martes, 22 de agosto de 2023

Tdn 2023: Taller para crear juegos mesa

La primera actividad a la que fui en las jornadas Tierra de Nadie fue una que monté yo misma, pero para la que al final tuve muchísima ayuda. La primera en contribuir fue Careni, que trajo un montón de material para sumar al que ya teníamos. Si es que más maja no puede ser. Luego tuvimos varios padres que se quedaron a ayudar a sus hijos en el proceso creativo, sobre todo si eran muy peques.

Kellypch también estuvo por ahí echando una mano en todo lo que hiciera falta y haciendo algunas de las fotos que acompañan este post.

En un principio, en la descripción de la actividad dije que iba dirigida a niños mayores de 8 años, porque pensé que serían los que más lo aprovecharían, pero se me presentaron una panda de pequeñines que dejaron el listón muy alto e hicieron que me tragara mis palabras. Las mamás de estos chiquitines también se quedaron para ayudar a sus hijos en su proceso creativo, lo que también supuso una gran ayuda.

Había puesto la actividad con preinscripción porque pensé que sería bueno mandarles una lista de los materiales para que fueran con algo pensado, ya que dos horas me parecía muy poco tiempo para todo el proceso de creación, pero al final salieron un montón de ideas muy chulas entre los que venían con algo pensado y los que llegaron a lo que surgiera.

Si es que a los niños les sale la creatividad por las orejas.

Hubo un fallo gordo, pero buscaron muy bien la vida para solventarlo: Se me olvidó llevar reglas. ¡Y eso que tengo tropecientas en casa!

Durante el taller me dediqué a pulular entre las mesas para ver si podía ayudar a los jóvenes creadores en sus juegos recomendándoles algún material o aconsejándoles alguna cosa. Pero vamos, que tenían muy claro lo que querían. Cuando uno terminaba, le pedía que me explicara el juego y hasta me dio tiempo a jugar una partida con ellos.

Por ejemplo, al juego de un pequeñín, que al principio pensó que se trataba de hacer dibujos y al final reconvirtió su ilustración en un juego muy divertido. Se trataba de tirar una ficha cuadrada a las letras del tablero y si fallabas la puntería caías en trampas que te expulsaban y te hacían volver a empezar: Un torbellino, perritos que te mordían el culo, una serpiente...

Otra creativa ideó un tablero en el que se reflejaban las películas de Harry Potter (ella era demasiado pequeña como para haber leído los libros). Los jugadores tenían que elegir una personaje al azar y hacer el recorrido propuesto para cada uno con miles de trampas y sorpresas como el perro de tres cabezas de Hagrid, la copa de los tres magos o un enfrentamiento con Draco Malfoy, por ejemplo.

Otra niña mayor, comenzó a hacer un juego también ambientado en Harry Potter, pero sólo le dio tiempo a hacer una flipantes casillas muelle. Se llevó el material que necesitaba para terminarlo en casa, pero al final no me contó en qué consistía. Viviré con la curiosidad toda la vida.

Iván, por su parte, se inventó un juego de gatos que tenían que encontrar pescados y llevarlos a su guarida sin que un vigilante les pillara. Si les cogía por el camino, perdían todos los pescados que llevaran, pero si habían llegado a la guarida esos pescados se convertían en puntos de victoria y el gato podía volver a salir a buscar más pescados sorteando al vigilante y sus trampas.

Otro peque ideó un juego colaborativo con una circuito en el que te podías encontrar con una monstruo de plastilina y tener que enfrentarte a él o correr delante de una enorme bola de piedra, entre otras sorpresa.

El niño que estaba a su lado se inventó un curioso juego en el que se tiraban unos dados que se podían volver a tirar hasta tres veces para conseguir antenas y torres con los que conseguir material para pagar trabajadores. Al final de la partida, gana quien más trabajadores tenga.

Otra creadora se negó en redondo a decirme en qué consistía su proyecto, pero sacó otro prototipo basado en la exploración científica del espacio y echamos unas partidita. Me pareció muy interesante.

Intenté jugar al menos una partida con todos los participantes. Me quedó por probar el de las torres y uno de otro peque que no pudo acabarlo porque quería hacer una cuadrícula bastante complicada para que se movieran los héroes (humano guerrero, humano mago, elfo arquero y enano guerrero) para luchar contra hordas de orcos.

Daniel me dijo que no se le ocurría nada, así que se limito a crear dados para hacer guerras de bandas sacadas de animes como Tokio Revenge. No me dijo cómo funcionaban los dados, pero se fue muy feliz con ellos en el bolsillo.

Cuando iba a dar por finalizado el taller, uno de los pequeños se me acercó con mucha ilusión para informarme de que había hecho un segundo juego. No dio tiempo para jugar una partida, pero sí para que me lo explicara y me pareció muy chulo. Un gato debía recorrer un camino de caritas felices, serias o enfadadas para conseguir su queso. Dependiendo de dónde cayera pasaba una cosa u otra: Si era una carita feliz se quedaba donde había caído, si era una carita enfadada retrocedía a la casilla donde había iniciado el turno y si era seria sacaba una carta para hacer pruebas. Si hacía bien la prueba se quedaba en la casilla y si no retrocedía.

Y ahí sí que tuve que darle fin por si necesitaban la sala para otra actividad.

Espero que los niños se lo pasaran bien. Yo, desde luego, lo disfruté muchísimo.



jueves, 10 de agosto de 2023

TdN 2023

Volvieron las Jornadas Tierra de Nadie al Ceulaj, en Mollina, y con ellas cuatro días llenos de juegos, rol, talleres... y mil actividades geniales.

Estas jornadas han sido especialmente interesantes porque el volumen de actividades ha sido altísimo, o eso me ha parecido a mí que tenía plan A, B, C, D... Si no conseguía plaza en algo, tenía otras tres opciones para la misma franja horaria. Esto te hace desear con mucha fuerza poder multiplicarte y asistir a todo.

Encima, pude asistir a todas mis opciones A, excepto a dos. ¡Eso es una maravilla! De hecho, la segunda actividad que me perdí no fue por ser lenta inscribiéndome, sino porque Raúl me hizo ver que habíamos pisado poco al ludoteca ese año y había que hacer rodar dados y deslizar cartas por la mesa, así que, con toda la pena de mi corazón, renuncié a una partida de Blood on the clock tower, pero eso no quiere decir que lo pasara mal. Al contrario. Fue una tarde genial.

Es que elijas lo que elijas lo pasas genial. A no ser que resulte que no se haya apuntado el suficiente número de personas a la actividad y te encuentres con que no se puede realizar, como le pasó al pobre Daniel con la de el Primer Torneo Killer Compitruenos, en la que se iban a formar dos grupos para resolver retos por todo el Ceulaj y acabar con un torneo de piedra, papel y tijera. Pintaba genial y espero que lo vuelvan a intentar en la siguiente edición. No me pude apuntar porque me coincidía con otra actividad, pero sí que me hubiera gustado.

Afortunadamente, Daniel se desquitó con su sesión de laser tag, que, por lo que contó, fue una pasada. Me hubiera gustado apuntarme, pero yo ya tenía lío por mi parte. Como he dicho antes, ¡ojalá pudiera multiplicarme e ir a todo!

Y si no consigues plaza en ninguna de tus opciones, siempre te quedará la Sala Europa con su ludoteca gigante.

El primer día llegamos tempranito y aprovechamos para relajarnos en la piscina tras hacer la inscripción y dejar todos los bástulos en la habitación. Necesitábamos ese momento porque sabíamos que el resto de las jornadas iban a ser trepidantes.


Empezando por la comida de aquel día (ya que no se incluye en las jornadas), ya que el sitio al que vamos siempre estaba lleno. Menos mal que el dueño era muy majete y nos indicó otro sitio para comer que estaba muy bien.

Y con la barriga bien llena comenzaron las jornadas para nosotros :)

miércoles, 9 de agosto de 2023

Escape Book

En Escape Book nos vamos a encontrar una aventura literaria alucinante. Un grupo de adolescente se enfrenta a un arriesgado reto en la feria. Sólo el haya leído los grandes títulos de la literatura universal podrá escapar de la extraña y misteriosa caseta "Escape book. ¡La experiencia inmersiva más alucinante!".

Sin hacer mucho caso a la advertencia de que el que no lo resuelve entero, no sale; Elisabet, Alicia, Bruno e Iván se internan en las salas cambiantes del juego. Realmente la experiencia inmersiva es alucinante, quizá demasiado.

Pronto se dan cuenta de que algo raro se cuece allí y que las advertencias iniciales no eran sólo para impresionar. Será mejor que pongan en práctica sus conocimientos literarios a tope, o su intuición y lógica cuando les falte el conocimiento.

El lector que acompaña a los chicos en esta aventura también puede tratar de averiguar las respuestas a los retos parando antes de que se desvelen y luego comprobando las soluciones, mientras conoce un poco mejor a la protagonista, Elisabet la empollona; y a sus amigos; Alicia la impulsiva, Bruno el cafre e Iván el guaperas.

Salir de la trampa en la que ellos mismos se han metido no va a ser nada fácil.

Jordi Sierra i Fabra construye una historia llena de suspense y enigmas curiosos que hace que el lector alimente su intriga y curiosidad, además de aprender sobre literatura y sus títulos más famosos. Les tira la caña para atraerlos hacia ellos y que les entren ganas de leerlos y comprobar por ellos mismos las respuestas que encuentran en el libro.

Alberto Díaz; de estilo muy limpio y aparentemente sencillo, pero lleno de detalles; da vida a los personajes en unas ilustraciones que transmiten lo necesario en cada situación. Desde la diversión inicial propia de unos jóvenes que van a la feria a pasarlo bien, hasta la tensión de los momentos más emocionantes de la historia.

Además, entre las páginas del libro encontramos la entrada a la atracción de feria para invitarnos a soñar con lo que pasaría si fuéramos nosotros y no ellos los que nos introdujéramos en el mágico Escape Book.

martes, 8 de agosto de 2023

Conjunto arqueológico de los Dólmenes de Antequera

Desde hace unos años, ponemos rumbo a las jornadas Tierra de Nadie, en Mollina, un día antes para llegar descansados al día siguiente. Nos intentamos pillar un alojamiento que no sea muy caro casi llegando al pueblo y aprovechamos para conocer una poco la zona.

Este año nos costó bastante encontrar el lugar indicado porque los precios nos parecían desorbitados y las opciones asequibles no daban opción a una sola noche. Cuando ya casi pensábamos que ese año tocaba ir directos apareció la solución: Casa Flamingo en Fuente de Piedra.

La habían publicado hacía un par de días y nos pareció perfecta para lo que queríamos. No estaba situada en una zona bonita, con vistas ni nada, pero parecía cómoda, tenía piscina y era barata. Reservada.

Además, estaba cerca de una zona con cosas muy chulas, entre ellas el conjunto arqueológico de los Dólmenes de Antequera. 

También buscamos dónde comer cuando llegáramos y nos decidimos por El caserío de San Benito, que prometía mucho en cuanto a calidad precio. Y no nos decepcionó en absoluta. El lugar era precioso y la comida deliciosa y ¡muy abundante! Salimos de allí rodando. Es curioso como tenemos un sentimiento extraño de vergüenza por dejar comida en el plato en los restaurantes. Por lo menos yo, que me comí lo mío y lo de Iván porque es de poco comer. Total, casi estallo, pero qué bueno estaba todo.

Menos mal que el apartamento estaba cerca. Es muy cuqui y encima nos dejaron de regalo unas pastas artesanas y un vermut delicioso. Los niños sólo querían piscinear, pero les sacamos de la piscina y los arrastramos de las orejas a ver este conjunto histórico alucinante. Les tuvimos que aguantar carros y carretas, pero, como casi siempre alucinaron con el lugar al que los llevamos, pero disimulándolo, por supuesto. Tienen su orgullo. Un orgullo enoooorme.

El caso es que los metimos en el coche  a pesar de todas sus protestas y nos fuimos a ver los dólmenes a eso de las ocho de la noche porque antes era imposible.

Comenzamos la visita por el Museo, pero dos peques enfadados no me dejaron enterarme de mucho. Menos mal que al  menos en el vídeo explicativo se estuvieron quietos y callados. Alucinante como construyeron el dolmen de Menga y el tema de que la puerta de éste no apunte a ningún solsticio sino a una roca mágica. Esto da para aventura rolera.

Tras el vídeo comenzamos el recorrido y nos dirigimos al Dolmen de Viera, que se llama así porque lo descubrieron dos hermanos con ese apellido, Éste y el de Menga está construido con enormes piedras y cubiertos con tierra formando una colinita. 

Entrar es sobrecogedor. Sobre todo sabiendo que allí enterraban a los cadáveres con sus pertenencias. De hecho, los arqueólogos encontraron varios artefactos allí dentro. Un pasillo bastante largo, desemboca en una habitación cuadrada y te vas imaginando todo el camino épocas pasadas. 

De allí nos dirigimos al de Menga que es aún más impresionante, básicamente porque es más grande. El corredor tiene pilares en medio para soportar el techo y desemboca en una cámara funeraria alargada con un pozo en el suelo que es un gran misterio para los historiadores. El vigilante nos contó que habían dos teorías al respecto: la primera que el agua fuera sagrada y la segunda que se hiciera a posteriori cuando se utilizó para guardar ganado con el fin de darles de beber. Meterte dentro de este dolmen es algo mágico. 

Y cuando te asomas a la puerta tienes una vista impresionante de la roca mágica, la peña de los enamorados, una roca con forma de perfil femenino. Suponemos que la llaman así porque detrás se puede distinguir otra roca con forma de perfil masculino un poco más lejana.

Ambos dólmenes son monumentos megalíticos construidos en el paleolítico y se encuentran uno al lado del otro. Un poco más allá, se encuentra el dolmen de El Romeral, el vigilante nos habló un poco de él y de las diferencias con los dos primeros y nos aconsejó que nos diéramos prisa porque cerraban a las 21.30 y ya eran las 21.10.

Salimos pitando ansiosos de ver nuevas maravillas y llegamos a tiempo para visitar este conjunto megalítico construido con una técnica muy diferente que ya no usaba grandes piedras, sino pequeñas con formas de laja y cuyos techos eran falsas bóvedas propias de un movimiento mediterráneo, el calcolítico. Un largo pasillo desemboca en una sala circular de la que sale otro pasillo que da a otra cámara, también circular pero mucho más pequeña, que tiene el acceso restringido. Se puede ver a través de unas rejas.

Fue una visita alucinante. La pena es que no nos dio tiempo a visitar El Torcal, que también promete ser impresionante. Lo dejamos para otro año con gran pena. No se puede estar a todo.

Volvimos a la casa y decidimos cenar en el patio trasero porque estábamos aún llenos de la comida en El caserío de San Benito y porque estábamos cansados y no nos apetecía salir. Como había preparado algunas viandas para le viaje y nos habíamos pasado por un súper por el camino montamos una cena la mar de apañada y agradable.









miércoles, 2 de agosto de 2023

El truco de Olej

Teatro Pavón estrenó ayer El truco de Olej, una fantasía maravillosa sobre un niño que quiere abandonar la escoba y actuar en la pista del circo en el que trabaja.

A la magia del entorno cirquense se le suma la del circo negro con número imposibles y alucinantes con marionetas y colores fluor que te hipnotizan de principio a fin. Tanto que a veces, el público no se da cuenta de que puede formar parte de la obra contestando al director de pista o aplaudiendo al ritmo de la música porque está demasiado atento a cada movimiento de los elementos que van apareciendo en el escenario y que son manipulado con gran maestría por los hombres de negro de la compañía Kompanía Romanelli.

En escena, el pequeño Olej se ganará el corazón de los asistentes a fuerza de interrumpir el espectáculo con la ilusión de mostrar su truco, mientras que el pobre director de pista hará todo lo posible porque todo se desarrolle tal y como estaba previsto. Y entre equilibristas, payasos y saltimbanquis se palpará el empeño ilusionante de uno y la desesperación del otro para deleite del público, sobre todo el más pequeño, que no podía evitar animar al más pequeño, lanzar exclamaciones de asombro y reír a carcajadas en los momentos más chocantes.


Cuando finaliza la obra, de una manera muy simpática, no se cierra el telón porque la compañía entera sale a saludar y nos invita a quedarnos un poco más para conocer los trucos que hay detrás de este teatro negro. Vale la pena quedarse porque es alucinante como manejan los muñecos y como se coordinan para que los movimientos sean suaves y fluidos.

El truco de Olej está en cartelera hasta el 27 de agosto de martes a sábado a las 19:00 y los domingos a las 12:00 en el teatro Pavón y el precio de las entradas oscila entre 16 a 24 euros, aunque en la web del teatro ofertan descuentos del 20% si vais dos personas, 25% si vais cuatro y 30% si vais seis.

Tras el teatro nos fuimos a cenar una hamburguesa deliciosa de Don Oso dando un agradable paseo por la zona, que es muy bonita para redondear el planazo de la tarde.



martes, 1 de agosto de 2023

Pasaporte para el Museo del Prado hecho por mihijonohabla.com

Hacía tiempo que me había descargado e impreso el pasaporte para visitar el Museo del Prado con las fieras disponible en la web mihijonohabla.com. Pero no había tenido tiempo de ir, ¡qué raro en mí! Quiero hacer tantas cosas que no me cunde nada. El caso es que encontré el hueco y allá que fui con los chiquillos. El mayor, adolescente listillo que se cree muy mayor, declaró desde el minuto cero que él ya no le iban esos juegos para niños pequeños. ¡Pues peor para él! Iván y yo nos lo pasamos de lujo jugando entre cuadros.

Pero ya me estoy adelantando. Lo primero que hice fue elegir un día y hora de poca afluencia porque El Prado es un Museo de masas y no quería llevarme la sorpresa de colas interminables o incluso ni siquiera poder acceder. Así que decidimos ir el martes a la hora de la apertura. ¡Y aún así había bastante gente!

Hicimos una minicola y accedimos sin problemas a la instalaciones. Bueno, con un pequeño problema sí. No dejan pasar botellas de agua, así que teníamos que tirarlas o dejarlas en las taquillas. El tema es que con esto de la pandemia ya es muy raro que lleve dinero suelto, así que no tenía el euro requerido para la taquilla. Con lo cual decidí dejar las botellas sobre las taquillas y esperar que me esperaran allí a mi vuelta. Ya sería raro que nadie se apoderara de unas botellas reusadas. 

Este pequeño inciso en nuestra aventura supuso un enfado importante en el adolescente que me tachó de cutre y rácana por haber tirado por la carretera de en medio. "Qué vergüenza mamá, que vergüenza. Si sólo son tres botellitas de agua cutres. Ya podíamos haber comprado otras a la salida", me repetía abochornado.

Ainsss... Esta generación del consumismo irresponsable. En fin. Que no le hice ni caso y seguía a lo mío sacando el móvil para hacer tremenda foto de la primera sala. Segundo tropezón, porque resulta que no se pueden hacer fotos dentro del Museo. La vigilante, con suma paciencia me explicó que había dos excepciones en sendas salas que me señaló en el  mapa, pero que procedí a olvidar sistemáticamente porque no correspondían a las que indicaban en el pasaporte con las obras del juego.

En fin, no habría inmortalización del momento, pero no pasa nada. Se quedará en nuestras memorias y en estas líneas. Miramos el mapa para situarnos y encontrar las primeras obras del juego. La vigilante nos vio y nos aconsejó coger un mapa oficial para cotejar con el del juego. No costaba nada, así que pillamos uno y nos dirigimos a los cuadros de Adan y Eva de Tiziano y Rubens. La prueba consistía en buscar los elementos parecidos, pero Iván se empeñó en buscar diferencias. Siempre llevando la contraria. Si es que no les gusta nada seguir normas. En fin, como tanto da que da lo mismo, se lo di por bueno y nos pusimos a buscar cinco diferencias (pero yo también buscaba los elementos comunes y se lo dejaba caer de vez en cuando). Lo conseguimos y ganamos la primera letra.

La siguiente obra tampoco fue difícil de buscar, se trataba de Las Meninas, situada en la sala más grande la planta. Durante el trayecto intenté parar en otras obras y comentarlas, pero el peque no quería perder el tiempo. En cambio, el mayor, todo lo contrario. Como no estaba jugando quería ver el museo con tranquilidad. Y yo, por mi parte, no quería perder de vista a ninguno de los dos. Conclusión: Madre estresada y niños enfurruñados hasta llegar al siguiente objetivo.

Una vez allí nos dispusimos a buscar lo que se nos pedía en el cuaderno. Dos de los elementos Iván los localizó enseguida, pero el que nos quedaba no sabíamos ni lo que nos estaba pidiendo: un pentimento. Disculpad mi incultura, pero ni idea de lo que era hasta que google nos iluminó. Mola porque estuvimos bastante entretenidos buscando en el móvil qué eran y dónde encontrar uno en Las Meninas. Esto último no lo conseguimos, pero pudimos ver las patas duplicadas en Felipe IV a caballo, otro famoso cuadro de Velázquez. Por cierto un pentimento es una corrección que se puede apreciar a simple vista. por ejemplo, en el cuadro de Felipe IV el caballo tiene las patas traseras duplicadas.

Más adelante, y en casa, con tranquilidad, encontré el pentimento de Las Meninas. Esa letra no la ganamos, pero ganamos en conocimiento, que también mola aprender cosas nuevas.

La siguiente prueba se basaba la maja desnuda de Goya, pero ésta no le hizo mucha gracia a Iván porque no necesitaba de tener el cuadro delante para resolverla. Curiosamente a las dos fieras les costó un montón ver la solución, aunque yo la vi a primera vista. En fin, que no creáis que el más peque invirtió ni un segundo de su vida en admirar el cuadro y su pareja, la maja vestida. Enseguida quiso ponerse en marcha al siguiente objetivo.

En cambio su hermano no paraba de perdérseme para contemplar esto u lo otro que había llamado su atención.

Los llamé al orden y les exigí un término medio. Ni correr de un objetivo a otro, ni pararse en todas las obras. Es más, teníamos otro destino que buscar: un baño. Daniel indicó uno en el piso superior y allá que nos fuimos tan felices. Fue cuando nos perdimos. No había manera de encontrar el baño, ni las salas con los cuadros del juego, ni mi cordura. Encima, todos los vigilantes de sala parecían haberse puesto de acuerdo para desaparecer. La angustia crecía junto con las ganas de hacer pis y eso hizo que los ánimos se caldearan. Ya nos ves a los tres lanzando sapos y culebras por la boca alrdedor del mapan y clamando por el baño. 

De vez en cuando uno se paraba ante algo curioso de la colección y los otros dos le fulminaban con la mirada (vale, ese alguien solía ser yo. Lo admito).

Finalmente, y para alegría de todos, Daniel encontró el baño. Ya más tranquilos nos sentamos a templar ánimos, ubicarnos y llegar al lugar donde se encontraba el resto de las piezas del pasaporte.

La obra que más les gustó, como yo ya me imaginaba, fue El jardín de las delicias. Buscar los elementos que se pedía en el pasaporte fue muy divertido. Terminamos con los dos que quedaban, aunque el de la ermita de Maderuelo la prueba era del estilo de la de la maja desnuda y Iván volvió a comentar que le molaban más las de buscar elementos. 

Terminamos con todo y, aunque nos faltaba una letra, el peque no tuvo problemas en sacar la palabra escondida y exigir su premio.

Lo prometida es deuda, así que fuimos en busca del premio, merecido para Iván e inmerecidísimo para Daniel. Pero antes hicimos una parada en las taquillas a recoger las botellas para gran bochorno de Daniel (sí, ahí estaban esperándonos) y otra parada en otro lugar muy interesante que ya os cuento en otro post.