Mi chico cada día es más autónomo. "¡Olito!" me chilla en ocasiones. Lo que quiere decir que lo quiere hacer el solito. A veces creo que alucina cuando se planta en al borde de una piscina y me anuncia que no quiere verme cerca mientras se dispone a saltar a las profundidades del agua, o cuando le veo en lo alto de mesa en una postura de los más inestable y chilla al verme "¡No, mamá! ¡Olito!". "¡Ya te gustaría!" le contesto e impongo mi saludable y protectora presencia a pesar de sus lloros y protestas.
Lo mejor de todo es que cada día aguanta más jugando con los juguetes sin requerir la presencia de otro adulto. A veces, le puedes decir algo así como "Daniel, mami está ocupada juega un rato tu sólo" y, sorprendentemente, obedece. Máximo media horita, pero eso ya es un lujo. Y nos da un respiro a su padre y a mí.
martes, 9 de agosto de 2011
lunes, 8 de agosto de 2011
Fiesta de globos
Mi marido ha tenido una idea genial. Me ha comentado que le haría ilusión montar una fiesta para niños en el patio de la casa de su abuela. Sin ningún motivo aparente que celebrar más que el comienzo de nuestras vacaciones. Enseguida ha comenzado ha hablarme de pruebas para los peques, de globos y de una barbacoa de salchichas y alitas de pollo propia de pequeños paladares.
Me ha contagiado su ilusión y enseguida me hice con los premios para los participantes: pistolas de agua para todos y un sonajero para la única bebé que asistiría. Al final invitamos a unos primos de Daniel y a un amigo de Raúl y su hija.
Poco antes de que llegarán los invitados empezó a diluviar. Nos temimos lo peor, decidimos dejar lo del patio para otro día y divertirnos en el interior, pero nuestros pequeños invitados entraron como un torbellino en el patio sin darnos opción a explicarles que la hierba estaba mojada. Enseguida estallaron todos los globos con ayuda activa de Daniel, que lejos de asustarse se lo pasó bomba sentándose encima, mordiéndolos y apretándolos hasta que hacían "¡pum!".
Raúl comenzó los juegos como un perfecto maestro de ceremonias. Los chiquillos estaban emocionados. Hicieron carreras, búsqueda del tesoro, imitación de animales, cantaron, jugaron al corro de la patata (un gran éxito entre los más pequeños), al juego de los colores con un antiguo tablero de Enredos... Todo entre risas, gritos y algún pequeño enfado sin importancia. Había que ver a los chiquillos con la nariz pegada al color rojo. Me partía de la risa.
El momento de los premios fue genial. Todos se removían inquietos en su sitio deseando recibir su paquete. Daniel incluso intento trepar hasta mis manos para conseguir uno, pero conseguimos frenarle y que se sentara junto al resto. Les encanto la pistola. Todos clamaban por agua para empezar la batalla. Menos mal que logramos hacerles entender que ya era muy tarde para mojarse. Prometimos que si volvían mañana les llenaríamos la piscinita para que jugaran.
Ahora tenían que jugar con juguetes de secano mientras Raúl preparaba el fuego de la barbacoa. Cenamos estupendamente aunque los peques no dejaron de hacer de las suyas en todo momento.
domingo, 7 de agosto de 2011
Jugando con los primos
Parece ser que Daniel se lo ha pasa bomba con sus primos Luis y Miguel, dos chiquillos con las mismas energías que él. ¡Vaya panda se ha juntado! Durante esta semana de separación ha jugado con ellos muchísimo por las calles del pueblo. Y ahora que estoy con él puedo comprobarlo por mi misma.
Sobre todo, congenia con el peque, Luis, que es sólo cinco meses mayor que él. ¡Vaya abrazos y besos que se dan!
Cuando están los tres juntos ya se puede poner a temblar el mundo. Son imparables, pero los tres muy buenos. Con Miguel te ríes mucho porque está en esa edad en la que te suelta frases increíbles. El día que vino con su familia a saludarnos se lo pasó tan bien que me aseguró que iba a venir todos los días "Y me quedo una semana ¿eh?". Tan pequeño y con las cosas tan claras.
Sobre todo, congenia con el peque, Luis, que es sólo cinco meses mayor que él. ¡Vaya abrazos y besos que se dan!
Cuando están los tres juntos ya se puede poner a temblar el mundo. Son imparables, pero los tres muy buenos. Con Miguel te ríes mucho porque está en esa edad en la que te suelta frases increíbles. El día que vino con su familia a saludarnos se lo pasó tan bien que me aseguró que iba a venir todos los días "Y me quedo una semana ¿eh?". Tan pequeño y con las cosas tan claras.
sábado, 6 de agosto de 2011
Terremoto
¡Cómo puede se esto! Ni un día entero con mi bebé precioso y ya me tiene agotada. ¡No para! Ya no me acordaba de lo que era correr tras él sin descanso para evitar chichones y quemaduras. ¡Si es que no tiene una idea buena!
La barriga dificulta la labor, no lo voy a negar. ¡Me ha vuelto a crecer! Parezco una bolita. Todo el mundo cree que estoy a punto de caramelo y todavía me quedan más de dos meses. Hasta me han preguntado si espero gemelos. Pues no señor. Unicigoto. Fue lo primero que pregunté en la ecografía para confirmar si estaba embarazada. "Unicigoto ¿Verdad?", "Unicigoto sí" me tranquilizó la tocóloga. ¡Que hubiera hecho con tres fieras rompiéndome la casa! Menos mal que sólo van a ser dos hijitos los que se dediquen a tan encomiable labor.
La verdad es que comencé las vacaciones para el arrastre. Las noches con Daniel no me permiten descansar, así que por las mañanas no puedo permanecer con los ojos abiertos mucho rato. Me levanto para darle el biberón al niño, juego un rato con él, pero en cuanto asoma la nariz su abuela Chari y me invita a relevarme me subo a la camita como alma que lleva el diablo. A roncar toda la mañana.
Enfrentarse a un Danielín hiperactivo cansada de antemano no es fácil y si no que se lo digan a su padre cuando intentó relajarse un rato en un tumbona. Si es que este chiquillo ni se queda tranquilito ni deja descansar a nadie. Una de las palabras que más usa ahora mismo es "¡Piertaaaaaa!" (Traducción: ¡Despiertaaaa!), normalmente acompañada de un manotazo directo a la cara. Todo delicadeza este bebé.
Mi chiquitín y yo juntos de nuevo
Mi chico me ha recibido con una sonrisa enorme y un abrazo de oso. No paraba de correr hacia uno y otro progenitor alzando sus bracitos para que le cogiéramos y le hiciéramos mimitos. ¡Hay que ver lo que ha crecido en una semana! ¡Parece mentira! ¡Papa! ¡Mamá! chillaba emocionado ante las fiestas que le hacíamos.
Al final llegamos a Covarrubias muy tarde. A las nueve de la noche. Entre salir del trabajo, hacer la maleta, pitos y flautas se nos hicieron las mil. Y eso que estábamos deseando llegar por razones obvias. Así que nos encontramos con un Danielito hiperactivo que acababa de tomarse el biberón de la noche y que tenía las mismas ganas de dormir que un buho.
De todas formas, egoistamente, los papis teníamos una buena razón para saltarnos la hora de irse a la cama. Así que disfrutamos del pequeñajo un buen rato antes de obligarle a ir a la habitación con los lloros normales por parte del interesado.
Había aprendido muchas cosas y estaba hecho un sol. Las abuelitas tenían cara de cansadas, pero a la vez se las veía felices. Hay quie tener mucha energía para lidiar con Danielillo.
Al final llegamos a Covarrubias muy tarde. A las nueve de la noche. Entre salir del trabajo, hacer la maleta, pitos y flautas se nos hicieron las mil. Y eso que estábamos deseando llegar por razones obvias. Así que nos encontramos con un Danielito hiperactivo que acababa de tomarse el biberón de la noche y que tenía las mismas ganas de dormir que un buho.
De todas formas, egoistamente, los papis teníamos una buena razón para saltarnos la hora de irse a la cama. Así que disfrutamos del pequeñajo un buen rato antes de obligarle a ir a la habitación con los lloros normales por parte del interesado.
Había aprendido muchas cosas y estaba hecho un sol. Las abuelitas tenían cara de cansadas, pero a la vez se las veía felices. Hay quie tener mucha energía para lidiar con Danielillo.
jueves, 4 de agosto de 2011
¡¡Vacaciones!! ¡¡¡¡Por fiiin!!!!
¡¡¡Yujuuuuu!!! Merecidas, necesarias y sagradas vacaciones (aunque algún jefe intente aguarlas hasta el último momento) menos mal que ya están aquí. Hoy nos vamos a meter en el coche, Raúl y yo, y no vamos a parar hasta que tengamos a Daniel dándonos besos babosos y abracitos fuertes.
Miedo me da lo que me voy a encontrar. Soy bastante estricta con el tema de seguir los horarios, pero me temo que las abuelas de Covarrubias me lo han asalvajado al máximo a base de amor y mimos... ¡Y dejarle cancha libre! Cómo tiene que ser.
Los niños necesitan disciplina y mano firme de los padres tanto como la libertad que les dan los abuelos. ¡Así me dice mi suegra que con ella no llora! Desde luego el método es infalible. Cuando yo tenga nietos será igual. Conmigo no llorarán, porque no les castigaré y todo lo que hagan me parecerá maravilloso.
Ahora me tengo que centrar en ser madre e ingeniármelas para que Danielito vuelva al redil lo antes posible. ¡Qué ganas tengo de verle!
miércoles, 3 de agosto de 2011
Los tirones me amargan la vida
La verdad es que no me puedo quejar con mis embarazos. Los dos han sido de lujo. Ni mareos, ni nauseas, ni nada... Aparte de lo que significa que cada vez cargas con más peso en la barriga, con lo que ello conlleva para los riñones y el equilibrio, todo va genial.
Sólo he tenido una consecuencia que me trae por el camino de la amargura: los tirones nocturnos. ¡¡¡Qué dolor!!! Con Daniel los tuve también, peores y mas continuados.
Hasta ahora me estaba salvando, creo que gracias a mi chico, que hace que me mueva mucho, muchísimo, pero... ¡cómo se ha notado su ausencia! (en todos los aspectos). Desde que no está me despierto todas las noches de una salto.
Raúl se angustia al verme gemir de dolor, pero no puede hacer nada. Lo único que queda es pasear por la casa hasta que se mitigue. Eso significa que las noches no son tan maravillosas como pensé sin los lloros del pequeñín taladrándome los oídos. ¡Si es que no tiene nada bueno tenerle lejos de mí! Menos mal que ya voy para el pueblo y le voy a poder achuchar todo lo que me deje.
La foto es de Carlos Martínez (http://www.cmtz.es/).
Sólo he tenido una consecuencia que me trae por el camino de la amargura: los tirones nocturnos. ¡¡¡Qué dolor!!! Con Daniel los tuve también, peores y mas continuados.
Hasta ahora me estaba salvando, creo que gracias a mi chico, que hace que me mueva mucho, muchísimo, pero... ¡cómo se ha notado su ausencia! (en todos los aspectos). Desde que no está me despierto todas las noches de una salto.
Raúl se angustia al verme gemir de dolor, pero no puede hacer nada. Lo único que queda es pasear por la casa hasta que se mitigue. Eso significa que las noches no son tan maravillosas como pensé sin los lloros del pequeñín taladrándome los oídos. ¡Si es que no tiene nada bueno tenerle lejos de mí! Menos mal que ya voy para el pueblo y le voy a poder achuchar todo lo que me deje.
La foto es de Carlos Martínez (http://www.cmtz.es/).
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