Mi pequeñín está malito, pero sin estar enfermo. Me explico, Daniel no tiene fiebre. Pero la tos y los mocos le invaden sin piedad. Además está muy ñoño y llorón, aunque esto último puede que sea por llamar la atención, porque ya le daban demasiadas perretas cuando no tenía esa mala cara que arrastra ultimamente. Lo que más me choca es que no quiere salir a la calle. Está tan cansado que te pide ir a casa nada más atravesar la puerta de la guardería. Esto no es normal en él.
El caso es que la pediatra opina que está como una rosa. Esta médico nunca le ve nada al niño. "Un catarrillo sin importancia que ya se curará sólo" me dijo, y llevamos así una buena temporada.
Cansada de las noches y de ver agotado al peque le he automedicado, aunque ya sé que no es conveniente. He copiado lo que me mandó la pediatra en otro caso anterior parecido. Le doy Romiral sólo por la noche para que el pobre duerma y descanse. Y de paso duerma yo cuando Iván me deja. Eso y la cebolla. Una cebollita cortada por la mitad en la mesita de noche apesta la habitación, pero obra milagros con la tos.
Por ahora está funcionando y poco a poco tiene mejor cara este pequeñín. Aunque sigue anímicamente bajo. Estoy tranquila porque al menos come bien (cuando le dejan los mocos y las flemillas) y tiene la misma energía de siempre.
sábado, 5 de noviembre de 2011
viernes, 4 de noviembre de 2011
Cuando estoy demasiado tiempo sin oir a Daniel
Encima ultimamente sabe que cuando es la hora de comer de Iván y papá no está puede campar a sus anchas. Y aprovecha bien el tiempo este pequeñajo.
Antes nunca estaba demasiado tiempo sin oir a Daniel porque enseguida le buscaba y le paraba lo pies. Nunca ideaba nada bueno, pero con el bebé en casa es más difícil prestar tanta atención al hermano mayor.
Si estoy dándole pecho o cambiando el pañal a Iván y noto ese silencio tan poco tranquilizador, respiro hondo y me preparao para lo peor. Por ahora no han sido cosas muy graves. Normalmente me encuentro cosas fuera de los cajones o armarios. Espero que no le dé por trepar a un sitio muy alto o por tirarse la tele en la cabeza.
Don perretitas
Uf, cómo está Daniel ultimamente. No sé si es por lo del hermanito o por los de los terribles dos años, pero ahora tiene la lágrima fácil y por menos de nada se pone a berrear a voz en grito. Si le dices que no a algo se le cae el mundo a los pies. A mi me da mucha pena, pero no puedo darle gusto en todo. Sería el primer paso para fomentar su faceta tiránica.
Si le dices que se siente en el orinal lanza desgarradores lamentos "Pis no, pis nooooooo". Que ya es la hora de dormir, solloza "mir no, mir nooooo". Que le dices que suelte unas tijeras, que en un despiste mío han caído en su poder, se desgarra las vestiduras. Y así todo el día.
Me temo que pasa más tiempo llorando que riendo. Y yo me amargo porque, cómo a cualquier madre, me toca la fibra sensible sus lagrimones, aunque sé que los derrocha por tonterías.
Espero que se le pase pronto y vuelva a ser el niño risueño de siempre.
Si le dices que se siente en el orinal lanza desgarradores lamentos "Pis no, pis nooooooo". Que ya es la hora de dormir, solloza "mir no, mir nooooo". Que le dices que suelte unas tijeras, que en un despiste mío han caído en su poder, se desgarra las vestiduras. Y así todo el día.
Me temo que pasa más tiempo llorando que riendo. Y yo me amargo porque, cómo a cualquier madre, me toca la fibra sensible sus lagrimones, aunque sé que los derrocha por tonterías.
Espero que se le pase pronto y vuelva a ser el niño risueño de siempre.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Dolores de madre
No tardé mucho en llamar a la enfermera. "Esos calmantes de los que hablábamos...". Me tendió dos pastillas sin comentar nada. "Tómese ésta ahora y a las cuatro horas esta otra". Basicamente era gelocatil y paracetamol, pero me dio la vida. Cómo no suelo tomar medicinas enseguida me hizo efecto. Comenté en alto que me dolía demasiado y que a lo mejor tenía que llamar a un médico o algo. "Ay no, hija. Eso son los dolores de madre". "¿Los queee?" "Los dolores de madre" repitió, "Los entuertos. Son los dolores que te dan tras tu segundo parto", me miró en silencio un rato y después añadió. "Yo también pensaba que me había puesto de parto otra vez". ¿Pero es que nadie te explica estas cosas? Tantas revistas de embarazos y partos, tantas clases preparto... Y mi madre... que lo sabía y no se acordó de comentármelo hasta que lo sufrí en mis propias carnes.
Hablando a posteriori con una amiga me comentó que a ella le pasó lo mismo. Le pilló por sorpresa lo de los entuertos y se asustó muchísimo pesando que se habían dejado algo de placenta dentro. Pero lo peor fue el día que le cambió el pañal a su hija recién nacida y se encontró con sangre. "Menos mal que la matrona estaba aún allí y me explicó que las bebés niñas solían tener una pequeña regla por las hormonas, por que si no me da algo".
Cuantas cosas más me voy a encontrar en el camino de la maternidad que me sorprendan al máximo, pero que para el resto del mundo sea de los más obvio, aunque se les ha olvidado coméntarmelo.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Saltitos de emoción
Cuando se enfada lo que hace es patear el suelo con rabia mientras comienza a gritar. Entonces me hecho a temblar, porque, como es normal en chiquillos de su edad ya no atiende a razones y hay que armarse de paciencia para volver a hacerte con él.
martes, 1 de noviembre de 2011
Iván no
Empiezan los celillos. No de manera exagerada, pero Daniel comienza a darse cuenta de que el bebé me quita más tiempo del que él quisiera. Hago más caso al mayor, pero, por mucho que me esfuerce en que mi chico grande note el menor cambio posible, a Iván hay que alimentarlo y cambiarle el pañal cada poco, así que ya no puedo jugar con Daniel horas y horas como antes.
Al principio estaba emocionado con su hermanito pequeño. Lo nombraba a gritos a cada momento, corría a la cuna para despertarlo (no veas la gracia), quería cogerlo y le daba caricias (un tanto bestias a veces) siempre que tenía la oportunidad. Ahora ya empezamos con el "Iván no", pero no le queda otro remedio que convivir con él y compartir a sus padres. Sobre todo a su madre, que es la que pone el pecho.
Nosotros intentamos que participe en el cuidado de Iván lo máximo posible. Incluso me ayuda a cambiarle el pañal al bebé. Le encanta ponerle la cremita. Lo extraño es que la caca del hermano no le da asco, pero no puede soportar ver el biberón del pequeño. Le dan unas arcadas horribles. Aún así se acerca para intentar dárselo, pero se tiene que marchar enseguida. Es muy voluntarioso. Lo que más le gusta es despertarle. "¡Iván pierta!" grita encantado. Aunque yo le pida por favor que le deje dormir.
Cuando nos cruzamos con alguien por la calle y se paran a ver a Iván el exclama "mío, bebé mío". Por ahora, la gente está teniendo mucho tacto y tiene atenciones para los dos.
Supongo que algo de celillos era inevitable.
Al principio estaba emocionado con su hermanito pequeño. Lo nombraba a gritos a cada momento, corría a la cuna para despertarlo (no veas la gracia), quería cogerlo y le daba caricias (un tanto bestias a veces) siempre que tenía la oportunidad. Ahora ya empezamos con el "Iván no", pero no le queda otro remedio que convivir con él y compartir a sus padres. Sobre todo a su madre, que es la que pone el pecho.
Nosotros intentamos que participe en el cuidado de Iván lo máximo posible. Incluso me ayuda a cambiarle el pañal al bebé. Le encanta ponerle la cremita. Lo extraño es que la caca del hermano no le da asco, pero no puede soportar ver el biberón del pequeño. Le dan unas arcadas horribles. Aún así se acerca para intentar dárselo, pero se tiene que marchar enseguida. Es muy voluntarioso. Lo que más le gusta es despertarle. "¡Iván pierta!" grita encantado. Aunque yo le pida por favor que le deje dormir.
Cuando nos cruzamos con alguien por la calle y se paran a ver a Iván el exclama "mío, bebé mío". Por ahora, la gente está teniendo mucho tacto y tiene atenciones para los dos.
Supongo que algo de celillos era inevitable.
Moquetes
Ya nos lo advirtieron en el hospital: El mayor se lo va a pegar todo al pequeño. Nos aconsejaron que tuviéramos cuidado. Y eso hicimos, pero es imposible mantener alejados a los dos durante las 24 horas del día. Así que al poc tiempo ya se oía algo parecido a "snort snort" desde la cunita de Iván.
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