

Lo hemos soltado en la playita que hacen todos los años en la orilla y cuando ha descubierto el agua ha tardado muy poco en salir disparado a gatas a pegarse un cahpuzón. Afortunadamente le interceptamos a tiempo porque no tenía puesto su pañal - bañador.
Una vez equipado convenientemente se ha metido a chapotear emocionado. Que bien se lo ha pasado con las piedras, hasta se ha empeñado en probar una para ver a qué sabía, menos mal que estaba requetelavada por la corriente. Desde luego es poco probable que este niño tenga muchas alergias porque se está inmunizando a base de bien.
En un momento dado casi lo ahogo sin querer. Le hice el truco de contar hasta tres, soplarle en la nariz e introducirle en el agua cabeza y todo, pero había poca profundidad y me temo que cuando le quise hundir la cabeza ya había vuelto a repirar. Tosió un poquito, yo me sentí enormemente culpable y todo quedó en nada, porque enseguida se volvió a poner las pilas para recorrerse con ayuda de su papi y de su mami todos los recovecos de la parte que no le cubría. Eso sí, el próximo día me llevo zapatillas de río, porque Daniel y Raúl iban tan felices con sus pies estupendamente acomodados, pero yo no hacía más que resbalar y doblarme el tobillo, así que no pude coger a Danielillo y llevarlo hasta el fondo como hubiera querido. De eso se tuvo que encargar su padre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Me encanta saber lo que piensas.