

La verdad es que no tenía ni idea de cómo organizar una fiesta de cumpleaños para un bebé tan pequeño. En mi opiniónel pequeñajo no se entera de lo que está pasando y, en realidad, por mi parte ni lo hubiera celebrado. Pero su padre tiene otras ideas y cuando le sugerí que empezáramos con el lío de los cumpleaños a partir del segundo año me puso una cara que me lo dijo todo. Le hacía más ilusión al padre que al hijo. Así que me puse manos a la obra e inicié una exhaustiva búsqueda por internet para saber cómo podía proporcionarle al enano el mejor cumpleaños, dentro de mis posibilidades y de sus limitaciones.
Después de mil páginas se me ocurrieron otras tantas ideas, pero al final sólo adoptamos unas pocas porque el tiempo del que disponíamos hacía imposible organizar el despliegue que yo pretendía.
Por la mañana felicitamos profusamente a Daniel, le dimo su primer regalo, el de la abuelita Matilde. Un mando a distancia falso y unos coches (uno de los juguetes preferidos de los niños, no sé por qué, aunque la lista de juguetes codiciados la encabezan las cocinitas. Ya le caerá una cuando sea mayor). Fue todo un éxito porque estamos hartos de quitarle el mando de la televisión a cada segundo y ahora con el falso se entretiene un montón. Después de abrazarle hasta la saciedad, darle muchos besitos, darle de desayunar, asearlo y alimentarlo, se lo enchufamos a la abuela Charo para poder prepararlo todo. En la casa de la abuela paterna se encontró con el segundo regalo. ¡¡Un saquito de cochecito para el invierno!! Cuando llegue el momento mi pequeñín va a ir comodísimo y calentito. Un lujo de regalo.


Cuando lo metimos en la cuna estaba tan agotado que se durmió casi sin rechistar. Mi niño ya es un chico mayor. ¡Cómo pasa el tiempo! Snif.

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