martes, 16 de febrero de 2021

Experimentos y curiosidades para celebrar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

A mis hijos les encanta la ciencia porque tienen una curiosidad muy agudizada y no hay mejor actividad para despertar su interés y sorprenderlos que con experimentos y retos. Les encanta. Así que no hemos perdido la oportunidad de celebrar desde el jueves (día D) hasta el domingo el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

Durante todos estos días hemos comentado grandes aportaciones de mujeres a la ciencia y curiosidades interesantes. Como por ejemplo, hablamos de Hagnódica, una griega que se hizo pasar por hombre para poder estudiar medicina y convertirse en ginecóloga. Casi la ejecutan por ello cuando la descubrieron, pero afortunadamente para ella, sus pacientes hicieron piña para defenderla y seguir teniéndola de médico.

También de la inventora de las cookies, Ruth Graves, que las creó de casualidad porque se le había acabado el cacao y decidió meter trozos de chocolate en un momento de inspiración. Mirad lo lejos que ha llegado su idea.

O que la forma de calcular la distancia de una estrella según su luminosidad se descubrió gracias a la investigación de Henrietta Leavitt.

Asimismo, debatimos sobre cómo se ha ninguneado a la mujer en las crónicas históricas y por qué pasaba esto. Vimos que hace muy poco que se está trabajando por dar visibilidad a estas figuras y que se están lanzando campañas para fomentar el estudio de las ciencias entre las niñas para acabar con estereotipos arcaicos que lastran a las peques en ciertas áreas del conocimiento.

Es muy interesante escuchar lo que los peques tienen que decir y sus puntos de vista sobre estos temas.

En cuanto a los experimentos, intentamos tres muy sencillitos: uno nos salió regular, otro regular tirando a mal y el último muy bien. Fue el que más disfrutaron.

El primero fue el de la famosa tinta invisible de zumo de limón. Es muy fácil de hacer. Primero exprimimos el limón, luego usamos el zumo para pintar los mensajes secretos en folios y por último cogemos un mechero, una cerilla o una vela y con mucho cuidado aplicamos calor en la zona pintada. 

Con el calor el ácido cítrico del zumo se oxida y se vuelve marrón dejando al descubierto el mensaje secreto. Mis hijos nunca se cansan de ver este efecto. 

Lo malo es que pintaron folio enteros y yo me quemaba con el mechero. Y encima, no sé qué pasaba que a veces había que estar un buen rato para que apareciera el mensaje y ¡acabe quemando algunos folios! Para despiporre de la audiencia infantil que se partían con mis vicisitudes. Al final sólo conseguí resaltar pequeñas partes entre agujeros de quemado. Un poco desastre, pero se lo pasaron bien.

El siguiente experimento pintaba ser muy fácil, pero algo tuve que hacer mal porque conseguimos unos resultados muy endebles. La historia era que teníamos que poner un espejo inclinado dentro del agua en un envase transparente y apuntarle con una linterna. Entonces saldría un precioso arco iris. O así nos lo imaginábamos nosotros. 

Yo creo que no le pillamos el ángulo porque  lo que salía era una luz irisada preciosa, pero más blanca que la piel de un zombie. De repente, nos salieron unos colores muy muy suaves y volvieron a desaparecer. Por supuesto, lo niños decidieron que había sido un éxito total y para qué seguir perdiendo el tiempo, pero yo me empeñé y me empeñé, pero por mucho que movíamos el espejo sólo conseguimos que se repitiera de vez en cuando el efecto de ligero color. Lo bueno es que los niños se emocionaban cada vez que lo veía. Lo malo: que yo quería un arco iris de verdad grumpf.

El último experimento que hicimos, que fue el que yo pensaba que no saldría ni de broma fue el que mejor resultó. Les encantó.

Os cuento cómo hacerlo. Necesitamos hielo, un vaso de agua fría, sal y una cuerda o hilo de lana. Ponemos el hielo en el vaso, luego le ponemos encima la lana, rociamos generosamente con la sal y ¡tachan! el hilo se queda pegado al hielo y podemos pescarlo. ¡Ualaaaaaaa! Incluso podemos hacer el molinete un rato antes de que se despegue o intentar encestar en los vasos balanceando los hilos. O a eso se dedicaron los peques mientras yo explicaba el experimento con escasa atención por parte de la audiencia que gritaban regocijados cada vez que un hielo se estampada en algún lugar de la cocina o acertaba en el vaso salpicándolo todo. 

Cuando recogí todo, ya me escucharon con más tranquilidad. Resulta que cuando metes un hielo en agua fría se produce un equilibrio entre el agua que se congela y el hielo que se derrite. Pero cuando añadimos la sal rompemos este equilibrio y el punto de congelación se concentra en el lugar en el que ha comenzado a derretirse el hielo más deprisa. Es decir, donde echamos la sal, que es encima de la lana, con lo que ésta queda atrapada en el cubito. ¡Tachan! ¿A que es alucinante?

Yo es que soy la primera en asombrarme con estas cosas. 

Si queréis montar la fiesta de la ciencia (que para eso no hace falta ningún día Internacional, sólo ganas y curiosidad) también podéis coger ideas del post que hice para Ociofrik.

2 comentarios:

  1. Que interesante la verdad!!! A ver si me animo y le hago alguno a ale q estoy de una gandula....😘

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    1. Los hay muuuy sencillitos y que se necesitan pocos materiales. Hay uno con una botella, vinagre, bicarbonato y un globo que les flipa ;) y el de meter en agua lacasitos de diferentes colores también mola mucho :D

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