Durante las vacaciones no olvidamos las recomendaciones de la profesora de mi hijo mayor. Le compramos en el todo a cien un cuaderno con dibujos sencillos para colorear y en un hipermercado un libro de ejercicios adecuado para su edad que nos encontramos de oferta.
El peque acogió de buen agrado las sesiones de estudio. Si no hubiera sido así, tampoco le hubiera obligado, porque creo que tiene derecho a disfrutar de unas merecidas vacaciones. La lluvia casi constante ayudó a que se sentara cargado de ceras de colores.
Repasó los números, coloreó muchísimo, algunas veces mejor y otras peor, siguió las líneas discontinuas para crear figuras, pegó pegatinas en los dibujos... En definitiva, creo que además de practicas se lo pasó bien.
He llegado a la conclusión que colorea mal porque quiere. Si estás encima suya coge las ceras de la manera correcta y tiene más cuidado en no salirse, pero en cuanto te despista vuelve a agarrar la cera como si fuera un palo y se divierte emborronándolo todo.
Iván también quería "estudiar", pero había que tener cuidado con este elemento porque a la que te descuidabas te la liaba parda. En una de esas se dedicó a pintar de naranja la mesa de estudio. Se ve que el color madera le parecía demasiado soso.
domingo, 7 de abril de 2013
sábado, 6 de abril de 2013
A la caza del huevo de chocolate
No podía faltar organizar una "fiesta" para buscar huevos de chocolate. Los peques no se creyeron en ningún momento que un conejo viniera a la casa a esconder nada. Como no es una costumbre española, los primos no lo habían hecho nunca y se preguntaban por qué ahora y no antes se había decidido el conejo de Pascua a hacernos una visita. Tuve que confesar que había sido yo la promotora de la búsqueda, pero cuando me mostré sorprendida por encontrar huevos en lugares en lo que yo no los había encontrado, el primo mayor (seis años) aseguró que eso era cosa de mi marido y no de ningún animalito algodonoso con orejas largas y con residencia en Estados Unidos.
Me conformé con ver el ímpetu que ponían en revolver el salón y sus caritas de alegría cuando encontraban los pequeños tesoros. Tuvimos que usar el salón en vez del patio como escenario porque la lluvia nos impidió salir en todo el día.
Cuando terminaron de buscar metí los huevos en la nevera para que no se derritieran por la calefacción, pero cuando me quise dar cuenta, los niños había visitado con demasiada asiduidad las baldas del frigirífico y habían desaparecido por lo menos quince. Con los que quedaron volvimos a organizar otra búsqueda a petición del público infantil.
Me conformé con ver el ímpetu que ponían en revolver el salón y sus caritas de alegría cuando encontraban los pequeños tesoros. Tuvimos que usar el salón en vez del patio como escenario porque la lluvia nos impidió salir en todo el día.
Cuando terminaron de buscar metí los huevos en la nevera para que no se derritieran por la calefacción, pero cuando me quise dar cuenta, los niños había visitado con demasiada asiduidad las baldas del frigirífico y habían desaparecido por lo menos quince. Con los que quedaron volvimos a organizar otra búsqueda a petición del público infantil.
viernes, 5 de abril de 2013
El Museo de la Evolución Humana
Con tanta lluvia buscamos un plan bajo techo para hacer con los niños. Raúl tenía muchas ganas de visitar el Museo de a Evolución Humana de Burgos. Yo no las tenía todas conmigo con respecto a Iván, pero un vistazo a su página web hizo que me animara. Auguraba ser una lugar maravilloso para ir en familia y así fue.
Para empezar todo se podía tocar. Imprescindible para niños tan pequeños que a la tercera vez que les regañas por poner sus deditos en un lugar inconveniente ya claman por irse a otro lado más acorde con sus espíritus inquietos. Lo único auténtico que guardaban las salas eran una colección de restos de Atapuerca que estaban muy bien resguardados en sus urnas de cristal. Todo lo demás era representaciones, escenarios, reconstrucciones o proyecciones orientadas al aprendizaje.
A mis niños se les salían los ojos con cada nueva sorpresa. A Daniel lo que más le gustó fue una proyección sobre el escenario de una excavación que daba la sensación de ser en 3d. Frente a sus ojitos se presentaban diferentes descubrimientos y su reconstrucción acompañados con una interesante historia. Parecía que sólo miraba, pero una vez en casa no paraba de contarte que un señor hace mucho tiempo se rompió un diente, que le dolió muchísimo, pero que no se murió de eso sino mucho después, que pasó mucho tiempo y se le cayó la piel y sólo quedó la calavera. O que había una mano que eran todo huesitos y que podía coger herramientas con los dedos. Y cosas por el estilo. Aprendió muchísimo en una mañana.
Otras joyas de la corona de la exposición, según mis hijos, eran la sala en la que una pantalla envolvente mostraba la evolución del fuego (Rayos y truenos, hogueras, antorchas, velas, la cocina de gas, un cohete espacial... Incluso sensacionales imágenes del sol y sus rayos o una aurora boreal ¡precioso), la reproducción del barco donde Darwin desarrolló la teoría de la evolución humana, un cerebro gigante y las estatuas de cavernícolas en diferentes poses y acciones. Costaba despegar a los niños de estos hitos. Nos pasamos muchísimo tiempo de sala en sala y vuelta a repetir a petición de mayor. El pequeño nos seguía trotando y alucinando con lo que se encontraba.
Había visitas guiadas gratuitas cada cierto tiempo que anunciaban con antelación por megafonía, pero con los niños tan pequeños no nos animamos a unirnos a ninguna y preferimos seguir nuestro propio ritmo.
Un fallo que le encontré es que no tiene cafetería propiamente dicha sino un rincón con máquinas de vending con lo que a la hora de calentar el puré del bebé había que salir a la calle (admito que se lo comió frío el pobre, aunque no protestó).
El museo no cobra a niños menores de ocho años. Una iniciativa que pone de manifiesto su objetivo docente y de difusión de la ciencia entre los pequeños. salimos encantados de allí para descubrir que no llovía y que se nos presentaba la ocasión de dar un paseo por el centro de Burgos, una ciudad preciosa.
Iván se quedó hipnotizado viendo las evoluciones de una fuente y sus chorros crecientes y decrecientes y Daniel disfrutó escalando la escultura de una calavera gigante.
Todos acabamos agotados, pero muy felices al volver a Covarrubias.
Para empezar todo se podía tocar. Imprescindible para niños tan pequeños que a la tercera vez que les regañas por poner sus deditos en un lugar inconveniente ya claman por irse a otro lado más acorde con sus espíritus inquietos. Lo único auténtico que guardaban las salas eran una colección de restos de Atapuerca que estaban muy bien resguardados en sus urnas de cristal. Todo lo demás era representaciones, escenarios, reconstrucciones o proyecciones orientadas al aprendizaje.
A mis niños se les salían los ojos con cada nueva sorpresa. A Daniel lo que más le gustó fue una proyección sobre el escenario de una excavación que daba la sensación de ser en 3d. Frente a sus ojitos se presentaban diferentes descubrimientos y su reconstrucción acompañados con una interesante historia. Parecía que sólo miraba, pero una vez en casa no paraba de contarte que un señor hace mucho tiempo se rompió un diente, que le dolió muchísimo, pero que no se murió de eso sino mucho después, que pasó mucho tiempo y se le cayó la piel y sólo quedó la calavera. O que había una mano que eran todo huesitos y que podía coger herramientas con los dedos. Y cosas por el estilo. Aprendió muchísimo en una mañana.
Otras joyas de la corona de la exposición, según mis hijos, eran la sala en la que una pantalla envolvente mostraba la evolución del fuego (Rayos y truenos, hogueras, antorchas, velas, la cocina de gas, un cohete espacial... Incluso sensacionales imágenes del sol y sus rayos o una aurora boreal ¡precioso), la reproducción del barco donde Darwin desarrolló la teoría de la evolución humana, un cerebro gigante y las estatuas de cavernícolas en diferentes poses y acciones. Costaba despegar a los niños de estos hitos. Nos pasamos muchísimo tiempo de sala en sala y vuelta a repetir a petición de mayor. El pequeño nos seguía trotando y alucinando con lo que se encontraba.
Había visitas guiadas gratuitas cada cierto tiempo que anunciaban con antelación por megafonía, pero con los niños tan pequeños no nos animamos a unirnos a ninguna y preferimos seguir nuestro propio ritmo.
Un fallo que le encontré es que no tiene cafetería propiamente dicha sino un rincón con máquinas de vending con lo que a la hora de calentar el puré del bebé había que salir a la calle (admito que se lo comió frío el pobre, aunque no protestó).
El museo no cobra a niños menores de ocho años. Una iniciativa que pone de manifiesto su objetivo docente y de difusión de la ciencia entre los pequeños. salimos encantados de allí para descubrir que no llovía y que se nos presentaba la ocasión de dar un paseo por el centro de Burgos, una ciudad preciosa.
Todos acabamos agotados, pero muy felices al volver a Covarrubias.
jueves, 4 de abril de 2013
Semana Santa pasada por agua
Para Raúl es muy importante pasar la Semana Santa en Covarrubias, así que hicimos las maletas y nos fuimos allí, aun sabiendo que los momentos de cielo despejado y sin lluvia iban a ser muy escasos.
Afortunadamente la casa es grande y los niños se lo pasan bien con los juguetes, pero tantos tiempo bajo techo nos pone nerviosos a todos, así que en cuanto veíamos que no caía agua nos poníamos los abrigos a toda prisa y aprovechábamos para salir. Si tardaba demasiado en escampar incluso salíamos con lluvia. Bien pertrechados con nuestros anoraks y paraguas, eso sí.
Nunca habíamos visto el río así. Se había desbordado y pasaba por el debajo del puente de piedra con gran fuerza. Era todo un espectáculo.
Daniel se lo pasó pipa con sus primos, como siempre. E Iván con todos, aunque con bastante mamitis. Le dio un ataque inesperado que hacía que lo tuviera en brazos o pegado a mi pierna la mayor parte del día. Me temo que la prima Amaya tuvo un poco que ver. Mi niño pequeño no soportaba verla cerca de su mamá. ¡Lo que son los celos!
Afortunadamente la casa es grande y los niños se lo pasan bien con los juguetes, pero tantos tiempo bajo techo nos pone nerviosos a todos, así que en cuanto veíamos que no caía agua nos poníamos los abrigos a toda prisa y aprovechábamos para salir. Si tardaba demasiado en escampar incluso salíamos con lluvia. Bien pertrechados con nuestros anoraks y paraguas, eso sí.
Nunca habíamos visto el río así. Se había desbordado y pasaba por el debajo del puente de piedra con gran fuerza. Era todo un espectáculo.
Daniel se lo pasó pipa con sus primos, como siempre. E Iván con todos, aunque con bastante mamitis. Le dio un ataque inesperado que hacía que lo tuviera en brazos o pegado a mi pierna la mayor parte del día. Me temo que la prima Amaya tuvo un poco que ver. Mi niño pequeño no soportaba verla cerca de su mamá. ¡Lo que son los celos!
miércoles, 3 de abril de 2013
Después de un triste reencuentro familiar la cálida bienvenida de mis hijos
Un día después de que enterraran a mi abuelo volví a Madrid en tren. Raúl trabajaba el lunes y yo tenía que cuidar a los peques.
Nada más cruzar el umbral de la puerta a eso de las diez de la noche pasadas me llegó la vocecita de mi hijo mayor llamándome. Acudí rauda y veloz a su cama y me recibió con una amplia sonrisa, besos y abrazos. Me pidió que me tumbara con él y accedía, aunque primero tenía que cenar.
El niño me usó de excusa (no le conoceré yo) para saltar de su cama. Al principio con mucho cariño y a la cuarta vez con regañina incluída lo acompañaba de nuevo a su lecho prometiéndole que pronto estaría con él.
No se durmió hasta que no me tumbé a su lado. No pasaron ni diez minutos y ya estaba en el mundo de los sueños.
Al día siguiente se despertó primero el bebé y también me regaló una dulce sonrisa nada más verme. La aparición del mayor fue más dramática porque le había salido sangre de la nariz y se presentó en el salón hecho un cristo. Nada que un poco de agua, toallitas y servilletas no pudieran arreglar.
Desayunamos, les di sus regalitos (un set de cocinita y unas pistolas de vaquero) y fuimos al parque. Los juguetes eran bastante modestos porque no encontré ninguna juguetería abierto y me conformé con lo que me ofrecía el kiosco de prensa, pero a ellos les encantaron. Los llevamos al parque y se entretuvieron mucho.
Daniel hizo gala de un buen hacer increíble. Cada vez que quería algo que tenía su hermano se lo cambiaba por otra cosa. Yo estaba orgullosísima.
Pasamos un dñia de los más agradable, aunque se torció bastante tras la siesta porque Daniel se levantó de un humor de perros y con un acusado espíritu de la contradicción.
Nada más cruzar el umbral de la puerta a eso de las diez de la noche pasadas me llegó la vocecita de mi hijo mayor llamándome. Acudí rauda y veloz a su cama y me recibió con una amplia sonrisa, besos y abrazos. Me pidió que me tumbara con él y accedía, aunque primero tenía que cenar.
El niño me usó de excusa (no le conoceré yo) para saltar de su cama. Al principio con mucho cariño y a la cuarta vez con regañina incluída lo acompañaba de nuevo a su lecho prometiéndole que pronto estaría con él.
No se durmió hasta que no me tumbé a su lado. No pasaron ni diez minutos y ya estaba en el mundo de los sueños.
Al día siguiente se despertó primero el bebé y también me regaló una dulce sonrisa nada más verme. La aparición del mayor fue más dramática porque le había salido sangre de la nariz y se presentó en el salón hecho un cristo. Nada que un poco de agua, toallitas y servilletas no pudieran arreglar.
Desayunamos, les di sus regalitos (un set de cocinita y unas pistolas de vaquero) y fuimos al parque. Los juguetes eran bastante modestos porque no encontré ninguna juguetería abierto y me conformé con lo que me ofrecía el kiosco de prensa, pero a ellos les encantaron. Los llevamos al parque y se entretuvieron mucho.
Daniel hizo gala de un buen hacer increíble. Cada vez que quería algo que tenía su hermano se lo cambiaba por otra cosa. Yo estaba orgullosísima.
Pasamos un dñia de los más agradable, aunque se torció bastante tras la siesta porque Daniel se levantó de un humor de perros y con un acusado espíritu de la contradicción.
martes, 2 de abril de 2013
Para los mejors seguidors
Gina, de Diario de una MamiBúho, me ha dado un premio precioso y muy felino. ¡Con lo que me gustan a mí los gatos. Me considera una seguidora de las mejores, ¡que ilusión! Cómo ella misma dice, si quieres verme contenta otórgame un premio. Es maravilloso que piensen en ti.
MamiBuho tiene un blog luminoso y juvenil, porque ella es muy joven y a la vez muy madura. Nos cuenta su día a día de una manera divertida, cercana, cómo si fuera una amiga de toda la vida. Cuando leo sus post me pongo un café porque parece que la tenga delante, charlando de lo que le preocupa, de su manera de pensar, de su maravillosa familia... Su tesoro más preciado es la Rubinha, aunque dentro de poco tendrá que compartir su trono con un bebé buhito al que seguro que adorará, porque los hermanos son el mejor regalo que nos pueden dar nuestros padres (por lo menos en mi caso). Tampoco olvida hablar del amor de su vida, su marido.
Pero no me enrollo más. Siempre me pasa cuando hablo de algo que me gusta, que no tengo fin. El premio se llama Para los mejors seguidors y viene aocmpañado de preguntas que paso a contestar.
Edad: Casi 36 añitos (estoy en la flor de la vida jeje)
Horóscopo: Aries (cabezota y sensible como yo misma)
¿Dulce o salado? Dulce, aunque a lo salado tampoco le hago desprecios. Soy de buen comer.
¿Hobby? ¡¡Bloguear!!
Tu perfume favorito: El que me hayan regalado esa vez.
¿Cómo te definirías? Despistada, desastre, dulce... Todo con D, como mi nombre.
Una cosa que no te guste de tu hijo/os: la desobediencia
Una cosa que te encante de tu hijo/os: Que son muy cariñosos
¿Qué te inspiro a hacer el blog? Mi santa madre, que aguanta a sus tres churumbeles estoicamente desde que nacimos.
¿Qué hace que quieras seguir día a día actualizando? Mis hijos, que son una inagotable fuente de inspiración.
MamiBuho tiene un blog luminoso y juvenil, porque ella es muy joven y a la vez muy madura. Nos cuenta su día a día de una manera divertida, cercana, cómo si fuera una amiga de toda la vida. Cuando leo sus post me pongo un café porque parece que la tenga delante, charlando de lo que le preocupa, de su manera de pensar, de su maravillosa familia... Su tesoro más preciado es la Rubinha, aunque dentro de poco tendrá que compartir su trono con un bebé buhito al que seguro que adorará, porque los hermanos son el mejor regalo que nos pueden dar nuestros padres (por lo menos en mi caso). Tampoco olvida hablar del amor de su vida, su marido.
Pero no me enrollo más. Siempre me pasa cuando hablo de algo que me gusta, que no tengo fin. El premio se llama Para los mejors seguidors y viene aocmpañado de preguntas que paso a contestar.
Edad: Casi 36 añitos (estoy en la flor de la vida jeje)
Horóscopo: Aries (cabezota y sensible como yo misma)
¿Dulce o salado? Dulce, aunque a lo salado tampoco le hago desprecios. Soy de buen comer.
¿Hobby? ¡¡Bloguear!!
Tu perfume favorito: El que me hayan regalado esa vez.
¿Cómo te definirías? Despistada, desastre, dulce... Todo con D, como mi nombre.
Una cosa que no te guste de tu hijo/os: la desobediencia
Una cosa que te encante de tu hijo/os: Que son muy cariñosos
¿Qué te inspiro a hacer el blog? Mi santa madre, que aguanta a sus tres churumbeles estoicamente desde que nacimos.
¿Qué hace que quieras seguir día a día actualizando? Mis hijos, que son una inagotable fuente de inspiración.
El premio se lo paso a ocho blogueros, como ha hecho Gina, porque no quiero hacer una lista interminable y porque sé que antes o después les llegará a todos, pero, para mí, todo el que me lee a gusto es un maravilloso seguidor merecedor de este y muchos premios más.
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