jueves, 5 de agosto de 2010

El tiempo con mi hijo es oro

El tiempo que paso con el niño para mí es un tesoro y por eso me gusta dedicarle toda mi atención cuando estamos juntos. Supongo que al trabajar se reducen muchísimo los momentos que podemos disfrutar en mutua compañía, así que hay que aprovecharlos bien. Hay gente que me dice que me tiene que cundir también con la casa y que tengo que tener tiempo para mí, pero desgraciadamente el día sólo tiene 24 horas y no dan para tanto.

Mi jornada comienza a las cinco de la mañana, cuando me levanto para ir a trabajar. Afortudamente, a las tres ya suelo estar en el coche de regreso a casa. Una vez en el hogar aprovecho hasta las cinco (hora de recoger al bebé de la guardería) para limpiar, recoger, hacer compra o para hacer lo que sea necesario en ese momento. Casi siempre como en el trabajo, delante del ordenador, para aprovechar más esa escasa hora y media.

En cuanto me planto en la puerta de la guardería todo mi tiempo es para el bebé. Al menos hasta que se duerme. Los días de fin de semana que no me toca trabajar intento que me cunda algo, pero Daniel siempre me boicotea, o por lo menos lo intenta. Es el momento de aprovechar al máximo las siestas del pequeño, aunque sólo sea para dormir yo también. En este tiempo estival me encanta sacarle a pasear antes de que caiga el calor sin piedad y así poder llevarle a los columpios, dónde él se lo pasa genial.

Ahora que me voy de vacaciones pienso vivir cada minuto disfrutando de mi hijo. Aunque estoy segura de que habrán momentos críticos en los que no habrá manera de hacer que el niño deje de llorar, o que me duela la espalda y el muy tirano siga exigiendo que le ayuda a caminar y si no me pliego a sus deseos chilla y se enfada. Todo va incluido en el lote: las risas y los lloros. De los dos.

Síndrome de abstinencia

Llevo tres días sin mi niño y lo estoy llevando fatal. Le echo muchísimo de menos. Estoy deseando que llegue el sábado para correr a su encuentro. Lo malo es que me toca trabajar ese día por la mañana, así que no podré ponerme en marcha hasta depués de comer. Muy tarde.

Mañana se va Raúl al pueblo. Se iba a ir hoy y teletrabajar desde alí mientras echaba una mano a su madre con elpequeño terremoto, que ya la debe tener baldada, pero le han puesto una reunión el jueves y le ha sido imposible. Por un lado, ya es lo que me faltaba: sin hijo y sin marido. Por otro, es un mal necesario porque Daniel agota a cualquiera y quiero que les eche una mano a la Chari y a la abuela Paca para que ellas también descansen un poco.

Tendré que aguantarme y esperar. A pesar de que estoy liadísima y que tengo mil cosas que hacer, el tiempo se me está pasando lentísimo. No me voy a creer que haya llegado el momento cuando me vuelva a encontrar con mi hijo. Espero que aún me conozca, o al menos que no se haya enfadado conmigo por haberle dejado en el pueblo y haberme venido a trabajar. ¡No me ha quedado más remedio! ya me gustaría estar allí con él y no aquí sufriendo. me paso el día mirando y remirando fotos suyas.

Lo cierto es que cuando hablo con Chari se le oye muy contento por detrás con sus "pa pa pa" y su "gaaaaaaa gaaaaaaaaa". Con lo que dudo que me guarde rencor. Al menos se le habrá quitado un poco la mamitis. Todo tiene su lado bueno. En este caso el bebé está contento, Chari encantada, el padre bien y yo amargada. Así es la vida.

martes, 3 de agosto de 2010

Vaya sudores

Los bebés sudan el doble o el triple que los adultos. Les tumbas a dormir y cuando se levantan han dejado su silueta marcada en sudor en las sábanas, así que tienes que lavarlas muy a menudo. Desde luego Daniel suda mucho, tanto en invierno como en verano. Hay que tener mucho cuidado con las corrientes de aire, porque enseguida se constipa. He leído por ahí (literatura para mamás) que es algo normal porque es su forma de regular la temperatura y controlar sus niveles de agua.

La verdad es que entre la leche que toma y el agua que le doy en biberón no me extraña que sude. Cuando era más pequeño sudaba mucho más, pero es que también se alimentaba exclusivamente de leche, sólo materna en un principio (que no sé de cuanta agua se compondrá) y luego, cuando tenía poco más de dos meses, le pasé a alimentación mixta. Un alivio para ambos, aunque me hubiera gustado seguir alimentándole únicamente con el pecho hasta los seis meses. Para él fue maravilloso porque es un glotón y comía lo que quería y cuando quería, porque vaya genio le sale cuando tiene hambre. Y para mi también fue bueno porque pude gozar de un poco de libertad y descanso. No sabéis lo que significa tener un bebé pegado al pecho todo el día.

Aún así es una experiencia preciosa que recomiendo. Es muy bonito ver a tu niño tan pegado a ti, y más sabiendo que le estás ayudando a crecer sano. Eres algo así como su medicina. Aunque cuando pude dormir tres horas seguidas porque otra persona se encargó de alimentarlo cuando se puso rabioso también fue algo maravilloso.

El caso es que con la leche de fórmula sí que se hinchaba a beber agua. Supongo que por algún lado tiene que salir todo ese líquido y no exclusivamente ir a parar al pañal.

En el río


¡Como le gusta el agua a mi pequeñín! Este fin de semana lo hemos llevado al río del pueblo de Raúl. Cómo ha disfrutado el enano.

Lo hemos soltado en la playita que hacen todos los años en la orilla y cuando ha descubierto el agua ha tardado muy poco en salir disparado a gatas a pegarse un cahpuzón. Afortunadamente le interceptamos a tiempo porque no tenía puesto su pañal - bañador.

Una vez equipado convenientemente se ha metido a chapotear emocionado. Que bien se lo ha pasado con las piedras, hasta se ha empeñado en probar una para ver a qué sabía, menos mal que estaba requetelavada por la corriente. Desde luego es poco probable que este niño tenga muchas alergias porque se está inmunizando a base de bien.

En un momento dado casi lo ahogo sin querer. Le hice el truco de contar hasta tres, soplarle en la nariz e introducirle en el agua cabeza y todo, pero había poca profundidad y me temo que cuando le quise hundir la cabeza ya había vuelto a repirar. Tosió un poquito, yo me sentí enormemente culpable y todo quedó en nada, porque enseguida se volvió a poner las pilas para recorrerse con ayuda de su papi y de su mami todos los recovecos de la parte que no le cubría. Eso sí, el próximo día me llevo zapatillas de río, porque Daniel y Raúl iban tan felices con sus pies estupendamente acomodados, pero yo no hacía más que resbalar y doblarme el tobillo, así que no pude coger a Danielillo y llevarlo hasta el fondo como hubiera querido. De eso se tuvo que encargar su padre.



lunes, 2 de agosto de 2010

Fin de semana en Cova


Nos hemos ido con el niño al pueblo porque ya estamos en agosto, la guardería cierra sus pùertas hasta septiembre y lamentablemente las oficinas de papá y mamá no hacen lo mismo. Así que , como Chari veranea en Covarrubias, la hemos seguido hasta allí para endosarle al pequeño durante esta semana que no tenemos libre. Cómo Raúl tenía trabajo el viernes por la tarde decidimos salir el sábado por la mañana. ¡Casi no nos vamos! ¡Madre mía la cosas que necesita el pequeñín! Y cómo nos boicoteaba cuando nuestra intención era hacer la maleta y salir lo más temprano posible. Tiene su técnica empacar cosas con un bebé en brazos.


Por fin, logramos cuadrar todo y nos metimos en un coche repleto de cosas. Casi no cabíamos nosotros. Al poco acusé el cansancio y caí en los brazos de Morfeo acompañada por mi hijo. De fondo oí como Raúl se ponía música para que le hiciera compañía durante el trayecto.


Los escasos dos días que estuvimos en el pueblo el niño se lo pasó bomba. Allí tenía a sus abuelas Chari y Paca y a su tío Luis para jugar. Ya había estado en Cova antes, pero como fue a los cinco meses no se acordaba de nada, así que se puso a explorar con ahinco. Descubrió que el escalón de la chimenea es un lugar fascinante a la par que peligroso, que el patio tiene multitud de rincones interesantes, que el suelo de la cocina resbala... En fin, toda una aventura.


Estaba tan excitado que cuando le quise meter en la cuna no había manera de que se durmiese. Yo le tumbaba y él se levantaba y se recorría los bordes a una velocidad increíble. De repente se paraba y agitaba los barrotes como si fuera un mono en un zoo. Me quedé impresionada ante tal demostración de fuerza. Es la única vez que ha llorado porque le he sacado de la cuna. Pero es que había que cambiarle el pañal.


En vista de la situación me lo llevé al salón otro ratito para terminar de cansarle. Cuando regresamos a la cuna me vi obligada a sujetarle en posición horizontal un ratito. Se debatió un poquito pero acabó rindiéndose y quedándose dormido. ¡Qué lucha!


Al día siguiente me quedé en el pueblo hasta casi las ocho de la noche para aprovechar mi tiempo con el pequeño y cuando me fui lloraba lágrimas de sangre. Que dura fue la separación. No sé como voy a llevar esta semana sin él. Es la primera vez que estamos separado tanto tiempo en sus diez meses de vida. Le voy a echar tanto de menos...

viernes, 30 de julio de 2010

Las notas


¡Qué orgullosa estoy de mi pequeñín! Le han dado sus primeras notas. Y ha sacado todo ranas verdes. Puede parecer surrealista lo que digo, pero es que en esta guardería tienen un baremo de ranas de colores para puntuar a los niños. Si la ranita es verde "muy bien", si es amarilla "bien" y si es roja "regular" (no existe color para"mal". Curioso. Será para no desmotivar a los niños). Daniel tenía cuatro anfibios que miden lo cariñoso que es, lo alegre de su caracter, su sociabilidad y su actividad. Si tuvieran ranas de oro le habrían dado una en este último apartado. Doy fe.

Reproduzco el comentario de su profe intentando no llenar todo con mis babas maternales: "El cambio de Daniel ha sido notorio. Se ha convertido en un niño simpático, expresivo, activo y participativo en las actividades de clase. Realiza las rutinas sin problema; disfruta de las horas de las comidas, prescindiendo del biberón para la fruta, ¡está hecho un glotón! El desarrollo motor de Dani ha tenido una evolución expectacular. Se mueve gateando por toda la clase sin ninguna dificultad, ya comienza a levantarse, pero aún no controla el soltarse y volver a la posición de sentado. ¡Felices vacaciones!"

Lo del biberón de la fruta viene a cuento porque al principio nos costaba mucho darle esta clase de papillas, aunque las de verduras le encantaban y las engullía con deleite, así que la profesora acabó dándole la fruta en biberón y así se las tomaba mucho mejor. Cuando por fin se acostumbró al sabor volvió a la cuchara. En casa se la dábamos con cuchara todo el tiempo y sí es verdad que en un principio Daniel y yo teníamos nuestra lucha de titanes. Sobre todo cuando aprendió que si cerraba la boca la comida no podía entrar.

El caso es que estoy muy contenta con los primeros "sobresalientes" de Danielillo. Mi hijo es un empollón. Esperemos que siga así.

En la cama con los papis

Vaya polémica que hay montada alrededor de la conveniencia o no de meter a tu hijo en la cama contigo. En mi opinión la situación sólo depende de una cosa: el grado de desesperación. Si el niño se acurruca en su cunita tan feliz, cierra sus ojitos y se pone a roncar alegremente.... ¡Felicidades! Puedes disfrutar de tu cama para ti y sólo tendrás que lidiar con tu pareja para no perder tu espacio. Si en cambio, el niño se comporta como si en vez de haberlo metido en una cuna lo hubieras introducido en una olla de aceite hirviendo sólo queda armarse de paciencia e insistir hasta que se caiga de cansancio. Si el que se cae de cansancio eres tú ya sólo queda una opción. Meterlo en la cama contigo y rezar para que se duerma lo antes posible mientras intentas acomodarte lo mejor posible.

Daniel se recorre la cama de palmo a palmo antes de caer rendido y tú tienes que perseguirle y adoptar las posturas más incómodas e inverosímiles para evitar que en un descuido tu bebé dé con su cabecita en el suelo. Cuando por fin se ha dormido hay que esperar un poco a que entre en la fase rem, no se vaya a despertar nada más tocarlo. Así que hay que aguantar en la posturita de turno un ratito. No es raro que me acabe durmiendo con el enano pegado al costado. La energía que gasto con el bebé me pasa una factura que ríase de la de la luz.


La mayoría de las veces Raúl nos sorprende roncando al unísono y es el que se encarga de llevar al pequeñajo a la cuna. Entonces es cuando llega el momento de estirarse a gusto y dormir sin miedo a aplastar a Daniel, o que te despistes y se caiga por el borde de la cama, o que se remueva y te vaya empujando sin piedad (tan pequeño y con tanta fuerza). Ahí es cuando empiezas a disfrutar de verdad del descanso. Aunque, cuando tienes a tu pequeñín abrazado a ti se te suele caer la baba, e incluso, aunque se te estén cerrando los párpados, pierdes unos minutos contemplando como duerme. Y lo más asombroso es que no te aburres de mirarle.