jueves, 15 de noviembre de 2012

Premio siete cosas sobre mí

Piruli, de O Cantinho de Piruli, me ha sorprendido con este premio tan chulo. Es una manera maravillosa de conocernos mejor. Piruli tiene un blog lleno de ideas y sentimientos en el que nos abre una ventana a su extenso mundo como cooperadora, estudiante, trabajadora y maravillosa persona. Nos cuenta cómo ve el mundo con su mirada crítica y cómo se desenvuelve en él día a día.

Al recoger el premio hay que contar siete cosas sobre una misma y repartirlo a siete blogs.

Intentaré describirme con aspectos de mi vida de no haya contado ya.

1.- Necesito dormir urgentemente. Tengo dos peques de sueño ligero e inconstante que me tienen al borde de un ataque de nervios.
2- Esos mismos peques son el centro de mi vida ahora mismo.
3- Soy una madre desastre que suple sus despistes y cambios de humor con muchas muchas muestras de cariño.
4- Mi madre es la más exigente de mis lectoras en el blog. Cuando no escribo se queja. Y si escribo me recrimina que pongo pocas fotos... Algunos pensarán que me paso con tantos post, pero para ella nunca es suficiente jaja.
5- Tengo muchísimas ganas de ver a mi familia. Vamos los cuatro para allá unos días en Navidad y no veo el momento el coger el avión. Espero que esta vez no se nos cruce ninguna huelga, o problema meteorológico, o quiebra de empresa, o retraso enorme y horroroso... ¡Viajar es toda una aventura!
6- Cuando estallo puedo llegar a ser terrorífica... Desgraciadamente.
7- Me gustan más los juguetes que a mis propios hijos y me repatea que los traten mal y los estropeen. Sólo me gustan los bonitos. Los Gormitis y otros por el estilo me horrorizan.

Y el premio va a:

El estilo astronauta

Con el frío y la lluvia toca desempolvar el maravilloso conjunto impermeable y acolchado que le compré a Daniel en su día y que ahora me va a hacer una gran servicio con Iván. A mí me parece que tanto uno como el otro están guapísimos con él, además de calentitos y resguardados de humedades, pero el resto del mundo no puede evitar una sonrisita al verlos tan equipados. Puede que sea por el rojo chillón del tejido (Fue una oferta fantástica y no había opción para elegir el color), o quizás por  la forma que tiene... No sé. El caso es que la mayoría de amigos y conocidos aseguran que ambos niños parecen astronautas vestidos de tal guisa. Estoy por vestir a Iván así en carnaval y triunfar en el parque. Lo malo es que para esa época ya lo tendrán muy visto.

A partir de hora voy cargada con los pantalones hasta la guardería y allí lo cambio rápidamente para prepararle contra las inclemencias del parque.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

La versión de la castañera

Daniel salió contentísimo de clase el día de la fiesta de la castaña. Tenía en la mano una corona con motivos otoñales y venía farfullando no se qué de que las castañas quemaban muchísimo, pero que se las había comido todas todas.

En la puerta del colegio me encontré con la mísmisima castañera, una madre a la que habían enrolado para dicho papel, y me contó más detalladamente en que consistió el evento. Cuando ella llegó, todos los niños estaban sentados ordenadamente en el tatami. Excepto los cuatro de siempre, el resto obedecían en todo a la profesora. Me dijo que Marta trataba genial a los niños yq ue era muy cariñosa. Un dato muy tranquilizador.

Ella se puso a asar las castañas mientras los peques cantaban y bailaban canciones sobre el otoño. También se dedicó a untar membrillo en tostadas. Por lo visto, mi hijo se comió ¡cuatro! Me confesó que no le dio más porque le daba miedo que le sentaran mal.

Las castañas fueron un fracaso estrepitoso. Se asaron mal y no había manera de quitarles las piel, así que los niños se dedicaron a masticar pan con membrillo, algunos con más entusiasmo que otros.

Entonces sonó el timbre del patio y los chiquillos se lanzaron al patio abandonando a la castañera a su suerte, que dio por terminada su labor y se fue a su casita.

Es la primera vez que recibo tanta información de una actividad de clase. ¡Estoy encantada! Gracias castañera.

martes, 13 de noviembre de 2012

La fiesta de la castaña

El martes mi niño salió del cole con una nota en la taleguita. En ella se nos indicaba a los padres que al día siguiente no les  mandáramos a clase con desayuno porque iban a celebrar la fiesta de la castaña. por lo visto se les repartiría castañas y membrillo a los peques. Mi niño estaba la mar de emocionado con la idea.

En el parque una madre me contó que la habían enrolado como castañera casi sin darse cuenta y que tenía que ir al día siguiente disfrazada y pertrechada de ricos manjares para los alumnos. me pareció una buena idea, aunque la pobre señora no supo decir que no cuando, en realidad, no le venía nada bien.

Por una lado, lamenté que no me lo hubieran propuesto a mí, pero por otro, pienso en todo lo que tengo que hacer y que la mañana se me queda tan corta para todo que me alegro de haberme librado.

Lo cierto es que me hubiera resultado maravilloso ver a mi hijo en su salsa con sus compañeros. Por eso le encomendé a la mamá que se fijara en todos los detalles para que luego me los contara. No estaré presente, pero contaré con información de primera mano.

Desde luego, esta mañana Daniel casi ni me da el beso de despedida. Tenía mucha prisa por entrar en clase y empezar a disfrutar de la fiesta de otoño.

Los ancianos van al cielo

Un día, de camino al cole, Daniel iba jugando con unas gomas de borrar con formas de animales, cuando se le cayeron al suelo. Dando un gritito se paró en seco y se abalanzó sobre ellas para recuperarlas, entorpeciendo el paso de una pareja de abuelillos que iban detras nuestro.

Cuando las hubo cogido todas, se dirigió a los señores y les pidió perdón. Eso les hizo mucha gracia con lo que le dieron bolilla para que les siguiera hablando. El peque les iba contando que iba al cole a "hacer cosas importantes" y que necesitaba para ello las gomas. Llegados a un cruce cada uno siguió por su camino y el chiquillo se despidió de ellos efusivamente. Nada más darse la vuelta me suelta: "¿Van al cielo?"

Me quedé patidifusa.

"No cariño. Irán a su casa o a trabajar o a la compra.. No sé" le contesté.
"Pero mami, los viejitos van al cielo y tienen la cara llena de arrugas" me aseguró.
"Cada uno va al cielo cuando le toca" le expliqué "Y nos vamos llenando de arrugas a medida que nos hacemos mayores. Mira. Mamá cada vez tiene más arruguillas" le aseguré haciendo muecas para arrugarme aún más. Le entró la risa y empezó a imitarme.

"Mira mami. Yo también tengo muchas arrugas" me gritaba muerto de la risa.
"Si, mi cielo. Tu también"

¡Jolín con las preguntitas! Yo pensaba que las comprometidas todavía no me las haría hasta dentro de unos años... Menos mal que los señores no llegaron a oirle porque no creo que les hubiera sentado muy bien que les llamara viejos.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Otra vez he vuelto a picar

Cuando acudí al cuentacuentos horroroso que organizaban en Imaginarium y salí de allí con una ataque de nervios y 30 euros menos en el bolsillo me juré a mi misma que no volvería a ocurrir. Pero cuando vi que había una función de marionetas en el Corte Inglés no me pude resistir. Sonaba tan interesante...

Esta vez me aseguré de que nos acompañaba el padre, que es mucho más duro que la madre a la hora de decir "No". Llegamos a un espacio hasta arriba de niños y padres. Encajamos a nuestro hijo y un amiguito suyo como pudimos y nos apretujamos con el carrito de Iván entre la multitud.

El espectáculo no comenzaba y yo tuve que sacar la artillería para mantener a los peques en sus sillas: Un arsenal de aspitos. Cuando se acabó la manduca por fin salió una "maga" al escenario acompañada de un peluche dragón.

Raúl y yo nos miramos asombrados. ¿Y las marionetas? La sosamaga presentó a su dragoncito buenón que iba a contar a los niños cuentos sobre dragones. Cual no sería nuestra sorpresa cuando empieza a contar el cuento de Caperucita cambiando al lobo por un congénere suyo.

El público infantil se removía en sus sillitas, hablaban e intentaban escapara a toda costa del soporífero espectáculo. Daniel se entretenía jorobando a su amiguito Luis ante las miradas asesinas de su mamá. Iván berreaba cada vez más intentado escapar del carrito que lo tenía prisionero.

Preocupada por el bienestar del bebé dejé a mi marido sólo ante la "maga", que comenzaba otro cuento que se parecía sospechosamente a "La bella durmiente", y escapé como pude de la multitud con carrito incluido para dar a Iván una vuelta por la planta. Así logré calmarlo. Mieaba de un lado a otro con interés y se olvidó de que hace un segundo lo único que quería en esta vida era estirar sus piernecitas.

A los quince minutos me volvía a acercar al escenario para ver cómo iba todo. De la multitud sólo quedaba un reducido grupito. El resto había decidido que para aburrir a los retoños ya estaba la tele y se había ido dispersando. Mi hijo estaba toqueteando unas excavadoras electrónicas con su amigo Luis ante la atenta mirada de su padre.

Nos fuimos de allí maldiciendo en arameo y preguntándonos dónde estarían las dichosas marionetas. Suponemos que el de las marionetas no se presentó en el último momento y que le tocaría a la "maga" resolver la papeleta. Cuando salíamos a la calle nuestro hijo exclamó entusiasmado. "¡¡Me ha encantado!!"

Pero... ¡Si ni siquera estaba escuchando! ¿Quien entiende a estos niños?

Por lo menos mi bolsillo salió indemne de la aventura.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Berridos

Mis amigos y compañeros en la maternidad y la paternidad me recomiendan tener más paciencia con Daniel. ¡Y yo lo intento! De verdad. Pero se me llevan los demonios cuando se hace el sordo, o cuando me desobedece al segundo de haberle dicho que no hiciera algo.

Lo he intentado todo: Razonar, dar órdenes concisas, darle explicaciones, darle más responsabilidades, quitárselas, cumplir mis amenazas aunque me cueste, gritarle, hablarle con seriedad, motivarles, cartigarle, premiarle, elogiarle cuando hace algo bien... Incluso algún azote le ha caído cuando la cosa llegaba a cotas inaguantables. Pero nada. Está en su fase rebelde.

Lo único que suele funcionar es mi voz de ultratumba, desgarradora y atronadora. Tanto es así, que, cuando me sale de dentro, la gente se gira a mirarme con ojos espantados. Creeréis que exagero, pero eso es porque no la habéis oído.

Este verano, estaban durmiendo la siesta mi hermana y su pareja, cuando de repente un alarido espeluznante sacó a su novio Jose de su ensoñación.
"¿¿¿¿Qué es eso???" exclamó con los pelos de punta.
"Es mi hermana riñendo a Daniel" Le aclaró con toda tranquilidad Silvia.

El problema: que se está inmunizando a mi berridos, que me estoy quedando ronca y que me duele la garganta a rabiar.

¿Seguro que la edad del Pavo es peor que esto? Pues no sé si sobreviviré a la desobediencia, temeridades, rebeldía y sordera selectiva de Daniel. Para llegar al:

"¿Donde vas?"
"Por ahi"
"¿Con quien?"
"Con amigos"
"¿Cuando vuelves?"
"No sé"
"¿Pero...?"
"¿Ay, mamá! ¡Qué pesada!"

Tiemblo sólo de pensarlo.