miércoles, 8 de septiembre de 2010

Benditos columpios

Cuando ya no puedo más y me harto de correr detrás de Daniel por toda la casa para evitar que se haga daño con sus diabluras, lo meto en el carrito y me voy disparada a un parque juegos.

Una vez allí, localizo el columpio especial para bebés y rápida como el rayo lo coloco dentro. "Una piernecita por aquí, otra por allá. Agárrate bien chiquitín"... y empieza el balanceo acompañado por los grititos gozosos de daniel y mis comentarios tontos para atraer su atención.

Es la única manera de descansar de sus travesuras. Eso, o dejárlo al cuidado de otra persona.

A veces el niño está sonriente y expresivo todo el rato. Otras se va cansando de sonreir y se dedica a mirar todo lo que mueve a su alrededor con indolencia. A veces me parece que se está aburriendo, pero cuando intento sacarle del columpio protesta. Otras veces se deja sacar docilmente y empieza a correr hacia otra zona del parque en cuanto sus pies tocan el suelo. Entonces empieza de nuevo la lucha. "¡Cuidado!", "Si mamá no cabe tu tampoco puedes pasar por ahí", "¡Deja de morderme!". Un caos.

lunes, 6 de septiembre de 2010

El Capricho




Hemos decidido que Daniel cambiara hoy de parque. Le hemos llevado a uno precioso que hay por el norte de Madrid. Se llama El capricho porque está hecho según los antojos de los antiguos dueños, unos duques o condes, o algo así. Gente de la nobleza.La verdad es que no me enteré muy bien de la historia porque estaba atendiendo al chiquitín. Lo importante es que el parque es impresionante.

El niño iba tranquilito en su carrito con los ojos bien abiertos. Eso, en si, ya es milagroso. De vez en cuando soltada un "oh" o un "ah", sobre todo cuando llegamos al estanque de los patos. Con que alegría los señalaba y cómo se removía en la sillita.
La verdad es que sólo le sacamos de la silla al final del paseo. Cuando ya nos íbamos. Quiero que también se acostumbre a estar sentado un rato, porque en los viajes largos en coche siempre me la arma. A pesar de que hacemos paradas frecuentes para que estire sus piernecitas. Qué mejor manera de lograrlo que teniéndole entretenido admirando las peculiaridades de este parque.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Chari me salva una noche

Mi suegra se ha apiadado de mí. Me ha debido ver una cara demacrada y ojerosa que tira de espaldas. Así que se ha ofrecido a aguantar al pequeñín la noche del sábado. Yo he visto el cielo abierto. Al principio Raúl parecía con intenciones de decirle que no, pero he subsanado su error rápidamente contestando inmediatamente que estaría encantada de dejarle el bebé toooda la noche para ella solita. ¡Pobre Chari!

Menos mal que se lo toma con humor. Incluso parece disfrutar de la compañía del enano en la madrugada. Cómo dice ella: "es sólo una noche y ya descansaré mañana". Es cierto porque después me volverá a tocar a mi un día tras otro.

Si no fuera porque ella se lo queda de vez en cuando me quedaría dormida por las esquinas. la verdad es que disfruté de cada segundo de esa noche. A pesar de que me tenía de despertar temprano para aprovechar que no estaba ell pequeñajo y pegarnos la paliza a limpiar. Acostarte y poder desconectar del todo no tiene precio. Cuando está Daniel, aunque me dé buena noche, estoy toda la noche en el modo alerta por si acaso.

¿Adios chupete?

El otro día leí en un artículo que el mejor momento para quitarle el chupete al pequeñajo era por antes de los doce meses. Es decir, ahora. El caso es que aun le veo muy pequeño como para causarle su primer trauma infantil. La verdad es que no es un niño que lo eche de menos constantemente, pero para mi es una herramienta muy útil.

Cuando berrea como un loco se suele callar ipso facto en cuanto le metes el chupete a presión. Pero eso se puede suplir aplicando un poco mas de paciencia y derivando la atención del pequeño hacia otra cosa. El problema con el que me encuentro es a la hora de dormir. Recuerdo muy contadas ocasiones en las que se ha dormido sin chupete. Le enchufas el objeto más ansiado de los niños y "chup, chup, chup" se va quedando dormido.todo un invento.


Raúl y yo hemos decidido dejarle sin chupete por el día, salvo en excepciones de urgencia de rabietas hiper agudas, y devolverle el ansiado objeto por las noches. A lo mejor así, incluso duerme mejor. A ver si se va acostumbrando a la vida si él, porque dentro de poco sí que nos va a tocar retirárselo del todo y ya veremos como pasamos las madrugadas. Va a ser un infierno.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Con Daniel no pego ojo


Volvemos hacia atrás. Cuando por fin parecía que el niño le había cogido el truco a dormirse solo en la cuna y quedarse torrado mas o menos toda la noche, de repente llegan las vacaciones de verano y se fastidia todo. ¡Que mal le sientan los cambios a este chico!

Como hemos estado en los pueblos de sendos padres me daba pena dejar a Danielito solo en una habitación. Era como abandonarle en un ambiente hostil y poco conocido. Así que metimos su cuna en nuestro dormitorio. Con poco que se removiera yo ya me despertaba. Además, debía extrañar un poco la cuna de viaje porque no hacía más que despertarse y pedir mimos.

Pensé que todo volvería la normalidad cuando nos adentráramos de nuevo en la rutina, pero no ha sido así. Daniel me da unas noches de pesadilla. Y encima hay que añadirle que ahora hay que levantarse a trabajar. Mientras él se echará sus estupendas siestas en la guardería yo le doy a la tecla en la oficina. Soy una auténtica zombi. Además de un resquemor malhumortado constante, se me ha acentuado el despiste (ya de por si superlativo) y, encima, no me entero de lo que pasa a mi alrededor. Raúl asegura que me ha dicho cosas que yo juraría que no me ha dicho (¿se estará aprovechando de la situación?), se me olvida lo que tengo que hacer, dejo cosas a medias y así se quedan hasta que me encuentro con el desastre y las termino, me llaman y no contesto a la primera (a veces ni a la segunda, ni a la tercera o hasta que me peguen un buen grito).

Raúl intenta ayudarme, pero su instinto paternal no es tan fino como el mío maternal y cuando quiere llegar a la habitación de Daniel, normalmente, yo ya llevo allí un buen rato.

Espero que Daniel se normalice pronto porque si no, no sé que va a ser de mí.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Bebé motorizado


Qué cariño le ha cogido Daniel a su triciclo empujable. A veces hasta pone cara de velocidad. Se lo compramos este verano en Elda y le encanta.

Algunas tardes, le llevo al parque después de la guardería y cuando veo que se cansa corro a casa a por el triciclo. Así damos una vuelta más larga y el chiquillo se lo pasa genial manipulando los botnes que hay en el manillar.

Lo malo es que la música la han puesto un poco demasiado alta para mi gusto y cuando suena ese estruendo mucha gente se mira para intentar adivinar de donde viene la ambulancia (es peor aún, porque en realidad se trata de una de esas canciones infantiles chillones e inaguantables). Daniel se pone a bailar en su asiento feliz y ya vale la pena pasar un poco de verguenza por la calle.

El primer día de cole



Esta vez tengo que contar los hechos de oídas, porque, por suerte o por desgracia, yo no estuve allí. Me levanto muy temprano para ganarme el pan con el sudor de mi frente y le toca a mi marido llevar al pequeñajo a la guardería todas las mañanas porque entra más tarde (excepto cuando está de viaje por cuestiones de trabajo, que lo lleva mi suegra).

Esta mañana eché de menos no estar allí cuando Daniel se despertara para darle el desayuno, cambiarle el pañal, vestirle y sacarle a pasear. Me costó muchísimo levantarme, porque el chiquitín, no sé si se olía algo, pero pasó una noche infernal. Raúl dice que esa mañana se levantó tan contento como un día normal. Siguieron la rutina diaria por primera vez en un mes. LLegaron al a puerta de la guardería, dónde les recibió un coro de lloros poco coordinado. La chica que les abrió la puerta parecía estresada y agobiada. La verdad es que debe ser difícil volver de las vacaciones y encarar a una horda de niños histéricos y asalvajados por los excesos veraniegos.

Según la versión de mi marido, Daniel estaba tan tranquilo e, incluso, sonrío a su cuidadora cuando la vió. La cosa cambió en cuanto se encontró en las manos de la "seño". No tardó en unirse a la banda de llorones. La chica se lo metió rápido al interior para acomodarlo y seguir recibiendo bestias pardas.

La verdad es que no estaba muy preocupada con el tema, porque Daniel suele llorar en el momento de la separación materna o paterna, pero luego se resigna enseguida y trata de sacar lo mejor de la situación.

Cuando fui a recogerlo tuve que esperar un buen rato porque, justo en ese momento, había vomitado toda la merienda. Me lo sacaron muy limpito y sonriente. "Todo estupendo, hasta ahora mismo", me aseguró la cuidadora con un deje de sorpresa ante la rápidaaclimatación de mi pequeñajo. "Ha comido bien, ha jugado muchísimo, ha llorado muy poco, pero casi no ha dormido". No me extraña, con la emoción del cambio no habrá podido pegar ojo para poder cotillearlo todo. En la agenda ponía que sólo había dormido una hora y eso se dejó notar enseguida. Lo llevé a los columpios porque en un principio parecía en buena forma, pero nada más empezar a balancearlo comenzó a cabecear. Intenté meterlo de nuevo en el carrito, pero se puso histérico, así que lo devolví al columpio. Cuando veía que se le caía la cabeza volvía a intentar sacarlo, pero se ponía a llorar inmediatamente y se agarraba con fuerza a la cuerda. Al final se quedó frito en un postura muy poco ortodoxa. "¡Esta es la mía" pensé, cuan equivocada estaba. En cuanto notó que le movía volvieron los lloros y las contorsiones. Me costó un poco encajarlo en el carrito, pero al final se quedó dormido de nuevo y pude poner rumbo a casa.

Una vez en el hogar se despertó lloriqueando un par de veces con cara de pocos amigos, así que le enchufé el biberón a eso de las ocho y directo para la cuna. Me va a dar mala noche seguro, porque lleva durmiendo desde las seis de la tarde, pero entre que anoche durmió mal y que de día tampoco a descansado el pobre está derrengado. Creo que lo mejor es que tenga una cura de sueño maratoniana y mañana será otro día.