
Funcionó, porque dejaron de dar la tabarra durante un rato. Se contentaban con mover el palito para ver como se bamboleaba el globo de un sitio para otro. Pero eso también se volvió aburrido. Se dieron cuenta de que podían montar una estupenda guerra de globos y se pusieron manos a la obra con entusiasmo. Los dos bebés se daban unos mamporrazos impresionantes, menos mal que los globos amortiguaban los golpes y no se hacían daño. Se lo pasaron bomba. Pero no se quedaron tranquilos ni dejaron que sus madres disfrutaran en paz de las rebajas, así que decidimos subirlos un rato al parque infantil de la terraza del centro comercial para que se cansaran un poco.
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