viernes, 30 de septiembre de 2011

¿Gastroenteritis?

Sorpresa pañalera. Mi chiquitín está descompuesto y con el culo rojito como el de un cangrejito. ¡Ala! culito al aire libre durante una horita para que se oxigene, a rezar para que no haya una desgracia escatológica y preguntarle cada dos minutos si quiere hacer pis. Siempre la misma respuesta: "No".

Una hora después la casa está intacta y el culito de Daniel un poco mejor. Menos mal que tenemos la milagrosa crema Lutsine a mano. A untar a lo bestia, cerrar el pañal y a observar toda la tarde al chiquillo por si hay vómitos o dolores de estómago. Nada. Come como un fiera (más que yo) y tiene muchísima actividad. Ni siquiera parece que le moleste el pañal. Pues nada, al día siguiente a la guardería.

En cuanto les enseño la cremita de Eryplast las profes me ponen mala cara "¡¡Gastroenteritis!!" Sentencian. "Pero... ni vomita, ni tiene malestar, come muchísimo...", pero Manoli me corta  tajante a mitad de frase: "No tiene nada que ver. Tiene Gastroenteritis. Tenemos un brote muy fuerte, así que a casa" ¿A casa? ¡Imposible! Al niño se le ve bien y la mami tiene que entregar el lunes unas páginas en el periódico chino que casi ni ha empezado. Encima el chiquillo está jugando emocionado con sus amiguitos y la cocinita de clase. ¡Cómo para decirle que nos vamos! Perreta segura. "Lo siento chicas, pero ahí os lo quedáis. Si se pone malo de verdad me llamáis y acudiré volando" No les hace gracia pero acogen a Daniel con todo el cariño del  mundo. Aún así me insisten en que venga antes de la hora a por él. "¡Nos va a contagiar a todos!" Me aseguran temerosas. Pero si se lo habéis pegado aquí. Si tenéis a cinco chiquillos con gastroenteritis de verdad que ahora mismo están compartiendo juguetes con el mío. ¡Qué me estáis contando! ¡Cómo se nota que sabéis que estoy de baja en el otro trabajo! Pillinas.

Con un poco de resquemor en la conciencia corrí a hacer todo lo que tenía que hacer. Mis riñones me estaban matando, pero me quedaba la duda de que Danielito tuviera gastroenteritis de verdad y se pusiera malísimo de repente. Sin pararme a respirar puse mi casa y mi ordenador en orden, comí y volví a por mi pequeño antes de la hora de salida.

Las profes me aseguraron que todo bien y que había comido muchísdimo, aunque le habían dado comida de dieta. Buf, eso sólo podía significar que mi pobre niño salía muerto de hambre. ¡Exacto! Se comió el plátano, el sanwich, tres galletas y no me comió a mí porque no me dejé. En cuanto llegué a casa le quité el pañal... ¡¡¿Pero qué es esto?!! Blanquito, blanquito. Ni una rojez. ¿Y para eso me hace correr? Y sólo ha hecho una caca en el cole. ¿A eso le llaman gastroenteritis? Yo le llamo ligera descomposición.  ¡Qué exageradas!

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Todas las cosas que Daniel quiere que le acompañen hasta clase



Desde que llevo yo a Daniel al cole su rutina ha cambiado muchísimo. Antes su padre lo metía en el coche y en dos minutos lo estaba entrando por la puerta. Ahora lo siento en el carrito y paseamos los quince o veinte minutos de camino que hay hasta la guardería. Entre medias compramos el pan, saludamos a los vecinos, a los papás de sus amiguitos del cole, vemos camiones, coches de policía... En fin, cada día es diferente en las pequeñas cosas.

El enanito se ha acostumbrado a llevarse un juguete cada día para que le haga compañía en el trayecto: un cochecito, un peluche, un libro infantil... Pero hace una par de días me sorprendió con un pack de tres latas de guisantes. "Hummm... Daniel... ¿Seguro que no quieres dejar los guisantes en la cocina?" "¡No!". No se pudo hacer nada y el peque salió con sus guisantes a la calle. Cada cierto tiempo lograba sacar una lata y las iba dejando caer en el momento más inoportuno. Una pesadilla para mí que cada vez me pesa más el barrigón. De nada valían mis regañinas. De repente oía "¡clonk!" y tocaba agacharse. Hasta que tiró la última. Evidentemente no se las devolvía, sino que las iba guardando en una bolsa para luego regresarlas a su sitio natural.

Pensé que sería un capricho repentino, pero ayer se empeñó en agarrar una cuchara y un cucharón. Fue todo el camino con los utensilios de cocina bien cogidos. La gente que nos encontramos se partía de la risa. No es que me importe mucho esta extravagancia de mi hijo, pero hoy, por si acaso le he cogido un caballito de peluche y se lo he puesto en las manos justo antes de sentarlo en el carrito. Daniel no ha protestado y ha estado encantado con la compañía equina. A ver si se acostumbra que los juguetes son suyos, pero que el resto de las cosas son de mamá.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Daniel celebra su cumple en el cole

Hoy Daniel se ha ido acompañado de sus nuevos peluches de Dora, Botas y Swipper todo el camino de casa al cole. Mientras paseábamos hacia la guardería le hemos estado diciendo a todos que ayer había sido su cumple: a la portera, a los vecinos, a las chicas de la panadería... Mi peque iba inflado como un pavito y bien agarrado a sus personajes preferidos.

Al llegar le he soltado del carrito y ha salido disparado hacia clase. ¡Ni siquiera me ha esperado! Allí se encontró con una de las profes preparada para darle un enorme abrazo y una gran felicitación. Le he entregado a su seño una bolsa llena de paquetitos con cochecitos dentro para los niños y unas golosinas para ella y su compañera. A los niños sólo se nos permite regalarles gusanitos y similares porque cualquier otra comida puede venir en mal estado y no se la juegan. Yo opté por los cochecitos porque pusieron una megaoferta en el Alcampo de tres coches a un euro y me salió tirado el detallito cumpleañero.

Le dí un beso de despedida a mi peque que fue a reunirse con sus amiguitos casi sin mirarme. Así de emocionado estaba que se quedó en la clase sin protestar ni un poco.

Cuando volví a por él estaba exultante con su corona de cumpleaños. La profe le dio uno de los cochecitos empaquetados y Daniel me exigió con grititos que se lo desenvolviera para poder jugar con él en ese mismo momento. Encima le había traído una merienda especial de sandwiches de paté mediterráneo con forma de dinosaurios y uno de los chupa chups de bizcocho que sobraron de su cumple y que le encantaron.

En el parque todos los padres le felicitaron efusivamente y algunos niños le cantaron el cumpleaños feliz. La madre de Hugo incluso le trajo un regalito: ¡Un bombero de Megablocks! con su coche y todo. Allí mismo lo abrimos y se pusieron a jugar cuatro o cinco niños ¿Se puede pedir más para el día después? Yo creo que no.


domingo, 25 de septiembre de 2011

¡¡¡Dos añitos ya!!!

Por fin llegó el día. Mi bebé se ha convertido en un niño mayor, de dos añitos nada menos. Su mamá y su papá cuidaron todos los detalles para que se sintiera como un rey en su día. La mayoría de las ideas las saqué de un blog llamado Las Cosas de Ana. Tiene menús enteros para fiestas de cumpleaños. La verdad es que las recetas que elaboramos de esta página triunfaron: Paté vegetal, mediterráneo, chupa chups de bizcocho de chocolate, mermelada de cebolla, pimientos caramelizados... Incluso copié algunas ideas para la decoración. Puse en las pajitas las caras de los personajes preferidos de Daniel y a los niños les encantó el detalle.

La tarta la saqué, en su mayor parte, de otra página web. Cuando leí que era de nocilla no lo dudé. Ultimamente a mi chiquitín le vuelve loco esta pasta de chocolate y avellanas. Esta fue la base, pero la idea del decorado de Kit Kats y Lacasitos se la copié a mi cuñada Mariángeles. Su hija Natalia cumplió ocho años pocos días antes que Daniel e hicieron una preciosa tarta llena de colores. Cómo les gusta a los niños. Desde luego, Daniel se puso las botas. Nunca le había visto comer tanto.



El peque se lo pasó bomba jugando con sus primos y con los globos que habíamos repartido por el salón. Le dimos los regalos en diferentes momentos del día para que no se le amontonaran y se volviera loco. El primero fue el nuestro, un barco pirata de megablocks que le encantó. Al rato le dimos uno de una tía suya que nos había dado para ese día tan especial. Abrió los paquetes con una sonrisa de oreja a oreja y se quedó emocionado con el libro y el juego de imanes. Estuvo un buen rato colocando las piezas inmantadas a un lado y a otro de la nevera.


El resto de los regalos se los dieron en plena fiesta. Todos le hicieron mucha ilusión y me obligó a abrirlos y a enseñárselos pieza por pieza. Estaba encantado. Había que ver la enorme sonrisa que cruzaba su rostro cada vez que rompía un papel de regalo y aparecían ante él agradables sorpresas. Hasta tuvo un momento de atención para la ropa. Agitó alegremente en sus manitas las zapatillas de monstruos y los guantes para el invierno hasta que se los quitaron para darle otro paquete. Creo que una de las cosas que más le gustó fueron unos peluches de Dora la Exploradora, Botas y Swiper. Esa noche insistió en dormir con ellos, además de con su perrito de siempre. Había que verle, parecía un peluche más.
¡Mi niño! Cómo crece.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Daniel se va a la guerra

Mi niño se puso guapísimo para ir a un bautizo. Estaba estupendo con su camisita, sus pantaloncitos, sus zapatitos... Todo el mundo le regaló los oídos mientras se lo pasaban de brazo en brazo. Por lo menos lo que permitía el pequeñajo, que en cuanto se cansaba se retorcía hasta que lo dejaban en el suelo.

Justo antes de comenzar la sesión de fotos se dió con la naríz en la rodilla de su padre port hacer el burro y la sangre empezó a manar sin medida. El niño con las ropas llenas de sangre, el padre igual... un desastre. Me temo que da la nota de color en la fotografía y eso que intentamos limpiarle todo lo que pudimos a pesar de que no se dejaba.

Luego tiraron monedas y caramelos al suelo para que los niños lo recogieran cargados de bolsas. A los peques se las tiraban a los pies, pero el intrépido Daniel quería estar en el meollo del asunto y se metió en medio de los niños grandes. Con lo que salió llorando y con herida de guerra. Le alcanzó un caramelo en la oreja. A los pocos segundos volvía a la carga con su bolsita llena de caramelos y dinero. Había que ver la maña que se daba en coger los coloridos dulces del suelo. El dinero le llamaba menos la atención. Démosle tiempo. En breve me lo encontraré con la mano extendida exigiendo su paga.




jueves, 22 de septiembre de 2011

El tío Fernando viene a ver a Daniel

¡Qué sorpresa! De repente me suena el mvcil y era mi hermano preguntándome si quería que me fuera a visitar esa misma tarde. Si no fuera porque vive en Las Palmas de Gran Canaria no me hubiera sorprendido tanto. "¡Pues claro!" le contesté "Cuando quieras". Esa tarde fui a buscar al peque a la guardería y le llené la cabeza con la visita de su tío. "Va a venir tu tío Fernando", "Fennando", " A verte", "Nando veme", "Vas a juagr mucho con el Tío Fernando", "Fennando jugá jugá", y así todo el camino.

El timbre asustó al chiquillo, como siempre. Desde que sus abuelas le enseñaron a decir "sutoooo"...
En fin, que ahí estaba por fin su tío y el enano tenía un ataque extremo de timidez. Menos mal que mi hermano es padre y se las sabe todas. Enarboló antre las narices de mi chiquitín una gran bolsa y vociferó "Tengo una regalo. ¿Para quien puede ser? ¿Quien cumple años en breve?" Daniel no perdió uin segundo en abalanzarse a los brazos de su tío besándolo y gritándo "¡Mío, mío!".

Entre mi hermano y yo le ayudamos a romper el papel regalo. Dentro había una hermosa caja de Lego con un estupendo coche de policía (con una sirena con luz y sonido y todo), una carcel, el malo, un perrito... una maravilla. Al peque se le salían los ojos y acoso a su tío hasta que le sacó el coche. Emocionado se puso a jugar con él inmediatamente. En esas vino mi marido y se unió al grupo. Cuando vió el regalo de su hijo le hicieron los ojos chiribitas. ¡Anda que no le gustan  a él los Legos ni nada! Estuvo interrogando a mi hermano sobre la tienda en la que lo había comprado, que por lo visto tiene todo lo que se puede tener en esta marca (Hola Caracola).

Después de una refrescante cervecita sin que nos incordiara Daniel en ningún momento (estaba abducido por las luces y sonidos de su coche de policía nuevo) decidimos dar una vueltilla a algún parque de juegos. La pena es que mi hermano se tenía que ir pronto porque, en realidad, estaba en Madrid por trabajo. Daniel se despidió con más besitos de su tío. La verdad es que se agradeció la visita sorpresa.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Daniel la monta en la revisión de dos años

Mi niño está malito. Tiene un leve resfriado, pero aprovechando que estoy de baja me lo he quedado en casita bien resguardado. Si estuviera trabajando no me hubiera quedado más remedio que mandarlo al cole con una dosis de apiretal. Así de triste es la vida. Afortunadamente mi chico no pierde energías cuando está un poco malito y suele ir contento a la guardería. El caso es que gracias a mi lumbago se ha podido quedar conmigo. Con lo cual, eso de que no pierda energía ha ido en mi contra. ¡Qué paliza!

El 20 de septiembre le tocaba revisión con la enfermera para medir, pesar y constatar que todo va bien en su desarrollo. Lo malo es que se levantó con el pié torcido de la siesta. Nada más oirme decir que le llevaba al médico empezó a berrear. No sé que le pasa con ellos. No le ponemos una vacuna desde los 18 meses. ¿Tanta memoria tiene?

En la sala de espera pareció calmarse, pero una vez dentro de la consulta se puso histérico y no hubo manera de pesarle. Y eso que la enfermera desplegó todo su encanto y dulzura con él, pero nada, no había manera. Pudimos medirle con mucho esfuerzo (90 centímetros) y le exploró un poco para ver cómo iba con el resfriado, pero con tan poca colaboración desistimos. "Obsérvale y si ves que empeora lo traes a la pediatra. No parece que sea nada grave" concluyó desesperada. Me hizo el interrogatorio de rigor a toda prisa: "Hila más de dos palabras seguidas, hace torres, las tira, trepa...etc, etc...Todo normal. Traigalo cuando tenga un buen día y péselo usted misma en la farmacia. El peso normal serían unos 12 kilos. Adios, adios". En cuanto se cerró la puerta a mis espaldas Daniel se tranquilizó y hasta sonreía. "¡Vaya espectáculo que has dado, hijo! ¡Qué verguenza!" Pero a él le daba igual lo que puediera decirle. Ahora jugaba, muy concentrado, con un cochecito, bien sentado en su sillita.