Amor en una caja de cartón es una bonita historia que derriba los muros de la incomprensión y la desconfianza. Cuando vienen los problemas el amor nos une.
Parece que cuando vivimos en calma nos buscamos problemas en las cosas más nimias. Los roces y malos entendidos hacen que construyamos paredes sólidas que nos mantienen alejados de nuestros allegados. Hasta que algo llega a conmocionar nuestros mundo y las derriba de un plumazo tirándonos al suelo.
La mejor forma de levantarse en dándonos la mano y ayudándonos unos a otros. A veces nos olvidamos de lo mucho que nos queremos y tiene que venir una situación difícil a recordarnoslo.
Ese es el mensaje que nos ha transmitido en casa éste maravilloso álbum llenas de coloridas ilustraciones que expresan toda la gama de emociones en los diferentes personajes que una caja de cartón descontrolada va atrapando: angustia, alegría, desamparo, miedo, tristeza, asco, ilusión, sorpresa...
En cada página que pasábamos las íbamos detectando y nombrando. A cada uno un personaje podía sugerirle diferentes emociones según su expresión de la cara o del cuerpo. Cada uno es único y maravilloso, tanto personas como animales.
Los protagonistas de esta historia se miran con resquemor al principio, pero pronto se verán envueltos en una situación de lo más surrealista: una caja de cartón engulle a sus mascotas y a medio vecindario. Ambos tendrán que dejar de lado sus diferencias para que todo este embrollo llegue a buen fin.
La historia me parece muy original y tierna y los dibujos muy alegres y dinámicos. Nos ha encantado y nos gusta repasar las páginas buscando nuevos detalles.
viernes, 19 de julio de 2019
jueves, 18 de julio de 2019
Los demonios no invadieron Covarrubias este año
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| ¡Espectacula! |
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| Animando a la chiquillería |
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| ¡¡Chispitas!! |
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| Se echaron hacia atrás volando. ¡Anda que no! |
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| Lucha de fuego |
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| Fuego por la piel ainss |
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| Que loco |
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| Equilibrios |
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| ¡Ostras! Que alto |
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| La música que no falte |
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| ¡¡Más alto aún!! |
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| ¡Alucinante! |
miércoles, 17 de julio de 2019
La historia del Rock de Happening en La vaguada
El viernes pasado nos pasamos por el Show Festival de La Vaguada. Hacía mucho que no podíamos pasarnos y se nos ocurrió a última hora mirar que tocaba para ese día. El Rock suena en familia, leímos, y nos llamó muchísimo la atención. ¡Nos encanta ese estilo musical!
El espectáculo corría a cargo del grupo Happening, que están representando desde hace dos años en el Teatro Fígaro de Madrid. Es una actuación teatralizada llena de humor y ritmo en el que el público gritamos, saltamos, bailamos y aplaudimos a rabiar. Los niños acabaron pegados al escenarios ¡Una pasada!
Nosotros nos presentamos en la terraza del centro comercial con muchas ganas de pasarlo bien. Sobre todo yo, porque los peques estaban medio adormilados. Pobrecitos, agotados de tanto jugar (nótese la ironía).
Los chicos de Happening se hicieron con el público desde que pusieron un pie en el escenario, despertando de golpe a mis dos churumbeles que de repente recibieron un chute de energía y ritmo. La verdad es que los músicos tenían muchísima gracia, sobre todo el que llevaba la voz cantante, que se hacía llamar Cholo.
Lo mismo saltaban, que tocaban como si no hubiera un mañana dejándose la voz, que te contaban divertidas anécdotas, como nos daban a todos una lección de valores extraordinaria, porque cuando uno de ellos explicó lo que era respeto todos los padres nos deshicimos en aplausos. Que sepáis que respeto es que te guste lo que te apetezca sin que nadie se meta contigo y viceversa. Ole, ole y ole.
Al principio, la fieras escuchaban las canciones sentaditos tranquilamente mientras su madre sudaba la camiseta eufórica, pero no tardaron en unirse a mí dando botes y cantando a gritos (las canciones eran muy conocidas y casi todas tenían estribillos bastante repetitivos). Su preferida con diferencia fue la de Hey Ho Lets go de Los Ramones, todavía la cantan de vez en cuando muy animados.
Aunque hubieron muchísimas más que ya tenemos en la lista de reproducción: Johnny B. Goode, Miguel Ríos con el rock de la cárcel, La Bamba de Ritchie Valens, el Shout and twist de los Beatles, We will rock you de Queen, Guns and Rouses con Nock nocking in a heaven door, AC/DC, I will Survive... y todo salpicado de juegos y animación para que no decaiga la fiesta en ningún momento.
Cuando pedimos los bises nos regalaron dos canciones más y aún así se nos hizo cortísimo. Alucinante el concierto teatralizado.
El espectáculo corría a cargo del grupo Happening, que están representando desde hace dos años en el Teatro Fígaro de Madrid. Es una actuación teatralizada llena de humor y ritmo en el que el público gritamos, saltamos, bailamos y aplaudimos a rabiar. Los niños acabaron pegados al escenarios ¡Una pasada!
Nosotros nos presentamos en la terraza del centro comercial con muchas ganas de pasarlo bien. Sobre todo yo, porque los peques estaban medio adormilados. Pobrecitos, agotados de tanto jugar (nótese la ironía).
Los chicos de Happening se hicieron con el público desde que pusieron un pie en el escenario, despertando de golpe a mis dos churumbeles que de repente recibieron un chute de energía y ritmo. La verdad es que los músicos tenían muchísima gracia, sobre todo el que llevaba la voz cantante, que se hacía llamar Cholo.
Lo mismo saltaban, que tocaban como si no hubiera un mañana dejándose la voz, que te contaban divertidas anécdotas, como nos daban a todos una lección de valores extraordinaria, porque cuando uno de ellos explicó lo que era respeto todos los padres nos deshicimos en aplausos. Que sepáis que respeto es que te guste lo que te apetezca sin que nadie se meta contigo y viceversa. Ole, ole y ole.
Al principio, la fieras escuchaban las canciones sentaditos tranquilamente mientras su madre sudaba la camiseta eufórica, pero no tardaron en unirse a mí dando botes y cantando a gritos (las canciones eran muy conocidas y casi todas tenían estribillos bastante repetitivos). Su preferida con diferencia fue la de Hey Ho Lets go de Los Ramones, todavía la cantan de vez en cuando muy animados.
Aunque hubieron muchísimas más que ya tenemos en la lista de reproducción: Johnny B. Goode, Miguel Ríos con el rock de la cárcel, La Bamba de Ritchie Valens, el Shout and twist de los Beatles, We will rock you de Queen, Guns and Rouses con Nock nocking in a heaven door, AC/DC, I will Survive... y todo salpicado de juegos y animación para que no decaiga la fiesta en ningún momento.
Cuando pedimos los bises nos regalaron dos canciones más y aún así se nos hizo cortísimo. Alucinante el concierto teatralizado.
martes, 16 de julio de 2019
El mercado Medieval de Covarrubias
Este año iba con ilusión doble al mercado medieval de Covarrubias porque venía la madre del pollo y nos íbamos a encontrar allí. Le había contado maravillas y justo ese sábado flojeó bastante, supongo que por culpa de la amenaza de tormenta que al final se hizo efectiva y comenzó a llover a la tarde noche.
Menos mal que nos pilló en el soportal que cubre las mesas de unos de los bares. Nos comprimimos en nuestras sillas todo lo que pudimos para que cupiera el mayor número posible de gente que corría a resguardarse mientras los chicos de los puestos protegían su mercancía a toda prisa. También habían caído cuatro gotas en diferentes momentos del día, pero no impedían para zascandilear entre los puestos a ver qué se cocía.
Tanto tiempo sin llover y se pone a jarrear el día de la Fiesta de la Cereza, que, por cierto, cereza también poca porque este año la cosecha ha sido escasita por culpa de unas heladas. Había ambientillo y ganas de pasarlo bien, pero los nubarrones eran nuestra espada de damocles. Menos mal que para ese día teníamos prevista una chuletada bajo techo y que nos lo pasamos genial más por la compañía que por ser un día tan señalado en el calendario rachelo.
A pesar de todo, logramos ver una clase de cómo se luchaba en la edad media (ya me puedo defender si me atacan con espadón, que lo sepáis. Sólo necesito otro espadón) y de las charangas que recorrían las calles con música y alegría.
Al día siguiente la cosa mejoró bastante, que pena que Isabel sólo fuera el sábado, pero quién lo hubiera previsto. A lo mejor también fue porque nos disfrazamos para ir acorde con el ambiente.

El caso es que amaneció soleado y el mercado se llenó de espectaculillos itinerantes, como uno de brujas y monstruos en el que uno de los personajes daba bastante miedito y se dedicaba a asustarnos de una forma muy graciosa. La gente salía corriendo al verle a pesar de que todos sabíamos que era un actor. Daniel e Iván les siguieron durante todo el recorrido con sus amigos hasta verlos cambiados y me dijeron que en realidad no era nada feo jajaja.
Los niños se compraron poderosos amuletos para el cuello y yo les regalé unos gatitos kawaii (significa mono en japonés) antiestrés que espero que les quiten nervios porque están que se suban por las paredes con tantas emociones. Les encantó. Se pasan el día estrujándolos y oliéndolos, porque encima huelen de forma diferente, uno a vainilla y otro a frambuesa.
Paseamos por el pueblo, perdimos a los niños, los encontraron sus primos y nos avisaron, vimos los puestos tranquilamente, disfrutamos del ambiente... y buscamos a la muerte, que todos los años da un toque lúgubre divertido al mercado, pero que este año brilló por su ausencia y anda que se notó. Encima era la protagonista del cartel de esta edición. La echamos de menos. Todos los años les hago una foto a los peques con ella, por lo menos a Daniel, que es muy fan. Pero en esta ocasión nos hemos quedado sin foto.
Lo más importante es que lo pasamos genial.
Menos mal que nos pilló en el soportal que cubre las mesas de unos de los bares. Nos comprimimos en nuestras sillas todo lo que pudimos para que cupiera el mayor número posible de gente que corría a resguardarse mientras los chicos de los puestos protegían su mercancía a toda prisa. También habían caído cuatro gotas en diferentes momentos del día, pero no impedían para zascandilear entre los puestos a ver qué se cocía.
Tanto tiempo sin llover y se pone a jarrear el día de la Fiesta de la Cereza, que, por cierto, cereza también poca porque este año la cosecha ha sido escasita por culpa de unas heladas. Había ambientillo y ganas de pasarlo bien, pero los nubarrones eran nuestra espada de damocles. Menos mal que para ese día teníamos prevista una chuletada bajo techo y que nos lo pasamos genial más por la compañía que por ser un día tan señalado en el calendario rachelo.
A pesar de todo, logramos ver una clase de cómo se luchaba en la edad media (ya me puedo defender si me atacan con espadón, que lo sepáis. Sólo necesito otro espadón) y de las charangas que recorrían las calles con música y alegría.
Al día siguiente la cosa mejoró bastante, que pena que Isabel sólo fuera el sábado, pero quién lo hubiera previsto. A lo mejor también fue porque nos disfrazamos para ir acorde con el ambiente.

El caso es que amaneció soleado y el mercado se llenó de espectaculillos itinerantes, como uno de brujas y monstruos en el que uno de los personajes daba bastante miedito y se dedicaba a asustarnos de una forma muy graciosa. La gente salía corriendo al verle a pesar de que todos sabíamos que era un actor. Daniel e Iván les siguieron durante todo el recorrido con sus amigos hasta verlos cambiados y me dijeron que en realidad no era nada feo jajaja.
Los niños se compraron poderosos amuletos para el cuello y yo les regalé unos gatitos kawaii (significa mono en japonés) antiestrés que espero que les quiten nervios porque están que se suban por las paredes con tantas emociones. Les encantó. Se pasan el día estrujándolos y oliéndolos, porque encima huelen de forma diferente, uno a vainilla y otro a frambuesa.
Paseamos por el pueblo, perdimos a los niños, los encontraron sus primos y nos avisaron, vimos los puestos tranquilamente, disfrutamos del ambiente... y buscamos a la muerte, que todos los años da un toque lúgubre divertido al mercado, pero que este año brilló por su ausencia y anda que se notó. Encima era la protagonista del cartel de esta edición. La echamos de menos. Todos los años les hago una foto a los peques con ella, por lo menos a Daniel, que es muy fan. Pero en esta ocasión nos hemos quedado sin foto.
Lo más importante es que lo pasamos genial.
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