El domingo por la tarde nos dimos el salto a Parque Europa para participar en la Gymkhana familiar que Greenpeace y Maya habían organizado para dar más visibilidad al problema que estamos sufriendo con la desaparición de las abejas. Y no es ninguna broma porque estos pequeños bichitos, de los que salgo huyendo cada vez que veo uno, son los principales encargados de la polinización de las flores. Básicamente es el proceso por el cual se fecunda a las flores y surgen los frutos y semillas. De esta acción dependen el 75% de los alimentos que consumimos y gracias a ella se conservan estables muchos ecosistemas.
Desgraciadamente la acción del hombre la ha vuelto a hacer buena y sus venenos están acabando con sus colonias a una velocidad alarmante. Si esto sigue así se pondrán en peligro muchos habitats y cultivos de la agricultura industrializada.
Para evitarlo, Greenpeace ha puesto en marcha un movimiento de recogida de firmas para que se retiren esos venenos y para apostar en mayor medida por la agricultura ecológica.
Para que lo más peques de la casa sean consciente de la importancia de las abejas, la organización ecológica y la marca de la representante de la especie más conocida por los niños, Maya, se unieron para convertirnos a todos en estos insectos y realizar una serie de juegos que nos enseñe más sobre ellos.
Nosotros comenzamos construyendo unas abejas monísimas con servilletas y limpiapipas. Quedaron geniales. Luego nos enseñaron cómo polinizan las flores. Las abejitas ensuciaban sus patitas en la purpurina que tenían en una cajita (polen) y se posaban en una enorme flor en la que soltaban mucho del polen de sus patitas.
Luego pasamos a conocer la vida en la colmena. Allí tuvimos mucho trabajo que hacer porque, primero, un viento muy fuerte tiró nuestro polen y nos tocó recogerlo. Luego tuvimos que recoger piñas y palos con el peque haciendo de carretilla, y además ir a buscar más polen al exterior. Los niños llevaban una pelota con una cuchara que sujetaban con la boca, nos las pasaban a los padres, que nos encargábamos de meterlas en las celdas correspondientes.
Cuando ya dejamos la colmena en orden nos tocó ir a clase de baile, porque esta actividad es muy importante para que las abejas expliquen unas a otras como llegar hasta dónde está el polen. Nos pintamos como abejas, nos dieron antenitas y alas y ¡a bailar! Teníamos que seguir una coreografía muy sencilla y divertida fijándonos en los movimientos de una monitora y de la mismísima Maya. Nos reímos muchísimo intentando seguir el ritmo. Terminamos esa actividad cantando entre todos un rap chulísimo sobre por qué debemos salvar a las abejas.
De ahí, los peques pasaron a saltar de flor y en flor y los papis a hacerles fotos como locos porque estaban graciosísimos. Tenían que para cuando parara la música, pero ellos saltaban a lo loco superfelices. ¡Cualquiera les dice algo a estas abejitas saltarinas! La siguiente actividad consistió en que los papis hacíamos de canastas y los niños tenían que encestar. Al principio bien, pero Iván se animó, se animó y me terminó dando en toda la nariz. Menos mal que las pelotas eran blanditas y no dolían, pero hay que ver cómo se reían los dos pillos.
Al final teníamos que hacer un circuito alucinante. Esto fue lo que más les gustó a mis hijos. Nos ponían una elástico para unirnos un pie con el pie de nuestro hijo pareja y ¡a hacer el circuito! Cuando lo terminábamos, nos soltaban y dejaban a los niños a su bola. ¡Anda que no se lo pasaron bien arrastrándose por el suelo, saltando y esquivando obstáculos. Fue una Gymkhana alucinante.
miércoles, 23 de mayo de 2018
martes, 22 de mayo de 2018
Magia Majara, una apuesta segura
Lo que nos hemos podido divertir viendo en plena acción a tres magos simpatiquísimos y con muchos recursos: Germán Mata, Elena Torner y Julio Sánchez. Ellos son los protagonistas del espectáculo Magia Majara, que se puede ver en el Teatro Arlequín. ¡Que pena que sólo quede una oportunidad de verles en acción! Me temo que el domingo 27 cierran su temporada en este teatro, aunque seguro que les veremos pronto de nuevo. Nosotros fuimos a verles gracias al sorteo de Gololo y Toin. ¡Ganamos un lote de dos y nos salió la función a mitad de precio!
Las risas empezaron mucho antes de que se alzara el telón, porque ya acomodados en las butacas nos informaron que durante la representación premiarían a la foto más divertida que se hicieran los presentes con una baraja de mago exclusiva y firmada.
Por supuesto, mis churumbeles se volvieron locos y venga a hacer fotos muertos de la risa y a subirlas a twitter. "Mamiiiiii, una baraja de auténtico magooooo. Haznos otra foto, otraaaa". Pero cual no fue su sorpresa cuando, de repente, se vieron en la pantalla que ocupaba un lugar de honor en una de las esquinas de la sala. ¡Vaya emoción les entró! No paraban de girarse para todos los lados y anunciar a todos que los de la tele eran ellos. Que orgullosos de verse.
Pronto empezó el espectáculo y se apagaron las luces. En el escenario aparecieron los protagonistas con mucho arte y mucha magia. A mis hijos los engancharon desde el minuto cero, muy atentos a los pases mágicos y los trucos sorprendentes. El pequeño alucinaba y exclamaba por uno de mis oídos "¡Cómo lo han hecho! ¡Cómo lo han hecho!", mientras el mayor me susurraba por el otro oído "Jajaja me he dado cuenta enseguida del truco, pero no te lo digo para no quitarte la ilusión. Jajaja ese también lo he pillado jajaja. Uy y eso como lo han hechooooo. Mira mami, eso sí que es magia...". Y eso cuando no estaban respondiendo a los magos que no paraban de hablar con el público y hacerlo reír a carcajadas o alucinarlo a partes iguales.
Al escenario salieron niños y adultos por igual a pasárselo en grande. Hasta Raúl tuvo su oportunidad animado a voces por sus churumbeles, que no cabían en si de gozo por ver salir a su papá al escenario. Todavía en casa responden de vez en cuando "¡un pomelo!" a alguna de las preguntas que les hago y se parten (para entender el chiste hay que ver el espectáculo. Contarlo no es lo mismo).
Los tres magos hicieron unos números muy graciosos y sorprendentes entrando y saliendo de escena y dando un ritmo al devenir de los trucos que lo hacía muy ameno. Me quedé muy impresionada con lo bien que manejaban a un público infantil excesivamente emocionado y enfervorizado, a veces no del todo correcto en sus comentarios (mis hijos incluídos). Se los llevaban de calle y siempre con una gran sonrisa. El final llegó antes de lo que esperábamos porque nos lo estábamos pasando muy bien. La verdad es que nos quedamos con ganas de más.
Y sí ¡ganamos la baraja! ¡Vaya alegrón se llevaron los peques! Y los mayores porque Raúl está por esconderse la baraja por miedo a que sus niños se la estropeen. No sé quién es más niño. Esa misma noche Daniel se prestó para hacernos de mago. Nos hizo un truco buenísimo y adivinó la carta. Nos dejó ojopláticos. Luego nos confesó que el truco se lo había enseñado un niño de su clase.
Iván no quiso ser menos y nos hizo reír a gusto con su truco de: "Elige una carta, me la enseñas, barajamos bien barajado y ahora la buscamos hasta que salga". ¡Que pillo! hasta el padre se arrancó con otro truco. Que conste que yo también me sé uno muy bueno que me enseñaron en las JGA2018, pero prefiero ensayar un poco antes de hacerlo ante el público. Que veo mucho nivel por aquí.
Las risas empezaron mucho antes de que se alzara el telón, porque ya acomodados en las butacas nos informaron que durante la representación premiarían a la foto más divertida que se hicieran los presentes con una baraja de mago exclusiva y firmada.
Por supuesto, mis churumbeles se volvieron locos y venga a hacer fotos muertos de la risa y a subirlas a twitter. "Mamiiiiii, una baraja de auténtico magooooo. Haznos otra foto, otraaaa". Pero cual no fue su sorpresa cuando, de repente, se vieron en la pantalla que ocupaba un lugar de honor en una de las esquinas de la sala. ¡Vaya emoción les entró! No paraban de girarse para todos los lados y anunciar a todos que los de la tele eran ellos. Que orgullosos de verse.
Pronto empezó el espectáculo y se apagaron las luces. En el escenario aparecieron los protagonistas con mucho arte y mucha magia. A mis hijos los engancharon desde el minuto cero, muy atentos a los pases mágicos y los trucos sorprendentes. El pequeño alucinaba y exclamaba por uno de mis oídos "¡Cómo lo han hecho! ¡Cómo lo han hecho!", mientras el mayor me susurraba por el otro oído "Jajaja me he dado cuenta enseguida del truco, pero no te lo digo para no quitarte la ilusión. Jajaja ese también lo he pillado jajaja. Uy y eso como lo han hechooooo. Mira mami, eso sí que es magia...". Y eso cuando no estaban respondiendo a los magos que no paraban de hablar con el público y hacerlo reír a carcajadas o alucinarlo a partes iguales.
Al escenario salieron niños y adultos por igual a pasárselo en grande. Hasta Raúl tuvo su oportunidad animado a voces por sus churumbeles, que no cabían en si de gozo por ver salir a su papá al escenario. Todavía en casa responden de vez en cuando "¡un pomelo!" a alguna de las preguntas que les hago y se parten (para entender el chiste hay que ver el espectáculo. Contarlo no es lo mismo).
Los tres magos hicieron unos números muy graciosos y sorprendentes entrando y saliendo de escena y dando un ritmo al devenir de los trucos que lo hacía muy ameno. Me quedé muy impresionada con lo bien que manejaban a un público infantil excesivamente emocionado y enfervorizado, a veces no del todo correcto en sus comentarios (mis hijos incluídos). Se los llevaban de calle y siempre con una gran sonrisa. El final llegó antes de lo que esperábamos porque nos lo estábamos pasando muy bien. La verdad es que nos quedamos con ganas de más.
Y sí ¡ganamos la baraja! ¡Vaya alegrón se llevaron los peques! Y los mayores porque Raúl está por esconderse la baraja por miedo a que sus niños se la estropeen. No sé quién es más niño. Esa misma noche Daniel se prestó para hacernos de mago. Nos hizo un truco buenísimo y adivinó la carta. Nos dejó ojopláticos. Luego nos confesó que el truco se lo había enseñado un niño de su clase.
Iván no quiso ser menos y nos hizo reír a gusto con su truco de: "Elige una carta, me la enseñas, barajamos bien barajado y ahora la buscamos hasta que salga". ¡Que pillo! hasta el padre se arrancó con otro truco. Que conste que yo también me sé uno muy bueno que me enseñaron en las JGA2018, pero prefiero ensayar un poco antes de hacerlo ante el público. Que veo mucho nivel por aquí.
lunes, 21 de mayo de 2018
Uno entre cien mil, la lucha contra la leucemia infantil
En este país seguimos suspendiendo en una materia muy importante, la ayuda a la investigación. También en la de Educación, pero voy a centrarme en la salud porque de eso va este post, de lograr reducir la mortalidad por leucemia investigando sobre su cura. Hace poco he conocido, Uno Entre Cien Mil, una ONG cuyo objetivo es lograr que de cada diez niños afectados por esta enfermedad se curen diez. Para conseguirlo han puesto en marcha un proyecto muy original para dotar a nuestras celebraciones de un espíritu solidario que salva vidas.
En su página web nos explican cómo hacerlo posible encargándoles las invitaciones de nuestras bodas, comuniones, cumpleaños... o recuerdos maravillosos como marcapáginas o dorsales. Incluso ofertan un diploma a la solidaridad.
Su fundador, José Carnero, cuenta en la web que sintió la necesidad de hacer algo cuando la enfermedad le tocó de cerca al diagnosticarle a su hijo de tres años leucemia linfoblástica aguda. Resulta que se dan sólo tres casos cada cien mil niños y le dieron un 80% de posibilidades de que la superara. Así fue como comenzó a pensar que el caso de su peque era uno entre cien mil y comenzó a escribir un blog para dar visibilidad a esta enfermedad y la necesidad de invertir en su investigación desde una visión positiva. Poco a poco su pequeño paso se convirtió en algo mucho más grande, una ONG que invierte todos los beneficios de sus actividades en un proyecto anual de investigación contra la Leucemia infantil.
Pero esta no es la única forma de participar en su gran proyecto. Hay muchas opciones. Desde mandar un mensaje al 28014 con la palabra UNO, a hacerte socio o voluntario, hacer una donación puntual... Hasta adquirir los productos de su tienda (camisetas, dorsales, botellas de vino, bolsas de tela...). Se nota que son muy proactivos. El fin que persiguen merece la pena tanto esfuerzo. Ojalá llegue el día que se gane la batalla a esta enfermedad en todos los casos.
En su página web nos explican cómo hacerlo posible encargándoles las invitaciones de nuestras bodas, comuniones, cumpleaños... o recuerdos maravillosos como marcapáginas o dorsales. Incluso ofertan un diploma a la solidaridad.
Su fundador, José Carnero, cuenta en la web que sintió la necesidad de hacer algo cuando la enfermedad le tocó de cerca al diagnosticarle a su hijo de tres años leucemia linfoblástica aguda. Resulta que se dan sólo tres casos cada cien mil niños y le dieron un 80% de posibilidades de que la superara. Así fue como comenzó a pensar que el caso de su peque era uno entre cien mil y comenzó a escribir un blog para dar visibilidad a esta enfermedad y la necesidad de invertir en su investigación desde una visión positiva. Poco a poco su pequeño paso se convirtió en algo mucho más grande, una ONG que invierte todos los beneficios de sus actividades en un proyecto anual de investigación contra la Leucemia infantil.
Pero esta no es la única forma de participar en su gran proyecto. Hay muchas opciones. Desde mandar un mensaje al 28014 con la palabra UNO, a hacerte socio o voluntario, hacer una donación puntual... Hasta adquirir los productos de su tienda (camisetas, dorsales, botellas de vino, bolsas de tela...). Se nota que son muy proactivos. El fin que persiguen merece la pena tanto esfuerzo. Ojalá llegue el día que se gane la batalla a esta enfermedad en todos los casos.
viernes, 18 de mayo de 2018
Las aldabas de las habitaciones de los niños
Cada día tengo más claro que mis hijos suspiran por vivir en un castillo. Y yo creo que no les importaría que no tuvieran cristal en las ventanas, que fuera frío y húmedo o que estuviera rodeado por un profundo foso lleno de cocodrilos. Es más, si tiene una mazmorra llena de horripilantes monstruos y tesoros fabulosos casi mejor.
Les encanta montarse historias épicas en cuanto tienen ocasión. Cuando ponen a funcionar su imaginación nuestros modesto piso se convierte en una torre oscura, en una cueva misteriosa, o incluso en la casa de Dave el loco. Si es que es de un versatil... Sólo hay que mirarlo con ojos soñadores y listo. ¡Si es muy fácil!
A veces, me encuentro con pequeños detalles customizados con lo que los peques encuentran por ahí. Lo último han sido las aldabas caseras de sus puertas. De repente una tarde, dejé de oírles pelear y montar pollos. Por supuesto que me preocupé, pero, total, ya que van a liarla, mejor que sea en paz y silencio para que yo pueda avanzar en mis cosas.
Pero estaba equivocada, no me estaban montando una hecatombe épica, sino que estaban con tareas de manitas y se habían construido unas aldabas con un spiner, un limpiapipas, un elástico y una pieza de una piza para usarlas de llamador en sus puertas. Con el fin de que alguien las estrenara se habían encerrado en sus habitaciones. Algo que a mí me mosquea mucho.
En cuanto vi las puertas cerradas corrí a abrirlas sin reparar en los detalles con una reprimenda preparada, pero se me quedó en la boca porque mis hijos se llevaron las manos a la cabeza y gritaron. "Noooooo, mamáaaaaaa", "¡¡Tienes que llamar con la aldaba!!", "¿¿Es que no has leído los carteles??". Pues no, evidentemente no los había leído. Ni los había visto, pero estaba claro que iba a pagar por mi error llamando a las puertas y gritando contraseñas el resto de la tarde. Y así fue.
Les encanta montarse historias épicas en cuanto tienen ocasión. Cuando ponen a funcionar su imaginación nuestros modesto piso se convierte en una torre oscura, en una cueva misteriosa, o incluso en la casa de Dave el loco. Si es que es de un versatil... Sólo hay que mirarlo con ojos soñadores y listo. ¡Si es muy fácil!
A veces, me encuentro con pequeños detalles customizados con lo que los peques encuentran por ahí. Lo último han sido las aldabas caseras de sus puertas. De repente una tarde, dejé de oírles pelear y montar pollos. Por supuesto que me preocupé, pero, total, ya que van a liarla, mejor que sea en paz y silencio para que yo pueda avanzar en mis cosas.
Pero estaba equivocada, no me estaban montando una hecatombe épica, sino que estaban con tareas de manitas y se habían construido unas aldabas con un spiner, un limpiapipas, un elástico y una pieza de una piza para usarlas de llamador en sus puertas. Con el fin de que alguien las estrenara se habían encerrado en sus habitaciones. Algo que a mí me mosquea mucho.
En cuanto vi las puertas cerradas corrí a abrirlas sin reparar en los detalles con una reprimenda preparada, pero se me quedó en la boca porque mis hijos se llevaron las manos a la cabeza y gritaron. "Noooooo, mamáaaaaaa", "¡¡Tienes que llamar con la aldaba!!", "¿¿Es que no has leído los carteles??". Pues no, evidentemente no los había leído. Ni los había visto, pero estaba claro que iba a pagar por mi error llamando a las puertas y gritando contraseñas el resto de la tarde. Y así fue.
jueves, 17 de mayo de 2018
Finde Científico 2018, neuronas trabajando
Este fin de semana ha estado cargadito de actividades sorprendentes, además de las JGA18 y el día del Cómic gratis, tampoco quisimos perdernos el Finde Científico que se celebraba en el Museo de la Ciencia y Tecnología de Alcobendas, es una cita imprescindible para mentes curiosas. Allí se congregan colegios, institutos y un montón de organizaciones relacionadas con la ciencia para compartir sus proyectos con los visitantes, en algunas ocasiones de un forma tan original como resolviendo el crimen del profesor de ciencias o dando la explicación verso. ¡Cómo se lo curran!
Nada más llegar nos plantearon restos matemáticos mientras los niños hacían un comecocos con operaciones en sus dobleces. Luego estuvieron un buen rato preguntándonos un número para que ver qué operación nos tocaba resolver. las de Iván eran facilitas, pero Daniel incluso metió una raíz cuadrada. ¡Que exagerado! Ni idea de la solución.
En el Stand del Museo de Ciencias Naturales, los peques tuvieron que clasificar animales según la forma de su corazón y se llevaron un recortable de este órgano para colorear, aunque estos no son muy de coger los lápices de colores.
A partir de ahí todo fue una rápida sucesión de experimentos muy curiosos, algunos susceptibles de repetir en casa. Por ejemplo, con una vela encendida podemos demostrar que el aire de un secador puede rodear una obstaculo curvo y apagarla, pero no uno recto; también demostramos que la lejía se come el color cuando la mezclamos con enjuague bucal de color; vemos como el alcohol y el agua ocupan más por separados que cuando se juntan, y no es por la evaporación; que si calentamos el aire de dentro de una lata con un agujerito lleno de jabón sale una burbuja; que los materiales tienen memoria y cuando les aplicamos calor tienden a volver a su antigua forma... Y un millón de experimentos más usando la química, física, electricidad, gravedad, luz, cinética... Hasta experimentos del sentido del gusto. Una pasada.
Algunos ya los habíamos visto el año pasado, pero no nos importa repetir porque siguen siendo igual de fascinantes. Como decía un profesor de un Stand: "¿Creéis que es magia o ciencia?". Los peques no paraban de decir que ciencia, pero para mí había algunos que parecían cosa de magia. Es que soy de letras, ya sabéis.
Los chiquillos hasta hicieron su propios cohete. Y, por supuesto, lo hicieron volar. A las doce se reunieron todos los jóvenes astronautas a darle caña a sus creaciones en la puerta del museo. Les flipó hacer volar sus cohetes, pero más aún las botellas que salían pitando hacia el cielo de una forma espectacular.
Lo pasamos genial, como en todas las ediciones, y mis hijos salieron de allí con una lista interminable de experimentos que quieren hacer en casa. Es un plan excepcional para despertar el interés por la ciencia y la curiosidad de los niños.
Nada más llegar nos plantearon restos matemáticos mientras los niños hacían un comecocos con operaciones en sus dobleces. Luego estuvieron un buen rato preguntándonos un número para que ver qué operación nos tocaba resolver. las de Iván eran facilitas, pero Daniel incluso metió una raíz cuadrada. ¡Que exagerado! Ni idea de la solución.
En el Stand del Museo de Ciencias Naturales, los peques tuvieron que clasificar animales según la forma de su corazón y se llevaron un recortable de este órgano para colorear, aunque estos no son muy de coger los lápices de colores.
A partir de ahí todo fue una rápida sucesión de experimentos muy curiosos, algunos susceptibles de repetir en casa. Por ejemplo, con una vela encendida podemos demostrar que el aire de un secador puede rodear una obstaculo curvo y apagarla, pero no uno recto; también demostramos que la lejía se come el color cuando la mezclamos con enjuague bucal de color; vemos como el alcohol y el agua ocupan más por separados que cuando se juntan, y no es por la evaporación; que si calentamos el aire de dentro de una lata con un agujerito lleno de jabón sale una burbuja; que los materiales tienen memoria y cuando les aplicamos calor tienden a volver a su antigua forma... Y un millón de experimentos más usando la química, física, electricidad, gravedad, luz, cinética... Hasta experimentos del sentido del gusto. Una pasada.
Algunos ya los habíamos visto el año pasado, pero no nos importa repetir porque siguen siendo igual de fascinantes. Como decía un profesor de un Stand: "¿Creéis que es magia o ciencia?". Los peques no paraban de decir que ciencia, pero para mí había algunos que parecían cosa de magia. Es que soy de letras, ya sabéis.
Los chiquillos hasta hicieron su propios cohete. Y, por supuesto, lo hicieron volar. A las doce se reunieron todos los jóvenes astronautas a darle caña a sus creaciones en la puerta del museo. Les flipó hacer volar sus cohetes, pero más aún las botellas que salían pitando hacia el cielo de una forma espectacular.
Lo pasamos genial, como en todas las ediciones, y mis hijos salieron de allí con una lista interminable de experimentos que quieren hacer en casa. Es un plan excepcional para despertar el interés por la ciencia y la curiosidad de los niños.
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