domingo, 27 de diciembre de 2009

Las primeras Navidades con Daniel


Las Navidades se esperan con más ilusión si hay niños de por medio, aunque en nuestro caso el niño era un bebé demasiado pequeño y no se ha enterado de nada. Bueno, de algo se ha enterado. De que había crecido el número de personas haciéndole monerías, así que el 25 fue un día en el que sonrío mucho. Le hicieron muchos regalitos que yo le iba pasando diligente. El los miraba y me miraba a mi sin comprender. A veces los aferraba con su manita pero sin saber muy bien lo que hacía.

Como no podía ser menos, teníamos preparados graciosos pijamitas para Daniel (de chinito y de ovejita). Como dice mi cuñado Luis "A otros niños los han vestido de forma más ridícula". El bebé ha pasado de mano en mano encantado y se ha ido a dormir tarde tan a gusto. Eso sí, las noches no han sido muy buenas. Es lo que pasa cuando le cambias el ritmo a un niño tan pequeño.

El día de Navidad Daniel cumplió tres meses. Parece mentira lo que ha crecido este enanito.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

El infernal viaje de vuelta

Si el viaje de ida fue maravilloso el de vuelta fue una pesadilla. Volvimos el 21 de diciembre. El día en que un temporal de nieve asoló Europa y los aeropuertos se colapsaron. Esta situación se juntó con la cercanía de las Navidades, con lo que fue imposible cambiar mi billete para el día siguiente. Para más Inri cayó una tormenta impresionante en Las Palmas de Gran Canaria. Algo más que improbable en esa región. Los coches sec multiplicaron por mil haciendo muy tedioso el trayecto hacia el aeropuerto.

Para evitarle una espera de horas al bebé decidimos hacer lo posible para cambiar el billete o, al menos enterarnos de la hora exacta de salida del vuelo. Para lograrlo mi hermana fue al aeropuerto temprano, pero tras horas de espera e informaciones contradictorias volvió a casa diciendo que lo único que había sacado en claro es que el aeropuerto de Gando era un caos, que la facturación permanecía cerrada y que el vuelo se había retrasado a las 20.40. Su hora en un principio habían sido las 19.25.

Teniamos que llamar a un número de información cada poco tiempo para saber si iban a haber más retrasos.

Dio la casualidad que una amiga de mi madre con contactos en el aeropuerto iba esa tarde a mi casa de visita e intentó ayudarnos (Mil gracias Romina). Consiguió un número de teléfono interno, pero no consiguió avanzar más porque comunicaba todo el tiempo. Con el teléfono de información ocurría tres cuartos de lo mismo.

Un rato después de que Romina abandonara la casa me di cuenta de que nuestro teléfono estaba estropeado y que por eso comunicaba. Al intentar llamar a Raúl para avisarle del desaguisado me dio comunicando. Algo imposible teniendo en cuenta que en casa tenemos la llamada en espera y nunca comunica.

Histérica llamé al numero interno desde el móvil de mi madre, porque para terminar de rematar la faena, yo no tenía saldo en el mío. El chico que me cogió el teléfono me dio una noticia terrible. "Si no tienes ya la tarjeta de embarque has perdido el vuelo". Tras contarle mi odisea, que la culpa era de ellos por darme un información falsa y que tenían la facturación cerrada en su momento accedió a ayudarme a regañadientes y me instó a salir pitando al aeropuerto en ese mismo instante.

Mi hermana nos llevó. El atasco era impresionante, así que llegamos pasadas los 20 horas. Una vez allí nos atendió una señora encantadora que me facilitó las tarjetas de embarque sin nigún problema. El avión saldría a las 23.15 finalmente. Silvia nos acompañó a Daniel y a mi hasta las 22.45. Cenamos y nos dimos una vuelta para que el niño se durmiera. Hubo que cambiar a Danielito en el baño porque tuvimos un caso de cacatosis, pero dentro de lo que cabe el tiempo se me pasó rápido.

Al fin me quedé sola con el pequeñajo. Afortunadamente no me hicieron desmontar el carrito en el control. No pusieron la puerta de embarque hasta el último segundo. Por fin en el avión los asientos no estaban asignados. Menos mal que el personal me ayudó muchísimo. La presión fue terrible, peor que a la ida. Menos mal que el truquito de darle de comer en los momentos oportunos dio resultado de nuevo. Con mucha dificultad le preparé el biberón y se quedó dormido como un tronco todo el viaje. Al aterrizar le di de mamar.

Al llegar a nuestro destino hubo que esperar en el "finger" a que trajeran el carrito. Menos mal que me ayudó a montarlo un chico muy simpático. No veía la hora de llegar a casa. Salí de la zona de las cintas tan deprisa como pude y allí estaba esperando el feliz padre. El reencuentro entre Raúl y Daniel fue muy bonito. El intenso cansancio de ambas partes estropeó un poco el momento, pero se notaba que Raúl estaba deseando ver a su hijo. Mi marido había pasado esos días en China entre trabajo y turismo. La sonrisa de ambos premió mis esfuerzos.

martes, 22 de diciembre de 2009

Su maravilloso primer viaje en avión

Como ya he comentado, me fui a pasar unos días a casa de mi madre en Las Palmas de Gran Canaria. Desde Madrid la única opción factible es el avión. Así que me preparé para el viaje. Daniel me parecía muy pequeño para esta aventura, pero yo viajé aún más pequeña hace ya unos cuantos años que no comentaremos.

Una amiga me dio una consejo buenísimo. Dale de mamar (o biberón) cuando el avión despegue y aterrice, así no se le taponarán los oídos por la presión. Gracias Katy. A pesar de ser chicharrera eres un sol (es bromaaaaaa).

El viaje fue increiblemente bueno. Me ayudaron muchísimo. Aunque el control fue un rollo de pasar ya que hay que desmontar el carrito pasarlo por los rayos X. Quitarse las botas. El bebé hay que llevarlo en brazos por el detector. Y luego volver a montarlo todo. Si no te ayudan es imposible.

Yo en cuanto podía le soltaba el niño al que me ofrecía una mano. Y casi todos encantados de cogerlo y hacerle mimitos, porque, la verdad, es que se portó estupendamente.

Encima no hubo retrasos. El avión llegó incluso antes de su hora. Al llegar me vi en un problemilla con la mochila, la bolsa, la maletita del niño y el bebé en brazos, porque Iberia me dio el carrito por la cinta. Así que tuve que salir a buscar a mi herman y soltarle el niño sin contemplaciones. La pobre se vio de repente con Daniel en brazos y sin saber que hacer. Silvia no es muy niñera. Pero cuando salí con el carrito me los encontré tan amigos. Desde entonces se quieren muchísimo. Hasta se lo llevó a un centro comercial con una amiga un día. Y yo me quedé en casa mordiéndome las uñas hasta que volvió. Es que no se puede ser una mami histérica como yo.

El niño durmió todo el viaje en avión y se portó como un angelito. Fue una experiencia alentadora. Qué fácil me pareció viajar con mi niño.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Su primera palabrita gutural

Cual no sería mi sorpresa cuando, de repente, en algún punto entre el primer y el segundo mes, mi hijo articuló un perfecto "Gu". ¡Qué ilusión más tonta me hizo! A los pocos días soltó un no tan perfecto "Ajó". Yo que pensaba que estas onomatopeyas eran cosas de comic como el famoso "Zzzzzzzzzzzz" de los durmientes, pero no. Ahí estaba mi Daniel soltando sílabas perfecta. No quiero ni pensar el alegrón que me va a dar cuando el enano diga su primera palabra. Con mi suerte lo hará en la guardería.

Confieso que hasta que tuve al niño mi conocimiento en bebés era más que limitado. Digamos cero patatero. Ahora hemos ampliado algo los horizontes, pero aún me queda muchísimo. Cada día aprendo algo nuevo. A las buenas o a las malas.

Eso sí, el "tatata" se le resiste. Aún no se lo he oído decir y eso que va para tres meses. La verdad que Daniel cambia todos los días. Un día esboza una amplia sonrisa y al siguiente se chupa la manita con fervor o se lleva los juguetes a la boca con toda autonomía. Lo que antes me parecían tonterías de padres babeantes se ha convertido en toda una aventura. Sí, ahora soy una madre babeante. Éste debe ser el milagro de la vida.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Si no es una cosa es otra

Los bebés son muy complicados. Nunca sabes que es lo que tienen. Y eso causa una honda preocupación. Tan grande que muchas veces te preguntas si todo va bien aunque no llore. ¿Comerá lo suficiente? A lo mejor le doy demasiada leche. Está un poco gordo. Hoy le encuentro en los huesillos. Uf, le cuesta mucho dormir. Eso es malísimo para la salud del bebé. Y ahora se ha quedado tan dormido que no es normal. ¿Respira? Voy a comprobarlo. Parece que está un poco demasiado caliente. Uy, que fría tiene la piel. Y para qué seguir.

Una de las peores dudas tiene que ver con la meteorología. ¿Tiene frío? ¿calor? ¿le tapo? ¿no le tapo? Dudas dudas. Espero que no se coja un resfriado. A lo peor ya se lo ha cogido. El caso es que estornuda...

Menos mal que mi marido tiene una paciencia infinita y siempre tiene una respuesta tranquilizadora: "Está bien". Claro que, como la repite tanto, a veces la mami no se fía de su palabra y recae en la honda preocupación. Creo que a partir del 25 de septiembre en adelante no voy a conocer la paz.

viernes, 18 de diciembre de 2009

¡Engué!

Mi hijo domina el noble arte del Engué. Consiste en gritar la singular palabrita y su madre aparece a su lado como por arte de magia, sea lo que sea que estuviera haciendo. A veces aparece en condiciones deplorables (como el día que estaba comiendo langostino y mis manos atufaban). Todavía no me atrevo a ducharme estando sola con el niño.

Estoy pasando unos días con mi madre que trata de reeducar mi exagerado instinto maternal. Metemos a Daniel en el parque y allí lo dejamos hasta que empieza a llorar. O ese es el plan. En cuanto oigo "¡Engué!" me cuesta mucho permanecer en mi sitio. "Resiste", me anima mi madre, "Sé fuerte". Y allí está Daniel recrudeciendo sus "engués". Y la mami pasándolo mal. Por ahora he tenido algún progreso, pero la cara de mi madre expresa que aún no es suficiente.

Si estuviérais aquí también os daría pena el niño gimoteante. Según mi madre el niño no está llorando y según yo se desgañita. Es el cuento de siempre de que depende de según quien mire.

Mi marido y mi hermano piensan igual que mi madre: "Déjale llorar", pero a mi me da pena ver al niño llorando y roncando como un cerdito.

En cambio mi hermana es como yo. Un día lo dejé en del parque y me fui a la cocina a lavar el biberón. Por supuesto, comenzó a gimotear. De repente paró. Volví al salón emocionada pensando que por fin le había desacostumbrado a los bracitos. Pero cuando llegué me encontré a mi hermana acunándolo. "Es que estaba llorando" me suelta, como si cada uno sus "engués" no se me clavaran en el alma.

jueves, 17 de diciembre de 2009

El sueño del bebé

"Los bebés comen y duermen". ¡Méntiraaaaaaa! y gorda. Algunos bebés comen y duermen. En mi caso el bebé come, come, come y no duerme. Encima llora porque tiene sueño. No entiendo esa incongruencia. Si tienes sueño.. ¡Duermete! Lo que peor llevo es que se le caen los párpados y el muy bicho hace una fuerza sobrehumana para seguir con los ojos abiertos. Y bien abiertos.

El caso es que me ha salido un hijo muy curioso y quiere estar en todos los saraos. No se quiere dormir porque no se quiere perder ni jota. Así que ya me ves a mi y al que se tercie en ese momento (sobre todo a mí, claro) con niño para arriba, niño para abajo, meciendo, meciendo, ea ea ¡Duermete de una puñetera veeeeeeeez! Pero él nada de nada. Los ojitos abiertos como platos. Cuando por fin piensas que se ha dormido haces malabares chinos para dejarlo con cuidadito en su cuna, pero tus esfuerzos son infructuosos porque el condenado se despierta al poco de haberlo acostado. Algunos se despiertan nada más dejarlos en su cuna, pero el mío es más sádico. Prefiere que pienses por unos minutos que lo has conseguido y cuando inicias una actividad cualquiera, como por ejemplo fregar los platos, es cuando empieza a berrear pidiendo tu atención. Un tesoro de niño.