Mostrando las entradas para la consulta ludo ergo sum ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta ludo ergo sum ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

martes, 23 de septiembre de 2014

Ludo Ergo Sum

El domingo, a pesar del cansancio acumulado del día anterior por la celebración del cumple del mayor, papá no quiso que no perdiéramos las jornadas Ludo Ergo Sum que se celebraban en Alcorcón. Para algo tenemos un fanático de los juegos de mesa en casa.

Después de una noche infernal con Iván, que no paró de despertarse y hablar dormido (en una ocasión me lo encontré de cara a la pared señalando un imaginario póster de juguetes y exclamando "quero ete, y ete, y ete tamben...", me levanté un poco tarde, pero mi maridín lo comprendió y no me metió ninguna prisa a pesar de su patente emoción por llegar lo antes posible.

Preparé los desayunos, la mochila de mudas de Iván, agua y algo de picar por si acaso y nos fuimos pitando al pabellón del vicio de los juegos.

La verdad es que estuvo muy bien. Tenían torneos, en lo que no quisieron participar los peques, y una ludoteca de la que hicimos buen uso. Daniel estaba feliz porque también fueron los primos de "Covarrubias" y son unos expertos en estos juegos. Así que desde que llegaron ellos se lo pasó bomba con la selección de lujo que les hizo su tío.

Iván en cambio, entre que estaba cansado de la mala noche y que últimamente se porta fatal, me lo hizo pasar francamente mal. Se escapaba, tocaba las cosas de las tiendas, se tiraba al suelo poniéndose en peligro él y a los que iban y venían, no hacía caso de nada... Tal fue la cosa que me lo tuve que llevar al parque de enfrente del polígono donde se celebraban las jornadas más de una vez. Menos mal que los columpios estaban tan bien que hasta Daniel se animó a venir con nosotros para descansar un poco de estar sentado.

Los grandes descubrimientos fueron El Aviador Loco, clara apuesta para estas Navidades, y Super Rino, para ejercitar la psicomotricidad fina de una forma muy divertida.

Además, nos encontramos con el autor de Ikonikus, un juego que me parece sensacional. Se lo trajo a los niños su padre cuando fue a unas jornadas "ludópatas" este verano y les encantó. Es un juego para trabajar las emociones muy original y efectivo. Además a mí me ayudó a conocer más profundamente a mis hijos: sus miedos, preocupaciones, ilusiones... Daniel se volvió loco de contento cuando lo conoció en persona. Tanto que le pidió un autógrafo y casi lo mata a achuchones.

En el acto de fin de las jornadas, regalaron muchos juegos y uno le tocó a Daniel, así que el domingo también fue un día muy especial para él. "Mira mamá, otro regalo de cumple" me dijo agitando una caja enorme. En cuanto llegó a casa se puso a ver su juego nuevecito con el papá y parece que promete.

Iván y yo, como contraste, llegamos enfadados el uno con el otro y acabamos el día de gresca. Después de mucho llorar (por una parte y por otra), hicimos las paces justo antes de meterle en cama. Como siempre me prometió que se iba a portar "beeeeeeen", se dio la vuelta y se quedó frito.


martes, 22 de septiembre de 2015

Ludo Ergo Sum 2015

Este fin de semana se celebraron las jornadas Ludo Ergo Sum en Alcorcón y allí que nos presentamos o al padre le daban los siete males. En esta ocasión los niños disfrutaron mucho más, sobre todo el más pequeño que ya tenía edad como para emocionarse en las partidas. En esta ocasión como entrada pedían un kilo de lo que quisieras: arroz, harina, azúcar, pasta... Pero, por lo visto hubo mucha gente que no se enteró y les dejaron entrar igual. Me parece bien, porque una vez te plantas allí, como te digan que no dejan entrar... Nosotros sí los llevamos porque nos parece una idea solidaria estupenda.

Allí nos llevamos muchas sorpresas agradables como el encuentro con un antiguo profesor de la guardería de los peques al que Daniel tenía mucho amor o con la máster que llevaba las partidas de Pequeños detectives de monstruos en las TdN.

Nos ha dado tiempo a probar pocos juegos porque les gustaban tanto todos que se empeñaban en jugar a lo mismo una y otra vez, hasta que papá o mamá decidían que era hora de cambiar. Siempre protestaban, pero el nuevo juego hacía que sus ojitos se iluminasen de nuevo.

Empezamos con La Torre Encantada, un juego que nos recomendaron con los ojos cerrados en la ludoteca. Y no me extraña porque es buenísimo. Un jugador se convierte en un malvado brujo que esconde una llave por el escenario. El resto son el aventurero que tiene que adivinar dónde está la llave antes de que llegue el malechor a por ella. El que la coja primero prueba una de las cerraduras de la torre y si logra hacer saltar a la princesa... ¡ha ganado! Si no, el mago malvado vuelve a esconder la llave... Y otra vez a empezar.

Tras cuatro partidas seguidas en las que Iván se empeñó en ser el mago tres veces para esconder la llave, les convencimos para cambiar el juego por Carrera de dinosaurios.

Les llamó mucho la atención porque en la caja encontraron unas figuras de dinosaurios chulísimas. Se las dimos para que jugaran mientras el padre leía las reglas. Cuando nos las explicó comenzó la carrera. A base de cartas, puñaladas traperas, un volcán en erupción que nos pisa los talones... Hay que conseguir llegar los primero a la meta, a ser posible con el huevo. Nos gustó mucho, pero al padre y a mí no nos pareció del todo equilibrado. El huevo era casi imposible que cambiara de equipo y avanzar más o menos dependía de la suerte y de las cartas que te iban tocando. Aún así, tocó jugar dos veces más y dejar que los peques se inventaran juegos nuevos con las piezas de la caja. Se lo pasaron bomba retándome a jugar con sus reglas y ganando siempre ellos, por supuesto.

Tampoco faltó echar un par de partiditas al aviador loco. Lo tenemos en casa, pero en cuanto mis peques lo vieron montado en una mesa se tiraron en plancha. Es que es divertidísimo. El chico de la mesa representaba a la ONG Jugando Juntos, que realizan una maravillosa labor llevando juegos de mesa y jugando con niños en hospitales y cárceles.

Lo mejor de todas las jornadas fue encontrarnos allí a Manu Palau (Brain Picnic), creador de Mix It e Icónikus y que nos invitara a probar el prototipo de su nuevo juego. Los niños se prestaron enseguida a ser conejillos de indias. Les gustó tanto el nuevo juego que cuando nos íbamos estuvieron todo el trayecto de coche pidiendo jugar cuando llegáramos a casa. Cuando les dijimos que no teníamos se enfadaron porque no lo habíamos comprado. No hubo manera de hacerles entender que todavía no estaba a la venta.

Menos mal que se conformaron con Card Line Marvel, un juego que acaban de sacar y ya lo tenían en la ludoteca de las LES 2015. Cuando lo abrimos vimos que estaba sin desprescintar. ¡Éramos los primeros en cogerlo! E iban a ser mis fieras las que lo iban a manipular. ¡Que miedo! A pesar de que estuvieron horas y horas jugando con él, siguiendo las reglas o inventándoselas como ya viene siendo costumbre en ellos, las cartas siguieron intactas hasta el final.

El último juego que probamos también nos pareció muy curioso, se llama Loony Quest y consiste en que cada uno de los jugadores tiene como una pizarrita transparente y un rotulador para dibujar lo necesario para pasarse cada panel. Te pueden pedir que hagas un camino sin tocar las bombas, que dispares a unos jarrones o que rodees flores por ejemplo. Por cada acierto te suman puntos y por cada fallo te los restan. No es nada fácil. Yo que tengo muy poco orientación espacial me chocaba con todo lo lo malo. ¡Excepto en el malo final! Entonces se obró el milagro y lo coecté a la perfección con todas las bombas. Incluso escribí un efectista Ka-boom. Los dejé a todos alucinados jajaja

Cuando empezaron los actos de clausura mis hijos estaban demasiado excitados y habían estado demasiado tiempo sentados como para poder estarse quietos. Fue una misión imposible escuchar lo que decían. Menos mal que fue corta. En cuanto vieron que acababa se escapó uno para cada lado, perdí de vista a Iván y casi me da un ataque de nervios. Menos mal que al final estaba con su padre.

Al final del día los peques se llevaron una buena regañina por esa costumbre que tienen de perderse de mi vista y que me está quitando años de vida.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Impresionantes Ludo Ergo Sum 2107 en Aluche

Hasta la bandera y nosotros sin mesa ainss
Esta año las jornadas de ocio alternativo Ludo Ergo Sum han dado un salto de gigante. Siempre han sido interesantes, pero en esta ocasión han crecido y ofertado muchas más actividades y más variadas. Como por ejemplo, un montón de charlas interesantes. ¡En una de ellas participaba una menda, que no cabía en sí de la ilusión que le hacía! Y más cuando sepáis quienes eran mis compañeros en la mesa redonda. Nada menos que Julia de Bebé a mordor, Ruth de Aprender paso a paso y Dani de Alquimia Juegos. Un lujo, pero ya lo contaré en otro post porque sino esto va a ser interminable.

Mooola
El caso es que nos presentamos el sábado tempranito con toda la prole en el polideportivo de Aluche donde se celebraban las jornadas (por cierto, ¡que cambio! Tanto por cercanía como por instalaciones). Allí nos separamos y mientras Raúl se acercaba al mercadillo a dejar los juegos para vender, yo me acerqué a dejar nuestros kilos solidarios a la entrada. Allí nos informaron que podíamos pasarnos con los peques por la zona infantil, donde habían montado unos juegos gigantes alucinantes (aunque ya los sabíamos de antes jejeje). Allá que fuimos disparados.

Lluvia de dados
En cuanto pisamos el recinto los dos se tiraron al Piko Piko de cabeza. Y allí estuvimos tirando dados de gomaespuma y recogiendo fichas con gusanos XXL... hasta que Iván le robó una ficha a su hermano y este abandonó el juego muy ofendido (ainss). Yo ya había notado, olido en el ambiente, percibido con mi sexto sentido materno, que no tenían el día muy fino, a pesar de sus ansias jugonas. Los piques, ofensas y rasgaduras de vestiduras por prever, aunque sea de lejos, la derrota, no es nuevo. Pero, no sé si porque habían comenzado el cole el día anterior, porque les hemos metido mucho tute este verano, o porque sí y punto, ese día se levantaron especialmente irascibles y tocanarices.

Me cargué de paciencia y me dispuse a acabar la partida con Iván mientras el mayor se buscaba la vida (para eso es único, oigan) y se sumaba a las partidas de los demás con gran naturalidad (evidentemente, duele mucho menos si el que le gana no es de la familia). El pequeño se enganchó al juego (lo tenemos en casa y allí ni lo mira, pero se ve que la versión gigante mola más) y terminamos la partida a su favor por un mísero punto (aaaarg).

Cuando acabamos, el peque se enganchó a una partida de Frutal con su hermano. De ahí saltaron a Rush Hour, que era tan grande que sólo jugar con los coches libremente ya era una fuente de diversión por si misma. Jugaron a más, pero ahí les perdí un poco la pista.

Star Trek en Holocubierta
No sólo se lo pasaron bien ellos, yo me apunté a un torneo con el mayor de Fantasma Blitz gigante que fue divertidísimo. Nos dividieron en dos equipos formando sendas filas. La organizadora mostraba una carta gigante y un miembro de cada equipo tenía que correr que se las pelaba hacia la imagen del objeto correcto (para entenderlo hay que saber las reglas del juego jajaja). El caso es que nos matábamos por llegar y se daban unas situaciones de lo más graciosas. No os asustéis que nadie resultó herido.

Tras el torneo nos fuimos a comer, tempranito, porque a esas horas la única esperanza de conseguir mesa era llegar a la hora a la que otra jugadores las abandonan para comer y hacerse con ella (como en Pokemon Go). El pabellón estaba hasta los topes y parecía que ni con esas íbamos a conseguir una. Ya me veía jugando en el suelo (que tampoco hubiera pasado nada) cuando avistamos una a los lejos. Me eché a correr hacia ella (yo siempre tan ansias) y en mi carrera atropellé a un voluntario. "Yo... lo siento... la mesa..." "¡Lo entiendo! ¡Corre!" Y la mesa fue nuestra (Gracias a mí jajaja). Desde aquí agradecer a ese voluntario su empatía y buen humor.

Nada ni nadie hizo que abandonara esa mesa hasta las nueve y pico de la noche, a poco de que cerraran las puertas. Y porque no quedó más remedio. Ese día las jornadas lo petaron y el ambiente fue increíble. Hubiera sido todo tan perfecto si mis hijos no hubieran decidido convertir mi vida en un infierno. ¡Hasta me clavaron la pata de una silla en el pié! Vaya heridón me hicieron. Sí, sí. Sin querer, pero... Jarl.

Un puntazo las muestras de juegos
Después de estar a punto de ahogarlos en varias ocasiones y dar un espectáculo que ni Pressing Catch ellos aseguraron ya sentaditos en el coche, con cara de angelitos modositos, que se lo habían pasado geniaaaal. Y que estaban deseando volver al día siguiente. Los padres, o sea yo y Raúl, les anunciamos muy seriamente que al día siguiente nos veníamos solitos y ellos con la abuela (pobre abuela, que habría hecho ella), pero tuvieron suerte los muy pillos porque la susodicha tenía la agenda ocupada el domingo y se vinieron de nuevo con nosotros al día siguiente. Que morrooooo.

Iván dice que quiere el juego de Ataque a los Titanes ainss
No me ha dado tiempo a hablar de los juegos que probamos en el pabellón, pero ya tendremos que dejarlo para otro post porque en este me he enrollado más que las persianas. ¡Hay tanto que contar!

martes, 13 de septiembre de 2016

Ludo Ergo Sum 2016: unas jornadas llenas de diversión y sorpresas

Este fin de semana nos hemos dado el salto a Alcorcón para disfrutar de las Jornadas Ludo Ergo Sum. Ya es el tercer año que las visitamos y en esta ocasión han cambiado de ubicación a un polideportivo más grande. Y menos mal. Porque hubo una gran éxito de participación, de lo cual me alegro mucho, porque son unas jornadas solidarias y cuanto más asistentes más se recauda. Julia, de Bebé a Mordor, explica muy bien los inicios y objetivos de las LES en este post. Me encanto coincidir con ella y su familia allí.

El sábado hicimos una primera toma de contacto por la mañana y estuvimos un rato con María José, mariajoserodriguezescritora.com, Rafa, Jugando por ellos, y sus churumbeles pasando un buen rato. Se nos hizo muy corto. Saludamos a conocidos de las Jornadas Tierra de Nadie, a los maravillosos chicos de Arkania (muchas gracias por el favorazo que me hicisteis con los Heroclix. No tiene precio), a más integrantes de Jugando por ellos... Y poco más porque tuvimos que irnos volando porque habíamos quedado a comer.

Los niños protestaron bastante, pero se calmaron cuando les prometimos que al día siguiente podrían disfrutar de las jornadas todo el día. Y dicho y hecho. El domingo estábamos allí desde por la mañana para vivir cada momento. La cosa empezó muy bien: con una partida de Raúl a Herokids de lo más emocionante. Nada menos que una aventura con piratas esqueletos. Los peques que jugaron se lo pasaron genial. Es que el rol es un juego ideal para niños: imaginativo, bastante libre y extremadamente divertido.

Mientras estábamos palizeando a los malvados piratas fantasmales vino a saludarme Miren, una trimadre muy fan de los juegos como nosotros. Nos conocimos en las Pequejornadas y me cayó muy bien. Ya hemos quedado que en la próxima juntamos a los chiquillos y charlamos al menos un ratín.

El día anterior habíamos estado jugando a Virus y les supo a poco. Por fin pudieron probarlo tras quedarse a las puertas en las TdN por falta de tiempo. Les encantó, así que tuvimos que volver a cogerlo. Y ya no lo devolvimos hasta mucho después porque Daniel lo tenía a su mano y cada cierto tiempo lo abría para extasiarse con las cartas. Yo miraba significativamente a Raúl, pero él se hacía el loco convenientemente. Tiene razón en que los peques ya han recibido demasiadas cosas este verano y, encima, pronto será el cumpleaños de ambos, pero la tentación era demasiado grande. Aún así pasó de mí y. mientras el mayor no soltaba la caja del virus, en nuestra mesa iban desfilando diferentes juegos de mesa muy chulos.

Con la tarta de monstruos de Haba Raúl y yo nos echamos unas buenas risas, pero ellos se frustraron bastante porque iban a ganar y no a divertirse. Ellos se lo pierden porque lo gracioso es chocarte con la cuchara de tu oponente cuando está a punto de conseguir su última bola y poner cara de inocente ipso facto. Wackelkum, también de Haba, sí que les moló mucho. La vaca equilibrista era muy graciosa y los peques se las ingeniaron para  retirarle todas las cartas hierba de debajo de sus temblequeantes patas sin llegar a tirarla. Todavía alucino con su habilidad. Sobre todo teniendo en cuenta que en posteriores partidas siempre se me caía a mí.

Otro juego que les llamó mucho la atención fue de City, de Lego, estuvieron jugando un buen rato a policías y ladrones. Y algunos gritos de frustración del mayor se oyeron por la sala cada vez que se le torcían las cosas. Encima, le atrapó el policía cuando estaba a un fajo de billetes de ganar y casi le da un ataque de rabia de esos de órdago. Cogió su adorado Virus y se sentó en un rincón enfurruñado... Hasta que apareció papá con un curioso juego mezcla de los cazafantasmas y memory, Glibber Gebibber, que le hizo volver a jugar muy animado. Así son los niños, bipolares.

Dos partidas después teníamos entre nuestras manos uno de lo más codiciados de estas jornadas (para niños se entiende): Escuela de pingüinos. Había que ser muy habilidoso dándole tobas a los pingüinos y no veas que tortazos se daban los nuestros. El único con algo de puntería era el pater. Nos pareció muy curioso, pero creo que se la saca más chicha con unas cuantas horas de entrenamiento, así que pronto fue sustituido por Dragones de Fuego, también bastante curioso. A Iván le encantaron el tablero y los dragones.

Y este fue el momento en el que los niños aseguraron que se habían cansado de juegos de mesa y nos pidieron enérgicamente sus turnos de tablet (horror, no tiene nuestros genes), así que les dimos el gusto y no perdimos la oportunidad de dedicar tiempo a la pareja... a los juegos de dos quiero decir. Cogimos un juegazo, Jaipur, en el que nos rompimos los sesos para hacer estrategias de compra y venta de mercadería en u intento por conseguir más puntos de victoria que el oponente. No fue fácil.

Como era la primera vez que jugábamos se nos acercó una familia que ya lo conocía y nos empezaron a  explicar la forma de jugar y posibles tácticas. En esas estábamos cuando uno de ellos nos comentó que habían visto al creador del juego de virus firmando ejemplares y al ilustrador personalizando las cartas que te viene en el juego para que customices a gusto. Nos faltó tiempo para comprar (por fin) el juego y hacerlo único con la firma del autor y los dibujos flipantes del ilustrador. No sé quien estaba más emocionado, si Daniel o yo. En este momento me acordé de Tang de Naranja, muy fan del Virus, y al que tuve la suerte de conocer, junto a su familia, en las TdN de este año.

En esas estábamos cuando nos encontró Sergio, de Jugando por ellos, que venía a recomendarnos otro juegazo de dos jugadores: Haru Ichiban, editado por Guerra de Mitos. Otro gran éxito. Pronto nos metimos en la piel de los jardineros imperiales que compiten para el puesto de primer jardinero real. Nos encantó el modo de juego y su diseño. Muy original. Antes de irnos, Pak, quien nos explicó las reglas de Haru Ichiban, le regaló a Daniel Shinobi, un juego sobre complots ninjas que pinta muy bien y al que pensamos jugar este fin de semana que viene, así que haré reseña seguro. Lo mejor es que es el editor del juego y se lo firmó a los peques.

Y aún nos esperaba otra estupenda sorpresa. Nos encontramos con Manu Palau, creador de BrainPicnic y todos los juegos que engloba esta editorial, que llevaba el prototipo del juego que están a punto de lanzar al mercado: Candy Time, un juego de losetas muy sencillo y adictivo que hipnotizó a los peques. Daniel y yo jugamos dos partidas con Manu y nos encantó la mecánica. Iván aseguró que no quería jugar a más juegos, pero no pudo evitar ir acercándose, acercándose... hasta que se integró en el juego muy emocionado. Él nos chivaba las mejores jugadas. Pronto estará en las tiendas y nos haremos con él porque es perfecto para timbas en familia.

Ese fue el punto final de una LES llenas de sorpresas y diversión. Daniel se fue de allí asegurando que había sido el mejor día de su vida. Se sentó en el coche abrazado a la gran caja que había albergado los sobres de Heroclix del Señor de los Anillos en la tienda de Arkania y que le regalaron cuando compramos el último sobre. Dentro había metido Virus y Shinobi. Sus tesoros jajaja

El más peque, por su parte, ya nos empezaba a preguntar cuales eran las próximas jornadas. Son tremendos.

Foto de Julia, Bebe a Mordor




Foto de Sergio de las LES y Jugando por ellos

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Ludo Ergo Sum, segunda parte

El domingo ya no madrugamos tanto para presentarnos en el polideportivo donde se celebraban las Ludo Ergo Sum este fin de semana. Estábamos agotados del día anterior, pero no nos queríamos perder el último día, así que nos arrastramos hasta allí con un ojo medio pegado. Bueno, eso yo, porque a los hombres de la casa sólo les faltaba cantar. A veces me miraban raro por haberles retrasado. En fin, que se le va a hacer.

Si el sábado no salimos del pabellón principal, el domingo casi no entramos. A pocos metros de la puerta nos encontramos con una singular clase de espada y tiro al arco.

Por supuesto, mis churumbeles se acoplaron y a los papis nos tocó esperar mientras cuidábamos de que no se sacaran los ojos a espadazos. Se lo pasaron genial. Sobre todo les flipó el tiro al arco.

De allí nos acercamos a la zona infantil, que estaba muy cerca. En unas carpas habían montado un montón de juegos en su versión gigante y quedaban chulísimos. Cuco Kiko, Mascotas, Speed Cups, Fantasma Blitz, El Frutal, Dr. Eureka...

Te daban ganas de jugar a todos, aunque a mis churumbeles no parecía hacerles tanta gracia. Los miraban un ratito, pero no se decidían por ninguno. Al final estuvieron con uno de madera de meter fichas por una obertura al que jugaron a su bola sin preguntar por las reglas en ningún momento. ¡¡Con todas las opciones superchulas que tenían! Son los misterios de la vida que yo nunca llegaré a comprender.

Yo con ganas de locas de jugar a todos y ninguno de mis churumbeles secundándome. Porca miseria.

De todas formas estaban irritables nivel máximo. Supongo que por la paliza del día anterior. De mirarles estallaban en ataques de iras y lloros desconsolados. Santo Job, ese día te quité el récord a la paciencia.

Estaba consolando al mayor con la ayuda de Miren (pero que requetemaja es) cuando el padre de las criaturas nos llamó desde al pabellón de las charlas.

Dentro habían montado un taller para hacer tu propio juego de mesa impresionante que había organizado Ludo (Asociación de creadores de juegos de mesa), una Game Jam.

Los participantes tenían que ponerse en equipos y hacer un juego futurista que incluyera un reloj de arena entre sus elementos usando todos los materiales a su disposición, ¡que eran muchísimos! Fichas, dados, dados en blanco, tarjetas, meeples... ¡De todo! Ahora tengo que averiguar dónde venden esos tesoros porque tengo claro que estas Navidades un regalo para los peques va a ser un pack de hazte tus propios juegos de mesa.

El caso es que, como llegamos bastante tarde nos dieron más manga ancha. Raúl se había sentado con Iván a hacer su juego, pero por discrepancias irreconciliables cada uno estaba haciendo uno diferente. Daniel también decidió ir por libre. Incluso se sentó en una mesa aparte. Y yo hice las veces de tester para todos.

Al pobre Raúl le jorobé su proyecto de juego en el que había que derribar torres soplando porque, a pesar de no haber sido nunca fumadora, mis pulmones no tienen mucho fuelle, así que tuvo que rehacerlo entero y crear Fuel Stacks. Al final quedó muy chulo. Iba de una carrera de coches en el futuro. Tirando tres dados y consiguiendo escaleras se deciden cuantas piezas se pueden apilar en tu coche hasta que se acabe la arena del reloj. Entonces, si no se te han caído, el que menos pisos tenga pone un cubito en el otro jugador para fastidiarles el avance. El coche se mueve tantas casillas como alturas tenga la torre, si se te cae te paras inmediatamente... Se lo curró un montón. Hasta hizo varios diseños de coche y el tablero con un circuito.

La presentación de Daniel causó muchas risas porque nadie se esperaba que un niño de casi nueve años se inventara un juego que consista en que los jugadores tengan que matar personas para llevarles sus almas a su amo, la muerte (uno de los presentes aseguró que con esa idea ya le había ganado jajaja). Por supuesto, tienes unos objetivos que cumplir, y unas almas no valen igual que otras. Con un dado se decide si consigues acabar con tu objetivo y con otro si te llevas un tipo de alma, otro o ninguna.

¡Cuidado! Porque si los ángeles te salen en el dado y te visitan nueve veces has perdido. Si no consigues los objetivos que indica tu tarjeta antes de que se acabe el tiempo del reloj también has perdido. Hasta hizo un tablero que representaba una calle en la que se paseaban los meeples de las posibles víctimas con las almas en forma de fichas de parchís debajo. Alucino con su inventiva. Uno de los allí presentes le preguntó si lo consideraba un juego infantil y el peque contestó que, evidentemente, no. ¡Que tío! Asegura que se inspiró en un videojuego. La verdad es que se ganó al público desde el primer momento y sus padres no podíamos estar más orgullosos de nuestro churumbel. Lo llamó Los accidentes.

Iván también creó un juego, pero le dio mucha vergüenza presentarlo. Cuando jugué con él para probarlo Locura en la ciudad iba de que los jugadores tenían que moverse por un tablero, que nos teníamos que imaginar porque no le dio tiempo a dibujarlo, del mapa de una ciudad con varios bancos llenos de dinero. Cada uno elige en secreto un rol: policía, ladrón o ciudadano y va en coche avanzando tres casillas mientras no se lo rompan. Si se lo rompen avanza sólo una. El objetivo de los ladrones es robar el banco hasta conseguir cinco piezas de oro, el de los policías es descubrir y atrapar a un ladrón y el del ciudadano confundir a la policía para que lo pille sin querer (entonces el policía pierde y gana el ciudadano). Por si acaso todos son policías o ladrones, cada turno sale un policía y un ladrón de uno de los lados del tablero y mueve en una especie de turno de enemigos. O eso pude entender. Porque me pareció realmente muy complicado. Yo hubiera hecho que los roles se repartieran al azar con unas cartas y según el número de jugadores hubieran un número determinado de cada uno.

Los demás participantes hicieron unos juegos alucinantes. ¡Vamos! Que me hubiera gustado que existieran para poder jugarlos. Vaya nivelazo que había en el taller. Había uno de competencia extrema entre dos empresas de paquetería que tiene que usar el mismo camión futurista para hacer sus entregas y sumar puntos; uno de un viaje en el tiempo en el que se conoce el punto presente y el futuro final, pero en el que hay que elegir el camino entre un punto y otro consiguiendo una serie de objetivos; un juego narrativo en el que se repara una nave de forma colaborativa, pero que gana el que consiga realizar con éxito sus objetivos ocultos; otro de una sastrería espacial muy caótica en la que hay que encontrar las partes de los trajes para hacer los encargos...

Como se ponían en común, todos los presentes podían comentar lo que opinaban, que fallos o aciertos le encontraban, cómo lo mejorarían... Entre ellos los invitados del debate, Manu Palau, de Brain Picnic y Jaime González de Wah! Estudio.

Por cierto que, según nos chivaron, la mayoría de los componentes que usamos los puso Eduardo García, creador de Ratland, así que tenemos mucho que agradecerle. Además de que también estaba por ahí aportando su opinión, resolviendo dudas y probando los prototipos.

Supuestamente, tendría que haber habido ronda de preguntas en una charla debate, pero se nos hicieron las mil con las presentaciones porque se hicieron aportaciones muy interesantes, como, por ejemplo, que por no tener en cuenta el diseño al detalle podemos dejar fuera a grupos de población como los daltónicos, o que hay que tener en cuenta una serie de mecanismos que equilibran el factor azar en los juegos para que no se den situaciones como perder al primer turno... La verdad es que estuvo muy bien y ni nos dimos cuenta de que nuestros estómagos rugían ya.

El día anterior habíamos comido a base de bocatas sin soltar nuestra idolatrada mesa y poder aprovechar más el tiempo de juego, pero en ese momento, que ni habíamos pisado el pabellón principal nos pareció mejor idea ir a un bar. Como la cafetería del polideportivo estaba de bote en bote nos salimos fuera y nos comimos unas hamburguesas de autor que estaban de muerte. Con el estómago lleno volvimos a las LES con la intención de pillar por fin mesa y jugar como si no hubiera un mañana, pero por el camino me encontré a Paloma, de Refuerzo Divertido, que estaba a punto de comenzar su partida de Buscaduendes. Daniel le preguntó por su hijo mayor y se apuntó a ir al lugar del taller para encontrarse con él. Iván le siguió y, bueno, yo también. El que se descolgó porque ya tenía mono de tablero fue el pater que se metió en el pabellón principal casi sin despedirse por si acaso le decíamos algo.

Así que volvimos al pabellón de las charlas y allí, el Tapón de 7 de Paloma les dirigió una partida a su hermano y a mis churumbeles de Magissa. Yo les veía muy entretenidos y entregados desde la distancia, porque aproveché para darme un respiro a mi misma.

Allí fue donde conocí a Valle Idígoras y Alex Trefois, creadores de los juegos de El Perruco para desarrollar de forma divertida la inteligencia emocional. Son encantadores y, de verdad, que me ayudó mucho que me escucharan mientras me desahogaba contándoles lo polvorilla que es mi hijo pequeño o lo intensamente inquieto que es el mayor (por decirlo suavemente). Les agradezco en el alma todos los consejos y recomendaciones que me dieron.

Lo mejor de todo es que nos invitaron a jugar a la versión gigante de "De perruco... ¡a perruco!" que tenían en la zona infantil. A los dos les gustó mucho, pero sobre todo al pequeño. Y eso que casi se le tira a los pelos al hermano durante la partida en uno de sus ataques de rabia. Pero al finalizarla nos pidió otra y otra y si fuera por él allí hubiéramos estado el resto del día. La verdad es que juego está muy bien. Si caes en el Perruco tienes que contar una situación que refleje la emoción que expresa el perruco dibujado en la casilla para avanzar al siguiente perruco y volver a tirar. Las ilustraciones son preciosas, por cierto. Cuando Iván cayó en la casilla de la Ira, tuvo muy claro qué es lo que le produce enfado máximo: Daniel. ¡Vamos que ni lo dudó un segundo!

Como vi que el Cuco Niko gigante estaba libre convencí a Iván para que jugáramos y, la verdad es que nos lo pasamos genial. Admito que me pareció más chungo que la versión pequeña. Por fin, logré convencer a mis churumbeles para entrar en el pabellón principal... Justo cuando cerraron la ludoteca para empezar a preparar la clausura. ¡Que pena! Ya estamos deseando ir a las LES del 2019.

Puedes enterarte de lo que hicimos el sábado en las jornadas aquí.