miércoles, 7 de enero de 2015

Un relajado uno de enero

Al día siguiente los niños nos hicieron levantar temprano, así que con el ojo pegado nos lanzamos a la calle con las bicicletas que les presta la prima Natalia a los peques siempre que vienen a dar una vuelta.

Les llevamos a las fuente Luminosa para que pedalearan a gusto. Y no nos encontramos ni un  alma en el camino. Tampoco en el parque infantil en el que estuvieron jugando juntos un buen rato había mucha afluencia. Hasta que no nos acercamos al barco pirata no empezamos a ver un número normal de gente. Al lado habían montado una atracción de coches y, como no podía ser de otra manera se empeñaron en montar. Les compramos fichas para montar una vez y volver otro día. Pero al final montaron otra vez más porque los dueños de la atracción invitaron a todos los niños del parque a dar una vuelta para celebrar el año nuevo. Algo que los peques acogieron con entusiasmo.

Tampoco nos perdimos el precioso Belén que había montado en la plaza. Nos encantó.

Después del largo paseo volvimos para encontrarnos con que mi hermano, mi cuñada y mi sobrina estaban ya en casa de mi madre y habían propuesto comer pizzas. Desde luego es una opción muy original como comida de año nuevo. Los niños acogieron la idea con entusiasmo.

Después de la comida, los hombres y los chiquillos se pusieron a jugar con los juegos que había traído el tío Fernando que y que encantaron a mis hijos. Tanto es así que mi hermano se los prestó unos días para que los disfrutaran a tope.

Cuando se fueron a descansar a su casa, salimos todos a pasear a los perros. Los peques iban como locos por llevar las correos. Y mi madre les dio el gusto. Lo pasaron genial. Tampoco encontramos a mucha gente en esta ocasión. Se ve que el primero de año es tradicional no salir de casa si se puede evitar.


martes, 6 de enero de 2015

Volando hacia Gran Canaria

Este año no nos podemos quejar mucho. Hasta casi al final no la liaron estos fieras. Y Daniel fue un angelito todo el viaje. Bueeeno, más o menos, porque se metió bastante con su hermano. ¡Tampoco vamos a pedirle peras al olmo!

El caso es que en esta ocasión hemos volado a contrarreloj para llegar a tiempo a las uvas. Se ve que el piloto iba motivado porque lo conseguimos, e incluso llegamos antes de al hora prevista ¡yujuuuu!

Nuestra cena de fin de año fueron bocatas de chorizo y galletas, pero era la única opción asequible a nuestros bolsillos. El resto de los vuelos estaban a precios prohibitivos.

Nada más entrar al avión repartí pinturas, unos libros pizarrita y libros de pegatinas que los entretuvo bastante. Al niño de delante le prestamos uno. Tenía toda la pinta de ser igual de travieso que mis niños. No paró de liársela a sus padres durante todo el vuelo. Cuando los míos empezaban a desmandarse el pater sacó la tablet, me cambió el sitio y les puso una peli de Rodolfo el reno que los tuvo entretenidos casi todo el viaje.

Cuando se acabaron los dibujos animados empezaron los problemas con el más peque de la familia que se cogió una perreta tremenda y se lió a patadas y puñetazos con todo el que se cruzaba por su camino. Incluídos sus padres. una vez en el coche de su tío Fernando, se calmó tanto que se quedó dormido. Mi idea era meterlo en la cama para que descansara, pero al ponerle el pijama se despejó y no quiso perderse las uvas.

Yo sólo pude tomarme dos porque mi madre había comprado las más grandes que encontró y no había quien siguiera el ritmo. Bueno, miento, mi hermano lo logró, no sé como. Entre que subimos a la terraza a encender bengalas, que mi madre les dio a los peques su regalo de Papa Noel (unos juegos educativos de letras y formas),  y tres cosillas que nos contamos se nos hicieron las mil.

Me metí en la cama encantada, pero Daniel no perdonó el primero de año y nos levantó tempranito.

lunes, 5 de enero de 2015

La tarta de Dora

¿Conocéis un capítulo de Dora la Exploradora en el que celebran el día de la madre y el papá manda a la chiquilla a buscar los ingredientes de una tarta especial? Pues fue verlo y meterse en la cabeza del peque que había que hacer esa tarta.

Como en realidad tenía pinta de ser un bizcocho con plátanos, chocolate y nueces no vi ninguna razón para negarle el capricho. Me llevé a los dos niños a la cocina y les preparé los ingredientes cerca de mi adorada Thermomix.

En un principio me pedían las medidas exactas del capítulo (¡Diez plátanos! ¿Estamos locos?), pero les convencí para utilizar unas medidas más lógicas. Y menos mal porque a Daniel no le gustaron los trozos de plátano y se lo tuve que quitar para que se la comiera. Tampoco usamos chocolate. Cambiamos ese ingrediente por Nocilla, que era lo que teníamos en la despensa.

Se lo pasaron bomba echando los ingredientes en el vaso y mezclándolo todo. Cómo tenía el horno ocupado con un pescadito que quedó bie rico, dejamos la masa esperando sobre la encimera. Creo que el reposo y el horno precalentado le vinieron de lujo al bizcocho porque cuando lo sacamos tenía una pinta estupenda. Y cuando lo probamos alucinamos con el sabor. ¡Estaba para chuparse los dedos!

Estoy deseando conocer cual será nuestros siguiente reto jajaja

domingo, 4 de enero de 2015

Un tic angustiante

No todo ha sido rosas y vino estas Navidades. De repente, Daniel comenzó a hacer un gesto muy raro con la cabeza y los ojos... ¡Y de forma repetida! Dice Raúl que se lo había visto hacer antes, pero de forma muy esporádica y que no le había preocupado. A mí el asunto me quitó el sueño. Estaba deseando volver a Madrid para llevarlo al médico a ver si me podían decir por qué, al llegar la noche, le daba por hacer ese exagerado tic uno, dos... Y hasta seis o siete veces seguidas.

Por fin llegó el día de la cita médica y allá que nos fuimos el primogénito y yo. La pediatra me escuchó con mucho interés, no era la de siempre, es otra que también es muy maja. Sentó a Daniel en la camilla y le hizo un extenso examen neurálgico para ver si coordinaba bien y si tenía la sensibilidad que debía tener. Todo salió bien.

Cuando terminó me aseguró que, todo indicaba lo contrario, pero que no podía descartar a la ligera que el chiquillo pudiera sufrir unos pequeñísimos ataques epilépticos en los que a lo mejor perdía el conocimiento durante un segundo de una manera casi imperceptible. Para asegurarnos debía decir una palabra cualquiera cuando le diera el tic y luego pedirle que me la repitiera. Ya lo he hecho y la repite sin problemas. De hecho se muestra muy coherente todo el rato, puede seguir sin problemas con la tarea que tiene entre manos y sigue de forma normal una conversación. Así que por ese lado me ha dejado muy tranquila. Ella piensa que pueda ser un tic pasajero sin más, aunque me aconseja que lo vigile de cerca sin hacerle mucho caso, por si lo finge, y si veo que la cosa va a más o que empieza a tener fallos psicomotores o de razonamiento, que vuelva y le manda al neurólogo.

Resulta que los niños de ahora están demasiado expuestos a estímulos por muchas y variadas razones, pero las tablets, videojuegos y tele tiene algo que ver en el asunto. A raiz de esta nueva realidad suelen aparecer unos tics sin importancia, sobre todo en los ojos, que se van con el tiempo. Mis dos niños han guiñado los ojos entre los dos y los cuatro años, supongo que por esta razón. Las viejas enfermedades se erradican y surgen nuevas.

Yo me tranquilizo a mi misma con la idea de que estas fiestas son demasiado excitantes para los peques y puede que eso le haya producido el tic nervioso. Espero que cuando se pasen todo vuelva a la normalidad.

Postdata: Cada día estoy más convencida de que lo hace a posta para llamar mi atención. Estos niños son demasiado listos.

sábado, 3 de enero de 2015

Cortes de pelo: risas y lloros

De nuevo a tocado recortar un poco el pelito de los nenes. Un día se levantaron con un pelo totalmente ingobernable que los hacía parecer a uno un demoniejo y a otro un torbellino, así que el papá se tiró a las tijeras y a la maquinilla para disgusto de los peques.

Al mayor no le gusta, pero se lo acaba tomando a risa. Y hasta disfruta de volver a verse la cara bonita que tiene sin greñas. Pero para el peque sigue siendo un dramón de los buenos: lloros, gritos, luchas encarnizadas, ataques de rabia... Y así quedó el pobre que parece una oveja trasquilada. Mucho mérito tiene el padre que no acabó cortándole una oreja.

A mí me tocó de nuevo sujetarle e intentar calmarlo entre besos, caricias y cuentos. Todo en vano, pero, al menos, ya no me entra esa angustia horrible en la que acababa llorando yo también.

En cuanto el padre anunció que se rendía que que así quedaba el chiquillo, se le fueron todos los males al muy cuentista.

viernes, 2 de enero de 2015

Un Cortilandia lleno de pingüinos

Daniel vino un día del cole cantando las canción de Cortilandia y anunciando que quería ir a ver el famoso espectaculillo de muñecos, luces y canciones que monta todos los años El Corte Inglés en la fachada de uno de sus centros comerciales en Sol.

Esto es lo que veía yo
Entre pitos y flautas, ya veía yo que nos lo saltábamos y que a la vuelta de las vacaciones una a ser el único que no lo hubiera visto, así que el día que mi portera me anunció que iba a haber una corte de luz (eso significa que no ha calefacción brrrrr) bastante importante no lo dudé y me presenté en el centro de Madrid pensando que, al ser entre semana y por la mañana, habrían tres gatos. Ingenua de mí. Nos encontramos con una multitud que no nos dejaba dar dos pasos sin tropezarnos.

Esto es lo que veían ellos
Encima con la poca orientación que tengo yo no encontraba el dichoso Cortilandia. Menos mal que le pregunté a una familia que iba para allá y se ofrecieron a acompañarnos. Daniel se colgó de la mano del padre en cuestión hasta que llegamos al sitio. Menos mal que era encantador y le siguió el rollo sonriente.

Una vez allí, jugamos al juego de "A ver quien encuentra..." hasta que empezó. Al principio se veían bien a los pingüinos, protagonistas de la historia este año, pero se empezó a juntar gente, a juntar gente y nos taparon la vista. Yo alcé a los chiquillos unos minutos, pero mi espalda me dio un aviso importante de que dejara de hacer locuras, así que se tuvieron que conformar con dos pingüinos en su campo de visión. En esta ocasión, tiraban un poquito de nieve sobre la multitud. Los chiquillos allí reunidos se volvieron locos cuando les cayeron las motitas en sus cabezas.

A mí me pareció más corto que otras veces, pero casi lo agradecí para escapar de la multitud. La verdad es que al final me parece que a los niños no les emocionó todo lo que yo me esperaba. Se oía un poco bajo y creo que no se enteraron de la historia del pobre pingüin que viene de muy lejos para tocar con la banda de Navidad y casi no lo consigue.

Menos mal que, volviendo para casa, vieron como un vendedor ambulante cogía un cerdito en forma de bola y ¡plaf! lo chafaba en una superficie lisa. Mágicamente la mancha de cerdo volvía a ser la bola original. Me encantó el juguete, pero, para evitar tentaciones, no había traído ni un duro conmigo y los chiquillos se quedaron si cerdo. ¡Ya reciben demasiado estos días! El caso es que el espectáculo del cerdo chafado les enganchó bastante más. Al final el vendedor se reís de verles allí aplaudiendo cada vez que estampaba al pobre bicho.

jueves, 1 de enero de 2015

El navideño cumple de papá

Raúl cumple el día después de Navidad, así que a nadie se le puede olvidar su día especial. Siempre lo celebra rodeado de sus familiares.

Este año ha disfrutado de una enorme tarta y de muchos achuchones de sus peques. Su hermano le ha regalado un libro de roll que ha enamorado al mayor. No me extraña porque está lleno de bichos feos monstruosos.

Yo le regalé el juego online de Ticket to ride, aunque en realidad lo eligió él y aún se lo debo. ¡Uy! Menos mal que siempre nos queda el amor jajaja

¡¡Felicidades guapísimo!!