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miércoles, 29 de marzo de 2017

El Coaching financiero de Dinero y Felicidad

De las Jornadas Be Mum and Dad saqué muchas cosas buenas, entre ellas conocer a José Marcelino Pérez, coach financiero y creador del Blog Dinero y Felicidad. Durante las jornadas se sorteaba una sesión de coaching financiero desarrollada por él que, tristemente, no me tocó, pero en las sesiones de networking tuvimos la oportunidad de charlar y le comuniqué mi interés por el tema, así que José, que es muy majo, me ofreció una sesión gratuita para que profundizara en el coaching financiero.

En un principio, pensé que esta práctica estaría orientada a empresas o autónomos, pero enseguida me sacó del error. Es una técnica que se puede aplicar a todas las economías, incluso a la personal o a la doméstica. Se basa en una investigación minuciosa para llegar a un autoconocimiento de nuestra situación que nos sirva de base para cambiar ciertos hábitos que hacen que nuestra situación financiera no sea la más óptima. Por ejemplo, puede ser que tus beneficios estén por debajo de las previsiones porque no tengas un control adecuado de los gastos.

José se ha encontrado con empresarios que van acumulando las facturas y tickets encima de su mesa y no los vuelven a mirar. Eso es un error terrible. Tanto en nuestra profesión como en nuestra casa debemos tener un control lo más preciso posible de lo que gastamos. Lo ideal es tener un excel que nos ayude, así podemos encontrar fácilmente las anomalías o lo superfluo que se puede eliminar. Él siempre cuenta el caso extremo de la ejecutiva polaca arruinada que salvó su economía revendiendo todos los trastos de lujo que había acumulado durante su vida y reduciendo el gasto en lujos.

Pero comencemos por el principio, el coaching financiero combina el famoso coaching (a través del autoconocimiento creamos un plan de acción con un objetivo concreto y al aplicarlo mejoramos nuestra calidad de vida y nuestro rendimiento tanto personal como profesional), el mentoring (asesoramiento guiado y personalizado) y la educación financiera pura y dura. Esta práctica sirve para identificar y solucionar problemas financieros, mejorar la situación financiera, guiar a emprendedores, cambiar hábitos financieros, tomar conciencia de la situación desde la que partimos, reducir gastos y deudas y aprender a planificar, entre otros mucho beneficios.

José me explicó delante de un café que para que el proceso de coaching tenga éxito tanto el coach como el cliente deben de implicarse al máximo y tener en cuenta cuatro puntos fundamentales: la confidencialidad, el compromiso, al comunicación entre ambos y la confianza.

Cada caso es único, por lo que se comienza con un estudio de la situación y de la persona para poder poner un objetivo y un plazo realista. Se elabora el plan de acción, se ejecuta, se refuerza cuando sea necesario porque es un proyecto dinámico que cuenta con muchas variables, se revisa una vez terminado el plazo y se busca un nuevo objetivo para volver a comenzar el proceso. Lo he explicado a grandes rasgos, pero, en realidad, estamos hablando de un proceso muy profundo y minucioso en el que el cliente tiene que esforzarse al máximo, pero que es muy efectivo y rentable.

Para comenzar este proceso de coaching financiero primero tenemos que tener muy claro de dónde partimos y a dónde queremos llegar. Es decir, nuestros objetivos en un determinado plazo de tiempo, que deben ser medibles y realistas.

En mi primera sesión, José me llenó de deberes para hacer en casa para que ambos tuviéramos claro el punto de partida. No todo se refería a lo puramente económico. Algunos ejercicios están basados en valores y búsqueda de objetivos en la vida en general. Poco a poco nos centraremos en los aspectos financieros basándonos en los primeros ejercicios.

José nos recomienda llevar el control financiero con un sencillo excel en el que se muestre el Balance del Patrimonio, por un lado y el de ingresos y gastos por otro. Así tendremos en todo momento una radiografía de nuestros avances y retrocesos y encontrar problemas y soluciones será mucho más fácil.

Cuando nos enfrentamos a un gasto importante existe un truco para averiguar si realmente es imprescindible realizar ese desembolso y es ponerse un plazo. Por ejemplo, si se te rompe la lavadora queda fuera de toda cuestión que el gasto es imprescindible, pero si lo que queremos es una televisión para el dormitorio o una consola lo ideal es ponernos una plazo, por ejemplo de diez días, veinte o un mes y si pasado el plazo nos damos cuenta de que no podemos vivir sin ella, entonces la adquirimos. A veces, pasada la emoción del momento inicial recapacitamos y llegamos a la conclusión de que en realidad no necesitamos tanto lo que hemos comprado.

Lo cierto es que esta sesión que me ha regalado José Marcelino Pérez me ha sido muy útil para poner orden en mis cuentas personales y en la economía doméstica. Se ha notado en un ahorro en los gastos bastante visible, porque al tenerlo todo organizado se detectan más fácilmente los gastos superfluos o cuando nos hemos pasado con algo.

miércoles, 16 de octubre de 2013

El encuentro de Micrópolix visto desde dentro

Nervios, estrés, detalles de última hora, prisas... ¿Por qué no funciona esto ahora si ayer iba perfectamente?... Siguen llegando emails de confirmación y empezamos en media hora ¡No hay tiempo de rehacer las listas!... Ya es la hora. Las colas de madres y padres 2.0.empiezan a formarse. Estoy desenando saludar, poner caras a los nombres, a los nicks, a las direcciones de emails... Entre los asistentes caras conocidas y desconocidas que me saludan con una sonrisa. Tranquila, me digo, lo vamos a pasar muy bien y eso es lo que importa.


Entre la gente destacan los rostros de mis hijos. Corren hacia mi felices, emocionados. El mayor ha oído hablar muchísimo de la ciudad de los niños y no quiere perder ni un segundo en empezar a disfrutar de ella. "Yo quiero ser bombero. ¿Vale, mami? Y doctor ¿Puedo curar a la gente? ¿A los policías nos dan pistolas?" "Noooooo" logro balbucir aterrada ante su descabellada idea. El pequeño Iván se aferra a mi pierna y no me suelta, pero debe hacerlo porque mami tiene que trabajar mientras ellos se divierten.


Pero es un trabajo amable, agradable. Tenemos un proyecto precioso entre manos y sólo hay que darle un poquito de forma.


El público se saluda entre sí, se enfrascan en conversaciones cariñosas, se desvirtualizan, se mueven entre las sillas y las mesas buscando su lugar. Se acerca la hora de subir al escenario.


¡Horror! Se me ha olvidado lo que iba a decir en la presentación... ¡Ah no! Ya lo recuerdo. Tengo un ataque de miedo escénico. ¿Por qué? Ellos son como yo, mamás y papás, que quieren a sus hijos. Se preocupan por ellos y los cuidan... como yo. Con los mismos intereses, dudas, preguntas y experiencias... Al escenario y al toro!!!

Empiezo a hablar. Les cuento el proyecto, pero también mi vida, como cambió todo 180 grados cuando me convertí en madre. Les veo asentir y leo la comprensión en sus ojos. Así es tan fácil hablar en público...

Después vienen las charlas, repletas de ideas interesantes, trucos, consejos... Las ponentes son magníficas, cada una en su estilo. Nos tienen ganados.

Pienso en los niños de vez en cuando. En lo bien que se lo tienen que estar pasando. ¿Le habrá pedido Daniel la pistola de policía a la monitora? ¿Habrá conducido ya el camión de bomberos? ¿Le habrá gustado a Iván la ludoteca? Y lo más importante: estará Raúl fotografiándolo todo para que luego pueda verlo aunque no sea en vivo y en directo como me gusta a mí.

En el café, charlo animadamente con todo el que puedo. Todo son sonrisas y ganas de pasarlo bien. Me encuentro muy a gusto formando parte de esta comunidad de padres 2.0.

La mesa redonda expone puntos de vista diferentes y novedosos. Los protagonistas se sienten cómodos. Están en un ambiente familiar y eso se nota.

Durante el descanso para comer, intento ponerme en contacto con Raúl, pero tengo muy poca fortuna. Cuando lo llamo no lo oye y cuando me llama él a mí estoy liada con algún asunto. Prefiero no buscarles porque sé que Iván la va a liar en cuanto me vea. Al final, me encuentro a mi marido y a su madre dando un paseo por la ciudad, pero de los niños ni rastro. "Están de crucero" me explican. "¡¡Los dooos!!" "Si, los dos. La monitora ha dicho que Iván también podía pasar. En unos minutos vamos a por ellos". Poco puedo estar en su compañía porque tengo que pasar por el Ayuntamiento para avisar a megafonía que anuncie que se reanuda el encuentro.

Los talleres me parecen increíbles: amenos, divertidos y llenos de consejos e ideas útiles. Cuando llega el turno del mío, han vuelto los nervios. Me tiembla la voz, pero poco a poco me voy animando. Compartimos dudas y consejos como viejos amigos.

La última parte del encuentro nos devuelve a la infancia. Micro Tv se abre para los padres hoy. Las monitoras se montan un concurso muy original en pocos minutos. Me reí tanto que se me caían las lágrimas. Los hijos de los participantes se metieron en seguida en su papel de público aplaudiendo, riendo, abucheando, coreando...

Pero ahí no acabó todo. Agotada me metí en el auditorio a ver la actuación del mago, Iván Santacruz. Busqué a mi familia en la oscuridad y logré encontrarla gracias a los mensajitos de Raúl en el Whatssup. Por fin juntos. Disfrutamos como locos del número de magia. El mago era un as de la comedia y nos hizo reír a carcajadas.

Cuando finalizó el número, los aplausos retumbaban por todo el auditorio. Yo estaba agotada y sólo quería volver a casa, pero los niños aún no querían irse. Los sacamos casi a rastras de la ciudad. El sueño empezaba a atacarles con todo su arsenal. En el coche Daniel, papá y la abuela me contaron sus andanzas. Daniel fue a la academia de policía y le dieron trabajo en el banco, pero de vez en cuando abandonaba su puesto porque se aburría, trabajó en Medio Ambiente, fue piloto de avión, médico, hizo un crucero, condujo en el minicircuito, visitó la biblioteca... ¡No perdió el tiempo! Iván por su parte sólo pudo participar en el crucero, ser copiloto de Daniel en el coche y disfrutar a tope de la ludoteca.

Por fin en casa, pensé que podría relajarme y descansar, pero, como se suele decir: Dios se ríe de los que hacen planes por anticipado.

viernes, 27 de septiembre de 2013

El turno de Iván: 39 de fiebre

Como ya conté en el post anterior, el mismísimo día de la fiesta de cumple de Daniel, recogí a mi bebé con 39 de fiebre.

Pareció pasar la tarde relativamente bien, pero la noche fue infernal. El pobre tenía pesadillas con algo que señalaba continuamente en el techo, ardía y sufría una sed espantosa. En vista del panorama, me acosté con él para aliviarle un poco, porque la medicina parecía no ser suficiente.

Mi presencia le tranquilizó y le dejó descansar un poco mejor. El jueves trabajé de nuevo desde casa (desde aquí agradezco fervientemente a mi jefa su comprensión y su amabilidad). Me levanté muy temprano porque sabía que en cuanto se levantara el enano no habría tregua. Afortunadamente me dejó trabajar hasta casi las diez. Papá se encargó del mayor (levantarlo, asearlo, darle el desayuno, llevarle al cole...) para que me cundiera más todavía.

En cuanto abrió los ojos el chiquillo no quiso despegarse de mi y no entendía que me pusiera a tecleas para resolver los temas más importantes. Cada vez que surgía algo de la oficina tenía que realizarlo a la velocidad de la luz y con sus berreos exigentes de fondo. La buena noticia es que no había ni rastro de la fiebre, aunque se le veía menos activo de lo normal.

Nos lo pasamos pipa pintando el castillo de cartón, cantando, contando cuentos y jugando con el juguete de construcción que le había regalado a Daniel el día anterior. Aunque también hubo demasiadas horas de Dora la exploradora para poder resolver los asuntos laborales sin mucho drama.

Durmió más de dos horas de siesta tan a gusto. Tiempo que aproveché a tope.

Cuando llegó la hora de ir a buscar a su hermano lo senté en el carrito y me lo llevé conmigo. Luego pasamos toda la tarde jugando los tres con algún que otro conflicto por medio. Confieso que se me escaparon tres gritos más de la cuenta. Adiós de nuevo a mi reto del rinoceronte naranja.

jueves, 1 de agosto de 2013

Niños de vacaciones, padres trabajando ¡S.O.S. Abuelas!

Mal que bien los padres trabajadores van parcheando el año y bregando para atender sus obligaciones con el trabajo y para con sus hijos. Pero llega una época del año en la que la precaria conciliación laboral se estrella contra la realidad: los niños, lo mires por donde lo mires, tienen sustancialmente más vacaciones que sus padres.

Una vez agotados los recursos de campamentos nos enfrentamos con el MES de vacaciones de todo niño. Insalvable y necesario, porque, vamos a ser sinceros, el peque lo necesita como respirar. E incluso más días de asueto si las necesidades familiares no lo hicieran imposible. Llegan a él agotados de tantas actividades maravillosas lejos del hogar y la familia; de tantos madrugones y de tanto lidiar con monitores.

Entonces es cuando llega el momento de hacer horarios, tablas, cáculos, encaje de bolillos para que el niños esté tutorizado en todo momento. Pasa de una mano a otra. Un día con el padre, otro con la madre, uno suelto con una persona contratada para la ocasión y si no... ¡con los abuelos! (que son la opción gratis y que da más paz de espíritu).

Ayer tuvieron en el campamento de Daniel una fiesta Hawaina en la piscina de despedida. Bailaron, cantaron y se lo pasaron pipa. En la guardería de Iván también organizaron muchas actividades para despedirse hasta septiembre. En mi casa ha llegado el momento de decir hola a las abuelas hasta que lleguen las vacaciones de papá. Y cuando se agoten los días libres paternos volverán a las manos de una u otra abuela.

¿Y mamá? Mamá se quedará en Madrid, trabajando todo el verano, feliz de cobrar un sueldo y rezando porque le dure el trabajo muchos meses más.

miércoles, 19 de junio de 2013

La niñera

Con el trabajo llegaron los problemas de conciliación. El primero fue qué hacer cuando Raúl estaba de viaje por trabajo. Llamé a la vecina que me sacaba de estos apuros antes y estuvo encantada de volver a ocuparse de los niños. El horario es un poco horrible: de seis de la mañana a nueve y media que entrega al bebé en la guardería. Pero ella parece incansable.

Me daba miedo al reacción delos niños al ber que no estaban papá y mamá. Estuve preparando a Daniel días antes para que no se asustara cuando se encontrara sólo a Susana. Y dió resultado porque la niñera me contó que el peque salió de un salto de la cama y que lo primero que hizo fue abrazarla y besarlo como si le hiciera mucha ilusión verla.

El bebé también estuvo muy a gusto con ella. Y no me extraña porque tiene muy buena mano con los niños. Además sale de todas las situaciones airosas aunque a la mami se le haya olvidado explicarle algunos detalles como que el mayor tiene que ir con el almuerzo en la talega al cole.

Estamos todos encantados con ella. Para mí es un tesoro.

lunes, 3 de junio de 2013

Madre trabajadora de nuevo

¡He conseguido un trabajo! Cuando ya me había resignado a engrosar las filas de los parados de larga duración me he encontrado con esta sorpresa.

Un antiguo jefe contó conmigo para cubrir las suplencias de vacaciones de verano y bajas de maternidad hasta marzo del año que viene en la nueva empresa en la que trabaja. Casi lloro de la gratitud. Me ha ofrecido una jornada continua de ocho horas con salida a las tres menos cuarto para poder disfrutar toda la tarde con mis hijos. La entrada es a las siete menos cuarto. Ya estoy acostumbrada a los madrugones. Además me ha asegurado que hay muchas posibilidades de continuar en la empresa una vez se acaben las bajas, dependiendo de si crece o no el volumen de trabajo. El sueldo no es para echar cohetes, pero viene muy bien a la economía familiar cada día más menguante.

La única espinita que llevo clavada en el corazón: mis hijos. Se han quedado sin veranos con mamá. He tenido que meterles en los campamentos urbanos para julio de sus respectivos coles y tirar de abuelas y papá para cubrir agosto.

Tenía comprados unos billetes para ir a ver a mi familia canaria que se han ido a la porra, pero si es el precio que tengo que pagar por asegurarme diez meses de trabajo en lo tiempos que corren se hace de tripas corazón y para adelante.

¡Ojalá me hubiera surgido esta oportunidad en septiembre! Pero ha sido en junio y hay que aprovecharla.

A Daniel le he dicho que si mamá tiene dinero le puede comprar más cosillas y se lo ha tomado al pie de la letra. No para de pedir, pero ante el vicio de pedir está la virtud de negar. El día que me confirmaron que pasaba a plantilla le llevé a un todo a cién para celebrar la noticia con un muñequito de superhéroes que tanto le gusta, pero acabó saliendo de la tienda muy emocionado con un horroroso robot que se  partía en animales robots. Y su hermano con dos animalitos de plástico: un tiburón y una tortuga muy chulos.

Por ahora parece que no le ha sentado muy mal la noticia, aunque con juguete por medio nunca pone pegas. Ya veremos en julio...

Iván por ahora no llega entender que mami tiene que trabajar en verano ni cómo le afecta eso a él, así que sigue tan sonriente como siempre.

Ha sido casi un año en el paro en el que cómo madre estaba en la gloria. No tenía que preocuparme con quien dejarlos si se ponían malos, les llevaba y traía de los colegios, me ocupaba de ellos con alegría... Pero me agobiaba el dinero y la casa se me caía encima cuando ellos no estaban. Otra vez me enfrento a los problemas que aquejan a las madres trabajadoras, pero con un horario de lujo para cuidar a mis peques. No me puedo quejar...

P.D.: Gracias Isabel por ese maravilloso regalo que me has hecho para que vaya guapísima el primer día a la oficina. Es un broche hecho por sus propias manitas que es una preciosidad. Lo voy a lucir muy orgullosa.

sábado, 21 de julio de 2012

Veo una vida nueva...

¡Despedida! Si señor. Y del peor de los modos. Después de dos meses de mentiras, humillaciones y ausencia de la información más elemental, por fin nos han hecho firmar el finiquito. Nos lo han hecho casi desear. Lo peor de todo es que ha habido errores hasta el final. Las vacaciones aparecían como disfrutadas, cuando no me había cogido aún ni un día, me quitaron días de vacaciones porque decían que con la baja de maternidad no contaban... ¡Cómo que no! Me tienen que dar mis quince días completitos. Me dieron vacaciones forzosas para ahorrarse la indemnización del preaviso.... ¡Vamos, un cuadro!

Desde luego, este finde semana parto a Covarrubias con mi familia y pienso desconectar al cien por cien. El lunes ya será otro día.

Planes de futuro: Actualizar el currículum, formarme y disfruta a tope de mis hijos.

miércoles, 18 de abril de 2012

La canguro

Otra vez con Raúl de viaje y ahora la cosa se complica. Mi suegra ha pasado un invierno para olvidar: si no era un constipado, era un resfriado y si no la alergia (que le vino con la entrada de la primavera). Así que no tiene el cuerpo como para hacerse cargo de dos pequeñines. No ha quedado más remedio que buscar una canguro ocasional. Es un tema muy difícil porque no puede ser cualquiera. La persona a buscar tenía que ser de confianza, conocida, cariñosa, amable, que le gusten los niños, con experiencia reciente, dispuesta a venir a mi casa a las cinco y media de la madrugada... ¡Vamos! Casi nada. Pues la he encontrado. una vecina caída del cielo. Desde que me vio por primera vez en la escalera del edificio se ofreció para cuidar a Daniel siempre que yo lo necesitara. Me repitió la oferta mil veces. incluso se entristecía porque no la necesitara.

Como siempre, hay una historia detrás. La buena señora tiene una hija en Italia con tres hijas pequeñas y un bebé en camino. Cuando me ve a mí piensa en ella y le entran unas ganas terribles de ayudarme porque espera quecerca de su hija haya otra persona como ella. Además, es muy católica y está segura de que todo el bien que haga redunda en la felcidad de sus hijos. No trabaja y vive por y para el prójimo. Ayuda gratis con labores administrativas y de organización en una parroquia. ¡Que más puedo pedir! Es perfecta.

Aún así, duele dejar a los niños en manos extrañas. No creo que Iván note mucha diferencia, pero Daniel ya es mayor puede extrañar.

El miércoles libré en el trabajo por hacer el fin de semana, así que invité a Susana, que así se llama esta persona tan maravillosa, a venir a mi casa de buena mañana para seguirme en la rutina mañanera y aprender donde están las cosas y cómo me desenvuelvo. Ella se empeñó en hacerlo todo mientras yo miraba y los pequeñines cooperaron estupendamente. Llegamos a la guardería sin ningún percance y le presenté a las profesoras.

Me sentí un poquito más tranquila. El jueves iba a ser su primer día de trabajo de verdad. Vino a las cinco y venticinco y se despidió de mi alegremente. Yo me fui a trabajar hundida. No pude concentrarme hasta que llamé a Susana para saber cómo le había ido. Según ella tengo a los niños más educados y encantadores del mundo (¿Seguro que hablamos de mis montruitos?). Me dijo que no había tenido ningún problema, a excepción de un pañal sucio a última hora que simplemente retrasó un poco la marcha.

Otra versión me dio mi portera, que me contó que tuvo que sobornar a Daniel con una chocolatina para que saliera del ascensor.¡Ay! Este niñoooo...

miércoles, 4 de abril de 2012

De nuevo sola, solita

Y aquí estoy. Sola y triste. Con una casa vacía. Bueno, semivacía, porque los gatos se arriman a mi en busca de caricias y me animan un poco. Pienso en mis niños y en si le estarán dando mucha lata a Raúl. Espero que se obre el milagro y duerman bien.

Se notan las noches de dormir del tirón, pero pocas horas porque hay mucho que hacer aprovechando que no hay niños por medio. Organizar, ordenar, comprar, compromisos... Tengo que ir de tiendas a por el regalo de cumpleaños de mi suegra y a por el mío.

Raúl le ha hecho una fotos a los chiquillos muy parecida a una que tiene su madre de cuando él y su hermano erán pequeños. Me ha pedido que imprima la imagen y me haga con un marco chulo para darle el toque final al regalo. pensé que lo mejor sería uno de plata, pero ¡qué precios! Ninguno por debajo de los cien euros. Imposible para mi economía, así que opté por unos bañado en plata precioso (y tampoco nada barato, pero algo más decente). Ha quedado muy bonito.

Para mí han caido unos vaqueros, que desde que paría a Iván no me queda bien ninguno de los que tengo, y una camiseta muy mona. Raúl se empeñó en que tenía que llevar algo al pueblo para que los niños me lo puedan dar el domingo. Ritos, ritos y más ritos, pero por los chiquitines lo que sea.

Lo único bueno es que las seis o siete horas que me acuesto las duermo del tirón ¡Qué lujo! Estoy como nueva y con muchas ganas de volver a aguantar las malas noches (luego me arrepentiré de haber escrito esto).

jueves, 29 de marzo de 2012

La huelga

¡Día de huelga general! Para el que quiera o se lo pueda permitir. En mi caso, la empresa es pequeña y ya parece que tenemos un pie en la tumba así que si no queríamos acelerar su defunción mejor no pensar en enfadar a los pocos clientes que nos quedan en tal día señalado. Así que sin pensar en todo eso de que la huelga es un derecho de cada trabajador bla bla bla, puse mi despertador a las cinco de la mañana y me acosté como cada noche: rezando para que mis pequeños pasaran buena noche y me dejaran dormir al menos un poquito.

Como siempre apagué el despertador antes de que sonara. No había habido suerte y la noche fue toledana. Como la mayoría desde que nació Iván. Puse rumbo a la oficina encontrándome una densidad de trafico inusual para la hora que era. Se notan los servicios mínimos.

El trabajo transcurrió con tranquilidad, llegaron pocos periódicos, las chicas y yo le dábamos a la tecla sin agobios, pero dentro de mi había algo que me remordía la conciencia, algo que no me dejaba concentrarme en el trabajo al cien por cien. Cuando dieron las nueve saqué el móvil y marqué ansiosa el número de mi marido, que tampoco había podido hacer huelga por otras razones. En cuanto me lo cogió le espeté a bocajarro: "¿Los profes de Daniel e Iván han hecho huelga?" Raúl me explicó que los de Iván no, pero los de Daniel sí, pero que se había quedado muy contento porque estaban sus amiguitos. ¿Pero habían hacinado a muchos chiquillos en la misma clase? No, me tranquilizó, según él no habían muchos niños.

Con el tema tan punzante como la esclavista reforma laboral y ¿en qué estoy pensando yo? En que mis niños no noten nada extraño, ni lo pasen mal con personas desconocidas. Soy una egoísta de tomo y lomo. Por supuesto, entiendo que los profesores de guardería tiene el mismo derecho a la huelga que cualquier trabajador, pero es que no podía evitar estar preocupada por el hecho de que la falta de personal podía verse reflejada en un cuidado menos efectivo de los niños en el colegio. Me alegro de que no fuera así y que mis niños estuvieran tan sonrientes como siempre cuando fui a por ellos, pero me siento un poco "traidora" por no pensar con la misma intensidad en los derechos de los trabajadores.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Se acabó la baja ¡Vuelta a la rutina laboral!

Y por fin llegó el momento. Momento en el que tuve que preparar la ropa para el día siguiente (la mía y la de los dos pequeñines), poner el depertador y hacerme el ánimo de que ya no tenía toda la mañana para mis "asuntos propios".

Me metí en la cama sabiendo que pasaría una noche de perros, para no variar. Y, en efecto, mis dos soles decidieron que querían disfrutar de su mami esa noche a tope. Ni siquiera hizo falta que sonara el despertador. Ya llevaba un buen rato despierta meciendo al bebé antes de la hora de levantarme.

Ilusionada por ver a mis amigas del trabajo me lavé a fondo las legañas de los ojillo e incluso me puse botas de tacón para estar más guapa. Eso sí, me las quité en el coche para evitar accidentes, menos mal que tengo unas socorridas zapatillas de deportes debajo del asiento del acompañante.

Me despedí mentalmente de mis hijos. Ni beso ni nada, por si se despiertan. Estoy segura de que Raúl no me lo perdonaría y salí a la calle dispuesta a enfrentarme a mi Primer Día de Trabajo Tras La Baja. Así. En mayúsculas.

Nada más llegar me tomé mi segundo café de la jornada. El primero me lo había desayunado en casa. Y me dirigí a mis compañeras, que me recibieron con alegría. Yo también las había echado de menos. Los cambios eran muchos, pero fáciles de asimilar. Así que me puse a darle a la tecla con ahínco y mucho entusiasmo. Por fin sentada más de cinco minutos.

El segundo día no fue tan bueno. Los chiquitines me dieron unas noche infernal y llegué arrastrándome a mi mesa de trabajo. Tras nosecuantos cafés me dio un bajón horroroso y casi no llego a mi casa. Entonces me juré no pasar de tres cafés diarios y algún té para evitar yuyus innecesarios.

A pesar de los madrugones estoy contenta con la reincorporación. Tengo nuevo horario (de seis a dos, en vez de siete menos cuarto a tres menos cuarto) y me permito el lujo de recoger mi casa, hacer la compra y pasar toda la tarde disfrutando de mis hijos.

martes, 5 de julio de 2011

Guarderías y conciliación

 Vaya timo lo de la conciliación familiar. Y la moto que te vende tu marido con eso de que la crianza del niño es cosa de dos. A mi me está costando mucho compatibilizar el papel de madre y empleada por cuenta ajena. Sobre todo porque empiezo a sospechar que las cuidadoras de Daniel me llaman ante el más mínimo indicio de enfermedad. Por leve que sea.


Yo las entiendo, pero es que ¡me estoy jugando el puesto! y no sienta nada bien llegar a la cxlase y ver a Daniel corretear tan tranquilo cuando tú te has tenido que pelear con tu jefe para que te dejara acudir en su rescate. Estoy harta de doblar turnos y pringar días de vacaciones. Mi maridito hace su parte sólo cuando puede. Y ¿Qué pasa cuando no puede nadie? Ni yo, ni él, ni la abuela. ¡Pues que me toca a mí! Sobre todo porque soy la que tiene la imaginación más calenturienta y ya me estoy imaginando a mi pequeñín sufriendo fiebres y dolores horrorosos sin su mami al lado para que le consuele.





Según Raúl, siempre que ha ido a buscarle, el chiquillo se encontraba en óptimas condiciones. Yo me lo he encontrado a veces bien y a veces pachucho.

La última vez Raúl desencadenó el desastre. Sólo se le ocurre decirles a las cuidadoras que Daniel tiene un poco de conjuntivitis. Por supuesto le dijeron que se llevara al saquito de gérmnes de allí. A lo que él dijo que no podía y que ya hablaría conmigo. Me llamaron ellas, aunque ya estaba avisada, y me instaron a que abandonara el puesto de trabajo para recoger al pequeñín. Raúl me repitió que él justo ese día no podía, a mi suegra no pude localizarla... Así que me tocó enfrentarme al jefe de nuevo. No le hizo ninguna gracia, por supuesto y sólo me soltó para que acudiera al lado de mi niño con la promesa de que al día siguiente haría 12 horas en vez de ocho para recuperar las cuatro horas que me piraba ese día.

Volando fui a la guardería para encontrarme con un niño sin una legaña. "Pero tiene los ojos rojísimo e hinchados" me comentó una de sus profes. "Claro", le contesté, "eso es porque ha pasado una noche criminal. ¿No os lo comentó mi marido para que lo tuviérais en cuenta?" Por supuesto, no lo había hecho. Al final había dejado mi puesto de trabajo para nada. Yo quería matar a mi marido. Y al día siguiente me esperaba un día fino con la jornada de doce horas seguidas. ¡Cómo si no fuera ya la cosa lo suficientemente difícil! Raúl me aseguró que lo sentía en el alma y que no volvería a pasar. Bueno, meter la pata hasta el fondo es de humanos, pero la próxima vez, sea quien sea el culpable, ha quedado claro que le va a tocar pringar a él.

miércoles, 20 de abril de 2011

De rodríguez y sin un minuto libre

Otra vez sin niño en casa. Ya he planeado un millón de cosas que tengo que hacer relacionadas con trabajo, coladas, limpieza, orden... En cuanto a ocio, relax y tiempo libre cero. Sólo tengo cinco días para hacer todo aquello que he ido dejando durante meses. Ni siquiera cuento con todo el día porque tengo que ir a trabajar, que por eso no estoy ahora mismo con Danielito en el pueblo.

Mi vastago vuelve el sábado que viene y éste domingo llegué tan cansada del fin de semana que que aproveché para descansar un poco. Lo que se traduce en que me metí en la cama por la tarde y amanecí con el "bip bip biiiip" que me indicaba que ya tocaba ir a la oficina.

La verdad es que hecho mucho de menos a mi chiquitín, pero no me da tiempo de pensar en él con todas las cosas que tengo que hacer. Casi me canso menos cuando está conmigo. ¡Qué estrés!

sábado, 15 de enero de 2011

Madre trabajadora

¡Qué difícil resulta compaginar la maternidad con el trabajo! No es solo que el niño se te ponga malo cada dos por tres porque comparte virus con sus amiguitos de la guardería, es que yo no he estado enferma tantas veces en mi vida. Entre pitos y flautas tienes que hacer malabares para pedir días y recuperar horas porque lo de los "dias personales" suena a chino en muchísimas empresas. Tampoco puedes cogerte vacaciones porque las tienes que reservar para cubrir las épocas en las que cierra la guardería, que suelen superar con mucho a tus escasos 22 días laborables. Y en eso tengo suerte, porque en mi anterior día eran 30 días naturales, que, lo mires como lo mires, acaban siendo menos.
Entre la casa (menos mal que Yoli viene una vez a la semana a limpiar), cuidar al niño, el trabajo, el segundo trabajo porque no llegamos a fin de mes y las horas que hay que recuperar sólo se me ocurre una cuestión: ¿Vida? ¿Qué es vida?
Y eso que no me puedo quejar mucho porque tengo a mi marido que se implica mucho (aunque a su manera, claro), no como otros, que cargan a la mujer con todo el trabajo de la crianza. También tengo a mi suegra, que hace malabares en su trabajo para poder cubrirme de vez en cuando los días de entrega en el periódico chino, y, sobre todo, para cuidar a Daniel cuando Raúl se va de viaje. La bisabuela hace lo que puede, que es mucho a su edad. Vamos, que todos ponemos nuestro granito de arena para que funcione este cuento chino de "la conciliación".

jueves, 15 de julio de 2010

Preparando el verano

Daniel va a estar de vacaciones pronto. En agosto cierra la guardería. Para el niño será estupendo, pero para sus padres no tanto. Vamos a tener que hacer filigranas para tener todo cubierto. Este año, por suerte, me han dado tres semanas en aagosto, el próximo año dios dirá.

Lo malo es que la semana que tengo que trabajar también la tiene que trabajar Raúl, así que ahí tenemos un pequeño problema. Las opciones son que se lo lleve a su madre al pueblo (que ya estará de vacaciones) y se vuelva a Madrid a trabajar o que se vaya él también al pueblo y teletrabaje desde allí.

Ninguna de estas soluciones es muy satisfactoria porque las dos siginifica tener a Daniel lejos una semana entera. Pero así es la vida y hay que organizarse. No me quiero ni imaginar cuando el niño vaya al colegio y tenga todas esas vacaciones que tenía yo de niña. Pero lo mejor es ir solucionando los problemas según vayan surgiendo.

Este año nos vamos a ir a los pueblos de las madres porque así ahorramos y no nos pegamos la paliza como en otras vacaciones. La verdad es que sido una temporada matadora y necesitamos paz y descanso. Aunque con el enano por ahí danzando no sé hasta que punto vamos a poder disfrutar de algo de tranquilidad, a pesar de tener a las abuelas dispuestas a echar un cable con él.

Cuando empecé a plantearme la temporada estival lo flipé un poco y decidí transformar uno de los cuartos en habitación de juegos, pero luego caí en que íbamos a estar poco en casa. Ahora me ha dado por buscar juegos educativos que pueda hacer con mi bebé para que se divierta y aprenda. ¡Qué típico de los padres! Pero a estas edades hay muy pocas cosas que podamos hacer. Sólo animarlos a que se muevan y hablen. Y Daniel no necesita mucha motivación. No para y hay que ver el torrente de sonidos que sale ya de su boca. Por fin dice "ma", lo malo es que también ha aprendido a decir "no". Aunque por supuesto aún no es consciente de lo que dice.

¡Qué ganas de que lleguen las vacaciones de una vez! Aunque por otro lado, pasar tanto tiempo con Daniel tiene su puntillo aterrador. ¡Es un terremoto! A ver si sobrevivo a agosto.

lunes, 8 de febrero de 2010

El primer día de trabajo

Hoy tocaba incorporarse al trabajo. Este día tenía que llegar en algún momento. Así que esta mañana me levanté con mucha energía para coger al toro por los cuernos. Mi ánimo flaqueó en cuanto me enfrenté cara a cara a Danielillo. Tanto tiempo juntos… Mano a mano en la rutina diaria… Vale que he echado pestes de este periodo de mi vida, pero ya nos llevábamos muy bien los dos. Incluso ya se entretenía solito un rato en su cunita de viaje. Y justo ahora que teníamos tan buena relación llega el día de incorporarse a trabajar. Y eso que llevaba deseando volver a la oficina desde que nació. Yo no sirvo para ama de casa. Es un trabajo muy duro y sacrificado. Mucho peor que levantarse a las cinco de la mañana para ir al trabajo.

Mi jefa me dejó entrar hoy más tarde, así que pude aleccionar a Raúl para que cuidara apropiadamente al niño antes de dejarlo en la guardería. Por lo menos en cómo me gustaría que lo cuidara. Luego el hará lo que quiera. Y no le guardo rencor. Cada uno tiene su método y el suyo será tan bueno como el mío.

No pude evitar enjugarme alguna esporádica lagrimita antes de dejarlos solos al padre y al hijo. Pensé que este día iba a ser para mí como una liberación, pero la verdad es que lo pasé echando muchísimo de menos a Daniel.

Cuando volví de la oficina, comí, fregué, recogí lo más rápido que pude y salí pitando hacia la guardería. Llegué a las hora de recogida (cinco de la tarde), porque por mucha prisa que me dé, en el trabajo siempre se sale tarde y no da tiempo para nada. Allí estaba Daniel. Tan pancho como siempre. Se quedó dormido en el paseo de vuelta a casa. Le di más abrazos y mimitos que nunca, pero para él parecía una día como otro cualquiera. Antes de las ocho ya estaba roncando en su cunita.