jueves, 11 de febrero de 2021

Escape room La Academia Mágica

Con motivo de la Harry Potter Book Night nos montamos un pequeño evento mágico en casa el fin de semana. En un principio, quería haber comprado cerveza de mantequilla y haber intentado alguna receta inspirada en este universo como las que encontré en el blog Bloghogwarts con la ayuda de los niños, pero cinco exámenes de Daniel para la siguiente semana llegaron para recortarnos el tema. Lo primero y más importante es el deber (estudiar) y luego el placer (juegos y ocio). 

Así que ni hubo tiempo para comprar las cervezas y chuches ni de hacer pinitos en la cocina. Bueno, miento. Me atrevía con un bizcocho de zanahoria que me sonó muy inglés y muy apto para servirse en El Caldero Chorreante. Salió tan bueno que os dejo el link a la receta por si os apetece probar. Por cierto, que tuve que cambiar las nueces (no tenía) por avellanas y fue todo un triunfo.  

Pero al grano que me pierdo. El caso es que, el Escape room que pille por Runas Experience era tan fácil de montar que seguimos adelante con el juego contra viento y marea. Les había dicho a los niños que , comparado con el de La Pirámide Maldita, éste me parecía mucho más fácil, así que tampoco creía que tardaran mucho en resolverlo. Pero algunas de las pruebas sí que les costaron un poco. ¡Y me miraban mal! Yo creo que pensaban que iba a ser un paseo y cuando tuvieron que esforzarse no les hizo mucha gracia. No hay que crear falsas expectativas jajajaja

Bueno, al historia es que tenían que salvar a toda una academia de magia de un hechizo tremendo resolviendo enigmas y puzles a cual más divertido. El que más les gustó a los dos fue el de buscar las lechuzas fugitivas por el jardín misterioso. Hubo una que no había manera de que la encontraran y hubo que recurrir al sistema de frío caliente.

También les hizo mucha gracia el libro de las maldiciones. En el que podían encontrar pistas, pero a cambio les caía un hechizo muy gracioso al azar al jugador que eligiéramos. No lo necesitaron, pero luego estuvieron mirándolo y riéndose con las diferentes maldiciones.

El caso es que al final, con un poco de ayuda, juntaron todas las piezas para el hechizo que liberaría a sus compañeros y lograron traer la normalidad a las clases. En las que por cierto tocaba... ¡examen sorpresa! Jajajaja que bueno las caras que pusieron cuando les entregué el examen, que no era otro que algunas de las actividades que colgaron de la web oficial y que todavía podéis descargar de ahí.

Al principio se asustaron porque estaba todo en inglés, pero cuando lo leímos juntos y se dieron cuenta de que habían pruebas tan chulas como diseñar tu propio huevo de dragón y al bebé que traiga dentro, tu varita, profesorizarse o inventarse su propia escuela de magia... ya les empezó a gustar más.

Lo que pasa es que lo hemos tenido que dejar para más adelante porque con tanta tarea sobre los hombros no nos dio tiempo. A ver si este fin de semana me hacen el creativo examen o me lo dejan para el 24 de junio, fecha a la que se ha trasladado el famoso evento.

El caso es que hoy, jueves 11, se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia y queremos aprovechar el finde para hacer algunos experimentos. ¡Si es que se nos juntan las fiestas! jajajaja En ociofrik os doy algunas ideas para celebrar este día. Por nuestra parte, ayer tuvimos una charla de sobremesa muy interesante sobre inventoras, científicas e injusticias históricas y tengo preparados nuevos experimentos para el finde. Lo vamos a pasar bomba, además de aprender un montón. Con las edades que tienen, ya no les vale la explicación ¡Magia! Tienen muy claro que la magia para el día de Harry Potter, pero que los experimentos tienen una interesante explicación científica por detrás.

Por cierto, por si queréis saber más cosas sobre el evento de Harry Potter os dejo el link al post que he escrito para Ociofrik sobre el tema.







martes, 9 de febrero de 2021

Verás caer una estrella

Verás caer una estrella es un libro corto que contiene mucho. Nos  habla de miedo, esperanza y supervivencia a través de un cuento que le relata una madre a su hija sobre la huída de Lucía por el bosque. 

Lo que parece que va a ser una nueva versión de Caperucita roja (incluso la protagonista va vestida con un abrigo rojo) se convierte en una carrera contrarreloj para salvar la vida y huir de unos monstruos que no tienen nada de mitológicos. Existieron y se convirtieron en los más conocidos genocidas de la historia: los nazis.

Con un tono pausado la madre irá desnudando su alma a su interlocutora mientras la anima a ponerse en su lugar y pensar cómo actuaría si estuviera ella en el lugar de Lucía. De esta forma, la pequeña que escucha el cuento se pone en la piel de la fugitiva y entiende mejor un capítulo de la historia que se cobró un enorme precio en vidas humanas.

También no habla de la esperanza y de la luz al final del túnel. De cómo hay que superar a la oscuridad y luchar incansablemente para huir del horror y abrazar la promesa de una nueva vida más allá del miedo. Estos valores universales se pueden extrapolar al día día de los peques para que no se dejen vencer por sus agobiantes problemas y salgan adelante, porque para ellos lo que a nosotros nos parece un pequeño problema es todo un mundo casi insalvable.

Las ilustraciones también nos han llamado poderosamente la atención. Creo que expresa muy bien sentimientos y emociones sin palabras.

En definitiva, es un libro maravilloso para niños con interés por la historia, como mi niño mayor, y las historias que tocan el corazón y el alma. En este caso nos habla de uno de los momentos más terribles que ha conocido la humanidad usando metáforas y desde los sentimientos y experiencias de una niña. La historia hay que conocerla para no repetir errores.

Esta novela corta acaba de ser elegido uno de los 20 libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2021, así que ¡Felicidades a su autor, José Luis Martín Nogales! 

lunes, 8 de febrero de 2021

Viaje virtual por el Londres de Harry Potter de la mano de la Librería Liberespacio

Este fin de semana hemos celebrado la Harry Potter Book Night, que, en realidad, se celebra el primer jueves de cada mes, pero ya se sabe. Si la fecha te viene mal la cambias a donde te salga de las narices. el caso es pasarlo bien y para eso ¡cualquier excusa en buena!

Me enteré de que volvía una nueva edición gracias a un email de la Librería Liberespacio, dónde se anunciaban un montón de actividades online muy chulas. Entre ellas un viaje virtual al Londres de Harry Potter de la mano de Letrimagia, ¡qué interesante! no me lo pensé dos veces y nos apunté. Sería el pistoletazo de salida de nuestra fiesta de magos.

Aunque la fiesta la tuvimos que recortar muchísimo, porque, ese mismo viernes nos vino el mayor con la noticia de que la próxima semana tenía, ni más ni menos, que cinco exámenes. Como para tener tiempo para mucho más. Y yo tampoco iba muy ociosa que digamos.

Pero el viernes a la hora H estábamos delante del ordenador más que dispuestos a hacer nuestro viaje. La verdad es que las chicas de Letrimagia se lo curraron mucho como guías en un itinerario extremadamente mágico. 

Aunque, antes de comenzarlo, tuvimos que construirnos nuestro carnet de mago. De otro modo no nos dejarían entrar en Hogwarts. Un gran M de ministerio por aquí, unos cuantos datos por allá, nuestro número de mago, que tenía que aparecer mágicamente en nuestra mente... incluso una foto dibujada. ¡Perfecto! pero aún teníamos que darnos una vuelta por el callejón Diagon para hacer unas compritas antes de aparecer por la academia de magos más famosa del mundo. Mientras, las profesoras que nos guiaban nos iban haciendo preguntas y si las acertábamos no poníamos un puntito en el carnet. Anda que no se pusieron puntos las fieras, yo creo que incluso alguno de más.

Todo lo que íbamos comprando lo dibujábamos en el carnet: Nos quedaron unas varitas y unas mascotas ideales. Curiosamente, los tres elegimos gatos, aunque el mío, además, lucía unas elegantes alas de murciélago. Los peques me dijeron que eso era trampa, pero era mi mascota y yo la dibujaba como quería.

Llegó la hora de coger el tren en el anden 9 y 3/4, peeeero, no teníamos billete. Se nos había olvidado comprarlo. Así que tocó hacer un poco de magia t cada mago se dibujó el suyo en la parte posterior de su carnet. Ahora sí, por fin, nos montamos en el tren y llegamos a Hogwarts donde pudimos conocer sus fascinantes secretos, salpicados de las curiosidades que nos iban contando las profesoras. Eso sí, antes tuvimos que enseñar nuestros carnets recién hechos para que nos dejaran pasar. 

Tras enseñarnos las dependencias y saludar a los profesores, tocó enfrentarse a la ceremonia del Sombrero Seleccionador que nos hizo una par de preguntas para estar bien seguro de a qué casa nos iba a dirigir: Iván a... ¡Gryffindor! Daniel y yo a... ¡Hufflepuff! nos apenó que nos separaran, pero como ya se iba terminando el viaje y volveríamos juntos tampoco fue para tanto.

Las verdad es que lo pasamos genial en este viaje alucinante. Y nos quedaron nuestros carnets de mago de recuerdo :)


viernes, 5 de febrero de 2021

Posavasos, un juego y menaje del hogar

Tengo los posavasos originales de Zacatrus desde hace tiempo que ya no recuerdo cómo los conseguí. Posiblemente en alguna de las muchas jornadas de juegos a las que nos gustaba ir en familia antes de la pandemia. Hay que reconocer que dan mucho ambiente en las partidas.

Cuando vi las fotos de los nuevos posavasos también me hicieron mucha gracia. Habían renovado los diseños y les habían quedado geniales, pero, claro, teniendo los antiguos... ¡Hasta que vi la novedad que incluían! No sólo cambiaba el diseño. Es que te vienen en una caja que incluye las reglas del... juego. Que síiii, que es un juego en sí mismo. Y de los facilitos con el que te puedes echar unas buenas risas.

Básicamente consiste en que cada jugador elige un tema del que no se podrá hablar durante la velada y pone el icono que se relacione con ese tema apuntando al resto de la mesa (masssss o menossss). Se pueden repetir temas. Cuando la persona que ha vetado el tema detecta que alguien está hablando de él grita "¡Oso blanco!" y el infractor debe hacerle una reverencia y puntuarse un punto negativo (acumulando manises o de la forma que más nos guste). El denunciante tiene que cambiar de tema y se sigue el juego.

Está pensado para jugarlo mientras se juega a otro juego, pero resulta que las fieras se meten tanto en la partida que no hablan de otra cosa, así que cuando metimos los posavasos en la ecuación nadie tuvo la oportunidad de  cantar oso blanco, pero sí que logramos despertar su interés por el nuevo elemento que habíamos introducido. Iván tuvo una idea buenísima. Sugirió usarlos durante la cena. Y ahí si que nos hinchamos a catar oso blanco. No se puede hablar de videojuegos, no se pueden decir palabrotas, no se puede contar nada de youtube, ni del trabajo, o del cole o de una serie de la tele en concreto... En algún momento de la charla de sobremesa se te va la olla y meter la pata porque encima los temas van cambiando y no es tan fácil seguir el ritmo. 

La versión antigua también mola :)
El tema de la reverencia no lo hicimos porque con comida y niños por medio solo pueden desembocar en accidentes y trabajo para la lavadora, pero aún así nos reímos mucho. También nos picamos y hasta hubo algún que otro enfadillo. 

También surgieron mucho debates sobre por qué relacionábamos un símbolo con un tema determinado, porque a veces las relaciones que hacemos son muy curiosas e inesperadas. por ejemplo meter los temas del cole en la carita triste jajajaja

Desde entonces, contamos con los posavasos en todas las cenas, pero hemos tenido que poner una nueva regla. Lo temas no pueden afectar a nuestros relatos del día. Así que no se puede vetar colegio, ni trabajo, por ejemplo.

Nos ha hecho gracia el jueguito :D


miércoles, 3 de febrero de 2021

Cartel para no olvidar nunca ponerse la mascarilla

Con las prisas, el estrés, la supervisión de los niños para que lo lleven todo... más de una vez me he visto en el portal sin mascarilla y me ha tocado volver a subir corriendo. Y últimamente hasta he llegado a la calle infringiendo las medidas de seguridad involuntariamente y por puro despiste. Demasiadas cosas en la cabeza no es excusa para no poner remedio a una situación tan peligrosa. Luchar contra el despiste en sí es muy difícil, pero hay herramientas para evitar errores garrafales.

En mi caso he optado por una cartel bien vistoso para evitar errores embarazosos y garrafales. No podía ser algo discretito porque su función es llamar la atención y advertir que no se puede traspasar ese umbral si no estás correctamente preparado para luchar contra la pandemia.

Los materiales que usé son muy comunes: Un trozo de cartón, papel albal, imágenes impresas que busqué en google images, celo y pegamento de barra.

Forré el cartón de papel albal con ayuda del celo para simular un espejo, recorté las imágenes y la frase elegida, las usé para decorar el cartón forrado pegándolas con pegamento de barra y ¡listo!

El cartel lo colgué con masilla que pega muy bien los posters y dibujos a la pared en un lugar muy visible.

Por ahora funciona muy bien porque encima el reflejo de la luz en el papel plata hace que no puedas ignorarlo ni aunque quisieras. A las fieras les ha hecho mucha gracia y eso que a ellos no les hace falta porque ya tienen a su madre: ¡la mascarilla! ¡la mochila! ¡la cabezaaaa! pero ya se sabe, tanto se piensa en los críos que al final la que se olvida de todo soy yo. 

A lo mejor debería hacer otro cartelito para las llaves...

Aquí os dejo las imágenes que usé para mi cartel aunque podéis usar las que mejor os cuadren. Cuanto más personalizado más os llamará la atención a vosotros y mejor cumplirá su utilidad.

martes, 2 de febrero de 2021

Kit de Escape Room: La pirámide maldita

Estaba yo tranquilamente tuiteando cuando Papi primerizo turbó mi paz con un tuit en el que me preguntaba si conocía los Escape Rooms de Runas Experience. Y la verdad es que no, pero de repente sentí la necesidad de conocerlos, así que me hice con una oferta que tenía de pack de tres juegos (dos infantiles y uno para adultos) con envíos gratis. ¡Ale! ¡Para la saca! Me llevé La Pirámide Maldita, La Academia Mágica y Atraco al banco.

No tenía prisa porque llegaran, porque últimamente se nos va el tiempo volando y parece que no hay tiempo para nada, pero al poco de recibirlo mis fieras dieron con ellos y, claro, les picó la curiosidad tanto como a mí. Como siempre cada niño mostró predilección por un juego distinto para hacerme a mí las cosas más difíciles.

Afortunadamente, el calendario de días especiales vino en mi ayuda. Resulta que esa semana no había nada especial, pero a la siguiente se celebraba la Harry Potter Book Night. Perfecto. Ese fin de semana escapábamos de una pirámide maldita y a la siguiente de una Academia de Magia. No nos podría haber cuadrado mejor.

Así que este finde semana nuestra casa se convirtió en un desierto inhóspito, lleno de bichos peligrosos. Comenzamos nuestra aventura en la habitación de los papis, donde nuestra cama se había convertido en un erial de arena con duna y todo. Allí nos atacó una serpiente (libertad creativa que me tomé), mientras mis hijos la aporreaban sin piedad el resto de alimañas nos rodeaban con malísimas intenciones. 

Tuvieron que buscar otra opción que no fuera violenta ante mi amenaza de matarles allí  mismo y se acabó el juego. Por supuesto, encontraron la naranja sospechosa que no pegaba allí ni con cola y se la tiraron a la boa constrictor para poder escapar...con tan mala suerte que nos caímos por una agujero que nos llevó al interior de una siniestra pirámide. Y allí empezó el verdadero Escape Room. A los niños les encantó el tema de meter más historia a la aventura, pero mi marido, que es más de seguir las instrucciones no paraba de preguntar: ¿Pero esto no era un escape room? Es que no lo parece. ¿Seguro que esto viene en el escape room? Ese día no estaba por meterse en el papel...

El caso es que caímos en una habitación llena de objetos misteriosos (y más bichos). Nos encontramos dos gatitos perdidos (más licencias creativas, sí. Y mi marido con cara de vinagre. Ainsss). Los adoptamos y nos metimos de lleno en lo que quería Raúl: descifrar los enigmas que nos darían el código que abriría la puerta de la sala.

Entre los curiosos objetos encontramos cuatro partes de un diario de investigación de un arqueólogo repletitos de pistas para ayudarnos en nuestro cometido. Cada uno tenía una parte de la pieza que nos faltaba para encajar todos los puzles, así que teníamos que leerlos con detenimiento para encontrar las claves. Eso me moló mucho porque nos aseguramos que el juego es colaborativo. No se puede avanzar sin la información del resto de los exploradores.

En esta primera sala nos encontramos con dos acertijos: uno que nos hará falta más adelante y otro que no da el código. Nosotros sacamos primero el del código y eso nos desorientó un poco, pero al final de la partida entendimos la utilidad del segundo acertijo.

El caso es que nos movimos a la segunda sala (nuestro salón). Allí les salió al encuentro un terrorífico minino llenos de tentáculos ("Mami, si es muy pequeño y mono...", "Sssssh, calla Daniel, no trolees a tu madre"). Era el mismísimo Miarlathotep, el primigato. Amenazó a los peques con hacerles sus esclavos para que jugaran con él por toda la eternidad porque se sentía muy sólo. Y los peques, como era de esperar, intentaron machacarlo, pero volví a amenazarles con muerte instantánea y fin del juego si no usaban sus neuronas en vez de la violencia. Mientras los peques pensaban, el padre bostezaba (fue el auténtico troll de la jornada, no entiende al alma libre de su mujer). Como veía que la cosa se alargaba y Raúl estaba a punto de explotar, decidí darles una pista. De repente, los gatitos que encontramos se acercaron a Miarlathotep y se pusieron a jugar con él. Pues aún así no querían soltar los gatos para dejárselos de amigo al pobre primigato. Menudo egoísmo. En fin, les prometía que los recogeríamos a la salida, pero que se los dejaran a la pobre criatura lovecraftniana un ratito.

Otra vez nos metimos de llenos en la misión de resolver acertijos. Y allí nos pusimos los cuatro a juntar piezas, descifrar mensajes, deducir el siguiente paso... hasta que dimos con el código de la siguiente habitación (el comedor).

Allí les esperaba Cthulhín el inefable, pero una mirada de mi maridín me quitó las ganas de seguir metiendo añadidos al juego. Él quería que nos centráramos en los enigmas y luego me explicó que pensaba que el resto afectaba a la concentración de lo peques. Aunque luego le demostré con sabias palabras que había tiempo de narrar un poco la historia con alguna pruebita extra y luego tiempo para concentrarnos en las pruebas del Escape. Además, no pusimos la cuenta atrás porque pone muy nervioso a los niños y no se lo pasan tan bien con esa presión. Cada niño es un mundo.

El caso es que habíamos logrado entrar en la última cámara y debíamos descifrar el gran enigma que nos daría la clave para salir, por fin, de nuestra trampa.

Nos costó un buen rato porque a Daniel se le había pasado una pista de su cuaderno, que pensó que no era importante. Al final, revisando todos los diarios, el padre dio con la clave y alineamos todos los elementos para encontrar por fin el código que nos llevaría a la libertad. Yujuuuuu.

Fue una aventura muy chula y se han currado un montón la app, en la que podemos encontrar carteles opcionales para imprimir, una playlist de música para ambientar, las instrucciones del juego y las soluciones de los enigmas, un cronómetro y el validador de respuestas. Mola porque te da la opción de no leerte las soluciones y jugar como uno más, que fue lo que hice. Sólo teníamos que meter el código en el validador de respuestas para ver si conseguíamos abrir la puerta. 

Creo que para la de la Academia mágica me voy a ceñir al guión y pondré el cronómetro para hacer feliz al padre de las fieras jajaja

lunes, 1 de febrero de 2021

Chistes con gatos

Una noche entre semana mis hijos se pusieron muy pesados con que querían ver la tele. Nosotros no les dejamos verla durante las comidas, excepto las cenas cine del fin de semana, para fomentar la conversación. Aunque, como dijo el otro día el mayor de las fieras, si las grabamos y las subimos a youtube nos forramos porque  siempre suelen acabar saliéndose de madre y hacia derroteros la mar de extraños. A veces acaban en risas y otras en llanto porque cuando se traspasan ciertos límites caen los castiguitos.



El caso es que ellos estaban erre que erre que querían tele y yo erre que erre que no. Y el padre estaba acabando una historia urgente del curro... Total, que cogí los dos gatos de peluche pequeños y les mandé a callar. Que empezaba el espectáculo.



Y allí me tenéis bamboleando peluches felinos y contando chistes a cual más malo en un gran alarde de memoria porque anda que no hace que cuento yo un chiste.



A pesar de lo cutre del tema los peques se partían y pedían más y más mientras comían sin protestar. Tanto fue así que tuve que acudir a Google porque mi repertorio de chistes en más bien escaso.

Cuando el padre llegó por fin a cenar, flipó con el espectáculo, pero no dijo nada porque vio a los churumbeles entusiasmados.

"Hay que grabarlo, es buenísimo", le decían al progenitor con lágrimas en los ojos... Y eso que los chistes eran malos, malos, malísimos.



El padre les ignoró y se sentó a cenar... y a disfrutar del show... o no.

Lo importante es que lo pasamos bien y que cenaron muy a gusto.

Yo ese día no tenía nada de hambre porque me había pasado con la merienda y sólo me comí la fruta. Así que pude desplegar mis pocas aptitudes de humorista sin problemas.

El fin de semana grabamos a los gatos chistosos y también nos lo pasamos en grande con la tontería. Si es que las actividades en familia no tienen por qué ser muy elaboradas para triunfar.