sábado, 21 de diciembre de 2013

Fiestas de Navidad en el colegio de Daniel


El jueves nos invitaron a una copa en el comedor del cole de Daniel y después se suponía que teníamos una actuación Gospel en el gimnasio, pero al final los "góspel" lo interpretaron los niños que se presentaron voluntarios para entonar villancico ante los allí congregados. Mi hijo estaba demasiado ocupado haciendo el cabra como para ponerse delante del escenario.

Pero será mejor que empiece por el principio. El año pasado accedimos a la copa con los niños a cuestas, pero éste no dejaban. Se los llevaban a la sala de audiovisuales para ponerles una peli. Iván subió encantado, pero a Daniel le tuve que acompañar hasta la mismísima puerta y aún así se quedó enfurruñado. Conclusión: la mamá gallina que hay en mí no pudo tomarse ni un turrón tranquila pensando en su primogénito. Incluso, volví a asomar la nariz por la sala de proyecciones para ver cómo iba la cosa. Ver, lo que se dice ver, no vi nada, porque estaban todas las luces apagadas, pero cómo tampoco oí nada, me quedé más tranquila.

Pude relajarme un poco durante el ágape, pero la cosa no duró mucho. Pronto me encontré de nuevo rodeada de chiquillos.

Fuimos al gimnasio a pasarlo bien, pero el mayor de mis hijos tenía el día torcido y lloraba por todo: porque había música, porque no la había, porque la colchoneta a la que se subió estaba fría, el suelo demasiado duro, porque se quería quitar lo zapatos, porque quería ponérselos... desesperante. Mientras tanto, Iván brincaba cual cabrita feliz.

En una ocasión, levante la vista y lo vi trepando a toda velocidad por las barras del gimnasio y casi me da algo. Tenía que vigilarlo para que no se rompiera la cabeza y para que no le "robaran" la pelotita que había regalado el AMPA a los niños. Y puedo asegurar que algunos chicos mayores lo intentaron, pero toparon con mis dientes y garras.

Angustiada y al borde de un ataque de nervios, decidí abandonar la fiesta. De camino a casa. Daniel me comunicó que al día siguiente había que acudir a clase disfrazado porque era la fiesta de Navidad de los niños. Yo ya lo sabía y tenía preparado al mismo disfraz de Papa Noel que llevó el año pasado, pero él me hizo saber que le gustaría más ir de Rudolf el reno. No en vano se habían pasado todo el mes aprendiendo un villancico sobre él. Con los ojos inyectados en sangre le hice saber que de habérmelo dicho antes, a lo mejor, y sólo a lo mejor, hubiera intentado conseguirle uno, pero a las siete de la tarde del día anterior al acontecimiento no había nada que hacer.

Empezó a torcer el gesto, pero por suerte, y por mucha chiripa, tengo en casa un gorro de Papa Noel con un reno y se conformó con eso.

Parece que esta mañana no le ha puesto muchas pegas a su padre. Desde luego, ha salido pegando brincos de contento cuando le he ido a buscar la medio día. Estaba emocionado porque le habían puesto chuches de postre en el comedor.

2 comentarios:

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