jueves, 10 de junio de 2010

Ya se pone de pié

Este niño no para. Hace unos días comenzaba a arrastrar su pancita por toda la casa causando estragos a su paso y ahora lo que más le gusta es mantenerse de pie agarrado a lo que le pille más a mano, normalmente su madre (¡Ay! Mi espalda ¡sigh!).

Ojala se estuviera quieto un ratito para poder hacerle mimitos con tranquilidad, pero... ¡que va! El se retuerce como un energúmeno y se agarra con todas sus fuerzas para escapar de tus brazos y arrastrarse a hacer perrerías. Si lo dejas en el suelo tampoco hay paz porque va directo a los rincones más peligrosos, a tirarle la comida a los pobres gatos, a ponerse de pie justo enfrente del pico de un mesa... ¡Quién dijo miedo! Desde luego Danielito no.


martes, 8 de junio de 2010

Daniel quiere guerra toda la noche


No sé que le pasa a este niño que hay noches que las duerme del tirón (eso sí, a las seis de la mañana , mas o menos, en pie) y otras que no pega ojo. Ni él ni sus sufridos padres que tienen que estar atendiéndole e investigando que demonios le pasa esta vez.

"¿Querrá agua?". "No sé, ¿probamos?". "Pues no, no parece que se calme". "Dámelo a mí". "No, espera que le voy a mecer un poco". "¿Tendrán hambre?". "Voy a calentarle el biberón"... Y así hasta que damos con el asunto y lo volvemos a introducir con sumo cuidado en su cunita o hasta que nos rendimos y se viene con nosotros a la cama de mayores.

Cuando sucede ésto último, pueden pasar dos cosas. Una, que se duerma feliz entre los dos con una sorisa triunfadora o, dos, que siga dando guerra un rato más para desesperación paterna. En este caso suele arrear patadas t manotazos a diestro y siniestro, además de menearse como una lagartija y llorar como un loco. Y las horas van pasando. Si es un día de entresemana resulta horrible ver como se acerca la hora en la que va a sonar el despertador y que el pequeñajo sigue cantando en do mayor. Si es fin de semana, hagas lo que hagas, Daniel te despertará a una hora en la que aún no han puesto las calles con ganas de jugar, pero al menos tienes la esperanza de poder aprovechar su siestecita mañanera para recuperar una poco de sueño.

Cuando te vas a trabajar y estás delante de la pantalla no puedes avitar pensar en una cosa: "Qué le pasaría a mi pobre niñito. ¿Estará bien en la guardería? Pues claro que está bien. Roncando a pierna suelta en su siesta mañanera, mientras yo estoy dejándome los somnolientos ojos en este ordenador".

lunes, 7 de junio de 2010

El secreto de los tres meses

Cuando me quedé embarazada nadie me explicó lo de los tres primeros meses y eso que hablé con muchísimas madres. Todas estuvieron de acuerdo que eran horribles hasta decir basta cuando el niño ya había venido al mundo y yo ya lo estaba probando en mis propias carnes.

Realmente son tres meses fatales de estar encadenada a un niño que hace más que exigir su alimento y, en mi caso al que le cuesta mucho dormir (eso todavía le pasa hoy en día).

Supongo que depende del niño y de si le das biberón o teta. A lo mejor alguien lo ha pasado estupendamente y se ha tomado su baja como unas vacaciones, pero lo dudo.

Yo lo pasé muy mal. Y las personas que me rodeaban no dejaban de repetir los mismo: "Es que los primeros tres meses son muy malos". Y si son tan malos y ellas los sabían por qué no me lo dijeron antes para que me fuera haciendo una idea.

Me he dado cuenta de que no es a la única a la que le ha pasado. una chica me dijo una vez que para ella también fue una sorpresa y que pensaba que a lo mejor lo de los tres primeros meses es un secreto que mantiene oculto las madres para que no se te quiten las ganas de tener hijos.

Por mi parte, yo le comento a todas las embarazadas que me encuentro que los tres primeros meses son un infierno en vida. Por la cara que me ponen no sé si les estoy haciendo un favor o les estoy haciendo la puñeta, pero encuentro un deber el prevenirlas de lo que les espera para que estén preparadas cuando les llegue el momento.

domingo, 6 de junio de 2010

Ese oscuro objeto de deseo

Es increíble la destreza que tiene los críos para dirigir sus esfuerzos, y sus manitas, justo donde tú no quieres que lo hagan. Y que rápidos son de repente.

Giras un segundo la cabeza y ya están desparramando la comida de los gatos por el suelo del salón.

Yo cuando veo que le brillan los ojillos a Daniel me echo a temblar. Qué habrá visto.

La primera vez que lo ví gatear cual fitialdi iba directo y de cabeza a una fuente con chorro de un centro comercial. Menos mal que lo agarré a tiempo, aunque vaya perreta se cogió porque le había arruinado la diversión.

Ahora que se arastra como una culebrilla y que, en ocasiones, hasta alza una ratito el culete y da algún que otro gateo hay que estar ojo avizor las venticuatro horas del día para evitar accidentes y destrozos. Porque los niños son muy brutitos. Eso de la ternura es un cuento chino. Sólo te enterneces tú, mientras que él te patea, araña y arranca pelos con toda la tranquilidad del mundo.

En cuanto le dejo en el suelo enfila a mi zapatilla para rechupetear la sucia suela, o hacia los gatos para hacerles la vida imposible o, lo peor de todo, hacia el mueble de la tele para cogerse los deditos con el cajón que abre y cierra con mucha soltura.

El baño de los gatos, incomprensiblemente, también se ha convertido en objeto de su deseo. Sólo el olor debería echarle para atrás, pero ahí está él, erre que erre, siempre maquinando para acercarse.

En definitiva, la movilidad del bebé es el comienzo de una nueva era para sus madres. Y no pinta nada bien. Me temo que mi pobre retoño se va a dar cabezazos, tortas, culazos y piñazos para aburrir.

sábado, 5 de junio de 2010

La palabra mamá no está en su vocabulario

Realmente a Daniel le está costando decir "ma". Alguna vez se lo he oído, pero "ma má" jamás de los jamases. Supongo que con soltar una "buaaaaaaaaaa" tiene suficiente. Su madre acude ráuda y veloz.

En cambio "paaaaa", "baaaa" y una especie de "uaaaaaaaa" que más parece un chillido le salen bordados.

El otro día una amiga le intentó enseñar a decir está sílaba en cuestión y para ello usaba a su pequeño, tan sólo un mes mayor que Daniel. "Venga cariño. Di "ma" para que Daniel lo pueda aprender" Y su hijo soltaba un "prrrrrrrtz" salivoso muy gracioso. Por fin el niño se puso a cantar alegremente "ma, ma, maaaaaaaaaaa, ma, maaaaaaaaa, ma". Las dos miramos a Daniel espectantes para ver si había dado resultado el plan. Daniel nos devolvió la mirada y muy serio dijo "prrrrrrrrrrrrrtz". Así que mi hijo ya ha aprendido una cosa nueva. A escupir.
¿Quien dijo que los niños eran facilmente moldeables? Ese señor no tenía hijos.

jueves, 3 de junio de 2010

Conflicto generacional




Los tiempos cambian, la forma de educar a los hijos el medio que nos rodea... Todo. Cambia tan rápido que no me extraña tanto que falle la comunicación entre generaciones. Incluso entre gente con la que me llevo no más de diez años. De hecho, entre mi hermana y yo sólo hay quince meses y hay veces que noto de forma imperiosa el conflicto generacional.

Esto influye enormente en tu vida cuando de repente en tu hogar conviven tres personas en vez de dos, porque todo el mundo adora al chiquitajo y quieren poner su granito de arena en su cuidado, educación, seguridad, etcétera.

Unos te aseguran que lo mejor es que beba mucha agua, otros que con la del biberón ya es suficiente. Unos te dice que le dejes llorar, otros que necesita mucho cariño, que le cojas, que le sueltes, que le abrigues, que le desnudes, que le des de comer, que le dejes de dar de comer, báñalo ahora, mejor más tarde, esto, lo otro...¡Una locura! Luego vas a la pediatra en busca de respuestas y te suelta. "Ummmmmm.. si le ves molesto le das apiretal y si no, pues como siempre". Y ¿cómo es "como siempre"?, si yo no tengo ni idea del tema y la información que me viene de fuera es tan contradictoria. Ni siquiera puedo acudir a internet porque ahí se junta el conflicto generacional, con el cultural. Te encuentras opiniones de gente de muchas nacionalidades, razas, religiones, culturas... Y todo influye. Incluso en las páginas que se venden como pediátricas encuentras contradicciones.

Hay gente que me asegura que sólo me puedo guiar por mi instinto, pero yo no lo veo tan claro. Creo que me vendría bien una pequeña ayudita de vez en cuando, pero sin exigencias. Porque te encuentras de todo cuando estás insegura con un tema: desde la persona que no admite réplica, a la que te aconseja sin esperar que le acabes haciendo caso. Y, entre medias, todas las gamas de gente con opinión que pueda existir en el mundo.

Afortnadamente muchas veces logro suplir mi inseguridad con una profunda cabezonería.

miércoles, 2 de junio de 2010

Confidencias entre mamis

Ultimamente me junto cun una madre que he conocido en la guardería para dar el paseo al niño. Parece una tontería, pero por las semejanzas entre ambas (madres primerizas, jóvenes relativamente, hijo bebé con diferencia de un mes...) me siento un poco comprendida. Otras madres con hijos más mayores parecen haber olvidado sus inicios o les tocó otra época con métodos diferentes.

Mi madre, directamente, pasa de los detalles y se va al grano. "¿Tú estas bien?, ¿El niño está bien? ¿Raúl está bien?... Pues genial, ahora cuentame anécdotas de Danielito". Mi suegra el otro día me soltó que ella veía que hacía muchas tonterías, pero que me dejaba hacer si con ello me veía más contenta. Mi hermano asegura que me paso tres pueblos con mis cuidados, cuando él era un padre pegado a una niña. Pero ya no se acuerda de eso (el resto sí nos acordamos, Fernando).

A esto me refiero cuando digo que me siento un poco incomprendida, aunque le cuente mis cuitas a padres jóvenes como mi hermano y su mujer. Con esta chica con la que paseo es distinto porque le puedo contar cualquier nimia preocupación y ella me contesta "A mí me pasa lo mismo" y viceversa. Una conversación puede ser "¿No crees que a Daniel le lagrimea mucho el ojo?", "Un poquito sí, pero no parece muy grave. Mi chico no gatea todavía, creo que voy a ir al pediatra a ver si me dice algo", "Si te sirve de consuelo el mío tampoco, pero no está de más que vayas al pediatra" y así todo el rato intercalado con otros temas como las vacaciones, el tiempo y, el mejor de todos, nuestros maridos (jua, jua, juaaaaa). Además, es genial saber que no estás aburriendo a tu interlocutor con una charla interminable sobre tu hijo.