lunes, 5 de diciembre de 2011

Las uñitas hacen estragos


Es tremendo ver cómo van surgiendo surquitos en a cara de mi bebé cada día que pasa. En casa le suelo poner calcetines en las manos y cuando lo saco fuera va tan abrigado que ni se puede mover el pobre. Aún con todas estas precauciones se las arregla para arañarse con esas punzantes uñitas.

Tengo que sacar tiempo para meter la tijera antes de que se haga un cicatriz. Me han comentado que los recién nacidos no tiene uñas en si, sino carne que se convertirán más adelante en la dura queratina que recubre parte de los dedos. Por eso, si se cortan antes de tiempo les duele y puede sangrar. No sé si será verdad. Lo que es seguro es que Iván tiene ya las uñas como diós manda. Y si no que me lo digan a mí que también las he probado. Un cuchillo japonés no pincha tanto.

Desde luego, estos bebés recuerdan a Lobezno o a Eduardo Manostijeras. Con la diferencia que los pequeños infantes no tiene ningún control sobre sus extremidades y acaban autolesionándose. Éste como es un santo se queda tan pancho, pero Daniel lloraba cuando el mismo se arañaba la carita. No me extraña. Alguna vez que me ha tocado en suerte el arañazo he podido comprobar que no es moco de pavo. Lo dicho: ¡hay que cortar por lo sano!

domingo, 4 de diciembre de 2011

El niño

"Coge al niño" "¿A cual?" "Pues a Iván" "Vale, ¿Entonces esta tarde puedes bañar tú al niño?" "¿A Iván?" "¡No! a Daniel". Este fragmento de conversación con diferentes variantes se está repitiendo varias veces al día en mi casa.

Antes Daniel era "El niño", pero ahora tenemos otro niño y no me acostumbro a llamarles por sus nombres. Es mas, ni siquiera los distingo llamando a uno bebé y a otro niño. Que va. Los dos son niños. Así es muy difícil entendernos.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Best blog

Ser madre ¡Toda una aventura! me ha regalado un premio en forma de ramo de flores. Muchísimas gracias Silvia. Me ha emocionado enormente que se lo dedicaras especialmente a Iván. Mi bebé precioso.

Por otra parte, he de decir que te mereces con creces este premio. Tu blog es intensamente emotivo. Me encanta cómo describes tu mundo poniendo a tu hijo en el eje central. Cómo bien dices: cuando te conviertes en madre todo lo demás pasa a segundo plano.

También pienso que tu otro blog Mi menú sin leche es muy útil. Mi sobrino nació con una alergia brutal a la leche. Afortunadamente le desapareció más adelante, pero en un primer momento sus padres se quedaron en blanco. Sin saber cómo enfocar el cuidado de un bebé que no puede tomar leche de vaca. Para más Inri. Mi cuñada no le daba pecho, sino directamente biberón. Se pegó un susto de muerte cuando su hijo de pocos días se hinchó alarmantemente y tuvo que salir pitando a urgencias.

Desgraciadamente las alergias alimenticias son cada vez más comunes entre los bebés y los padres necesitamos información al respecto. Puede parecer una tontería, pero es algo que cambia el hábito culinario de toda la familia. Cualquier error al leer un prospecto pone en peligro la vida de tu hijo. Sé que suena tremendista, pero es así. Por eso creo que blogs como el tuyo hacen falta y estoy segura de que está sirviendo de ayuda a multitud de padres que se encuentran en tu mismo caso.

Silvia ha comentado cada blog al que le ha regalado este florido premio y yo he decidido hacer lo mismo. Me gustaría pasar este inmenso ramo de flores a:

Mi mundo de cristal (Un ramo de flores para que se cumpla pronto su sueño)
Instantes (Por hacer feliz a los niños con su trabajo de maestro)
El espejo de la Entrada (Por abrirme una ventana a una nueva literatura y su don para escribir)
La jirafa (Por su arte al educar a su pequeña)
Cómo ser mamá y no morir en el intento (Por la frescura de sus post y su talante optimista)
El blog de Marta y su familia (Por contarnos cosas sobre sus tres soles preciosos)
Los días de Sofía (Por contarnos a través de los ojos de su pequeña cómo transcurre la vida)
Tersina y sus cosas (Por compartir con nosotros sus andanzas, sus labores imaginativas y los secretos de su cocina)
La invasión Twin (Por alertarnos de esta graciosísima invasión gemelar)
Crianza Corporal (Por romper una lanza a favor del amor intenso de las madres por sus hijos)
Mis trucos y tus trucos para educar (Por enseñarme cómo jugar con mi hijo mientras aprende)
Descubriendo un nuevo mundo (Por sus ideas de decoración, por sus proyectos fantásticos, por las ocurrencias de Jaume)
Las mariposas de Raquel (Dedicado especialmente a su tercera mariposa Rocío Enara)
Yo y mis miniyos (Por su maravillosa forma de describirnos sus inquietudes)
El arte de ser madre (Por ser un blog lleno de belleza)
Diario de un padre estresado (Por lograr criar a cinco maravillosos hijos con humor y cariño a pesar del caos)

viernes, 2 de diciembre de 2011

No hay madres perfectas


A veces me pregunto cómo es la madre perfecta. Yo no desde luego. Supongo que es cariñosa, paciente, habilidosa, comprensiva, dulce... Y llego a una conclusión. Es imposible que exista. Habrá aproximaciones, pero no creo que nadie la clave.

Intento ser la mejor madre posible, pero eso choca con mi forma de ser y con la poca colaboración de mis hijos, que tienen una habilidad especial para acabar sacándome de quicio. Incluso el bebé. Parece mentira, pero cuanto llevas tantas horas sin dormir y el pequeño sigue pidiendo juerga se me acaban los mimos y el tono dulce. Lo único que me queda es mecerle y desesperarme.

Me sé la teoría a la perfección, pero no me resulta fácil aplicarla. Me encanta jugar con mis hijos, hablarles, intentar reñir con suavidad al mayor cuando hace algo malo, explicándole el motivo, darles mil besos y caricias... Pero no siempre es el momento para eso. A veces Daniel tira tanto de la cuerda que los gritos salen solos. O simplemente todo se alía contra mí: se me caen las cosas de las manos, me doy golpes inoportunos, no encuentro lo que necesito... Y mis nervios subiendo de nivel. Llega un momento en que cualquier pequeña cosa me molesta. Con mis hijos me contengo más, o lo intento. El resto de la gente no tiene tanta suerte. Sobre todo mi marido. Una vez, estábamos enzarzados en una discusión (Yo vocifero y él ni se inmuta) cuando me soltó: "¿Te das cuenta de que Daniel se va de la habitación cuando te oye pegar esos gritos?" Se me cayó el alma a los pies. ¿Sería verdad? ¿Estoy traumatizando a mi hijo? Me vine abajo y me eché a llorar como una magdalena.

Esta mañana he vivido una situación de las que yo llamo extrema (exagerando, claro). Iván se ha despertado cuando  estaba inmersa en la rutina diaria con Daniel (biberón mañanero, vertirle, peinarle...). Me he tenido que repartir un poco porque no paraba de llorar. Cuando por fin tenía todo listo y ya estábamos saliendo por la puerta rumbo a la guardería mi chico mayor me dice "Pis, caca, pis". "¿Quieres hacer pis?" "Síiiiiii, síiiiiiii". Dejé a Iván con la puerta de la calle abierta para que no se asara con tanta ropa y mantas que le había puesto en el carrito y me fui corriendo al baño con Daniel. Cuando le bajé los pantalones me encontré con una sorpresa en sus calzoncillos. "¡Daniel! Tienes que pedirlo antes" le reproché. Entonces oí como Iván empezaba a quejarse. Conminé a Daniel a quedarse quieto mientras cogía una toallita, se habían acabado las del baño. Corrí desesperada a mi habitación a por más toallitas mientras Iván se desgañitaba. Por supuesto, Daniel no se quedó quieto. Menos mal que no hubo males mayores, pero él se había manchado bastante. Volví a decirle que no se moviera en peor tono. Lo llevé en volandas al cambiador tratando de no mancharme yo.  ¡Horror! También se habían acabado las toallitas del cambiador. Jurando para mis adentros bajé a Daniel del cambiador y corrí a buscar las toallitas de mi habitación, pero no recordaba donde las había puesto. Extresada al máximo humedecí una toalla y corrí donde me esperaba Daniel berreando. Iván se había callado. La portera, una chica majísima a la que puedo llamar amiga sin temor a equivocarme, se había hecho cargo de él. Menos mal que vivo en un primero y oyó al bebé. De verdad que no sé lo que haría sin ella. Siempre está para ayudarme.

Mal que bien limpié al mayor que lloraba como un poseso porque su mamá se había enfadado y le había reñido. Una vez limpio le abracé, le di mil besitos y le calmé con mimos. Me despedí de mi portera dándole un millón de gracias y salí pitando hacia la guardería porque a las 9.30 cierran las puertas y ya iba tarde.

¿Tendría que haber tenido más paciencia con Daniel? ¿Cual hubiera sido la manera más óptima de actuar? ¿Qué tengo que hacer cuando tengo a los dos llorando a la vez? No puedo evitar tener este carácter. Ni tampoco perder los papeles cuando la situación me supera. Envidio la calma de Raúl, aunque a veces esa actitud en él me mate.

Ultimamente intento respirar hondo y pensar: "Al final todo sale bien, calma, calma".

Recuerdo que en mi casa mis padres se peleaban mucho, aunque se querían a rabiar, y aún así no me traumaticé. Simplemente era algo que pertenecía al día a día. Ahora me río al recordar cómo mi padre le producía un ataque de nervios a mi madre y luego nos cogía por banda y nos decía "¿Qué le habéis hecho a vuestra madre? Hay que cuidarla". Jamás llegó a plantearse que fuera culpa suya.

El gatito

Ultimamente, cuando Daniel quiere mimos, se convierte en un gatito. En cuanto oigo "iauuuuu", ya sé que mi hijo quiere bracitos, caricias y besitos. Lo malo es que a veces el ataque felino le viene en plena calle mientras yo empujo el carrito con su hermano. Le he explicado que cuando voy sola no le puedo coger porque no puedo con todo. Y ahora siempre que me paro a hablar con alguién ya tenemos al gatito maullando como una loco para que le coja. En su lógica infantil debe pensar "Ya no está sola".

jueves, 1 de diciembre de 2011

Nino

El otro día, estaba haciendo la compra en el Alcampo, cuando, de repente, lo ví. Era rojo, como no podía ser de otra manera, tenía luz y sonido, una escalera que se alargaba con muchas posibilidades y el tamaño perfecto para que fuera manejable sin ser pequeño. ¡Era Nino! El coche de Pablo el bombero, los cuentos que le cuento a Daniel para dormir. No me lo pensé dos veces. Pagué los diez eurazos que costaba y me lo llevé a casa. Allí me costó un mundo desembalarlo. Si hasta tuve que echar mano de un destornillador. ¿Por qué hacen las cosas tan difíciles?

Todo valió la pena sólo por ver la cara que puso mi hijo cuando lo vió. No tuve ni que decirle quien era: "¡Nino!" Exclamó emocionado. Llevó el camión de bomberos en la mano todo el camino hasta el parque y allí se pasó un buen rato jugando con él. Le dió mil veces al botón de la sirena y las luces (me temo que voy a acabar harta del sonidito). Una vez en el arenero les enseñó orgulloso a Nino a sus amiguitos. Quedaron bastante impresionados, de hecho, dos de ellos le estuvieron persiguiendo toda la tarde hasta que lo soltó y pudieron apoderarse de él.

Mi niño estuvo entretenido con otros juguetes hasta que se dió cuenta que le faltaba el camión y corrió hacia a mi gritando "Mamá ¿nino? ¿nino?" Enseguida lo localizó en manos de otro niño. Me costó un montón conseguir que se lo prestara, pero al final se lo cambió por un autobús y todos contentos.

En casa estuvo otro rato jugando con el camioncito. He de decir que ese mismo día se cargó la escalera por varios sitios. Ahora Nino tiene unos cuantos remiendos que le ha hecho la mami. Le encanta jugar con él. En cuanto se le cae la escalera viene corriendo y gritando "Se ha rotooooo" para que yo se la arregle. Cuando lo sacamos al parque la escalera se queda en casa para que no se pierda.

Una oración para que iván se mejore


En cuanto mi abuelo se enteró de la dolencia de mi benjamín le pidió al cura de su parroquia que lo nombrara en la misa de ese domingo. Así que en plena misa el cura pidió una oración por el biznieto de Antonio Porta. Ni que decir que le dió un susto morrocotudo a los feligreses y que en casa de mi madre no paró de sonar el teléfono "¿Qué le ha pasado a Iván?". La verdad es que el cura podría haber sido más concreto, casi le da un infarto a más de un familiar, pero se agradece que mi abuelo tuviera esa iniciativa. Ahora todos están pensando en mi hijo y en su recuperación.

Yo no le quería decir nada a mis abuelos porque son muy mayores y creo que ya no están para muchas malas noticias, pero a mi hermano se le escapó y ahora están preocupadísimos por su biznieto. Sobre todo porque ellos viven en Elda y ni siquiera han podido conocerlo todavía. Yo no puedo hacer un viaje de más de cuatro horas por muchos motivos y ellos tamposo por problemas de salud. Intento tranquilizarles en todo momento, pero sé que lo tienen en mente constantemente. Espero que de una manera u otra lo vena pronto y se den cuenta de que está hecho un torete.