jueves, 16 de mayo de 2013

El noble arte de cambiar el pañal

La mamá samurai pasa sigilosamente frente a la puerta del salón y arruga el ceño. Percibe un peligro al que tendrá que enfrentarse usando todas sus artes de lucha milenaria. La pestilencia se cuela por sus fosas nasales sin llamar y le hace volver la cabeza sin perder nunca su armonía con el entorno.

La víctima cuyo honor peligra se haya jugando tranquilamente sin percibir la invasión trasera a la que está siendo sometido. La mamá samurai repasa mentalmente la estrategia a seguir. Hay que cubrir hasta el más mínimo imprevisto. Revisa sus armas mortales: Cubrecama ¡Haiii!, Toallitas ¡Haiii!, Crema ¡Haiii!, Pañal ¡Haiii!, Crema antipañalitis para guerras casi perdidas ¡Haiii!

La víctima apenas se ha dado cuenta y aparece encima del cubrecamas gracias a la técnica ninja del "factor sorpresa". Mira a su salvadora y a su alrededor unos preciosos segundos con cara de pasmo en los que mamá samurai aprovecha para llegar hasta el pañal infectado y... estalla la tormenta.

La víctima berrea, patalea, se contorsiona poniendo en peligro la cama, a mamá, a si mismo y a todo lo que le rodea. Una meditada llave hecha con una sola mano lo inmoviliza otros cinco segundos. Con gran precisión ganada gracias a la experiencia en la batalla, mamá samurai despega las tiras pegajosas del pañal con una sola mano, se hace con una toallita húmeda y comienza a limpiar la zona afectada frenéticamente.

El sudor se hiela en su frente cuando se da cuenta de que su presa ha logrado zafarse de su férreo control. El mundo se para ante la inminente catástrofe. En cuestión de milésimas de segundos, mamá samurai retira el pañal sucio, tira la toallita a medio usar dentro del mismo, agarra al bebé con ambas manos y entona cánticos zen para calmarlo.

Con mano firme vuelve a inmovilizar a su presa. Revisa los daños. Cargada de toallitas hasta los dientes elimina las impurezas a la velocidad de la garza montada en un rayo azul camino de la luna plateada. La víctima logrará zafarse una par de veces más, pero huir es imposible. Mamá samurai le coloca el pañal limpio con gran destreza. Tras tres o cuatro intentos logra ajustarlo correctamente. No es fácil con la culebrilla que tiene entre manos.

La situación ha dejado de ser de riesgo, pero mamá samurai no puede despistarse. Sus cinco sentidos están puesto en volver a colocar la ropa del bebé de forma correcta y en recibir y rechazar patadas y manotazos.

Misión cumplida. El pequeño vuelve a estar sentado entre sus juguetes y su culito ya no corre peligro. La mamá samurai puede volver a su duro entrenamiento diario con la satisfacción de haber ganado otra batalla más.

20 comentarios:

  1. Que bueno el post, yo de momento aun tengo facilidad con el peque pero a sus tres meses a veces se mueve muchisimo y parece misión imposible cambiarle el pañal, tendre que ir aprendiendo de mama ninja!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A lo mejor te sale tranquilón y no tiene que convertirte en ninja nunca jajaja

      Eliminar
  2. Jajaja. Debe de ser una de las tareas más desagradables a las que debe enfrentarse una madre... Un besote.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buf! Para mí lo peor es sujetar al niño cuando le pinchan la vacuna :S

      Me siento una judas total. Prefiero enfrentarme a mil pañales sucios.

      Eliminar
  3. Totalmente identificada...digo yo, parece q les moleste q les quites la plastilla del culete! el mayor se estaba quietecito, con él había q tener cuidado porque era sentirse sin pañal y hacerse pis, o sea, hacerte pis ;-) pero con la chiquitina, no hay manera de q se está quieta!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Eso también me ha pasado! Que peligro tienen.

      Tienes razón. Yo tampoco entiendo cómo no se prestan gustosos a que les quitemos las plastas del culete. Sight!

      Eliminar
  4. Tienes razón, cuanto más amyores más difícil es...

    ResponderEliminar
  5. Ja jaja, me suena todo. Mi hija tiene 18 meses, es de la quinta de Iván, y la operación pañal la va superando. Pero lo que no consigo ahora de ninguna de las maneras es cortarle las uñas de los pies. Estoy desesperada, porque no consigo inmovilizarla sin hacerle daño, y necesito cortela las uñas antes de que se le metan en la piel.
    Tú cómo lo haces???

    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me pasa lo mismo que a ti. Se pone histérico en cuanto me ve coger las tijeras, así que le distraigo con canciones de los cantajuegos y juguetes que normalmente no le dejo coger o cosas mías que le llaman la atención. Se pasa todo el tiempo gritando "Ayyyyyy", incluso cuando ni le he tocado todavía. Sé que es imposible que le duela que le corte las uñas, pero el mayor también se queja de que le hago daño y empiezo a dudar...

      Eliminar
  6. genial, ese toque me ha encantado!! Que no falte nunca ese humor y ese toque!!
    besotes

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que hay cosas que si no te tomas con humor... ;)

      Eliminar
  7. jajajaj que bueno!!! Lo he visualizado perfectamente... espero que no sea siempre tan complicado! jaja
    Besitos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En mi caso siempre y con Daniel también me pasaba. Sight!

      Eliminar
  8. Ains que complicado es el arte de cambiar el pañal, te visualizo a lo Jackie Chan¡ jaja¡
    Besitos¡¡

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. De las películas de Jackie Chan saqué mis mejores métodos jajaja

      Eliminar
  9. Jamás pensé que cambiar un pañal pudiera convertirse en una entrada de blog jejeje

    ResponderEliminar
  10. Jajajajajaja! Es buenísimo! Anda que no somos rápidas, colega! :D
    Muas!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Más rápida que el viento hululante entre los juncos del estanque plateado jajaja

      Eliminar

Me encanta saber lo que piensas.