Les habíamos prometido a los niños que les compraríamos unos juguetes en un megachino que hay en las afueras del pueblo y no pararon de dar la tabarra hasta que se vieron dentro de la tienda. Les costó muchísimo decidirse y allí nos tuvieron dando vueltas y más vueltas por los pasillos. En una de esas vueltas me llamó la atención una caja solitaria y fuera de lugar. Puesta de cualquier manera en una estante lleno de flores. Era una tentetieso con forma de elefante. Miré el precio y me convenció: 3'95. Pero cuando les enseñé mi descubrimiento a los chiquillos no les llamó nada la atención. Lejos de desanimarme lo conservé en mi manos.
Daniel se decantó, como ya preveíamos, por un montón de figuras de esqueletos para colgar en la pared que brillan en la oscuridad y unos guantes con forma de mano de huesos. Iván, por su parte eligió una trompeta "para hacer música" y un garrote de pinchos de plástico que no tardamos en quitarle por uso indebido. Y yo seguí erre que erre con elefantito en mi poder. Al llegar a la caja lo junté con le resto de tesoros y coló. Nos lo llevamos a casa.
Ni que decir que tuvo un éxito contundente. El pobre elefantito se llevó tan paliza, que hasta me empezó a dar pena. Los niños estaban encantados y saltaban sobre él con saña. Así al menos liberan su agresividad de una forma canalizada.
Daniel, incluso me dio una gran abrazo y me dio las gracias por haberme empeñado en comprar a elefantito. Ni que decir tiene que se ha venido con nosotros a Madrid.
sábado, 23 de agosto de 2014
viernes, 22 de agosto de 2014
Barbacoa con fuegos artificiales
Mi prima Tamara, nos invitó a su campo a una barbacoa y aceptamos encantados. ¡¡Nos encantan!! Nosotros nos encargamos del tinto de verano, las cervecitas y el postre. No lo dudamos no un segundo y compramos helado de Turrón y de chocolate en una heladería artesana de toda la vida, Daniel y Reme. Todo lo que tiene allí es un pecado. También adquirimos granizado de mojito como sugerencia de mi prima. Estaba delicioso. Así que, después de que los hombres de mi familia se bañaran porque yo notaba un frescor que no me invitaba al chapuzón, nos hinchamos a chuletas, pollo a la braza, choricitos, morcillas, longanizas...
Y luego disfrutamos de una sesión de fuegos artificiales que volvieron locos a mis hijos. Sobre todo porque mi prima y sus hijos les habían comprado las famosas bombetas que tantos les gusta. Son unas bolsitas pequeñitas que se tiran al suelo y estallan. Las bolsitas contiene una especia de piedra y tiene muy poco peligro, aunque no me atrevería a asegurar que son inofensivas.
Cuando se acabaron los petardos, las chispitas, los volcanes... Mis hijos aún gritaban más más... Entre eso y los juguetes que les sacaron no tenían ninguna intención de irse para meterse en la cama, pero se nos hizo muy tarde para ellos y nos fuimos con pena de acabar la diversión. Sobre todo los chiquillos que no pararon de protestar durante todo el camino. Y una vez en la casa del campo se negaron a acostarse con perreta del más pequeño incluida. A pesar de todo, estaban agotados y cayeron en brazos de Morfeo en cuanto sus cabeza tocaron las almohadas.
Y luego disfrutamos de una sesión de fuegos artificiales que volvieron locos a mis hijos. Sobre todo porque mi prima y sus hijos les habían comprado las famosas bombetas que tantos les gusta. Son unas bolsitas pequeñitas que se tiran al suelo y estallan. Las bolsitas contiene una especia de piedra y tiene muy poco peligro, aunque no me atrevería a asegurar que son inofensivas.
Cuando se acabaron los petardos, las chispitas, los volcanes... Mis hijos aún gritaban más más... Entre eso y los juguetes que les sacaron no tenían ninguna intención de irse para meterse en la cama, pero se nos hizo muy tarde para ellos y nos fuimos con pena de acabar la diversión. Sobre todo los chiquillos que no pararon de protestar durante todo el camino. Y una vez en la casa del campo se negaron a acostarse con perreta del más pequeño incluida. A pesar de todo, estaban agotados y cayeron en brazos de Morfeo en cuanto sus cabeza tocaron las almohadas.
jueves, 21 de agosto de 2014
Daniel se revisa la vista
Aprovechando que íbamos a saludar a mi primo a su óptica, Opticalia Maestre, como casi siempre que vamos por Elda, se nos ocurrió pedirle que le revisara la vista al mayor de mis vastagos. Últimamente se pega demasiado a la tele y, con dos padres miopes, nos temíamos lo peor. Pero mi primo nos tranquilizó al instante. Le hizo una revisión muy completa y nos aseguró que ni miopía, ni ojo vago, pero que, evidentemente, si dejábamos que se peque mucho a la tele, tablet, libros, ordenadores, etc, acabará teniendo miopía.
Nos aseguró que mis retoños no tenían la miopía asegurada, a pesar de sus cegatos progenitores, pero que nuestros nietos probablemente sí. Bueno, ya nos preocuparemos de eso cuando llegue el momento. Paso a paso.
El chiquillo se lo pasó genial en su revisión, e incluso se acordó de aquella revisión del dentista que tuvo y me preguntó cuando era su siguiente cita. Se ve que no tuvo bastante. Cuando se bajó del sillón le faltó tiempo a su hermano ocupar su lugar, pero Iván es demasiado pequeño aún para estas revisiones y lo hicimos bajar después de que probara por un minuto probar las extrañas gafas que tanto le fascinaban.
Nos aseguró que mis retoños no tenían la miopía asegurada, a pesar de sus cegatos progenitores, pero que nuestros nietos probablemente sí. Bueno, ya nos preocuparemos de eso cuando llegue el momento. Paso a paso.
El chiquillo se lo pasó genial en su revisión, e incluso se acordó de aquella revisión del dentista que tuvo y me preguntó cuando era su siguiente cita. Se ve que no tuvo bastante. Cuando se bajó del sillón le faltó tiempo a su hermano ocupar su lugar, pero Iván es demasiado pequeño aún para estas revisiones y lo hicimos bajar después de que probara por un minuto probar las extrañas gafas que tanto le fascinaban.
miércoles, 20 de agosto de 2014
La piscina de la tía Mabel
Mis hijos se han enamorado de la piscina de su tía Mabel. Cada vez que les decíamos de ir a la playa o de excursión el más pequeño saltaba con un: "Noooooo. Yo quiero pitina de Mabeeeeel". Aunque luego se conformaba, porque igual se lo pasaba bien.
Creo que para Daniel lo mejor era acercarse a su tía y pedirle deliciosas patatas. ¡Nunca le decía que no! Aunque a veces estaba al padre cerca para fastidiarle la jugada y que no se le quitara el apetito a la hora de comer.
Iván en cambio no se cansaba de flotar a gusto con los manguitos. Perdonaba hasta las deliciosas patatas.
A veces teníamos que sacarlos a rastras porque se nos hacía tarde, o se levantaba ya el fresquito de la noche.
Desde luego, podemos decir que hemos pasado un verano a remojo.
Creo que para Daniel lo mejor era acercarse a su tía y pedirle deliciosas patatas. ¡Nunca le decía que no! Aunque a veces estaba al padre cerca para fastidiarle la jugada y que no se le quitara el apetito a la hora de comer.
Iván en cambio no se cansaba de flotar a gusto con los manguitos. Perdonaba hasta las deliciosas patatas.
A veces teníamos que sacarlos a rastras porque se nos hacía tarde, o se levantaba ya el fresquito de la noche.
Desde luego, podemos decir que hemos pasado un verano a remojo.
El campo de los abuelos
Y tras el breve descanso en Madrid nos pusimos en marcha para visitar mi pueblo natal, Elda. Allí ocupamos la casa de campo de mis abuelos para gran alegría de mis retoños. En esa casa veraneábamos mis hermano y yo de pequeños, pero ahora las cosas han cambiado muchísimo. Para empezar ya no es terreno rural, sino urbanizado, el inmenso jardín es mucho más pequeño y está rodeado de adosados. Hace años los límites los marcaba una reja de espino muy fácil de esquivar juntando dos alambres. Ahora un gran muro de ladrillos rodea el jardín.
Recuerdo cuando nos íbamos con mis primos a explorar los campos vecinos, que estaban asalvajados, mientras mis padres disfrutaban de la sombra de los pinos. Eran otros tiempos. A día de hoy no les quito el ojo de encima a mis peques ni loca y estoy encantada con el muro que no les permite escaparse a sus anchas.
Los chiquillos estaban entusiasmados con la casa y no era para menos. Les hicimos un apartamento con piscina en el patio con una tienda de campaña y una piscinita de plástico que les tuvo muy entretenidos. Pero lo que de verdad les gustaba era dar vueltas por el jardín explorándolo. Sobre todo por las noches. Las dos últimas noches nos hartamos de dar vueltas a la casa mientras los niños saltaban de un lugar a otro.
Una noche llovió muchísimo y tuvimos la oportunidad de salir en busca de caracoles. Lo pasamos muy bien. Cogimos unos cuantos y luego los volvimos a soltar en una lugar con mucho verde.
Otra fuente de diversión era llenar cubos de agua y salir a disparar con sus pistolas de agua a los que se les ocurriera. Para lo poco que hemos parado mientras estuvimos en el pueblo han disfrutado de la casa de campo a tope.
Recuerdo cuando nos íbamos con mis primos a explorar los campos vecinos, que estaban asalvajados, mientras mis padres disfrutaban de la sombra de los pinos. Eran otros tiempos. A día de hoy no les quito el ojo de encima a mis peques ni loca y estoy encantada con el muro que no les permite escaparse a sus anchas.
Los chiquillos estaban entusiasmados con la casa y no era para menos. Les hicimos un apartamento con piscina en el patio con una tienda de campaña y una piscinita de plástico que les tuvo muy entretenidos. Pero lo que de verdad les gustaba era dar vueltas por el jardín explorándolo. Sobre todo por las noches. Las dos últimas noches nos hartamos de dar vueltas a la casa mientras los niños saltaban de un lugar a otro.
Una noche llovió muchísimo y tuvimos la oportunidad de salir en busca de caracoles. Lo pasamos muy bien. Cogimos unos cuantos y luego los volvimos a soltar en una lugar con mucho verde.
Otra fuente de diversión era llenar cubos de agua y salir a disparar con sus pistolas de agua a los que se les ocurriera. Para lo poco que hemos parado mientras estuvimos en el pueblo han disfrutado de la casa de campo a tope.
sábado, 16 de agosto de 2014
El día más tranquilo de la vida de Daniel y tres aguijonazos
El domingo, en Madrid, mi niño mayor me confesó que ese era el día más tranquilo de su vida. Lo cierto es que necesitaba recoger y limpiar por lo que no salimos hasta por lo menos las siete de la tarde. Además, estábamos agotados porque el día anterior lo habíamos pasado enterito en la piscina del polideportivo. En casa, también hicimos bien poco, porque yo estaba muy liada con las labores del hogar. El peque incluso aseguró durante un minuto que se aburría, pero se buscó la vida y no le duró mucho el estado de ánimo.
Cuando parecía que el calor apretaba menos salimos al parque para que nos diera el aire. Nos tomamos un helado que había traído y se dispusieron a jugar, aunque se notaba que les había hecho poco caso, porque no se separaban de mí ni a sol ni a sombra.
Hasta que apareció uno de esos perros grandes de pelo largo y dorado que los fascinó. Encima los dueños eran la mar de majos y les invitaron a que acariciaran al can a su gusto.
En esas estábamos cuando tres avispas con mala leche atacaron al más pequeño de mi prole haciéndole proferir un grito desgarrador, tras el grito empezó a salirle un torrente de sangre de la nariz angustiada intenté cortarle la hemorragia con toallitas, mientras averiguaba a duras penas dónde le había picado. Todo el parque se volcó en atender al chiquillo. La dueña del perrito incluso me acompañó hasta la farmacia 12 horas más cercana cargando con mis bolsas de pañales, juguetes, agua y todo lo necesario para salidas con los niños. Tenía dos sarpullidos en el brazo y otro en el moflete.
En la farmacia se asustaron bastante al ver a una mujer y a un niños tan manchados de sangre, pero tras unas breves explicaciones se hicieron cargo del asunto. Mientras una de las dependientas me daba la crema adecuada para tratar las picaduras, Daniel se camelaba a la otra para que le diera una chuche. Y vaya si lo consiguió: una piruleta para él y otra para el hermano, que ya estaba bastante más calmado. Decía que ya no le dolía. ¡Menos mal! Aún así le pringué de crema allí mismo. La farmacéutica me recomendó que le quitara el exceso de crema porque tenía cortisona y no hay que abusar. Me dio una toallita y arreglé el desaguisado. Incluso le había puesto un pegotón en el brazo en el que no le había picado por los nervios que me había cogido. La chica también me explicó que la sangre de la nariz podía deberse a que al gritar de dolor, los peques se congestionan y se les puede romper alguna venita de la nariz, sobre todo si hace calor. Me dejó más tranquila.
Los niños les dieron las gracias a las farmacéuticas por sus piruletas y se fueron de allí tan felices. A Iván parecía que se le habían pasado todos los males hasta que se tropezó y se cayó. Entonces volvió a llorar desconsolado.
Le cogí en brazos y me despedí de la buena señora que nos había acompañado hasta la farmacia. ¡Qué simpática es la gente!
Una vez en casa metía a los dos chiquillos de cabeza a la bañera. Entre la arena, la sangre y el pringue de la piruleta estaban para meterlos en la lavadora directamente.
jueves, 14 de agosto de 2014
Sorpresas en el viaje de vuelta a Madrid
La primera sorpresa que nos llevamos en el vuelo Las Palmas de Gran Canaria Madrid, fue cuando el piloto oyó a Daniel pedir una galleta al azafato y le llamó para que entrara en la cabina. Ni corta ni perezosa empujé a Iván tras él para que no se quedara sin vivir la experiencia. Como les acompañaba su padre, ya me pareció multitud entrar yo también y les esperé metida en el pasillito de una asiento de primera para dejar pasar.
Debió de ser una experiencia emocionante para ellos porque, según me contó Iván primero y Raúl después, el piloto invitó a mis pequeños a tocar todos los botones que quisieran. ¡Qué miedo! Y claro, lo disfrutaron a tope.
La segunda sorpresa fue que el padre se presentó voluntario para sentarse entre las dos fieras mientras yo ocupaba el asiento separado por el pasillo. Es el viaje más tranquilo que he realizado en años. Y eso que estaba muy atenta para echar una mano cuando me necesitasen y reñir a los niños por conductas inapropiadas (dichosas patadas), pero no es lo mismo que estar en el centro del huracán.
Al final hasta me aburrí, porque no sabía que iba a ocuparse Raúl de los niños y no me levé nada para entretenerme asumiendo que los peques me iban a tener más que ocupada.
Tras tomar tierra sin complicaciones, recoger la maleta que tardó una eternidad en salir y llegar a casa nos dieron las doce de la noche y mis hijos con ganas de juerga. Les metimos en sus camas a la fuerza y no tardaron en caer.
Pero a Raúl todavía el quedaba hacer su maleta. Al día siguiente se iba a Málaga a una convención de juegos de mesa o algo así. Son sus vacaciones "de soltero". Quería que fuéramos todos, pero me parecía una paliza innecesaria para los peques. Nosotros nos hemos quedado el fin de semana en Madrid, descansando un poco hasta que llegue de nuevo papá y pongamos rumbo a Elda.
Debió de ser una experiencia emocionante para ellos porque, según me contó Iván primero y Raúl después, el piloto invitó a mis pequeños a tocar todos los botones que quisieran. ¡Qué miedo! Y claro, lo disfrutaron a tope.
La segunda sorpresa fue que el padre se presentó voluntario para sentarse entre las dos fieras mientras yo ocupaba el asiento separado por el pasillo. Es el viaje más tranquilo que he realizado en años. Y eso que estaba muy atenta para echar una mano cuando me necesitasen y reñir a los niños por conductas inapropiadas (dichosas patadas), pero no es lo mismo que estar en el centro del huracán.
Al final hasta me aburrí, porque no sabía que iba a ocuparse Raúl de los niños y no me levé nada para entretenerme asumiendo que los peques me iban a tener más que ocupada.
Tras tomar tierra sin complicaciones, recoger la maleta que tardó una eternidad en salir y llegar a casa nos dieron las doce de la noche y mis hijos con ganas de juerga. Les metimos en sus camas a la fuerza y no tardaron en caer.
Pero a Raúl todavía el quedaba hacer su maleta. Al día siguiente se iba a Málaga a una convención de juegos de mesa o algo así. Son sus vacaciones "de soltero". Quería que fuéramos todos, pero me parecía una paliza innecesaria para los peques. Nosotros nos hemos quedado el fin de semana en Madrid, descansando un poco hasta que llegue de nuevo papá y pongamos rumbo a Elda.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)























