Y luego su padre se queja de que esté intentando montar otro arenero como el del parque de juegos en casa. Pues no soy yo sino Daniel el que llega con arena hasta las cejas todos los días a casa con el fin de hacerse su arenero personal.
Aunque yo le estoy ayunado un poco porque de correr detrás de él, forcejear para quitarle las porquerías que se encuentra en el suelo o cuando tiene una rabieta, jugar con él en el arenero... también llego fina a casa.
Luego toca barrer la casa y meter al niño de cabeza en la bañera. Todos los días igual.
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