El día de mi cumple me levanté rodeada de besos y achuchones de mis tres hombres. Raúl se fue a trabajar tras asegurar a los niños que lo celebraríamos el fin de semana. Ese mismo día era imposible porque sólo les veo una hora por la mañana y luego ellos entran en el cole y yo tengo el curso por la tarde. Aún así Iván seguía erre que erre que quería hacer una tarta de chocolate conmigo y Daniel buscaba desesperado algo que regalarme. Por fin se le iluminó la mirada al mayor y me pidió un papel de regalo muy misterioso. Le di unos trozos que tenía guardados y me alargó un paquete. Lo abrí muy emocionada y me encontré con un bote de espuma para el pelo muy fashion. Muy contenta se lo agradecí efusivamente.
En vista del éxito, Iván se acercó con un globo naranja que no sé dónde lo habría encontrado y también me lo regaló. Más besos, más abrazos, más achuchones... Y un poco de nervio porque yo veía que no llegábamos al cole no a la hora del recreo.
Cuando vi avanzar a Daniel con otro paquete, le pedí que fuera le último por hoy porque aún tenían que vestirse. Lo abrí y era un libro suyo muy chulo de un perrito que se esconde y su mamá tiene que buscarle por toda la casa.
Muy feliz de tenerles a mi lado y que me hubieran agasajado de esa manera, decidí vestirles yo para ganar segundos al reloj y logramos llegar por los pelos. Me despedí de ellos efusivamente y me metí de lleno en la rutina. Eso sí, rodeada de felicitaciones increíbles que me llegaban de todos los frentes.
miércoles, 15 de abril de 2015
martes, 14 de abril de 2015
Un arroz con marisco a la orilla del río
La verdad es que no paramos quietos en Semana Santa y lo pasamos genial, quitando alguna discusión o regañina.
El sábado lo aprovechamos para ir a hacer un picnic en las mesa de madera que se encuentran cerca del río. Temiéndome lo peor y que algún niño se nos fuera a nadar sin nuestro consentimiento con todo el peligro que ellos conlleva, nos sentamos en las más alejadas. Ningún peque se tiró de cabeza al río, aunque sí que arrojaron muchas piedras desde la valla, pero sí que tuvimos dos accidentados por jugar con una construcción en madera muy poco fiable.
Daniel se clavó una astilla e Iván cinco. Menos mal que tenía la aguja biselada que nos regaló la pediatra en otra ocasión en la que nos enfrentamos a un montonazo de astillas en la manita del mayor, y a un experto quita astillas que tuvo la paciencia de hurgar en las manitas de dos niños poco colaborativos hasta que salieron todas.
Por lo demás lo pasamos genial al solecito, ¡incluso nos quemamos! Los niños tuvieron un montón de actividades improvisadas como machacamiento de ladrillos de adobe, tiro al arco (que acababan de construir con unos palos Raúl y un amigo suyo) y correr detrás de una pelota como si no hubiera un mañana... Hasta que caía al río y algún valiente iba a buscarla.
Entre sol y la paellita de marisco que estaba de chuparse los dedos, fue un día de lo más completo.
El sábado lo aprovechamos para ir a hacer un picnic en las mesa de madera que se encuentran cerca del río. Temiéndome lo peor y que algún niño se nos fuera a nadar sin nuestro consentimiento con todo el peligro que ellos conlleva, nos sentamos en las más alejadas. Ningún peque se tiró de cabeza al río, aunque sí que arrojaron muchas piedras desde la valla, pero sí que tuvimos dos accidentados por jugar con una construcción en madera muy poco fiable.
Daniel se clavó una astilla e Iván cinco. Menos mal que tenía la aguja biselada que nos regaló la pediatra en otra ocasión en la que nos enfrentamos a un montonazo de astillas en la manita del mayor, y a un experto quita astillas que tuvo la paciencia de hurgar en las manitas de dos niños poco colaborativos hasta que salieron todas.
Por lo demás lo pasamos genial al solecito, ¡incluso nos quemamos! Los niños tuvieron un montón de actividades improvisadas como machacamiento de ladrillos de adobe, tiro al arco (que acababan de construir con unos palos Raúl y un amigo suyo) y correr detrás de una pelota como si no hubiera un mañana... Hasta que caía al río y algún valiente iba a buscarla.
Entre sol y la paellita de marisco que estaba de chuparse los dedos, fue un día de lo más completo.
lunes, 13 de abril de 2015
Una fiesta infantil
Cuando empezaron a llegar los amigos de Raúl con sus hijos mi niño mayor se empeñó en celebrar una fiesta infantil por todo lo alto, con búsqueda de huevos de chocolate incluída. Teníamso pensado hacer un picnic en el río más adelante, pero no hubo manera de quitarle esa idea de la cabeza, así que preparamos una parrillada de chuletas, morcillas, pollo y chorizo y abrimos la puerta a sus amiguitos.
Ya sólo con el patio y los juguetes pasaron un buen rato, aunque Daniel estaba muy nervioso y hubo que pararle los pies más de una vez. Extrañamente, de vez en cuando se abducían por la tele en vez de disfrutar del maravilloso día.
La actividad estelar fue la búsqueda de los huevos, aunque al final se quedaron bastante derretidos y chuchurríos por el calor. El mayor de todos los niños encontró casi todos y luego los repartió entre los asistentes con una sonrisa en la boca y muy buena voluntad.
Raúl les organizó una partida de rol de Hero Kids que los tuvo enganchados un buen rato. Y eso que eran un montón y no debió ser fácil conducirla. Daniel fue el único que abandonó antes de que acabara. Se ve que no tenía el día de concentrarse y se fue al patio a jugar mientras el resto fingían ser un grupo de niños héroes en busca de emocionantes aventuras.
Entre unas cosas y otras, se nos fue el día y llegó el momento de la despedida. Los peques estaban muy contrariados porque no querían que se fueran los amigos, pero ya se iba haciendo tarde para los baños y las rutinas varias. Al final cayeron como piedras en sus camas.
Ya sólo con el patio y los juguetes pasaron un buen rato, aunque Daniel estaba muy nervioso y hubo que pararle los pies más de una vez. Extrañamente, de vez en cuando se abducían por la tele en vez de disfrutar del maravilloso día.
La actividad estelar fue la búsqueda de los huevos, aunque al final se quedaron bastante derretidos y chuchurríos por el calor. El mayor de todos los niños encontró casi todos y luego los repartió entre los asistentes con una sonrisa en la boca y muy buena voluntad.
Entre unas cosas y otras, se nos fue el día y llegó el momento de la despedida. Los peques estaban muy contrariados porque no querían que se fueran los amigos, pero ya se iba haciendo tarde para los baños y las rutinas varias. Al final cayeron como piedras en sus camas.
domingo, 12 de abril de 2015
Zafarrancho de limpieza
No todo podía ser jugar. También había que atender la casa. Normalmente nos ocupábamos Raúl o yo mientras ellos jugaban o veían un rato la tele, pero de vez en cuando se empeñaban en ayudar y nosotros les recibíamos encantados.
Lo que más les gustaba era ayudar a papá a regar las plantas, pero también a mí me echaron una manilla barriendo, lavando ropa a mano, fregando, recogiendo... Aunque tras su paso lo normal era que me tocara a mí trabajar el doble jajaja
sábado, 11 de abril de 2015
A Daniel no hay quien le aguante
No sabemos que le pasó al mayor de nuestros vastagos que tuvo unos días durante semana santa que no había por donde cogerlo. La cuestión era llevarnos la contraria en todo momento. Si decíamos de dar una vuelta, quería quedarse en casa. Si proponíamos quedarnos en casa teníamos que salir a toda costa.
Cuando le arrastrábamos hasta la calle con protestas, lloros y lamentaciones por su parte, nunca estaba de acuerdo con el destino que habíamos elegido. Si decíamos que se había acabado el paseo, entonces no quería entrar en casa ni a rastras. ¡¡¡Aaaaaarg!!! Ni toda la paciencia del mundo puede con este tipo de comportamientos, así que ni decir tiene que mamá arrugó el ceño bastantes veces y pegó más gritos de la cuenta.
Menos mal que se le pasó.
Cuando le arrastrábamos hasta la calle con protestas, lloros y lamentaciones por su parte, nunca estaba de acuerdo con el destino que habíamos elegido. Si decíamos que se había acabado el paseo, entonces no quería entrar en casa ni a rastras. ¡¡¡Aaaaaarg!!! Ni toda la paciencia del mundo puede con este tipo de comportamientos, así que ni decir tiene que mamá arrugó el ceño bastantes veces y pegó más gritos de la cuenta.
Menos mal que se le pasó.
viernes, 10 de abril de 2015
Días espectaculares en Covarrubias
Este año no nos podemos quejar del tiempo que nos ha hecho en Semana Santa porque ha sido espectacular. ¡Vamos! Que hasta nos quemamos con el sol y todo. A quien se lo cuente no se lo cree. Con días tan buenos los peques disfrutaron a tope desparramando sus juguetes por el patio e hicimos tanta vida en la calle que al final los niños nos pedían quedarnos en casa de vez en cuando y todo.
Al principio no había casi nadie en el pueblo, pero en cuanto llegamos al jueves llegaron los amigos de Raúl y, lo que estaba esperando Daniel como agüita de mayo; sus hijos. ¡Compañeros de juego! ¡Genial! Mis chicos estaban encantados.
Y eso sin contar con la imprescindible vuelta para saludar al caballo, a las cabritas, el salto a la biblioteca que no puede faltar... Definitivamente, los pueblos son sitios increíbles para pasar las vacaciones de los niños.
Al principio no había casi nadie en el pueblo, pero en cuanto llegamos al jueves llegaron los amigos de Raúl y, lo que estaba esperando Daniel como agüita de mayo; sus hijos. ¡Compañeros de juego! ¡Genial! Mis chicos estaban encantados.
Y eso sin contar con la imprescindible vuelta para saludar al caballo, a las cabritas, el salto a la biblioteca que no puede faltar... Definitivamente, los pueblos son sitios increíbles para pasar las vacaciones de los niños.
jueves, 9 de abril de 2015
Huevos de dinosaurio
Encontré la idea para hacer los huevos de dinosaurio de Pascua en el blog de La Nave de V y ¡me encantó! Me pareció de lo más sencillas y muy a propósito con los días tan arqueológicos que estábamos teniendo.
Los chiquillos se prestaron gustosos a aplicar el proceso que convertiría unos simples huevos duros en unos interesantes huevos de dinosaurio de lo más colorido.
Cocimos los huevos, cascamos un poco la cáscara, los metimos en vasos llenos de agua, echamos el colorante que cada uno eligió y los reservamos en la nevera. Tenían que haber estado venticuatro hora, pero los chiquillos los pidieron cuando no habían pasado ni doce, así que cuando los abrimos no se habían coloreado del todo.
A ellos les dio exactamente igual porque les hizo una ilusión tremenda comerse unos huevos tan prehistóricos.
Esa noche me puse malísima. No sé si se me atragantaron los huevos o qué pudo ser porque, lo cierto es que había comido lo mismo que el resto de la familia, pero la única que se había puesto a vomitar horriblemente había sido yo.
Al día siguiente no me podía mover de la cama y Raúl se hizo cargo de los peques para que yo pudiera convalecer a gusto. Menos mal que los mareos y el malestar me duró sólo ese día y pude recuperarme para seguir disfrutando a tope de las soleadas vacaciones.
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