Allí nos reunimos con mis hermanos. Silvia y Jose estuvieron una semana entera, pero de Fernando y Natalia sólo estuvieron tres cortos días. Desafortunadamente, Marian no pudo ir ni un sólo día. La echamos de menos. Daniel estaba emocionado de poder jugar con su prima y de tener a casi todos sus tíos de canarias para mimarle. Iván tiene una mamitis horrorosa que le impidió disfrutar tanto como su hermano, pero también tuvo sus momentos.
A pesar del ritmo que hemos llevado estas vacaciones de no parar, también encontramos momentos para disfrutar de la casona. Un par de días les pusimos la piscinita inflable a los chiquitines en el patio. Fue el lugar elegido porque tiene un trocito de suelo de hormigón. El resto es de pidrecitas y se puede pinchar la goma. Les llenamos globos con agua y se lo pasaron en grande. Sobre todo, el más pequeño. Tiraba los globos al aire y daba grititos de satisfacción. El mayor los pescaba con el escurridor de pasta, los ponía en un balde y los volvía a tirar a la piscinita.
También hicimos un par de visitas nocturnas al jardín con una linterna. A Daniel le encantaban estas excusiones a la luz de la luna, la linterna... y las farolas de la calle.

La verdad es que lo pasamos muy bien allí.
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