El niño es muy simpático cuando yo desaparezco. Se va con todo el mundo, juega, se ríe muchísimo... pero en cuanto aparezco la fastidiamos. Sólo quiere irse conmigo y llora en cuanto ve que me alejo un poco. Si alguien le tiende los brazos se aferra a mi como si le fuera la vida en ello. Tenemos que forcejear un poquito con él para que cambie de brazos. Entonces me voy. El chiquitín berrea un poquito y al rato ya está tan feliz con la persona que está jugando con él.
El problema es que si me reúno con la gente el pequeñajo me una paliza tremenda y no me deja atender a la conversación. Y si me voy para que puedan cuidar de él otras personas me pierdo todo. A veces me quedaba sentada sola en una habitación oyendo las carcajadas de los demás y me daba un poco de rabia. Pero en cuanto aparecía por la puerta el enano dejaba todo lo que estuviera haciendo y enfilaba hacia a mí. Entonces me exigía toda mi atención. Es un pequeño tirano.
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