caro para que costara más conseguirlo (que conste que esto se le ocurrió a él. Yo no tuve nada que ver). Los productos que había apuntado, pero que no teníamos en casa y quedaban pendientes de comprar llevarían la etiqueta de "agotados" hasta que se repusieran. Y ¡plas! Me plantó la lista de precios en la nevera.

Estos tres días que llevamos con este sistema ha pedido sandwiches porque, como ya he comentado en alguna ocasión, mi peque es una reencarnación del tío Gilito y es más feliz con el dinero en la mano que gastándolo, aunque ese dinero sólo exista en nuestra imaginación. Supongo que la próxima semana, que arranca con 5 euros más el euro y medio ahorrado de ésta (que comenzó el miércoles por lo que recibió sólo 3 euros), se anime a darse algún capricho. O los caprichos se me van a acabar caducando.

El caso es que me encanta el sistema que se ha inventado. Bravo por su enorme creatividad y resolución a la hora de conseguir sus objetivos.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Este verano hubo playa ¡y olas!

Por fin este verano los niños pudieron quitarse la espinita de no haber olido una playa en más de un año. Con la pandemia no fueron a canarias y por la península tampoco veíamos motivo para viajar a la costa, así que estaban deseando rebozarse cual croquetas y saltar olas a lo loco.

Para mí, la verdad, es que las playas a las que fuimos en Tenerife no eran la octava maravilla, pero mis hijos las disfrutaron como si fueran las mejores del mundo. Cerca de donde nos quedábamos teníamos dos opciones muy diferentes: Una mediana con intenso oleado y otra doble más pequeña y más balsa de aceite. ¿Adivináis cual era la preferida de los peques? La de las olas, por supuesto. No hay nada como que te volteen y te arrastren de aquí para allá con la fuerza del mar. Cuando íbamos a esa yo me quedaba en la arena viéndoles morder la arena. 

En la otra sí que me bañé, era la de la famosa cueva a la que fuimos nadando en plan aventura y nos dimos con las rocas, nos atufaron a aceite de barco y mi hijo pensó que yo era una estupenda mula de carga marina para tirar de la tabla a la que iba cogido. Por lo demás muy bien. Era muy agradable bañarse allí.

Aunque el último día las olas invadieron incluso la playa balsa llenándola de porquería y lodo. Eran impresionantes. Y mis hombres, que están como cabras, no dudaron en bañarse desafiando el peligro. Casi les tuve que sacar de allí por la oreja.Y es que a mí el mar me da mucho, pero que mucho respeto. Por menos de nada ya te ha atrapado un corriente y estás perdido.

Decir que veníamos a esa playa rebotados de la otra en la que si ya de por sí había un oleaje intenso imaginaros con semejante marejada. De allí también los tuve que sacar casi a patadas (y con un enfado monumental) Menuda panda de inconscientes. La bandera era amarilla, pero ya os digo yo que merecía la roja rojísima. Me los llevé de allí con el premio de consolación de ir a la playa tranquila, pero como ya he contado. Tampoco duramos mucho, según ellos porque yo exagero, pero prefiero exagerar que llorar.

Las olas hasta cruzaban los diques de lado a lado. La gente tuvo que salir de allí corriendo con las mochilas y toallas empapadas. Mi hermana alucinaba y aseguraba que nunca había visto nada igual.

Aunque ahora que lo pienso ya nos hablaron de un oleaje fuera de lo normal cuando fuimos a la excursión en barco de avistamiento de cetáceos... Eso lo cuento en otro post, pero ya adelanto que moló muchísimo, sobre todo porque el barco parecía una montaña rusa subiendo y bajando las olas.







martes, 7 de septiembre de 2021

Sabatini en familia. Itinerarios interactivos por la ciudad

El sábado nos pusimos el despertador para no llegar tarde al planazo que teníamos programado. Teníamos reservada plaza desde junio para un Itinerario interactivo por la ciudad dentro del programa Sabatini en familia, una de las actividades que está desarrollando el ayuntamiento con motivo del Año Sabatini.

En principio íbamos muy animados, pero, de repente, durante el trayecto de metro hasta la estación de Sol, lugar dónde se iniciaba el paseo, Daniel torció el morro y nos aseguró con toda su mala leche que nos iba a amargar el día por lo malvadísimos que habíamos sido con él por haberle apartado de las pantallas para . No sé qué le hicimos, pero, oye, me sentó como un tiro su estallido adolescente.

El caso es que empezó a dar la tabarra desde ese mismo instante, trastocando el humor de todos. Raúl y yo nos propusimos que nada ni nadie podría estropearnos el momento, pero al peque le puso un poco del revés y también llegó un poco de morros al lugar. al final acabaron los dos castigados y con mucho peor ánimo para seguir la visita. ¡Se lo ganaron a pulso!

Pronto nos reunió una chica encantadora que repartió un papel y un lápiz a cada niños del grupo para hacer un juego sencillo y muy divertido: buscar los animales escondidos en el paseo y descubrir la palabra secreta.

Cada vez que se refería a mis fieras yo me echaba a temblar. Cuando están así nunca sé por dónde van a salir. Ambos se hacían los desinteresados, pero no podían evitar pegar la oreja porque nuestra guía nos contaba unas cosas muy interesantes y de una forma muy simpática. Eso sí, Daniel me dio su papel por la tontería que tiene encima de que él ya es mayor. Envidia me daban dos familias con hijos de edades similares que disfrutaban al máximo con el juego. En fin, al menos el pequeño sí que se involucró aunque disimulaba para no ser menos que su hermano.

Creo que la que mejor se lo pasó de todos fui yo apuntando como una loca los animalitos.

El paseo iba desde Sol al Jardín Botánico pasando la calle de Alcalá, la Cibeles y Neptuno. Y la guía nos iba contando el transcurso del siglo de las luces empezando por el final: el dos y el tres de mayo y la invasión de los franceses. La plaza de la Puerta del Sol se fue llenando de rebeldes madrileños que se defendían como podían del invasor, incluso trepando por andamios hasta los techos de los edificios y tirando a los soldados ladrillos de las obras inconclusas por el estallido de la revolución. Incluso pude ver cómo imaginaban vívidamente la marcha de los mamelucos (asesinos egipcios) asesinando madrileños a diestro y siniestro. Seguro que en su cabeza las calles se llenaron de ríos de sangre, que me los conozco.

Un poco menos les importó la estatua de Carlos III, considerado el mejor alcalde de Madrid por sus reformas que supusieron grandes avances para la ciudad, tanto culturales como urbanos, científicos, económicos... Fue un rey que pensó a lo grande y se trajo con él a su arquitecto favorito: Sabatini, por supuesto. Aunque otros tres arquitectos españoles también tuvieron oportunidad de dejar su huella en el casco urbano: Hermosilla, Ventura y otro que no logro recordar. Maldita memoria.

También nos contó que las estatuas que coronan los edificios de la calle de Alcalá antes de un intenso color dorado, fueron pintadas de negro en la guerra para que se las viera menos. Por cierto, que la calle de alcalá fue la primera en ser adoquinada y de gozar de alumbrado público. Porque, cuando Carlos II llegó a Madrid se encontró un paisaje desolador, con unas infraestructuras penosas y muchas suciedad. Y en vez de venir por dónde había venido se lo tomó como un reto y dejó un legado impresionante, que no siguió su hijo, Carlos IV, que no tenía demasiado interés en gobernar y dejó todo en manos de su valido Godoy, que casi nos entrega en bandeja de plata a los Franceses (bueno, lo hizo, pero no salió del todo bien).

Por supuesto, el primer animal que anotamos en nuestro papel fue la Osa de uno de los símbolos de la ciudad: el Oso y el Madroño. Y sí, en realidad es una osa y simboliza la constelación de la Osa mayor. Por esa época la observación de las estrellas toma muchísima importancia, teniendo en cuenta los grandes viajes en barco que debían hacer a tierras españolas en el Nuevo Mundo.

De la famosa estatua de la plaza pasamos a la Calle de Alcalá, donde pudimos admirar unos edificios impresionantes. Allí encontramos más animales. Además de la Real Academia de bellas artes de San Fernando, la primera de muchas que fundó después, como la Real Academia de la Aduana y la economía (también en esa calle y sobre la que nos contó un montón de curiosidades), la Real Academia de la lengua, La real Fábrica de la China (la fábrica de porcelanas que fue destruida en la guerra por los franceses y nuestros supuestos aliados los ingleses, ¡ups! se ha roto, fuera competencia), Real observatorio (el que tenemos que visitar para ver el telescopio gigante que fue destruido en la guerra y reconstruido posteriormente), etc...

Anda que no hay historia sólo en esa calle. Yo intentaba no perderme detalle mientras las fieras tocaban un poco las narices, cada uno a su modo. Iván se enfurruñaba si les costaba sacar un animal y Daniel aseguraba muy ufano que todo eso que nos estaban contando él ya se lo sabía y que por eso no le veía naaaada de interés, pero a la vez ponía la oreja como si le fuera la vida en ello (de otra forma, cómo sabía lo que estaba contando, eh? eh?). Desde luego, la guía tenía una paciencia infinita y un buen humor de lo más envidiable. 

Iván se hacía el desentendido bien pegadito a mí, pero incluso contestaba preguntas de la guía. No podía evitarlo. Si es que era imposible no interesarse. Ora cosa que descubrimos es que el Paseo del Prado se construyó simulando dos circos romanos, creando dos óvalos seguidos. una pista te la da las estatuas de dos cuadrigas que culminan uno de los techos de un edificio de la zona. El primero comienza en Cibeles (Dónde nos contó una versión muy rebajada de la leyenda de Atalanta e Hipómenes, apta para el público infantil) y acaba en Neptuno con su carro tirado por Hipocampos. En medio se encuentra la estatua de apolo que también tiene muchísimas curiosidades plasmadas. El segundo circo va desde Neptuno hasta las cuatro fuentecitas, en las que unos traviesos tritones aprietan las barriguitas de los delfines para que suelten el chorro de agua. Por cierto, todas las fuentes del paseo están hechas por Ventura Rodríguez y servían para que los madrileños recogieran agua para su uso personal, que en esa época no tenían grifos ni cañerías en las casas.

La visita finalizó en el Jardín botánico después de habernos contado muchas muchísimas cosas interesantes sobre el siglo de las luces como la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna real, o detalles sobre la familia de Alba y la trayectoria de su impresionante palacios, o el Museo Josefino que intentó construir José Bonaparte y que acabó siendo el Museo del Prado, entre otras muchas anécdotas y acontecimiento históricos. Dio para mucho y me pareció muy entretenido para todas las edades. Además te pegas un buen paseo. Vamos, que echas toda la mañana aprendiendo, moviéndote al aire libre y jugando. 

Por cierto que enseguida saqué la palabra secreta incluso equivocándome con un animal e Iván se picó un poco conmigo, pero se le pasó enseguida.

Como estábamos al lado de El Retiro decidimos cruzarlo hasta una parada de metro que nos venía mejor.  Bueno, decidimos los padres porque los niños estaban de un protestón subido tremendo, pero hicimos oídos sordos porque queríamos pasar por el Real Observatorio y por el molino, lo único que queda de la Fabrica de porcelana de la China.

Al final, Daniel no logró jorobarnos la mañana y eso que lo intentó por todos los medios. Eso sí, se ha quedado sin pantallas hasta el fin de los tiempos.

jueves, 2 de septiembre de 2021

Candelaria y nuestro aniversario

 

- Cariño, ¿no crees que podrías preguntarle a tu madre y a tu hermana si nos pueden cuidar a los niños para que nos vayamos a celebrar el aniversario?

- Ah, pues sí, bueno. Podría. ¿Y qué día les digo?

- Pues el de nuestro aniversario.

- Pero eso es hoy.

- Ajaaaa, ajaaaa! Por cierto, feliz aniversario.

- Eeeeh... mmmm... Bueno, sí, felicidades y todo eso. Pues les digo a ver...

- No te veo muy motivada.

- Es que el aniversario éste... ¿desde cuándo lo celebramos?

- Ainsss

- Vale, vale. Les pregunto.


Total. Que evidentemente dijeron que encantadas de ocuparse de las fieras y nosotros nos fuimos a Candelaria a dar un paseo y a cenar. 

Candelaria es un pueblo costero cuya joya de a corona es su basílica, que la verdad es que es muy chula, no se puede negar. Pero tampoco vimos mucho más para ver además de la basílica y su plaza, que encima estaba de obras.

En esa misma plaza se alzan las estatuas de los menceis, entre ellos el padre de la princesa de la que tomo mi nombre, Dácil. El mismísimo Bencomo. Pero estaba totalmente inaccesible rodeado de contenedores de obra y de valla.Por cierto, que resulta que había una fuente dedicada a Dácil en La Orotava y ¡no la vi! (Mal, muy mal).

La vueltita por el paseo marítimo fue muy agradable y tranquila. Como se nota que las fieras se quedaron en casa tranquilitos. Por cierto, se lo pasaron genial en jacuzzi que tiene la tía en su terraza y jugando con el Óculus del Tío. Pobrecitos, que mal viven (Ironía modo on).

Y mientras nosotros nos pusimos a la tarea de buscar restaurante. Conseguimos mesa a la tercera. ¡Pues si que están solicitados los restaurantes de la zona! El sitio nos gustó muchísimo. Se llama Mar y Magma y tiene una carta llena de delicatessen. Te lo pedirías todo. El sistema para pedir es muy curioso. Eliges en una carta virtual, cuando ya tienes tu pedido le das al botón de llamar al camarero y cuando viene le dices lo que quieres. Es rápido, pero ¿no sería mejor mandar la comanda directamente por el método online? El caso es que es efectivo.

El personal del restaurante es encantador, te tratan con muchísima amabilidad y se preocupan de todos los detalles. Fue una experiencia genial y comimos como reyes. Huelga decir que salimos de allí rodando.

Cuando llegamos a casa nos encontramos a mi hermana y a su pareja muertos de sueño con las fieras dando guerra aún. Eso es amor de hermana y lo demás son tonterías.







miércoles, 1 de septiembre de 2021

Anaga, los senderos cerrados y La Orotava

 

No se puede pasar ainss
Si Tenerife despunta en algo es en sus ricos y maravillosos paisajes naturales que van desde los prehistóricos bosques de Laurisilva, hasta los volcánicos que nos trasladan a lo que imaginamos que debe ser la orografía lunar o de Marte. ¡Una pasada! La verdad es que estaba deseando patearme los senderos más impresionantes. 

Yo quierooooo
La primera excursión decidimos que fuera por El Parque Rural de Anaga, declarado Reserva de la Biosfera. Una preciosa zona llena de barrancos, roques, calas... y una flora impresionante... Peeero, antes de llegar ya nos estaba mandando un mensajito mi hermana que se había adelantado: "Chacha, chacha, que me dicen que los senderos están cerrados!"

¡¿QUÉEEEE?!

Y no puedo buaaaaa!!!
Pues sí, cuando llegamos, un forestal nos facilitó un poco más de información, pero no mucha más. Por riesgo extremo de incendio se habían cerrado muchos senderos (TODOS) de la isla y no se sabía cuando se volverían a abrir (por si alguien lo dudaba los abrieron el mismo día que cogimos el avión de vuelta).

Desde el coche no es lo mismo
Siempre nos quedarán los miradores
Mis sueños se hicieron añicos en un momento, pero me quedó un premio de consolación: al menos los miradores estaban abiertos y se podían acceder el coche (buf, que poco me gustan las rutas en coche). Al menos podríamos ver las maravillas naturales de Tenerife, aunque no pudiéramos sumergirnos en ellas.

Podríamos estar andando por ahí, pero nop
Raúl tomó una decisión rápida viendo mi creciente decepción y la cara de horror de los peques ante la idea de meterse en el coche ni un minuto más. "¡Al pueblo de la Orotava! Que he leído que es muy bonito". Entre protestas y lamentaciones nos metimos en el coche y pusimos rumbo al pueblo sugerido. Mi hermana se fue ya directa a casa porque la idea era llevar a los perros al paseo y ya en suelo urbano no es lo mismo.

Vistas impresionantes
La verdad es que Raúl tenía razón y el casco antiguo nos pareció muy bonito, con sus casas de colores, sus balcones de madera tallada y sus fachadas impresionantes.

Muy impresionantes
Nos recorrimos las calles en un día más bien fresquito y agradable, disfrutando de sus calles y rincones (aunque yo seguía con el comezón de los senderos cerrados, no os voy a engañar). Lo que más nos gustó fue un jardín muy curioso, organizado en varias plantas conectadas con escaleras, desde el que se podía disfrutar de unas vistas chulísimas de todo el centro histórico. El jardín en sí es precioso y vale la pena recorrerlo con tranquilidad, aunque no es muy grande. A posteriori me enteré que se llamaba jardines Victoria.

Un amiguete muy silencioso
También vimos que el pueblo contaba con un jardín botánico, ¡con lo que me gustan!, peeero, siguiendo con la estela gafe que nos persiguió durante todo el viaje, estaba cerrado joooo. Sólo pudimos avistar algo desde fuera y prometía mucho. En fin, qué se le va a hacer.

Lo que pesa el saber!
En nuestro recorrido nos cruzamos con la casa de los balcones que es muy bonita por fuera y tiene un museo en el interior que seguro que nos hubiera flipado, pero los niños no tenían muchas ganas de entrar y no quisimos obligarlos, así que lo dejamos pasar. No queríamos que nos la liaran dentro y acabar el día con bronca gorda. A veces es mejor ceder. Un pena porque fue casi lo único que encontramos abierto. 

Menudo arroz negro que nos metimos al cuerpo jejeje
El molino de gofio que se publicitaba en varios sitios también lo encontramos cerrado. Otro centro que tenía las puertas abiertas y que no dudamos en visitar era el de Interpretación del Teide, no en vano el pueblo se encuentra dentro del Parque Nacional del famoso volcán.

La Orotava es muy bonito
Dentro encontramos curiosidades y datos varios sobre la flora, fauna, orografía e historia del mismo. Los vídeos llamaron la atención del mayor, al que teníamos que esperar todo el rato, porque el resto tampoco estábamos tan interesados en verlos. Lo que nos gustó mucho fue el pasillo decorado como el interior de un volcán. Salimos de ahí comentando la visita, pero sin ideas para el siguiente paso. 

¡Vamos! Que se nos acababan las opciones allí, así que cogimos el coche y nos volvimos a la casa de mi hermana a coger los bañadores y las toallas con claras intenciones de acabar en la playa, que era básicamente lo que llevaban pidiendo los peques todo el día.

Los balcones molaban mucho
¡Ah! Antes nos pasamos por Santa Cruz en un intento de seguir las visitas culturales, pero el aplastante calor que nos encontramos allí nos quitó las ganas. Menuda diferencia con la climatología de La Orotava. La visita exprés ya la incluiré en el post que le dedicaré esta ciudad, porque sí. Volvimos otro día para seguir explorándola.


Calles preciosas


Super chulo el jardín





Aquí hay bicho

Esto me pareció raro






El pasillo volcán



Lo azul eran las zonas cerradas