martes, 4 de mayo de 2021

La rama seca del cerezo

Con un comienzo desgarrador y muy potente, La rama seca del cerezo nos lleva de viaje a la vida de tres personas muy diferentes, pero que tienen algo muy importante en común: cada una vive su propio calvario personal que no les deja avanzar en la vida. Corren en círculos alrededor de un momento, de una persona e incluso de una minusvalía física, que les lastra a un devenir de angustia, carencias afectivas, indefensión y desorientación en un mundo en el que no hay lugar para ellos. 

Todo comienza en Hiroshima, en 1945, con una pelea tonta entre jóvenes, casi adolescentes, que se zanja prematuramente con el estallido de una bomba nuclear y desata la culpa para envenenar cuerpo y alma. 

La historia continúa en la actualidad con un encuentro de destinos entre Sakura, una adolescente acomplejada por una deformidad congénita en una de sus manos; Tetsuo, un niño marcado por acontecimientos ajenos a su control que le sumen en una sensación de abandono e impotencia; y un anciano superviviente del bombardeo de Hiroshima que esconde un lacerante secreto. Todos viven en su isla de emociones hasta que sus caminos se juntan y se tienden puentes inesperados que les llevarán rayos de esperanza entre las brumas de la tristeza.

La culpa, el abandono, el bullying, la impotencia, la frustración, la inseguridad y la falta de confianza en uno mismo son temas que se tratan entre estas páginas y que afectan a muchos adolescentes hoy en día, el público objetivo del libro, recomendado para lectores a partir de 12 años en adelante. Estoy segura de que más de uno va a descubrir retazos de sí mismo en el relato y le va a ayudar a verse en perspectiva y entenderse un poco mejor.

Aunque los personajes y la historia beban de la cultura e identidad japonesa, los valores que se tratan son universales. De hecho, me parece una acierto que se ubique en una sociedad famosa por la corrección y la contención de sentimientos, porque, en occidente, aunque no nos venga por tradición milenaria, también se apuesta por máscaras que esconden nuestras emociones para no salirnos de lo que se espera de nosotros, cuando lo primero debería ser intentar conocernos a nosotros mismo, nuestros deseos y aspiraciones, nuestras oportunidades y fortalezas; y no ponernos límites impuestos y falsos en nuestro camino.

El mensaje que nos envía el libro es claro y sencillo, no se pierde en quiebros y giros argumentales, pero sí que se cubre de historias sensibles que nos pondrán la piel de gallina y nos removerán por dentro. Cada lector lo interpretará a su manera, dependiendo de sus experiencias, su forma de pensar y sus vivencias, y esto es maravilloso porque cada relectura nos presentará algo nuevo, ya que, nosotros mismos nunca dejamos de evolucionar.

Quizás, el relato se me ha quedado algo corto y me he quedado con ganas de más por la parte que le toca a Tetsuo, el niño que no quiere héroes en su vida. Ojalá el autor nos sorprenda con otro título dedicado a la continuación de su historia.

En definitiva, no es de extrañar que La rama seca del cerezo haya conseguido el Premio Anaya Juvenil 2021. Es una lectura que llega al alma.

2 comentarios:

Me encanta saber lo que piensas.