
Al final Daniel se ponía nervioso en cuanto veía que teníamos la intención de sentarlo en la maxi-cosi. El pobre casi no cabía ya. Y eso que la compramnos de hasta 13 kilos de niño. No quedó más remedio que comprarle una silla más adecuada a sus centímetros y masa corporal. ¡Que cambio! Ya se podía estirar a sus anchas. Aunque aún lloriqueaba si veía que no llegábamos aún a nuestro destino. Me temo que en esto a salido a mi que no me gusta nada viajar en coche.
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