lunes, 20 de enero de 2020

Emocionario el Musical

Cada día tengo más claro que aprender a gestionar las emociones es fundamental. A mí no me enseñaron y así estoy, convertida en una olla exprés que nadie sabe cuando va a explotar.

Y mis hijos también son unos polvorillas (la genética, supongo), así que me gusta incidir en este tema cada vez que veo la oportunidad. Cuando me enteré de que existía una musical del famoso libro de El Emocionario me pareció una idea genial. Que manera más divertida de enseñarle acerca de las emociones, sus manifestaciones y cómo gestionarlas.

Lo mejor es que es una obra que van a disfrutar desde lo más peques hasta los más mayorcitos llegando a los padres. Los dos componentes de Dubbi Kids han hecho un montaje lleno de historias y canciones que expresan a la perfección emociones y sentimientos: asco, tristeza, aburrimiento, vergüenza, inseguridad, amor, alegría...

Y para ello han contado con la ayuda de unos personajes muy especiales como el cerdito ponky, la araña Manolo, la oveja Roberta o Tito, el niño tímido. Todos ellos les ayudarán a hablar sobre emociones que los peques sienten y que pueden llegar a hacerles sentir mucha frustración.

A veces pillaba en alguno de mis hijos un gesto de reconocimiento en plan "Eso me pasa a mí". Como cuando hablan de lo difícil que es a veces estar en una habitación en la que no conoces a nadie. Te sientes como si quisieras volverte invisible. Ahí mi niño menor me lanzó una mirada muy significativa. Estas Navidades tuvimos un compromiso en el que ellos eran los únicos niños y nos recuerda cada dos por trés ese momento en el que le llevamos a una cena toda de adultos y lo pasó tan mal. En cambio para el mayor fue toda una experiencia que aprovechó para sentirse más mayor. Si es que cada uno vive cada situación con emociones totalmente diferentes.

Cuando hablaron del Bote de la Calma me arrancaron una gran sonrisa al recordarme la de veces que hemos hecho nosotros uno. Y de verdad que nos funcionaba. Vamos a tener que hacer otro pronto.

La trama arranca con una canción maravillosa que nos anima a decir lo que sentimos y cómo lo sentimos. Es el primer paso para comenzar a entender que nos pasa y darnos cuenta de que es normal y que le pasa a todo el mundo. No podemos estar alegres siempre (aunque ya nos gustaría) y no es mejor una emoción que otra. Todas son necesarias.

Carlota Superstar y Bruno Tripita, los integrantes del grupo nos llevan de viaje por diferentes escenas muy visuales, dinámicas y participativas para que los niños entiendan sus emociones y aprendan a expresarlas, todo con canciones pegadizas que acabas cantando casi sin darte cuenta. Algunas las puedes encontrar en su canal de Youtube.

Mis peques han salido encantados del Teatro Cofidis Alcázar, en el que van a hacer tres actuaciones más, pero en la web de la compañía se pueden consultar sus próximas actuaciones para que no te quedes con las ganas si te apetece disfrutar de este espectáculo.


viernes, 17 de enero de 2020

La plaza del Cabildo de Sevilla

Habíamos quedado a comer por el centro Sevilla y ya se nos hacía un poco tarde en las Setas. No pensamos que iba a dar para tanto. Así que pusimos rumbo al restaurante elegido, un libanés muy chulo, pero del que no puedo recordar el nombre.

Mi idea era ir rapidito, pero los niños no dejaban de pararse en uno u otro punto que les llamaba poderosamente la atención y pedirme fotos a cada momento. Entre unas cosas y otras, mirando el mapa me di cuenta de que estábamos cerquísima de una plaza que me habían recomendado que visitara por su gran belleza, la plaza del Cabildo. Así que me pareció buena idea desviarme un poquitín del camino para verla.

Pues la plaza no aparecía ni a tiros. Caminamos hacia delante, hacia atrás y Google Maps se volvía loco. Era una locura. Al final decidí preguntar en un puesto de información y turismo que encontramos de casualidad. ¡No íbamos a llegar a comer como siguiéramos así!

La chica fue muy amable y nos explicó con toda su paciencia dónde estaba la entrada a la plaza. No la habíamos encontrado porque parecía una puerta de portal que daba a un zaguán, pro en realidad era un pasillito que desembocaba en la escondida plaza.

Que, por cierto, sí que era preciosa. Valió la pena no abandonar la búsqueda cuando ya todo parecía perdido y llegar tarde a la comida.

Los niños corrieron de un lado a otro como locos y se subieron en la fuente poniéndome de los nervios. Como se hubieran caído sí que la hubiéramos liado parda. Los pobres no entendían que les metiera prisa por irnos con lo que había costado encontrarla.

Al final llegamos en los entrantes, que yo ya pensaba que iba a ser en los postres, así que ni tan mal. Valió la pena.

jueves, 16 de enero de 2020

Capital Museum de Beijing

Pekín está llena de museos alucinantes. Nosotros fuimos a unos cuantos y nos dio mucha pena dejarnos otros en el tintero, pero es tan enorme que no se puede recorrer entero en quince días y no morir en el intento.

Además, acabábamos agotados y necesitábamos reponer fuerzas intercalando algún día tranquilo. Uno de estos museos que visitamos fue el Capital Museo (Museo de la Capital), que está en un edificio modernísimo e impresionante. Sólo por eso ya vale la pena ir. Además la entrada es gratis.

En contraste con el edificio, el interior está lleno de reliquias, objetos históricos y tradicionales que han ido enriqueciendo la imagen de esta singular ciudad. Para la ópera de Beijing tiene una sala completa en la que representan en pequeñísima escala el recinto y las mesas y sillas en las que está el público.

Nunca me lo hubiera imaginado así, la verdad. Además de que se exponen algunos trajes de la misma y un montón de máscaras. De fondo se oye una de las óperas que, por lo visto, duran una media de cuatro horas. No hubo narices de meter a los peques a una sesión de ópera china.

Había tantos objetos en el museo que era imposible pararse a leer todos los carteles sin quedarte a dormir allí... por lo menos unos días. Así que no lo vimos con toda la tranquilidad que se merece. Más bien nos acercábamos a las que más nos llamaban la atención por uno u otro motivo.

Pensamos que los peques no aguantarían mucho, pero fue al contrario. De hecho tuvimos que esperar varias veces a Daniel porque se negaba a perderse nada y estaba empeñado en sacar foto de todo.

Les había dejado a los peques un móvil antiguo para que lo usaran de cámaras de fotos porque me habían dicho que en un viaje tan especial les hacía ilusión.

A mí me pareció bien, pero si llego a saber el entusiasmo que le iba a poner el primogénito me lo hubiera pensado más.

Aunque como se portaba regular (o mal) la mayor parte del tiempo pocas eran las ocasiones en las que no estaba castigado sin el móvil. Una lástima que esta no fuera una de esas ocasiones.

Se pegaba tiempo y tiempo para sacar la mejor foto de cada cosa que le impresionara (casi todo). Y ya cuando encontró las erótico festivas, y ni os cuento.

Tuvimos que llamar la atención a los dos peques para que bajaran los decibelios de las carcajadas y las expresiones de asombro.

Recorrimos galerías y galerías y salas y salas con máscaras, estatuas, jarrones, dioramas, carros, muebles, joyas, papiros y papeles llenos de kanjis... hasta una calle de tiempos antiguos nos encontramos a nuestro paso.

Desde luego, es una opción maravillosa para conocer más sobre las raíces culturales e históricas de esta enorme ciudad.
















miércoles, 15 de enero de 2020

El príncipe y la modista

Los Reyes Magos me han traído un cómic encantador y con un dibujo tan bonito que podría tirarme horas recreándome en los detalles de cada página. No es de extrañar que haya ganado un montón de premios. El príncipe y la modista es una historia de amores incondicionales y condicionales de todas clases: romántico, paterno-materno, filial, hacia uno mismo... Una excusa para desentrañar un precioso cuento de hadas con roles intercambiados, fuertes personalidades, miedos intrínsecos y muchos sacrificios, que los protagonistas decidirán hacer o no.

Así se va desarrollando el camino que recorre un secreto que se mueve entre el amor, las apariencias, el deseo de agradar, los sueños de cada uno, las relaciones familiares, las responsabilidades y la búsqueda de libertad, con momentos álgidos y desgraciados en una sintonía perfecta para que el lector vibre con cada acontecimiento.

Frances es una modista encorsetada en unos corsés sociales que la constriñen entre patrones clásicos y sin alma. Pero ella tiene un don para crear maravillosas ilusiones con las telas, solo necesita que alguien confíe en ella y le deje trabajar con libertad.

Ese alguien aparece de casualidad y de donde nadie se lo esperaría. El príncipe Sebastián ve lo que otros no ven en ella y la necesita para dar rienda suelta a una forma de entender la vida llena de color, rasos y tules que le hace sentirse feliz consigo mismo. Son dos personas que se complementan de una forma natural, pero cuya relación se tambaleará muchas veces por los escollos sociales y la incomprensión general.

A pesar de todo, el amor incondicional, tanto entre los protagonistas como por parte de los padres del príncipe, irá encontrando el camino, aunque sea dando largos rodeos cargados de sufrimiento y angustia.

La pareja protagonista encandila, pero para mí, el mejor es un personaje secundario: el padre de Sebastián, que buscando lo mejor para su hijo lo hace desgraciado sin mala intención y, a pesar de que busca nuevas formas de agradarlo y hacerlo feliz, fracasa estrepitosamente hasta que él mismo se da contra un muro bastante duro que hará caer la venda de sus ojos. ¿Que haces cuando te das cuenta de que, en realidad, no sabes casi nada de tu hijo?

Tanto la historia como el dibujo son maravillosos y llenos de gran fuerza emocional. Que puedo decir. Me ha encantado.

Mis niños se lo han leído de principio a fin, pero yo creo que más por la curiosidad de saber qué es lo que pasa al final que porque les haya enganchado la trama. No son almas muy sensibles y si no hay algún conflicto un poco belicista no les suele enganchar. Esto de las costuras, buscar tu lugar en la vida y el amor sin barreras no parece irles mucho... aún. Puede que sean un poco peques todavía...