Este año hemos vuelto a convertirnos en arqueólogos del hielo. Es un juego muy divertido e ideal para el verano, sobre todo porque les deja muy fresquitos.
La única dificultad reside en meter los dichosos bichillos pinchudos que eligen cada uno en sus respectivos globos. Tengo que ser muy rápida para que una de las aristas no pinche el globo antes de llenarlo de agua.
Una vez lleno ya no hay peligro. Metemos el globo dentro del congelador y al día siguiente ya podemos sacar nuestras herramientas para picar el hielo y rescatar al dinosaurio de su congelada prisión.
En nuestro caso, el martillo maza que tenemos en la caja de herramientas, que es lo que más les mola. Para que no se carguen la bañera pongo una toalla grande doblada varias veces. Así se amortigua los martillazos que le arrean al hielo.
Se lo pasan bomba sacando al bicho de la bola de hielo, haciendo añicos los pedazos que quedan y derritiéndolos con agua caliente cuando se duchan al final.
Es un juego ideal para que se bañen sin protestar.
miércoles, 9 de agosto de 2017
martes, 8 de agosto de 2017
Pintacaras familiar
Estos niños son incombustibles. Estas vacaciones están jugando mucho, saliendo mucho, leyendo muchos cuentos, viendo la tele mucho, bañándose mucho y aburriéndose mucho. Parece que un día no dé para tantas cosas, pero con ellos sí. Son puros torbellinos.
Cuando se aburren tiemblo porque su mejor baza es acudir a mamá. Y mamá no puede estar tooodo el día a su disposición. Ya le gustaría tener tanto tiempo libre. Menos mal que, algunas veces, sólo me buscan para preguntarme dónde está un juguete u alguna cosa con la que se les ha ocurrido un divertido juego.
"¿Mamiiiii, dónde está el barreño?", "¿Para qué lo quieres?", "Para hacer un superexperimento con agua, jabón... unos juguetillos...", "Nooooooo", "Jo, mamá. Que exagerada eres". Lo siento, pero esos experimentos sólo se pueden hacer con la supervisión de un adulto, que me los conozco.
Y en el mejor de los casos: "Mami, ¿dónde están las pinturas de cara?". Puf, ahora quieren las pinturas, se van a poner finos, ainss, pero el caso es que tengo la casa empantaná y esto me asegura un ratillo de tranquilidad. Mmmm... puf... bueh... "Toma cielo, aquí las tienes. Tened cuidado no me pintéis otra cosa que no sea vuestra piel. ¿Eeeeeh?", "Jo mami, que exagerada eres". Si, si...
Dos minutos después, "Mami, ¿nos das un espejito? Es que nos queremos pintar cada uno su cara y así es más fácil".
Cinco minutos después, "¿Mami, ¿nos das algo para limpiarnos? Es que la cicatriz sangrante no me ha salido muy bien. ¡¡Toallitas!! Perfecto. Gracias mami.
Otros cinco minutos después, "Mami, te puedo pintar a ti? Aaaaaarg.
"Bueno. Está bien. Me siento con vosotros diez minutos, pero luego os entreteneis solitos que tengo mucho que hacer", "Yupiiiii".
Una hora después... "Iván, te estas metiendo en mi media cara de mamá", "¡¡No es verdad!!", "Joooo. Es que yo quería pintar a mami yo soooolo", "No es justooooo".
Total, que mami puso la cara para uno, se la limpió, para el otro, se la limpió. Y luego se pintaron entre ellos muertos de risa un rato más. Conclusión: cuando se cansaron de las pinturas les puse la tele y pude acabar de limpiar el baño más feliz que una perdiz.
Cuando se aburren tiemblo porque su mejor baza es acudir a mamá. Y mamá no puede estar tooodo el día a su disposición. Ya le gustaría tener tanto tiempo libre. Menos mal que, algunas veces, sólo me buscan para preguntarme dónde está un juguete u alguna cosa con la que se les ha ocurrido un divertido juego.
"¿Mamiiiii, dónde está el barreño?", "¿Para qué lo quieres?", "Para hacer un superexperimento con agua, jabón... unos juguetillos...", "Nooooooo", "Jo, mamá. Que exagerada eres". Lo siento, pero esos experimentos sólo se pueden hacer con la supervisión de un adulto, que me los conozco.
Y en el mejor de los casos: "Mami, ¿dónde están las pinturas de cara?". Puf, ahora quieren las pinturas, se van a poner finos, ainss, pero el caso es que tengo la casa empantaná y esto me asegura un ratillo de tranquilidad. Mmmm... puf... bueh... "Toma cielo, aquí las tienes. Tened cuidado no me pintéis otra cosa que no sea vuestra piel. ¿Eeeeeh?", "Jo mami, que exagerada eres". Si, si...
Dos minutos después, "Mami, ¿nos das un espejito? Es que nos queremos pintar cada uno su cara y así es más fácil".
Cinco minutos después, "¿Mami, ¿nos das algo para limpiarnos? Es que la cicatriz sangrante no me ha salido muy bien. ¡¡Toallitas!! Perfecto. Gracias mami.
Otros cinco minutos después, "Mami, te puedo pintar a ti? Aaaaaarg.
"Bueno. Está bien. Me siento con vosotros diez minutos, pero luego os entreteneis solitos que tengo mucho que hacer", "Yupiiiii".
Una hora después... "Iván, te estas metiendo en mi media cara de mamá", "¡¡No es verdad!!", "Joooo. Es que yo quería pintar a mami yo soooolo", "No es justooooo".
Total, que mami puso la cara para uno, se la limpió, para el otro, se la limpió. Y luego se pintaron entre ellos muertos de risa un rato más. Conclusión: cuando se cansaron de las pinturas les puse la tele y pude acabar de limpiar el baño más feliz que una perdiz.
lunes, 7 de agosto de 2017
Mucha imaginación en el río Arlanza
El río que pasa por Covarrubias debe tener algo de magia que trae su corriente porque a mis churumbeles siempre se les activa al máximo su imaginación en cuanto lo pisan. Pueden convertirse en grandes guerreros acuáticos, fieros orcos, intrépidos caza cangrejos, jardineros de los árboles semilla de piedra, e incluso disfrutar de su propio spa.
En esta ocasión, Daniel se juntó con un grupo de niñas para ser su cliente en el spa que acababan de construir a base de muros de piedras y saltos de agua. El chiquillo acabó renovado, aunque me confesó que el miedo a que un cangrejo viniera de repente y le pellizcara a traición no le dejaba relajarse al cien por cien. Yo también estaría intranquila con semejante peligro en las piscinas de corrientes.
Cuando acabó con su tratamiento se vino un rato a hacerme compañía a la toalla. Alí me explicó que existen unas plantas que nacen las piedras si uno sabe cómo cuidarlas. Me pidió un cubo para regar su piedra, pero ese día no habíamos llevado ninguno así que se buscó la vida. Encontró un junco semihueco ideal para usarlo de recipiente.
Al rato clavó un palo al lado de la piedra y me anunció muy feliz que ya comenzaba a crecer su planta semilla de piedra. Un rato después la planta ya tenía una hoja, luego dos... y finalmente murió de un empujón. "Es que viven muy poco", me explicó el primogénito mientras corría de nuevo hacia el agua para sumarse a los juegos de su padre y su hermano.
Nunca dejarán de sorprenderme con su universo interior.
En esta ocasión, Daniel se juntó con un grupo de niñas para ser su cliente en el spa que acababan de construir a base de muros de piedras y saltos de agua. El chiquillo acabó renovado, aunque me confesó que el miedo a que un cangrejo viniera de repente y le pellizcara a traición no le dejaba relajarse al cien por cien. Yo también estaría intranquila con semejante peligro en las piscinas de corrientes.
Cuando acabó con su tratamiento se vino un rato a hacerme compañía a la toalla. Alí me explicó que existen unas plantas que nacen las piedras si uno sabe cómo cuidarlas. Me pidió un cubo para regar su piedra, pero ese día no habíamos llevado ninguno así que se buscó la vida. Encontró un junco semihueco ideal para usarlo de recipiente.
Al rato clavó un palo al lado de la piedra y me anunció muy feliz que ya comenzaba a crecer su planta semilla de piedra. Un rato después la planta ya tenía una hoja, luego dos... y finalmente murió de un empujón. "Es que viven muy poco", me explicó el primogénito mientras corría de nuevo hacia el agua para sumarse a los juegos de su padre y su hermano.
Nunca dejarán de sorprenderme con su universo interior.
viernes, 4 de agosto de 2017
¡No abras este libro!
"¡No abras este libro!" grita un cerdito muy preocupado desde la portada de este libro tan original escrito por Michaela Muntean, ilustrado por Pascal lemaitre y editado por EntreLibros. ¿Por qué pone tanto empeño por no dejarnos pasar? Podemos hacerle caso y volver a dejar el libro en la estantería o ignorarle y abrir las tapas para saciar nuestra curiosidad.
Evidentemente, nosotros no pudimos resistirnos a la tentación y... ¡lo abrimos! Esto pilló desprevenido al cerdito que no se dio cuenta de nuestra presencia hasta la segunda página. En cuanto nos vio nos echó una bronca tremenda por no haberle hecho caso. Tiene un buen motivo para ni dejarte pasar y te lo va a poner muy difícil.
Usará todos los trucos y trampas que conoce para hacer que te vayas. Nosotros le pusimos muy muy muy nervioso porque cada vez que miraba estábamos allí. Entonces intenta ignorarnos y hacer su trabajo, peeero no es fácil con un lector revoltoso mirándote fijamente y pasando páginas cuando no toca. Pueden pasar cosas espeluznantes...
Menos mal que al final todo puede acabar bien.
Lo cierto es que nos ha parecido muy original y a los peques les encanta leerlo una y otra vez antes de ir a dormir. Siempre, siempre, desobedecen al cerdito y se cuelan entre las páginas sin permiso.
Como me ha gustado muchísimo el texto de la contraportada lo voy reproducir aquí. Creo que lo clava: "Abrir este libro puede provocar enorme alegría, hilaridad incontrolable y risotadas crónicas. Otros efectos adicionales son destellos de creatividad e imaginación inflamada (no recomendado para gente entre 1 y 101 años)"
Y sobre todo: "¡Ni se te ocurra abrirlo por este lado!"
Evidentemente, nosotros no pudimos resistirnos a la tentación y... ¡lo abrimos! Esto pilló desprevenido al cerdito que no se dio cuenta de nuestra presencia hasta la segunda página. En cuanto nos vio nos echó una bronca tremenda por no haberle hecho caso. Tiene un buen motivo para ni dejarte pasar y te lo va a poner muy difícil.
Usará todos los trucos y trampas que conoce para hacer que te vayas. Nosotros le pusimos muy muy muy nervioso porque cada vez que miraba estábamos allí. Entonces intenta ignorarnos y hacer su trabajo, peeero no es fácil con un lector revoltoso mirándote fijamente y pasando páginas cuando no toca. Pueden pasar cosas espeluznantes...
Menos mal que al final todo puede acabar bien.
Lo cierto es que nos ha parecido muy original y a los peques les encanta leerlo una y otra vez antes de ir a dormir. Siempre, siempre, desobedecen al cerdito y se cuelan entre las páginas sin permiso.
Como me ha gustado muchísimo el texto de la contraportada lo voy reproducir aquí. Creo que lo clava: "Abrir este libro puede provocar enorme alegría, hilaridad incontrolable y risotadas crónicas. Otros efectos adicionales son destellos de creatividad e imaginación inflamada (no recomendado para gente entre 1 y 101 años)"
Y sobre todo: "¡Ni se te ocurra abrirlo por este lado!"
jueves, 3 de agosto de 2017
Magia con imanes
"Mami, veeen. Que te voy a hacer un espectáculo de magia", me llamó el más pequeño de la familia. Me invitó a sentarme en una silla y comenzó su juego. Me acercó un palo hecho con palitos magnéticos de un juguete muy chulo. Me lo tendió y me dijo: "Toma la varita. Cuidado que no se rompa". En cuanto me la puso en las manos se dobló por los lados en los que se juntaban los imanes y yo me quedé muy sorprendida. ¡No me lo esperaba!
Tenía los palos cogidos de tal manera que a él no se le doblaban, pero en cuanto dejabas de tenerlos sujetos se doblaban porque el imán no era tan potentes, aunque seguían unidos. La verdad es que me entró la risa y todo.
A partir de ahí me hizo mucho trucos relacionados con el magnetismo muy divertidos. Su hermano nos pilló a mitad del esèctáculo y quiso sumarse como mago. Al principio la cosa fue bien, pero enseguida se fueron pisando protagonismo y la trifulca final fue realmente espectacular, así que acabaron la función cada uno por su lado y con unos morros que aparecieron por arte de magia. El truco final fue desaparecer del escenario.
La mamá se quedó sola en su silla pensando: "¿Qué demonios ha pasado aquí?"
Tenía los palos cogidos de tal manera que a él no se le doblaban, pero en cuanto dejabas de tenerlos sujetos se doblaban porque el imán no era tan potentes, aunque seguían unidos. La verdad es que me entró la risa y todo.
A partir de ahí me hizo mucho trucos relacionados con el magnetismo muy divertidos. Su hermano nos pilló a mitad del esèctáculo y quiso sumarse como mago. Al principio la cosa fue bien, pero enseguida se fueron pisando protagonismo y la trifulca final fue realmente espectacular, así que acabaron la función cada uno por su lado y con unos morros que aparecieron por arte de magia. El truco final fue desaparecer del escenario.
La mamá se quedó sola en su silla pensando: "¿Qué demonios ha pasado aquí?"
miércoles, 2 de agosto de 2017
El juego de la evolución
El verano y el pueblo hace que los horarios se vayan a la porra más rápido que una carrera de fórmula 1. así que no es raro quedarnos más allá de la media noche en la plaza tomando algo mientras los peques juegan con los niños que por allí aparezcan.
Una de esas noches, observé divertida sus evoluciones. Caminaban entre ellos haciendo aspavientos y nombrando un animal, de repente se paraban frente a otro niño jugaban a piedra, papel tijera y seguían cambiando el gesto y el nombre del animal. De repente, alguien gritaba "¡¡Dios!!", todos se sentaban, el niño dios decía algo y todos se ponían a hacer una prueba. Se lo estaban pasando genial.
Muerta de la curiosidad les pregunté a los churumbeles sobre el juego al día siguiente, porque esa noche nos retiramos bastante tarde y lo único que quería era meterles en la cama. Resulta que es el juego de la evolución. Se comienza como ameba nadando por la plaza. Se reta a otro niño a piedra, papel o tijera y el que gane evoluciona al siguiente estadio: cangrejo, conejo, gorila, hombre y dios. El que pierde involuciona, a no ser que sea ameba que se queda como está. Cada animal se representa con mímica y diciendo su nombre en voz alta mientras buscas a quien retar. El primero que llegue a Dios lo grita, todos se tiene que sentar y el último en hacerlo tiene que hacer un reto, pero que como ellos eran un grupo muy divertido se apuntaban todos a hacerlo.
Doy fe que se lo pasaron bomba y estaban deseando repetir, pero entre conciertos y planes alternativos no pudo ser. ¡El siguiente finde que vayamos!
Una de esas noches, observé divertida sus evoluciones. Caminaban entre ellos haciendo aspavientos y nombrando un animal, de repente se paraban frente a otro niño jugaban a piedra, papel tijera y seguían cambiando el gesto y el nombre del animal. De repente, alguien gritaba "¡¡Dios!!", todos se sentaban, el niño dios decía algo y todos se ponían a hacer una prueba. Se lo estaban pasando genial.
Muerta de la curiosidad les pregunté a los churumbeles sobre el juego al día siguiente, porque esa noche nos retiramos bastante tarde y lo único que quería era meterles en la cama. Resulta que es el juego de la evolución. Se comienza como ameba nadando por la plaza. Se reta a otro niño a piedra, papel o tijera y el que gane evoluciona al siguiente estadio: cangrejo, conejo, gorila, hombre y dios. El que pierde involuciona, a no ser que sea ameba que se queda como está. Cada animal se representa con mímica y diciendo su nombre en voz alta mientras buscas a quien retar. El primero que llegue a Dios lo grita, todos se tiene que sentar y el último en hacerlo tiene que hacer un reto, pero que como ellos eran un grupo muy divertido se apuntaban todos a hacerlo.
Doy fe que se lo pasaron bomba y estaban deseando repetir, pero entre conciertos y planes alternativos no pudo ser. ¡El siguiente finde que vayamos!
martes, 1 de agosto de 2017
Piscina y más piscina
En Madrid está claro que si uno quiere estar fresquito hay que buscarse una piscina, ya sea la de polideportivo o comunidad de amigos y familia (en la mía no hay). El único requisito imprescindible es que haya un recipiente con agua más grande que la bañera de mi casa y estos dos pillos ya tiene la diversión asegurada.
Normalmente, yo no me lo paso tan bien como ellos porque con entrar, moverme un poquito y salir ya estoy fresquita, fresquita para un buen rato. Y el resto del tiempo toca perseguirlos, vigilarlos, lidiar en sus discusiones y peleas, evitar que se peguen trompazos... Acabo agotada y ellos tan pichis. Lo mejor de todo es que por mucho que se peleen, enfaden o frustren al final se van con la idea de que se lo han pasado bomba y hay que volver mañana (no otro día, ni ya se verá... mañana).
Por cierto, el rato que me meto en la piscina me lo paso con dos niños lapas que no paran de moverse y meterme codazos y patadas sin querer. Una delicia.
Hubo un día que se llevaron tan bien, jugaron juntos tan a gusto y no montaron ningún pollo ni espectáculo, que lo guardaré para siempre en mi memoria como algo único y maravilloso que sólo pasa una vez en la vida (¡¡espero que se repita!!).
Un día en el que pude relajarme,y todo, mientras oía sus risas de fondo y les veía siempre en el mismo sitio (más o menos). Un día que sólo se estropeó hacia el final por un zarpazo fortuito del hermano mayor al pequeño hecho sin mala intención, pero ¡madre! el rayazo que le hizo en la espalda al pobre Iván. E incluso así no hubo peleas, ni gritos, ni insultos. Daniel le pidió perdón y su hermano le perdonó. ¿¿Por qué no puede ser siempre así?? ¿¿Por quéeeeee??
Lo dicho, ese día quedará marcado para siempre en mi memoria como el summum del amor fraterno entre mis dos fierecillas.
Normalmente, yo no me lo paso tan bien como ellos porque con entrar, moverme un poquito y salir ya estoy fresquita, fresquita para un buen rato. Y el resto del tiempo toca perseguirlos, vigilarlos, lidiar en sus discusiones y peleas, evitar que se peguen trompazos... Acabo agotada y ellos tan pichis. Lo mejor de todo es que por mucho que se peleen, enfaden o frustren al final se van con la idea de que se lo han pasado bomba y hay que volver mañana (no otro día, ni ya se verá... mañana).
Por cierto, el rato que me meto en la piscina me lo paso con dos niños lapas que no paran de moverse y meterme codazos y patadas sin querer. Una delicia.
Hubo un día que se llevaron tan bien, jugaron juntos tan a gusto y no montaron ningún pollo ni espectáculo, que lo guardaré para siempre en mi memoria como algo único y maravilloso que sólo pasa una vez en la vida (¡¡espero que se repita!!).
Un día en el que pude relajarme,y todo, mientras oía sus risas de fondo y les veía siempre en el mismo sitio (más o menos). Un día que sólo se estropeó hacia el final por un zarpazo fortuito del hermano mayor al pequeño hecho sin mala intención, pero ¡madre! el rayazo que le hizo en la espalda al pobre Iván. E incluso así no hubo peleas, ni gritos, ni insultos. Daniel le pidió perdón y su hermano le perdonó. ¿¿Por qué no puede ser siempre así?? ¿¿Por quéeeeee??
Lo dicho, ese día quedará marcado para siempre en mi memoria como el summum del amor fraterno entre mis dos fierecillas.
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