viernes, 4 de noviembre de 2011

Cuando estoy demasiado tiempo sin oir a Daniel

Todas las madres hemos pasado por ese instante en el que de repente nos llama la atención el sospechoso silencio que nos rodea. A mí, personalmente, cuando llevo un rato sin oir trastear a mi chico mayor, me entran los sudores.
Encima ultimamente sabe que cuando es la hora de comer de Iván y papá no está puede campar a sus anchas. Y aprovecha bien el tiempo este pequeñajo. 

Antes nunca estaba demasiado tiempo sin oir a Daniel porque enseguida le buscaba y le paraba lo pies. Nunca ideaba nada bueno, pero con el bebé en casa es más difícil prestar tanta atención al hermano mayor.

Si estoy dándole pecho o cambiando el pañal a Iván y noto ese silencio tan poco tranquilizador, respiro hondo y me preparao para lo peor. Por ahora no han sido cosas muy graves. Normalmente me encuentro cosas fuera de los cajones o armarios. Espero que no le dé por trepar a un sitio muy alto o por tirarse la tele en la cabeza.

Don perretitas

Uf, cómo está Daniel ultimamente. No sé si es por lo del hermanito o por los de los terribles dos años, pero ahora tiene la lágrima fácil y por menos de nada se pone a berrear a voz en grito. Si le dices que no a algo se le cae el mundo a los pies. A mi me da mucha pena, pero no puedo darle gusto en todo. Sería el primer paso para fomentar su faceta tiránica.

Si le dices que se siente en el orinal lanza desgarradores lamentos "Pis no, pis nooooooo". Que ya es la hora de dormir, solloza "mir no, mir nooooo". Que le dices que suelte unas tijeras, que en un despiste mío han caído en su poder, se desgarra las vestiduras. Y así todo el día.

Me temo que pasa más tiempo llorando que riendo. Y yo me amargo porque, cómo a cualquier madre, me toca la fibra sensible sus lagrimones, aunque sé que los derrocha por tonterías.

Espero que se le pase pronto y vuelva a ser el niño risueño de siempre.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Dolores de madre

Nada más parir la enfermera me ofreció unos calmantes que yo rechacé toda chula. "¡Bua! tampoco duelen tanto estos puntos..." Al segundo me vinieron unos dolores terribles. "O algo va mal o se han dejado otro niño dentro y estoy de parto. No podía quedarme quieta en la cama y dar de mamar a Iván era una misión imposible.

No tardé mucho en llamar a la enfermera. "Esos calmantes de los que hablábamos...". Me tendió dos pastillas sin comentar nada. "Tómese ésta ahora y a las cuatro horas esta otra". Basicamente era gelocatil y paracetamol, pero me dio la vida. Cómo no suelo tomar medicinas enseguida me hizo efecto. Comenté en alto que me dolía demasiado y que a lo mejor tenía que llamar a un médico o algo. "Ay no, hija. Eso son los dolores de madre". "¿Los queee?" "Los dolores de madre" repitió, "Los entuertos. Son los dolores que te dan tras tu segundo parto", me miró en silencio un rato y después añadió. "Yo también pensaba que me había puesto de parto otra vez". ¿Pero es que nadie te explica estas cosas? Tantas revistas de embarazos y partos, tantas clases preparto... Y mi madre... que lo sabía y no se acordó de comentármelo hasta que lo sufrí en mis propias carnes.

Hablando a posteriori con una amiga me comentó que a ella le pasó lo mismo. Le pilló por sorpresa lo de los entuertos y se asustó muchísimo pesando que se habían dejado algo de placenta dentro. Pero lo peor fue el día que le cambió el pañal a su hija recién nacida y se encontró con sangre. "Menos mal que la matrona estaba aún allí y me explicó que las bebés niñas solían tener una pequeña regla por las hormonas, por que si no me da algo". 

Cuantas cosas más me voy a encontrar en el camino de la maternidad que me sorprendan al máximo, pero que para el resto del mundo sea de los más obvio, aunque se les ha olvidado coméntarmelo.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Saltitos de emoción

Me encanta como se pone a dar saltitos mi niño cuando algo le emociona. Parece que se va a caer en cualquier momento, no mira por donde pisa y agita las manitas nerviosamente. Si alguien le trae un regalo salta en el sitio tendiendo los brazos hacia el presente y grita "mío, mio". Se me cae la baba.

Cuando se enfada lo que hace es patear el suelo con rabia mientras comienza a gritar. Entonces me hecho a temblar, porque, como es normal en chiquillos de su edad ya no atiende a razones y hay que armarse de paciencia para volver a hacerte con él.

martes, 1 de noviembre de 2011

Iván no

Empiezan los celillos. No de manera exagerada, pero Daniel comienza a darse cuenta de que el bebé me quita más tiempo del que él quisiera. Hago más caso al mayor, pero, por mucho que me esfuerce en que mi chico grande note el menor cambio posible, a Iván hay que alimentarlo y cambiarle el pañal cada poco, así que ya no puedo jugar con Daniel horas y horas como antes.

Al principio estaba emocionado con su hermanito pequeño. Lo nombraba a gritos a cada momento, corría a la cuna para despertarlo (no veas la gracia), quería cogerlo y le daba caricias (un tanto bestias a veces) siempre que tenía la oportunidad. Ahora ya empezamos con el "Iván no", pero no le queda otro remedio que convivir con él y compartir a sus padres. Sobre todo a su madre, que es la que pone el pecho.

Nosotros intentamos que participe en el cuidado de Iván lo máximo posible. Incluso me ayuda a cambiarle el pañal al bebé. Le encanta ponerle la cremita. Lo extraño es que la caca del hermano no le da asco, pero no puede soportar ver el biberón del pequeño. Le dan unas arcadas horribles. Aún así se acerca para intentar dárselo, pero se tiene que marchar enseguida. Es muy voluntarioso. Lo que más le gusta es despertarle. "¡Iván pierta!" grita encantado. Aunque yo le pida por favor que le deje dormir.

Cuando nos cruzamos con alguien por la calle y se paran a ver a Iván el exclama "mío, bebé mío". Por ahora, la gente está teniendo mucho tacto y tiene atenciones para los dos.

Supongo que algo de celillos era inevitable.

Moquetes

Con Daniel no tuve que preocuparme de los mocos hasta los tres meses, pero éste pobre bebé ya respira a trancas y barrancas. Mi niño no ha cumplido el mes y berrea como un loco cuando le inyecto el suero por su naricilla para luego proceder con la extracción a base de soplamocos. Se puede decir que el dudoso privilegio se lo debe en su mayor parte a su querido hermano.
Ya nos lo advirtieron en el hospital: El mayor se lo va a pegar todo al pequeño. Nos aconsejaron que tuviéramos cuidado. Y eso hicimos, pero es imposible mantener alejados a los dos durante las 24 horas del día. Así que al poc tiempo ya se oía algo parecido a "snort snort" desde la cunita de Iván.

Daniel lleva con mococs y tos un montón de tiempo, pero la pediatra dice que es un constipado normal y que no le va a mandar nada. Así que le doy Rominal para cortarle la tos por las noches y que al menos duerma tranquilo. No me gusta automedicar a mi hijo, pero es que el pobre está agotado con tanta tos.

Y así andamos, con un concierto de ruidos de nariz y gargantas que parece no tener fin.

lunes, 31 de octubre de 2011

Caímos en la teleadicción

Siempre digo que no quiero que mis hijos se peguen a la tele como zombis y que no entiendo a los padres que consienten esto. Pero ahora yo soy una más. El niño llega del cole con la cantinela de "Dora, Dora, Doraaaaa" o Nody o Caillú, que son las tres series que más le gustan en este momento. Si le digo que no lloriquea angustiado. Me parte el alma.

El caso es que yo ya no tengo tanto tiempo para jugar con él como antes y lo tengo más controlado delante de la tele, así que acabo cediendo a sus ruegos y poniendo los dibujos animados.

A veces le digo "Tele no, Daniel. Vamos a jugar" y le convenzo. Jugamos con los camiones, los cacharritos, leemos cuentos... Htas que oímos llorar a Iván. Entonces el muy pillo grita entusiasmado "Caillú". ¿Y qué puedo hacer yo?. Pues enchufarle de nuevo a la caja tonta. Y vaya cara se le queda. Parece que lo han abducido. La conciencia me recrimina, pero es que no sé cómo salir de este círculo vicioso. Sobre todo teniendo en cuenta que tenemos unos días de lluvia encima que no me dejan llevarlo al parque. Todo se junta.