domingo, 14 de mayo de 2017

Taller de Mindfulness en la clase de Iván

En la clase de Infantil de Iván, la profesora daba todas las facilidades para que el padre que quisiera hacerlo montara una charla, taller, cuenta cuentos o actividad de su elección los viernes por la tarde. Mi niño llevaba un tiempo detrás de mí pidiéndome que hiciera algo, pero entre el trabajo, la casa, las extraescolares, los médicos, etc, etc... no veía de dónde sacar el tiempo para montar la actividad. Porque estas cosas no son llegar y ya haces el taller. Hay que prepararlo antes.

Afortunadamente vino la madre de un compañero a ayudarme y darme el empujón que necesitaba. Quería dar un taller, pero no sola sino en colaboración con otra madre y vi la oportunidad. ¡Me presenté voluntaria! Vía Whatsapp acordamos que sería de Mindfullnes y relajación porque ella es la experta en el tema y yo... yo he dado un fantástico taller familiar, ejem. Ella es parte del Team Equilibra-T.

El día D nos presentamos allí las dos muy ilusionadas (y yo de los nervios) para intentar relajar a casi cuarenta emocionados niños. Y los que más, nuestros hijos, que nos saludaron con los ojos brillantes. Qué especial les resulta que mamá o papá participen en sus clases.

Empecé el taller yo y confieso que me copié totalmente del taller para familias que nos dio Inés Merino en Yogarati y que me pareció impresionante y muy completo.

La idea era hacerles un bote de las emociones en vivo y en directo para que entendieran cómo funcionan estos sentimientos en su mente. Así que cogí el bote y empecé a llenarlo con cucharadas de purpurina de diferentes colores a la vez que les explicaba situaciones cotidianas y lo que podían sentir en ellas: "Por la mañana estamos tan a gustito en la cama y llegan mamá o papá a despertarnos y molestarnos (cucharadita de purpurina plateada). Y encima nos dicen que desayunemos y nos vistamos deprisa que no llegamos. ¡Buf! ¡Que agobio! (Purpurina morada), llegamos al cole y nos meten muchos conocimientos en la cabeza, en el patio nos caemos y eso no da mucha rabia, llegan papá o mamá a recogernos y nos da alegría verlos... (Y más y más purpurina. Pero sin pasarse que sino no funciona). Al final cerré el bote, lo agité y se los enseñamos la otra mami y yo, uno por uno, para que vieran lo agitada que estaba su mente al finalizar el día. ¡Y así no hay quien piense ni quien se concentre! Hay que relajarse para que la purpurina se pose y podamos ver con más claridad las cosas.

Para lograrlo teníamos que ser detectives de nuestro cuerpo e investigar sobre lo que nos pasa, lo que nos duele, lo que nos está ocurriendo en este momento y por qué. Empezando por la respiración. Les enseñé la respiración del cuadrado que hicieron perfectamente. Entonces iba a hacerles un juego de los sentidos con Peta Z, pero las profesoras nos explicaron que había un niño que no podía tomar chuches así que suspendimos ese juego pasando al siguiente, el de los masajes. Se pusieron en pareja, un compañero se tumbaba y el otro le hacía un masaje en las partes del cuerpo que yo iba nombrando. El masajista podía hacer trampita y hacer masaje en otro sitio. El juego consiste en que el que recibe el masaje sea consciente de lo que pasa en cada momento y levante la mano cuando no se corresponda mi orden con lo que hace el masajista. Se tronchaban y terminaron por hacerse cosquillas, así que las profes tuvieron que llamar al orden. Aún así muy pocos lograron ser plenamente conscientes del masaje. Hicimos el mismo ejercicio cambiando los papeles y con el mismo jocoso resultado.

Luego les pedí que se pusieran a una distancia prudencial  uno de otro y les enseñé a hacer la burbuja de la paz que nos enseñó a hacer Sylvia Comas en su clase magistral. Es un ejercicio muy sencillo, ideal para que los niños estiren y relajen los músculos.

Entonces le tocó el turno a mi compañera, que me había estado ayudando en todo momento hasta entonces.

La otra madre organizó una rueda de la energía genial que les fascinó. Pusimos música relajante y nos sentamos todos en círculo. Nos dimos las manos (la izquierda hacia a abajo y la derecha hacia arriba si no recuerdo mal) para que la energía fluyera por todos nosotros. Sin perder la formación les enseñó a respirar, a mirarse a los ojos, a sonreírse unos a otros... Después nos levantamos y mirando todos hacia el mismo lado nos hicimos un masaje de hombros en formación de círculo, primero al compañero de un lado y luego al del otro lado.

La rueda finalizó con un gran abrazo de grupo que nos encantó a todos. Cuando íbamos a dar por finalizada la clase, una niña nos preguntó que cuándo íbamos a empezar a bailar. Resulta que las profes les dijeron que iba a ser una clase de baile porque habíamos dicho que íbamos a hacer el taller, pero tampoco habíamos dado muchos más detalles. Así que, para hacerlos felices, puse en el móvil la canción "Despacio me tranquilizo" y nos pusimos todos a bailar para dar punto y final a la clase.

Cuando estábamos despidiéndonos, los peques se tiraron a abrazarnos y yo pensé que me los comía a todos. Si es que son puro amor. Puro amor revoltosillo, pero puro amor al fin y al cabo.

Fue una experiencia fantástica. Menos mal que la otra mami me animó a organizarlo con ella. Si no fuera por ella me lo habría perdido porque en Primaria ya no hacen estas cosas.





5 comentarios:

  1. Si es que eres una animadora nata!!! Por lo que veo no has dado todavía con el truco de la sartén y los papelitos. Jajajaja. Besotes!!!

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  2. Qué bien! imagino la cara de orgullo de Iván. Eres la caña! ;-)

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    Respuestas
    1. Iván no cabía en sí de gozo jajaja
      Y dentro de poco repetimos el taller para el curso de Daniel.
      La mamá con la que doy el curso es un amor y se ha prestado a hacerlos a pesar de no tener hijos en ese curso. Ya estoy otra vez de los nerviossss

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