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sábado, 12 de marzo de 2016

Ahora quiere ser novelista

Mi niño mayor se ha pasado de la gastronomía a la literatura. Ahora quiere ser escritor, aunque no abandona su afán culinario. "¿Puedo ser las dos cosas?" me preguntó una tarde mientras doblaba un folio en dos. "¡Claro que sí!" le animé yo. ¿Por qué no? Son dos profesiones que se complementan estupendamente.

Me pidió pegamento, tijeras, lápiz y goma y le dejé sólo ante el papel en blanco. Al poco me pidió ayuda para ver cómo se escribía una u otra palabra y, finalmente, tenía un pequeño librito con portada, ilustraciones y reseña trasera entre las manos.

Se titula: El tropecista y su caballo. Y las ilustraciones las había sacado de una actividad de su colegio. Me pareció increíble que lo hubiera ideado y creado el sólito. Se hace mayor muy deprisa. Me sentí extremadamente orgullosa.

Tanto le alabamos el trabajo que se arrancó a hacer otro cuento sobre un semáforo dormilón que hizo él sólo sin preguntar dudas ni nada. Y que también nos pareció un tesoro.

Al día siguiente, se sentó en la mesa y nos enseñó dos folios con sendas poesías: La del monstruo amarillo y una sobre la policía. Me parecieron preciosas. ¡Que voy a decir!

Pero la cosa no quedó ahí. Es que también nos hizo un libro con una ventanita sobre un castillo muy oscuro, un pasillo muy oscuro, una puerta muy oscura.. Ábrela y... ¡Un perrito!
Al verlo, Iván también quiso hacer uno. ¡Y vaya si lo hizo! Para sus cuatro años aluciné con la historia que me pidió que escribiera al lado de sus dibujos. También añadió una ventanita en la que ponía: Ábrela si quieres saber de qué va disfrazado el amigo. Y al abrirla... ¡De troglodita!

¡Que artistas son mis niños! Daniel incluso le dio un día por escribir jeroglíficos egipcios. A su manera, claro. Pero me llamó la atención que siempre que se ponía con los jeroglíficos dibujara los mimos símbolos y con el mismo color que destinaba a cada uno. ¡Que memoria!

En cambio, el más peque de la familia se cansó de hacer cuentos enseguida y volvió a diseñar juegos chulos con los que me deja alucinada. Me hace laberintos, pruebas de buscar elementos en un dibujo, de elegir la columna más fina, adivinar bajo que ventanita está la cara contenta... Desde luego tienen una mente muy activa.

Poco después de esta jornada tan creativa, me enteré de que Boolino había puesto en marcha el concurso infantil y juvenil Atrapa-Palabras y se lo comenté al mayor. Muy ilusionado eligió el cuento del tropecista y las dos poesías para participar. Al más peque no le dije nada porque no llegaba a la edad mínima de seis años. Me parece una iniciativa muy divertida para pequeños escritores.


miércoles, 13 de mayo de 2015

Concurso Día de la Madre con Peppa Pig

Se ve que para Madresfera, Penguin Random. Bandai y Peppa Pig todos los días son el día de la madre. Y no puede ser más cierto. ¿Dejamos de ser madres el lunes después de nuestro día? Pues no. Así que ¡hala! a mimarnos todo el tiempo como nosotras mimamos a los que nos rodean. Pero voy al grano que ya me estoy dispersando. ¿Habéis visto el concurso de la cerdita más famosa de la tele? ¿No? Pues pincha pincha, porque además de que los premios son increíbles, del primer pack al tercero, sólo nos piden que pasemos un rato divertido con nuestros hijos.

Cualquier excusa es buena para montar una actividad, así que con los ojitos brillantes me presenté en el salón donde jugaban mis churumbeles y les solté a bocajarro: "¿Quien quiere dibujar a Peppa Piiiiig?". El pequeño no se cortó un pelo y un soltó un sonoro "¡Yo nooooo!" sin levantar la vista de los bichos feos que manipulaba. Lo de dibujar no le va nada. Según él son cosas del cole. En casa hay que jugar, jugar y jugar.

En cambio, el mayor se mostró más interesado. "Mami, es que yo no sé dibujar a Peppa". Claaaaro. Como no es un zombi... ¡Estos chicos! Curiosamente Peppa Pig es el único dibujo animado no violento que a Daniel todavía le hace gracia. El resto dice que es para bebés y arruga el ceño cuando los ve empezar. Ni que decir tiene que Iván está locamente enamorado de la cerdita, pero de ahí a dibujarla...

Le aseguré a Daniel que yo le iba a enseñar a dibujar a quien él quisiera de este mundo imaginario. Empezamos por la mismísima Peppa. Dos circulitos que serán los ojos, rodeados de una C casi cerrada para la cara y le plantamos el morro y la boca sonriente. Un trapecio irregular para el vestido, patas, brazos, botas... y ya la tenemos saltando alegremente sobre el charco de barro. Confieso que mi Peppa me salió un churro. Tengo que practicar más.

Cuando la terminamos, le sugerí añadir a Danny Dog, que es su personaje preferido, pero prefirió dibujar el solito a George en el arenero. ¡¡Le quedó genial!! Aunque, a la hora de pintar a su dinosaurio, en de vez de un T-Rex, le plantó un Triceratops que copió de una tarjeta que tenía en la mano justo en el momento que le pillé para que hiciéramos el dibujo. Ya me ha cambiado la historia.

Lo que ya sí que me costó bastante fue que lo coloreara. Acabamos haciéndolo entre los dos, pero como de eso se trata, de hacer algo juntos madre e hijo, me pareció genial trabajar en equipo.

Si quieres participar, recuerda que tienes hasta el 15 de mayo ¡Pasado mañana! Date prisa :D