martes, 13 de enero de 2015

¡Los coches teledirigidos había que probarlos!

Entre todos los regalos, había uno que se hacía un poco difícil probarlos dentro de la casa: los coches teledirigidos. El mismo día de Reyes los peques se subieron a la terraza porque tenían muchas ganas de jugar con ellos y yo no me atrevía a sacar al mayor a la calle porque aún seguía un poco pachucho. El único problema es que Pitufo también quería jugar y se tiraba a por los coches. Cómo no queríamos que el perrillo se quedara son dientes, ni que los niños se quedaran sin juguetes decidimos guardarlos por el momento.

Al día siguiente, amaneció mejor y con muchas ganas de tirarse a la calle, así que cogimos los coches y nos fuimos a una plaza estupenda que había cerca. Se lo pasaron genial derrapando, pero en la mente del padre y en la mía se paseaba la misma idea: ¡Había que ir al circuito de coches teledirigidos que hay en el parque de al lado de la casa de mi hermana!

La tía Silvia se prestó a llevarnos y cargados de mandos, pilas y coches nos presentamos allí con mucha ilusión. Me atrevería a afirmar que casi estábamos más emocionados los padres que los hijos. Todos los probamos por turnos. Yo con el de Daniel no me manejaba nada bien porque cogía mucha velocidad y se me descontrolaba. En cambio con el de Iván se me daba de miedo. El coche sólo iba hacia delante, derrapaba cuando dejabas de darle al botón y tenía otro botón para dar vueltas y más vuelta. A esto Daniel lo llama el baile de la rosquilla.

Estuvimos más de una hora recorriendo las carreteras pintadas y esquivando otros coches, a patinadores, patinetes y bicis. Porque era un día especial para que los niños bajaran al parque a jugar con lo que les habían traído los reyes.

Cuando nos cansamos nos fuimos a los columpios, dónde los peques siempre se lo pasan genial. Y no pudimos luchar contra la tentación de volver a sacar los coches de nuevo.

Y el día cinco Daniel se nos puso malito

Como era de prever el día de las noche más mágica, Daniel amaneció con fiebre, temblores y muy mal cuerpo. Por mucho que me suplicaron él y su padre, me negué en redondo a que saliera a la calle a ver la cabalgata. En solidaridad, su hermano pequeño, que no se estaba enterando mucho del tema también se quedó en casa, aunque no pareció sentirlo en absoluto.

El día mejoró porque el tío Fernando y la Prima Natalia vinieron a pasar el día, lo que le distrajo mucho. Y también debía estar algo tocada porque me tuve que acostar un par de horitas para ser persona. Momento que aprovecharon para tirarse a la calle, enfermito incluído. Todos aseguraron que se sentía mucho mejor, gracias al Dalsy añadiría yo. Aún así, la cabalgata, que pasaba cerca de la casa de mi madre ya bien entrada la noche, sólo la vio por la tele.

El papá los entretuvo mucho jugando a un clásido: el juego de las chapas. pegaron pegatinas de superhéroes y se montaron un gran batalla en una mesita.

Cuando nos fuimos a dormir, volvía a estar hecho una pena el pobre, aunque con mucha ilusión por la venida de los Reyes en Canarias. Se perdió la emocionante tarea de poner la comida para los Reyes, que ejecutó el más pequeños de la familia con alegría. Le habíamos dicho a Daniel que no podríamos seguir el plan de ir a la casa de la tía Silvia a por lo que le echaran allí (con la idea de ver al tío Jose de "la pata chafada"), porque estaba malito, pero que no se preocupara que papá e Iván le traerían su regalito.

El peque lo entendió un poco mal y al día siguiente se levantó el primero, cogió la tablet y se sentó a jugar un rato impasible. "¿Pero no buscas los regalos?" Le preguntó su padre asombrado. "Papaaaaa, que los regalos los han  traído en la casa de la tía Siiiiilvia" le aclaró muy seguro. Estallamos en carcajadas y le señalamos una mesa llena de paquetes que le hizo esbozar una gran sonrisa de ilusión.

A los pocos minutos, entraban mi hermano y su familia por la puerta, levantábamos a Iván y abríamos el primero de los paquetes: unos camiones geniales y coches para cada uno. Mi hermana llegó al poco con más paquetes porque el tío Jose había pasado mala noche y lo mejor era dejarlo en la tranquilidad del hogar y no armar mucho barullo a su alrededor.

Los peques abrieron sus regalos muy ilusionados: coches teledirigidos, Invizimals, paneles motivadores con caramelos imanes... Todo les hizo mucha ilusión.

Enseguida se pusieron a jugar entusiasmados.




domingo, 11 de enero de 2015

Diez frases sobre maternidad que nunca entendí

Desde que me convertí en madre por primera vez en 2009 me acompañan consejos, dichos y comentarios críticos sobre absolutamente todo lo que hago con respecto a mis hijos. Algunos los acojo con alegría y me han ayudado mucho, otros los escribo en el aire y ahí se quedan para el que los quiera.

Cuando Greta de Lasumom nos retó a hacer un post de lista en el curso que nos imparte para mejorar nuestros blogs, pensé que no sería mala idea verter en este espacio mío personal unas reflexiones sobre los dichos que nunca he entendido y nunca entenderé. Siempre desde el respeto, porque lo que no me funciona a mí, sí que le puede funcionar a otra madre.

1- No le cojas o se acostumbrará a los brazos: Si yo quiero y él quiere ¿Dónde demonios está el problema?

2- Con la teta nunca sabes si ha comido lo suficiente: ¿Que ronque como un bendito después de cada toma no es indicativo suficiente?

3- Si le metes en tu cama ya nunca lo sacarás: Pues va a ser muy divertido cuando se traiga a la novia

4- ¿Estás loca? Se va a atragantar: Con el cuidadito que estoy teniendo y su cara de gula cómo se lo voy a negar al pobre.

5- Siempre lo llevas hecho un desastre ¡que van a pensar de ti las otras madres! Sus amigos se reirán de él: Niño sucio, niño feliz (por mucho que yo les limpie ellos siempre encuentran la forma de hacerse un asco a los cinco minutos).

6- Ese juguete no es para su edad (normalmente me lo dicen con cara de "estás exponiéndolo a un terrible peligro y te vas a arrepentir"): Si yo juego con él, retiro las piezas peligrosas y su hermano mayor está encantado, no veo ese gran peligro por ningún lado.

7- Mira que juguetes más rotos. No saben cuidarlos: O se lo han pasado tan bien jugando con ellos que acaban por romperse del uso. No se los compré para usarlos de adorno.

8- Los niños de ahora tiene tantos juguetes que no juegan con ninguno: Los míos juegan con todos, pero por turnos. Es imposible que los cojan todos a la vez, o todos en un día para demostrar que les gusta.

9- No les dejes jugar a videojuegos ni que se metan en internet. Es malísimos y les atonta: No dejarles jugar con los dispositivos tecnológicos actuales les deja fuera de juego social, educativa y laboralmente. Asumámoslo, esta generación son nativos digitales, nosotros inmigrantes y nuestros padres analfabetos. No podemos prohibírselo, sino formarnos para enseñarles a darles un buen uso. Pronto serán ellos los que nos den lecciones a nosotros.

10- En cuanto entra el bebé, las mascotas salen por la puerta: No entiendo esa incompatibilidad. Cierto que mis gatos hubiera preferido seguir siendo los reyes de la casa y no aguantar el trato cariñoso bestiajo que les dispensan mis niños, pero en general, puedo afirmar que somos una maravillosa familia feliz de dos padres, dos niños y dos gatos que parecen tigres. Y no, los niños no se han vuelto alérgicos a mis mininos, como predijeron muchos desde que tuve a Daniel entre mis brazos.

Intensa tarde de parque

Después de la gran experiencia con el Oculus, comenzó una larga experiencia real en el parque. A los chiquillos les encanta ese parque. Es muy completo. Lo primero que hicieron fue lanzarse a los impresionantes columpios. De allí pasaron a la zona de ejercicios, que casi les llama más la atención que la infantil. Su tía Silvia y papá se unieron al frenesí deportivo. Yo prefería mirarles muy sonriente. La sonrisa ejercita tropecientosmil músculos, que lo he leído en alguna. Es el mejor ejercicio que hay.

Desde allí comenzamos nuestros recorrido por todo el parque. En la pista para coches teledirigidos, los peques siguieron quemando energías a tope. ¡Que bien se lo pasaron corrriendo por el circuito!

El lago de los patos fue lo que menos les llamó la atención. se ve que ya han visto muchos, pero la montaña de escalada vertical los dejó hipnotizados un buen rato. Cuando ya nos íbamos a retirar, sobre todo, porque se levantó un fresquete importante, nos mandó un whatsapp mi hermano para reunirse con nosotros.

Los niños se volvieron locos de contento porque les encanta estar con sus tíos de Canarias. Después de una corta deliberación decidimos meternos en un bar cafetería a tomar algo calentito: cafés chocolates y unos churros bastante malos, todo ello regado con risas y una grata conversación.

Cuando mi hermana nos volvió a dejar en casa de mi madre ya era bastante tarde y todos llegamos tocados. Mi espalda no ha sido la misma y el mayor de mis vástagos se fue a la cama con mala cara y amaneció con fiebre al día siguiente.




sábado, 10 de enero de 2015

El Oculús

Uno de los días que pasamos en Las Palmas de Gran Canaria, mi hermano nos invitó a comer a su casa para que pudiéramos saludar en persona al pobre tío Jose. Había sufrido un tremendo accidente de moto que se había traducido en la operación de una de sus piernas. Lo está pasando bastante mal y trasladarse él a la casa de mi madre era del todo imposible. Así que, tras consultar con el aludido, mi hermana nos acercó para comer todos juntos.

Una vez en su casa, el tío Jose, nos enseñó un "juguetito" que le habían prestado en su trabajo. Se llama Oculus y es impresionante. Es un proyecto de realidad en tres dimensiones de Siemmens. Te pones las gafas conectadas al ordenador, cargamos una simulación y apareces en medio de un escenario de repente. Yo estuve en un paisaje increíble con casa que podías recorrer incluída y viajando en un vagón dentro de una mina llena de cascadas, murciélagos y arañas. Impresionante. Casi parecía que podías tocarlo con la mano. Te podías dar la vuelta 180 grados y veías lo que tenías a tus espaldas. Una pasada.

A los niños les flipó, pero al padre ya ni te cuento. A mí me mareó un poco debido a que soy miope y parece ser que si tienes falta de vista el efecto de engañar al cerebro de una forma tan tecnológica se traduce en leves vértigos, que agravaron mis fieras portándose como unos bárbaros en la vida real.

Casi puedo decir que no respiré tranquila hasta que salimos con dirección al parque tras dar buena cuenta de las pizzas y los perritos calientes.

Los peques preferían volver a experimentar la realidad en 3D, pero me puse firme y los sacamos en contra de su voluntad.

viernes, 9 de enero de 2015

El Museo Elder y Peppa Pig

Paseando por la ciudad gran canaria vimos unos carteles que anunciaban a lo grande que la famosísima Peppa Pig iba a estar por el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología. Como era una de nuestras citas pendientes para ir con los niños no vimos mejor ocasión para cumplirla por fin. Tengo unos recuerdos buenísimos de ese museo de cuando lo fui a visitar allá por el año del catapum chin pum.

Nada más llegar a las puertas a los niños les llamó a la atención unos columpios con un tobogán larguísimo, así que hubo que hacer una parada obligatoria. Lo que nos hizo llegar tarde al pase de las cinco y tener que esperar una horita para entrar al de las seis. Los niños encantados porque les llevamos a ver el barco de la entrada, el tres, el avión y a tomar un helado a una McDonalds con la típica zona infantil. Hasta nos costó sacarlos de allí para volver al museo.

Después de una larga espera amenizada por un circuito alucinante en el que pelotas de colores bajaban, subían, votaban, se deslizaban, ase columpiaban... Pasamos a una sala de cine pequeñita.

Allí nos proyectaron el capítulo donde la cerdita y su hermano tomaban su primer contacto con las estrellas. Cuando ya me temía lo peor (un maratón inaguantable de la serie en cuestión) se encendieron las luces y dio comienzo una obra ideal para los niños. Para empezar uno de los protagonistas le gastábamos una broma pesada y acababa con su culete estampado en el suelo unas cuantas veces para carcajada general del público infantil. De una forma muy divertida y amena la profesora científica, Lupita y Gonzalito les enseñaron a los niños los planetas del sistema solar.

De repente, pidieron diez voluntarios y todos los chiquillos bajaron en masa al escenario con toda la ilusión del mundo. Los actores no tuvieron corazón para volver a invitarles a que se sentaran, así que repartieron planteas, sol y luna entre diez y al resto los pusieron a mover las manos como estrellitas.

Me encantó el detalle. Así estaban todos los niños la mar de contentos por formar parte de la obra.

Cuando acabó, entraron unas chicas que eran las ayudantes de Peppa Pig y nos llevaron a otra zona en la que podíamos acceder a dos planetarios pequeños, una zona de juegos, otra de pintacaras, otra de colorear...

Nosotros empezamos por el planetario mayor en el que se veía el cielo sobre nosotros. Nos gustó mucho. Luego pasamos a la zona de juegos, en la que los niños jugaron a la rayuela, hicieron carrera de sacos, pasaron por le túnel...

Me costó bastante sacarlos de allí, pero los convencí porque les anuncié la llegada inminente de la famosa cerdita. Una enorme Peppa de peluche se mezcló entre los niños, mientras las monitoras pedían que se formara una ordenada fila para la típica foto.

Cómo siempre hubo lío, pero mis peques no se fueron de allí sin su anhelada foto. El más emocionado era Iván, evidentemente. A Daniel Peppa se la traía un poco al pairo, pero al final se contagió de la alegría popular y participó  de la algarabía como el más fan de todos.

En cuanto se acabó el posado nos metimos en el segundo planetario, en el que un chico explicaba la historia del universo con marionetas que brillaban en la oscuridad. Algo que tuvo mucho éxito entre los más pequeños del grupo.

Al salir pusimos a recorrer el museo sin perder ni un segundo. No nos quedaba mucho tiempo hasta que cerraran las puertas. Huesos de animales y dinosaurios, aparatos de medida e investigación, experimentos.. Todo les llamaba la atención.

Sobre todo el avión de guerra que habían colocado en el centro y en que se podía uno sentar a los mandos.

Justo en esas estábamos cuando anunciaron que el museo cerraría sus puertas en breve y a Daniel le dio un ataque de pánico pensando que se iba a quedar atrapado dentro. Nos tachó a todos de locos por no correr hacia las puertas de salida y se puso a berrear histérico. No me quedó más remedio que acercarle a una de las trabajadoras para que lo tranquilizara. Encima le aseguró que a la salida daban chocolatinas, así que lo dejó de lo más contento.

Cuando nos fuimos se lanzaron como locos a la enorme piedra redonda que se puede mover gracias al rozamiento con el agua. A todos los niños les encanta empujarla para que ruede sobre si misma. Y a los mayores también. En esas estábamos cuando, de repente, la apagaron y no hubo fuerza humana que la hiciera moverse ni un milímetro. Nos vino al pelo para explicarles la causa de que pudieran arrastrarla sin esfuerzo gracias al agua.

Después de tantas emociones nos fuimos a casa agotados.


jueves, 8 de enero de 2015

Playita aunque refresque

los chiquillos venían con muchas ganas de playa. de hecho nos pidieron que les lleváramos nada más aterrizar el avión ¡casi a medianoche! ¡Qué locura! Y al día siguiente, primero de año, tampoco les dimos el gusto, pero el dos de enero, pese al fresquete que hacía nos acercamos.

Al menos para que jueguen con la arena, pensamos. Al final nos hizo hasta un poco de calor. no nos atrevimos a bañarnos porque, de vez en cuando se levantaba un viento que no invitaba a la inmersión, pero agua estaba tan buena que no pudimos evitar la tentación de meter las piernas. Los chiquillos se mojaron enteros como era de esperar.

Se lo pasaron pipa jugando con las olas, haciendo castillos  y correteando como locos. La playa es ideal para ir con niños. Encima no había mucha gente. así que estabamos a nuestras anchas. No habían pasado más que un par de horitas cuando vimos que se acercaba un nubarrón bastante importante y levantamos el campamento.

Aprovechamos que aún era temprano para pasarnos por el belén de figuras que arena que levantan todos los años. Nunca decepciona, aunque, en esta ocasión, nos dio la impresión de tener menos detalle que otras veces.

cuando terminamos el recorrido, los peques aún tenían ganas de ir a los columpios, pero tendrá que ser la próxima vez que vayamos porque se nos hacía tarde para comer.